La Cultura de la Muerte (II)

La parcaEl mundo de hoy asiste a una bata­lla glo­bal entre quie­nes somos par­ti­da­rios de la cul­tura de la vida y los adhe­ren­tes a la cul­tura de la muerte y los cinco prin­ci­pa­les fren­tes de esa bata­lla son el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad. La mul­ti­pli­ca­ción de las per­so­nas e ins­ti­tu­cio­nes que prac­ti­can, pro­po­nen, ava­lan o con­sien­ten esas cinco for­mas del com­por­ta­miento humano con­tra­rias a la vida da cuenta del severo males­tar que padece la cul­tura actual. Con­tra esa ten­den­cia tiende a for­marse un cre­ciente movi­miento reac­tivo que se hace cargo de reivin­di­car la vida, lo que antes era obvio y hoy resulta nece­sa­rio.El debate en torno de la vida, la ago­nía y la muerte de Terri Schind­ler Schiavo, sus­ci­tado en los Esta­dos Uni­dos y exten­dido a todo el mundo por una parte, y por la otra la polé­mica res­pecto del aborto que se avivó en la Argen­tina a par­tir del con­flicto con los cató­li­cos argen­ti­nos y con la Santa Sede que el gobierno del pre­si­dente Nés­tor Kir­ch­ner generó, son epi­so­dios que for­man parte de un cua­dro más gene­ral y que mere­cen ser con­si­de­ra­dos en con­junto [1].

Puede decirse de esos casos que son com­bate de la bata­lla glo­bal que se libra en el mundo de hoy entre el Par­tido de la Cul­tura de la Muerte que inte­gran quie­nes prac­ti­can, pro­po­nen, ava­lan o con­sien­ten el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad, y quie­nes nos ali­nea­mos en el Par­tido de la Cul­tura de la Vida, que nos opo­ne­mos al ejer­ci­cio, la difu­sión, la acep­ta­ción o la lega­li­za­ción de cua­les­quiera de esos ata­ques a la vida humana, cuya dig­ni­dad desde la con­cep­ción hasta la muerte natu­ral con­si­de­ra­mos sagrada.

Es cierto que esos cinco com­por­ta­mien­tos huma­nos con­tra­rios a la vida siem­pre estu­vie­ron pre­sen­tes en la his­to­ria humana, pero no lo es menos que en el pasado, al menos desde que el Impe­rio Romano adoptó la moral cris­tiana como pro­pia y hasta la década de 1960, sus­ci­ta­ban una con­dena social y cul­tu­ral casi uná­nime, en tanto que ahora esa con­dena tiende a ate­nuarse o a ser dejada del todo de lado.

Desde la gala­xia del “pro­gre­sismo” –que tiende a ser una suerte de “pen­sa­miento único” en el sis­tema aca­dé­mico y en los medios de comu­ni­ca­ción de la Argen­tina y de buena parte del mundo– se podrá cues­tio­nar estas afir­ma­cio­nes adu­ciendo que la pobreza y el ham­bre tam­bién aten­tan con­tra la vida y crean un caldo de cul­tivo que puede favo­re­cer otros com­por­ta­mien­tos peca­mi­no­sos con­tra­rios a la vida.

Nos anti­ci­pa­mos a res­pon­der que es un hecho que nadie puede negar, por “pro­gre­sista” que sea, que no hay quien pos­tule acep­tar y tole­rar los actua­les nive­les de pobreza y ham­bre como una “reali­dad natu­ral” y hasta elo­gia­ble, cosa que sí sucede con el terro­rismo, el aborto, la dro­ga­dic­ción, la euta­na­sia y la homosexualidad.

Resulta inne­ga­ble que la mag­ni­tud de pobreza y el ham­bre que aún se regis­tra en el mundo sus­cita un rechazo cul­tu­ral y social que, al menos en las pala­bras, es uná­nime y son muchas las voces que lla­man a redu­cir los alcan­ces que hoy tie­nen la pobreza y el ham­bre e incluso a eli­mi­nar­les hasta donde sea eso posi­ble, estando esos lla­ma­dos ins­pi­ra­dos en con­cep­cio­nes diver­sas que lle­van a pos­tu­lar alcan­zar ese obje­tivo por medios y con pro­pues­tas diferentes.

Por lo demás, ha de obser­varse que entre quie­nes pro­mo­ve­mos la cul­tura de la vida y quie­nes acep­tan la cul­tura de la muerte coexis­ti­mos per­so­nas con con­cep­cio­nes reli­gio­sas, filo­só­fi­cas e ideo­ló­gi­cas tan diver­sas cuanto lo son nues­tras posi­cio­nes polí­ti­cas, socia­les y económicas.

Pero, por encima de esa hete­ro­ge­nei­dad, a quie­nes inte­gra­mos uno u otro sec­tor nos une y nos separa la adhe­sión en alguna forma o la opo­si­ción en todas las for­mas a esas cinco ame­na­zas a la con­ti­nui­dad de la vida humana.

Dada la rela­ción de esta con­tienda con la cues­tión de los deno­mi­na­dos dere­chos huma­nos, puede ser con­ve­niente pre­ci­sar que los mis­mos se deri­van de los esen­cia­les dere­chos natu­ra­les a la vida, a la liber­tad y a la pro­pie­dad y que esos dere­chos natu­ra­les esen­cia­les, en un el plano onto­ló­gico –es decir, pro­pio del ser– son ines­cin­di­bles y se con­di­cio­nan mutua­mente y así es que, por caso, sin el ejer­ci­cio pleno de los dere­chos a la liber­tad y a la pro­pie­dad, la vida humana no alcanza la dig­ni­dad que le es debida.

La uni­ci­dad de estos tres dere­chos natu­ra­les debió que­dar dra­má­ti­ca­mente pro­bada en el siglo pasado con la expe­rien­cia de los sis­te­mas comu­nista y nacio­nal­so­cia­lista que, a par­tir de dis­tor­sio­nar o anu­lar los dere­chos a la liber­tad y a la pro­pie­dad, lle­ga­ron a negar tam­bién el dere­cho a la vida y a esta­ble­cer regí­me­nes criminales.

Pero la con­di­ción uní­voca de estos tres dere­chos huma­nos esen­cia­les no inva­lida acep­tar que el dere­cho a la vida tiene una jerar­quía dife­rente y supe­rior ya que, como es obvio, se puede vivir (aun­que muy mal, casi inhu­ma­na­mente) sin liber­tad ni pro­pie­dad, pero a quien le es qui­tada la vida le es impo­si­ble ejer­cer nin­gún grado de liber­tad o propiedad.

Por tanto, es una con­tra­dic­ción insos­te­ni­ble que­rer auto­ri­zar el agra­vio a la vida que repre­sen­tan el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad en nom­bre del ejer­ci­cio del dere­cho natu­ral a la libertad.

Nues­tra abso­luta opo­si­ción a las ini­cia­ti­vas que pre­ten­den lega­li­zar algu­nos de esos com­por­ta­mien­tos con­tra­rios a la vida y por ende opues­tos a la moral natu­ral, entre otros fun­da­men­tos, se apo­yan en que la ley con­tri­buye a crear una forma de la moral y el común de la gente, por lo gene­ral, tiende a acep­tar que lo que auto­riza la ley es moral­mente lícito, lo que en estos casos es de una fala­cia manifiesta.

Cinco amen­zas a la Vida

Aun­que debiera ser obvio que la prác­tica del aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad son acti­tu­des con­tra­rias a la vida, en esta época parece haberse tor­nado nece­sa­rio que eso se explique.

a) El aborto

Comen­za­mos por rati­fi­car que el aborto es un cri­men abo­mi­na­ble con­tra la vida ya que pro­voca la muerte a la más inde­fensa cria­tura cuando está en el seno materno, siendo la víc­tima una per­sona dife­ren­ciada de su madre y de su padre como se cons­tata en el hecho que, ya desde su con­cep­ción, está dotada de un ADN pro­pio, único e irre­pe­ti­ble que prueba de modo irre­fu­ta­ble su iden­ti­dad humana autónoma.

Es sabido que en la his­to­ria siem­pre se incu­rrió en la prác­tica del aborto, pero tam­bién puede cons­ta­tarse que hasta la década de 1960 era este un cri­men secreto y ver­gon­zante, que reci­bía una con­dena moral uná­nime de la socie­dad, mien­tras que en los últi­mos 40 años se ins­taló una corriente de opi­nión cada vez más amplia que pro­pugna con­sen­tir y lega­li­zar esa forma de asesinato.

Ese avance mar­chó pari passu con la difu­sión cada vez más uni­ver­sal de prác­ti­cas con­tra­con­cep­ti­vas –en espe­cial a par­tir del uso masivo de la píl­dora y de otros méto­dos que evi­tan el emba­razo– que con­tri­bu­ye­ron a impul­sar la revo­lu­ción sexual que se pro­dujo en Occi­dente en la segunda mitad del siglo XX, tra­yendo con­sigo una pro­funda trans­for­ma­ción de muchos de los usos, cos­tum­bres y valo­res que regían los cua­tro sis­te­mas de rela­ción de las per­so­nas (los víncu­los con Dios, con las demás per­so­nas, con­sigo mismo y con la natu­ra­leza y las cosas) que con­fi­gu­ran la iden­ti­dad humana.

Hasta la década de 1990, las prin­ci­pa­les resis­ten­cias ins­ti­tu­cio­na­les y orga­ni­za­das que tuvie­ron que enfren­tar quie­nes pro­pug­na­ban una acti­tud com­pla­ciente hacia la con­tra­cep­ción y el aborto, pro­ce­die­ron de las tres gran­des reli­gio­nes mono­teís­tas (judaísmo, cris­tia­nismo e islamismo).

Vale men­cio­nar que, según infor­ma­cio­nes esta­dís­ti­cas con­fia­bles, para el año 2.000 en el mundo había 1.200.653.000 musul­ma­nes, 1.132.541.500 cató­li­cos, 589.327.000 cris­tia­nos pro­tes­tan­tes, 199.819.000 cris­tia­nos orto­do­xos y 20.173.600 judíos, con lo que resulta que al inicio del siglo XXI las tres gran­des reli­gio­nes mono­teís­tas con­gre­ga­ban alre­de­dor de 3.142.514.100 per­so­nas, lo que en gran­des núme­ros repre­senta algo más de la mitad de la pobla­ción mun­dial, estando con­cen­trada gran parte de la otra mitad de los habi­tan­tes del pla­neta en China y la India, paí­ses en los que quie­nes pro­fe­san las tres reli­gio­nes mono­teís­tas tie­nen una pre­sen­cia minoritaria.

No obs­tante esa resis­ten­cia desde el ámbito reli­gioso, ha de admi­tirse que las posi­cio­nes neo­mal­t­hu­sia­nas de quie­nes pos­tu­lan como “solu­ción” de los pro­ble­mas socia­les del mundo (como la pobreza) la reduc­ción de la tasa de nata­li­dad y que para ello pro­mue­ven pro­gra­mas y polí­ti­cas con­tra­con­cep­ti­vas –incluso la lega­li­za­ción del aborto– para redu­cir la pobla­ción mun­dial, gana­ron un amplio espa­cio ins­ti­tu­cio­nal en muchos gobier­nos y en orga­nis­mos mul­ti­na­cio­na­les como, por ejem­plo, las Nacio­nes Uni­das y el Banco Mundial.

Siguiendo el argu­mento de quie­nes pre­ten­den jus­ti­fi­car que se lega­lice el aborto según el cual así se daría acceso a las muje­res emba­ra­za­das más pobres a la posi­bi­li­dad de hacer matar a la cria­tura que lle­van en su seno en con­di­cio­nes de higiene y salu­bri­dad, esos sec­to­res tam­bién debe­rían pro­mo­ver una ley que auto­rice a las muje­res pobres a lle­var a sus hijos ya naci­dos a los hos­pi­ta­les públi­cos para que ahí se los mate mediante algún método indo­loro e ins­tan­tá­neo, para así evi­tar que esos niños ten­gan que pade­cer los sufri­mien­tos de la pobreza, que en algu­nos casos tam­bién cau­san su muerte prematura.

Como puede verse, el desa­rro­llo al extremo del razo­na­miento de los neo­mal­t­hu­sia­nos que pro­po­nen lega­li­zar el aborto lleva al absurdo, lo que ya había sido per­ci­bido en el siglo XVIII por el escri­tor y sacer­dote cató­lico irlan­dés Jonat­han Swift, quien obtuvo cele­bri­dad por sus nove­las acerca de los via­jes de Gulliver.

Swift escri­bió un opúsculo satí­rico al que tituló “ Una Modesta Pro­po­si­ción”, expo­niendo diver­sas rece­tas para matar y coci­nar, como si fue­ran ganado, a los niños pobres de Lon­dres, que en la pri­mera etapa de la Revo­lu­ción Indus­trial se mul­ti­pli­ca­ban en esa ciu­dad inglesa y de ese modo el autor mos­tró el absurdo que con­te­nían in noce las teo­rías que iba a pro­po­ner Mal­t­hus para resol­ver el pro­blema social que repre­sen­taba la can­ti­dad de cria­tu­ras pobres.

Del mismo modo, en abso­luta cohe­ren­cia con el abor­tismo y en tren de eli­mi­nar la pobreza y aho­rrar en gas­tos, se podría legí­ti­ma­mente ase­si­nar ancia­nos como en “Dia­rio de la gue­rra del cerdo”, la novela de Adolfo Bioy Casares.

Por lo demás, el revi­val del mal­t­hu­sia­nismo que ins­pira a las polí­ti­cas de los orga­nis­mos mul­ti­na­cio­na­les se vio esti­mu­lado por el hecho de que muchas de esas con­cep­cio­nes fue­ron adop­ta­das como pro­pias por los gober­nan­tes de Esta­dos Uni­dos que suce­die­ron a Dwight Eisen­ho­wer en la Casa Blanca a par­tir de 1960.

En ese aspecto merece pres­tarse aten­ción al caso del Banco Mun­dial, en el cual las pos­tu­ras que pro­mo­vían la con­tra­cep­ción como polí­tica de desa­rro­llo social fue­ron esta­ble­ci­das por Robert Mc Namara, quien pre­si­dió esa ins­ti­tu­ción hace unos 40 años.

Ese dato es intere­sante para los argen­ti­nos por­que el apoyo finan­ciero de esa enti­dad cons­ti­tuye una abul­tada por­ción del pre­su­puesto que maneja el Minis­te­rio de Salud Pública de la Argen­tina, lo que puede ayu­dar a enten­der que su actual titu­lar, Ginés Gon­zá­lez Gar­cía, se haya con­ver­tido en defen­sor de la lega­li­za­ción del aborto diciendo que lo pro­pone por “moti­vos sani­ta­rios”, aun­que cabe sos­pe­char que lo hace por moti­vos financieros.

Tam­bién merece tenerse en cuenta que el Pro­grama Materno Infan­til de ese Minis­te­rio, que cuenta con finan­cia­ción del Banco Mun­dial, fue acor­dado en la década de 1990 sin que haya sido pre­ciso abdi­car de la posi­ción de prin­ci­pios de defensa de la vida desde la con­cep­ción hasta la muerte natu­ral que tuvo el gobierno en esa década, lo que le llevó a ser el más firme aliado de la Santa Sede en todos los foros inter­na­cio­na­les en los que se deba­tió este tema, opo­nién­dose incluso a los repre­sen­tan­tes que tenía enton­ces el gobierno de Esta­dos Uni­dos en esos orga­nis­mos, quie­nes ten­dían a adhe­rir a las pos­tu­ras anti­na­ta­lis­tas que tenían como sus más fir­mes impul­so­res a paí­ses euro­peos, en espe­cial los escan­di­na­vos [2].

Corres­ponde tener en cuenta que Paul Wol­fo­witz, fla­mante titu­lar del Banco Mun­dial, es un par­tí­cipe pro­mi­nente del sec­tor lla­mado neo­con­ser­va­dor del Par­tido Repu­bli­cano, cuya adhe­sión al movi­miento Pro Life (Pro Vida) que en ese país se opone acti­va­mente a la lega­li­za­ción del aborto es pro­ver­bial y no parece impro­ba­ble que su ges­tión tienda a revi­sar los cri­te­rios anti­na­ta­lis­tas que sig­na­ron la polí­tica del Banco en las últi­mas décadas.

Vaya esta con­si­de­ra­ción para decir que la posi­ción pro aborto adop­tada por el minis­tro Gon­zá­lez Gar­cía, que mere­ció la pre­cisa y valiente réplica de mon­se­ñor Anto­nio Baseotto, puede ter­mi­nar siendo extem­po­rá­nea y con­tra­dic­to­ria con las nue­vas ten­den­cias que podrían ins­ta­larse en las polí­ti­cas del Banco Mun­dial, ese vital sos­tén finan­ciero de los pre­su­pues­tos del Minis­te­rio de Salud Pública.

Entre quie­nes pre­ten­den jus­ti­fi­car y lega­li­zar el aborto tam­bién hay quie­nes argu­men­tan, desde un sedi­cente femi­nismo, que no se debe negar a las muje­res emba­ra­za­das la liber­tad de dis­po­ner de su pro­pio cuerpo, sobre el que tie­nen una plena propiedad.

Aún si se acep­tara que las muje­res que con­sien­ten abor­tar lo hacen en pleno ejer­ci­cio de su liber­tad –lo que, en muchos casos, es al menos dis­cu­ti­ble– es evi­dente que el ejer­ci­cio de esa liber­tad no puede exten­derse hasta poder dis­po­ner del cuerpo de otra per­sona, que es el ser que lle­van en su seno, al extremo de con­sen­tir que sea asesinado.

Debe­ría ser inne­ce­sa­rio expli­car que el ejer­ci­cio de los dere­chos natu­ra­les a la vida, a la liber­tad y a la pro­pie­dad tie­nen la limi­ta­ción de no impe­dir a otros el ejer­ci­cio de esos mis­mos dere­chos y por tanto es inacep­ta­ble y hasta iló­gico, por tomar el ejem­plo extremo, que se quiera repa­rar el gra­ví­simo daño que sufre toda mujer vio­lada mediante el ase­si­nato de la cria­tura que se engen­dró en el acto cri­mi­nal de la violación.

b) La eutanasia

De la euta­na­sia y, en gene­ral de toda forma de sui­ci­dio, dire­mos que los con­si­de­ra­mos, inad­mi­si­ble e inne­ce­sa­rio por cuanto una muerte digna no es una muerte rápida, ins­tan­tá­nea, sino que es morir res­pe­tado como persona.

Aún admi­tiendo que no sabe­mos a cien­cia cierta si el sufri­miento es inne­ce­sa­rio y cuál es su pro­pó­sito, basa­dos en la teo­ría del duelo es válido acep­tar que un sufri­miento anti­ci­pado y con­tro­lado puede pre­pa­rar al paciente para una muerte mejor y si se acor­tan los tiem­pos se dis­mi­nuye la posi­bi­li­dad de esa preparación.

La mejor solu­ción para los pacien­tes ter­mi­na­les no es anti­ci­par la muerte bus­cando aca­bar con una vida ator­men­tada, sino ofre­cer razo­nes de espe­ranza y de sen­tido para el sufrimiento.

No que­re­mos dejar de expli­ci­tar que tam­bién nos opo­ne­mos a la dis­ta­na­sia o pro­lon­ga­ción arti­fi­cial e inne­ce­sa­ria de la ago­nía de algu­nos pacien­tes ter­mi­na­les, por enten­der que es con­tra­ria a la exi­gen­cia del buen morir.

Hace no mucho tiempo atrás, ocu­parse de expo­ner estos argu­mento resul­taba inú­til por cuanto eran de una evi­den­cia casi tau­to­ló­gica en casi todas las cul­tu­ras del mundo, pero han comen­zado a dejar de serlo y uno de los refle­jos de ello es, como se dijo antes, que haya jue­ces, legis­la­do­res y toda una corriente de la opi­nión pública en los Esta­dos Uni­dos y en el mundo que con­si­de­ran acep­ta­ble y hasta desea­ble que Terri Schiavo haya sido con­de­nada a morir de sed y de ham­bre, como si dar de comer al ham­briento y de beber al sediento fue­sen modos de encar­ni­za­miento terapéutico.

En el clima moral que exis­tía en Esta­dos Uni­dos y el mundo antes de la década de 1960 es poco pro­ba­ble que alguien se hubiera atre­vido siquiera a suge­rir en público esta posi­bi­li­dad, que ahora cuenta con el bene­plá­cito de los tri­bu­na­les judi­cia­les esta­dou­ni­den­ses y de una por­ción de la opi­nión pública.

Sin embargo, en tiem­pos recien­tes se ha reavi­vado el espí­ritu de lucha por la cul­tura de la vida en los Esta­dos Uni­dos. El caso Schiavo evi­den­cia la cre­ciente pre­pon­de­ran­cia de los movi­mien­tos reli­gio­sos con­ser­va­do­res en la polí­tica esta­dou­ni­dense (recuér­dese la opo­si­ción al matri­mo­nio entre per­so­nas del mismo género y las res­tric­cio­nes a la inves­ti­ga­ción sobre célu­las madre) que se han enco­lum­nado tras la con­vo­ca­to­ria del pre­si­dente Bush a invo­lu­crarse mucho más acti­va­mente en cues­tio­nes de polí­tica social (faith-based initia­tive), de la cual mucho se habló antes de las elec­cio­nes de noviem­bre último.

Es lla­ma­tivo ade­más que el caso Schiavo se haya trans­for­mado en una cues­tión trans­par­ti­da­ria, toda vez que medio cen­te­nar de legis­la­do­res demó­cra­tas vota­ron junto a los repu­bli­ca­nos y algu­nas figu­ras aso­cia­das al Par­tido Demó­crata (como Jesse Jack­son) se opu­sie­ron a dejar morir a la joven de Flo­rida. Por otra parte, coin­ci­die­ron en el apoyo a la posi­ción del pre­si­dente Bush los cató­li­cos con­ser­va­do­res y los evangelistas.

c) El terrorismo

En lo que hace al terro­rismo, es sabido que se trata de un bru­tal método de lucha tan viejo como la gue­rra, pero una de las nove­da­des de este tiempo es que la ape­la­ción a ese recurso cri­mi­nal puede lle­gar a poner en riesgo la sub­sis­ten­cia misma de buena parte del género humano, dado que los terro­ris­tas pue­den acce­der y uti­li­zar armas nuclea­res, bio­ló­gi­cas y quí­mi­cas que tie­nen una leta­li­dad y una capa­ci­dad de des­truc­ción masiva nunca antes conocida.

Ese peli­gro había sido anti­ci­pado hace ya más de un quin­que­nio en un artículo titu­lado “El Terro­rismo Post­mo­derno” de Wal­ter Laqueur, pre­si­dente del Con­sejo Inter­na­cio­nal de Inves­ti­ga­ción del Cen­tro de Estu­dios Estra­té­gi­cos e Inter­na­cio­na­les, en el que se adver­tía: “Es posi­ble que de 100 inten­tos de super vio­len­cia terro­rista 99 fra­ca­sen, pero uno solo que tenga éxito podría dejar muchas más víc­ti­mas, pro­du­cir más daño mate­rial y desatar un pánico más grande que cual­quier otra cosa que el mundo ha expe­ri­men­tado hasta ahora”.

De ahí que hoy, más que nunca antes, sean inacep­ta­bles cier­tas acti­tu­des tole­ran­tes hacia las prác­ti­cas terro­ris­tas, que en el pasado reciente algu­nos se per­mi­tían adop­tar res­pecto de quie­nes ape­la­ban al terro­rismo con diver­sos argu­men­tos de reivin­di­ca­ción nacio­nal o político-social.

Hoy es del todo evi­dente que el blanco directo y desem­bo­zado al que apun­tan los prin­ci­pa­les ata­ques de los núcleos más peli­gro­sos y acti­vos del terro­rismo es la demo­cra­cia y ya el odio al sis­tema demo­crá­tico de vida y a la liber­tad, que ins­pira a la acción cri­mi­nal del terro­rismo, no puede ser encu­bierto con ale­ga­tos nacio­na­les o sociales.

No obs­tante, tal vez por aque­llo de que “la mejor trampa del dia­blo es hacer­nos creer que no existe”, no fal­tan quie­nes creen, pre­ten­den creer o quie­ren hacer creer que son “gue­rre­ros de la liber­tad” los nar­co­te­rro­ris­tas de la Fuer­zas Arma­das Revo­lu­cio­na­rias de Colom­bia, los faná­ti­cos que per­pe­tra­ron ata­ques cri­mi­na­les como los aten­ta­dos con­tra las Torres Geme­las en Esta­dos Uni­dos o la esta­ción de Ato­cha en España por men­cio­nar los más cono­ci­dos, las ban­das que pre­ten­den reins­ta­lar en Irak una dic­ta­dura como la que, bajo Sad­dam Hus­sein ejer­cía el par­tido de ten­den­cia socia­lista “Baas” y ata­ca­ron mediante actos terro­ris­tas al pue­blo de ira­quí que acu­dió masi­va­mente a votar en las pri­me­ras elec­cio­nes libres que se rea­li­za­ron ahí.

El terro­rismo, en una de sus for­mas más per­ver­sas, recu­rre al sui­ci­dio de sus par­ti­da­rios lle­gán­dose así a esta­dios de abso­luto des­pre­cio por la vida, que inclu­yen la uti­li­za­ción de niños para rea­li­zar atentados.

Ha de tenerse en cuenta que las ten­den­cias lla­ma­das “fun­da­men­ta­lis­tas” que ins­pi­ran a algu­nos de las orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas más peli­gro­sas, pue­den enten­derse como una reac­ción de resis­ten­cia a la exclu­sión de la reli­gión del ámbito público y a la total des­vin­cu­la­ción del Estado y la vida pública res­pecto de Dios que tien­den a adop­tar muchos paí­ses del mundo y esa reac­ción resis­tente tiende a ape­lar a una poli­ti­za­ción de la reli­gión que, en sus extre­mos más deses­pe­ra­dos, lleva a la vio­len­cia y al crimen.

En ver­dad, el obje­tivo de estas ten­den­cias no es vol­ver a algún pasado en el que Dios regía la vida pública de la socie­dad, sino impo­ner una surte de recon­ver­sión reli­giosa del mundo, res­tau­rando la sobe­ra­nía de Dios sobre el Estado y recu­pe­rando el papel inte­gra­dor e inte­gral de la reli­gión en la socie­dad (de ahí que el tér­mino inte­grismo se use como equi­va­lente a fundamentalismo).

Ese fun­da­men­ta­lismo, curio­sa­mente, recu­rre a los ins­tru­men­tos de la moder­ni­dad para enfren­tarla y, al poli­ti­zarla, rebaja la reli­gión a la con­di­ción de una ideo­lo­gía con Dios, con la que viene a que­rer lle­nar el vacío creado por el ocaso del mar­xismo, que ele­vaba la ideo­lo­gía a la con­di­ción de una reli­gión sin Dios.

Por ello, para­fra­seando a la tesis leni­nis­tas que carac­te­ri­za­ban al impe­ria­lismo como la fase supe­rior del capi­ta­lismo, se podría defi­nir al fun­da­men­ta­lismo como la fase supe­rior del tota­li­ta­rismo mar­xista o nacio­nal­so­cia­lista, en tanto los gru­pos de esa con­di­ción que ape­lan al terro­rismo (sean judíos, cris­tia­nos o musul­ma­nes) tie­nen como obje­tivo impo­ner al resto de la socie­dad su volun­tad, a la que con­si­de­ran expre­sión de la volun­tad divina, ejer­ciendo toda la vio­len­cia que se requiera para lograrlo. No era otra cosa lo que pos­tu­la­ban Marx, Lenin, Sta­lin, Hitler y Mus­so­lini, salvo que situa­ban a sus ideo­lo­gías donde estos fun­da­men­ta­lis­tas colo­can a Dios.

Desde esta pers­pec­tiva se podrían apli­car al terro­rismo algu­nas de las obser­va­cio­nes que Han­nah Arendt hiciera del tota­li­ta­rismo y sus crí­me­nes en cuanto per­ci­bía una “obje­ti­va­ción” o “cosi­fi­ca­ción” que se pro­duce tanto en las víc­ti­mas como en los ver­du­gos, ya que estos se mues­tran acrí­ti­cos res­pecto de sus accio­nes, que jus­ti­fi­can con fra­ses hechas. Los vídeos que gra­ban los terro­ris­tas antes de hacerse volar por los aires mues­tran una “meca­ni­za­ción” simi­lar a la que se pudo obser­var en el caso Eichmann.

Por otra parte, Han­nah Arendt apun­taba a la “bana­li­dad del mal” y los ver­du­gos terro­ris­tas tien­den a mos­trarse a sí mis­mos como “bue­nos chi­cos” en la vida pri­vada, que se limi­tan a cum­plir con su deber o con las con­sig­nas y basta, lo que se hace posi­ble por­que existe un medio his­tó­rico o una colec­ti­vi­dad social que los ampara y en el cual ese tipo de accio­nes y com­por­ta­mien­tos son acep­ta­dos y con­si­de­ra­dos normales.

Por fin, que­re­mos citar tex­tual­mente lo que acerca de este tema esta­blece El Cate­cismo de la Igle­sia Cató­lica. “Una gue­rra de agre­sión es intrín­se­ca­mente inmo­ral. En el trá­gico caso en el que se des­en­ca­de­nara, los res­pon­sa­bles de un Estado agre­dido tie­nen el dere­cho y el deber de orga­ni­zar la defensa, uti­li­zando tam­bién la fuerza de las armas (nume­ral 2265). Para que sea lícito el uso de la fuerza, debe res­pe­tar algu­nas con­di­cio­nes rigu­ro­sas: Que el daño cau­sado por el agre­sor a la nación o a la comu­ni­dad de las nacio­nes sea dura­dero, grave y cierto; Que todos los demás medios para poner fin a la agre­sión hayan resul­tado imprac­ti­ca­bles o inefi­ca­ces; Que se reúnan con­di­cio­nes serias de éxito; Que el empleo de las armas no entrañe males y des­ór­de­nes más gra­ves que el mal que se pre­tende eli­mi­nar. El poder de los medios moder­nos de des­truc­ción obliga a una pru­den­cia extrema en la apre­cia­ción de esta con­di­ción. Estos son los ele­men­tos tra­di­cio­na­les enu­me­ra­dos en la doc­trina lla­mada de la “gue­rra justa”. La apre­cia­ción de estas con­di­cio­nes de legi­ti­mi­dad moral per­te­nece al jui­cio pru­dente de quie­nes están a cargo del bien común» (nume­ral 2309).

d) La drogadicción

La adic­ción a las dro­gas, tam­bién a par­tir de la década de 1960, pasó de ser una expe­rien­cia limi­tada a círcu­los res­trin­gi­dos para con­ver­tirse en un impor­tante com­po­nente que está pre­sente en la cul­tura urbana con­tem­po­rá­nea de las ciu­da­des de casi todos los paí­ses del mundo.

Esa masi­fi­ca­ción del uso de dro­gas y el sur­gi­miento de toda una sub­cul­tura vin­cu­lada a ello es un sín­toma de la enfer­me­dad que padece la socie­dad con­tem­po­rá­nea, que induce a recu­rrir a la quí­mica para tra­tar de eva­dirse de la reali­dad o encon­trar una sen­sa­ción de omni­po­ten­cia que per­mita encu­brir una debi­li­dad severa en la estruc­tura de la personalidad.

Aun­que no qui­sié­ra­mos incu­rrir en psi­co­lo­gis­mos faci­lis­tas, ha de admi­tirse que las pato­lo­gías de la per­so­na­li­dad que indu­cen a la adic­ción a las dro­gas cons­ti­tu­yen una noto­ria epi­de­mia. Si así no fuera, no se podría expli­car que la venta al menu­deo de cocaína, marihuana heroína y otras dro­gas prohi­bi­das per­mi­tan recau­dar unos 500 mil millo­nes de dóla­res cada año, con lo que ese comer­cio llegó a ser un nego­cio que per­mite la rápida acu­mu­la­ción de riqueza y poder a los nar­co­tra­fi­can­tes y a sus cóm­pli­ces en los ámbi­tos finan­cie­ros, polí­ti­cos, poli­cia­les, mili­ta­res, perio­dís­ti­cos, inte­lec­tua­les, etc.

Parece evi­dente que en tanto no se pro­duz­can trans­for­ma­cio­nes que con­duz­can a redu­cir la mag­ni­tud epi­dé­mica de las pato­lo­gías psi­co­so­cia­les que indu­cen al con­sumo inde­bido de esas sus­tan­cias, los esfuer­zos que los gobier­nos des­ti­nan a com­ba­tir la pro­duc­ción y el trá­fico de dro­gas prohi­bi­das van a tener resul­ta­dos modes­tos en tér­mi­nos de mori­ge­rar los efec­tos de esa amenaza.

Claro que la con­clu­sión lógica de esa evi­den­cia debe­ría ser la for­mu­la­ción y apli­ca­ción de medi­das ade­cua­das y de fondo que tien­dan a redu­cir el con­sumo y no a lega­li­zarlo, que es lo que pro­po­nen muchos inte­gran­tes del uni­verso “pro­gre­sista” y tam­bién per­so­na­jes tan leja­nos de esa gala­xia como es el caso de Mil­ton Fried­man, el eco­no­mista de la Uni­ver­si­dad de Chicago que es tenido como epí­tome del lla­mado neoliberalismo.

Ambos sec­to­res cons­ta­tan que la lucha de los orga­nis­mos esta­ta­les de pre­ven­ción y repre­sión del nar­co­trá­fico es muy cos­tosa, que sus resul­ta­dos no son todo lo exi­to­sos que sería desea­ble y que en algu­nos casos los encar­ga­dos de per­se­guir­los se con­vier­ten en cóm­pli­ces de los narcotraficantes.

Los “pro­gre­sis­tas”, a par­tir de esa cons­ta­ta­ción, reite­ran sus sem­pi­ter­nos dis­cur­sos con­tra todas y cada una de las accio­nes de las fuer­zas poli­cia­les y de segu­ri­dad, en nom­bre de una falaz y sedi­cente “libertad”.

Por su parte, Fried­man y quie­nes coin­ci­den con él pro­po­nen lega­li­zar el con­sumo y comer­cio de algu­nas dro­gas a fin de “blan­quear” un nego­cio que, de todos modos, resulta inevi­ta­ble y posi­bi­li­tar así un mayor con­trol del mismo, ade­más de recau­dar impuestos.

Como puede verse, al igual que en las otras cua­tro for­mas de ata­car la vida aquí con­si­de­ra­das, para pro­po­ner que se lega­li­cen las dro­gas actual­mente prohi­bi­das, los inte­gran­tes del par­tido de la cul­tura de la muerte ape­lan al siguiente sofisma: la lucha con­tra el nar­co­trá­fico no es efi­caz, por tanto pon­gá­mosle fin hacién­dolo legal.

Como es obvio, el mismo sofisma podría apli­carse a tan­tos obje­ti­vos desea­bles en los que las socie­da­des no lle­gan a alcan­zar los resul­ta­dos anhe­la­dos (el com­bate con­tra muchos deli­tos, la reduc­ción de la pobreza, la bús­queda de la paz, etc.), pese a lo cual nadie en su sano jui­cio pro­pone cejar en el intento.

e) La homosexualidad

En cuanto a la homo­se­xua­li­dad, es un com­por­ta­miento des­viado de la sexua­li­dad humana que, si bien en la anti­güe­dad ha tenido algu­nos apo­lo­ge­tas, su dis­va­lor fue mani­fiesto en la misma Gre­cia con la carga del cruel des­tino de su intro­duc­tor que fue Layo, el padre de Edipo y ya en el relato bíblico de Sodoma y Gomo­rra nos mues­tran per­cep­cio­nes análo­gas de cen­sura a su práctica.

Como fuere, es evi­dente la cre­ciente corriente que pro­mueve que el ejer­ci­cio de la homo­se­xua­li­dad sea acep­tado como una opción de vida nor­mal y natu­ral, lo que se refleja, entre otras dis­po­si­cio­nes, en la nove­dosa lega­li­za­ción tanto de “matri­mo­nios” homo­se­xua­les cuanto de adop­cio­nes de niños por pare­jas del mismo sexo.

Aún a riesgo de que se nos tenga por “homo­fó­bi­cos”, que­re­mos recor­dar que a todas las per­so­nas la vida nos es dada por la unión de otras dos per­so­nas y que, sin des­co­no­cer los amplí­si­mos avan­ces logra­dos recien­te­mente en gené­tica y bio­lo­gía, no se llegó y no cree­mos posi­ble que nunca se lle­gue a anu­lar la nece­si­dad de que haya esper­ma­to­zoi­des huma­nos mas­cu­li­nos que fecun­dan a un óvulo humano feme­nino para que se realice el pro­ceso ener­gé­tico y mate­rial que genera una nueva vida humana.

Este hecho, cuya evi­den­cia están obli­ga­dos a acep­tar incluso quie­nes igno­ran o recha­zan toda reli­gio­si­dad o cual­quier dimen­sión espi­ri­tual o social a la con­di­ción humana, por una parte des­miente al indi­vi­dua­lismo abso­luto desde nues­tro ori­gen vital mismo ya que la unión soli­da­ria entre un hom­bre y una mujer es la con­di­ción impres­cin­di­ble para que todo ser humano pueda ser traído a la vida y nacer al mundo.

En otros tér­mi­nos, se puede morir solo, pero es impo­si­ble nacer solo y tam­poco puede gene­rar vida humana la unión de dos hom­bres o de dos muje­res, por amo­roso que pudiera ser ese vínculo.

Dada esta inmo­di­fi­ca­ble ver­dad natu­ral, la pre­ten­sión de equi­pa­rar a una pareja homo­se­xual con el matri­mo­nio de hom­bre y mujer mediante dis­po­si­cio­nes lega­les resulta tan absurdo como que­rer anu­lar la ley de gra­ve­dad mediante un decreto.

Lo dicho hasta aquí no impide reco­no­cer que la per­sona homo­se­xual deba ser ple­na­mente res­pe­tada en su dig­ni­dad. Pero pro­mo­ver ese res­peto no sig­ni­fica legi­ti­mar com­por­ta­mien­tos que no están en con­for­mi­dad con la ley natu­ral, ni reco­no­cer un dere­cho al matri­mo­nio entre per­so­nas del mismo sexo, con la con­si­guiente equi­pa­ra­ción de su unión a la fami­lia ya que, al poner la unión homo­se­xual en un plano jurí­dico análogo al del matri­mo­nio o la fami­lia, el Estado actúa arbi­tra­ria­mente y entra en con­tra­dic­ción con sus pro­pios deberes.

En tér­mi­nos gene­ra­les, valga pre­ci­sar que nues­tro abso­luto rechazo y com­pleta intran­si­gen­cia con­tra la prác­tica, la lega­li­za­ción, la acep­ta­ción o la tole­ran­cia res­pecto del aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad, lejos está de exten­derse a quie­nes incu­rren en esas prác­ti­cas, quie­nes sue­len ser víc­ti­mas de sus pro­pias accio­nes con­tra la vida y en este sen­tido tra­ta­mos de apli­car la máxima de San Agus­tín que exhor­taba a “odiar al pecado y amar al pecador”.

¿Qué lleva a adhe­rir al Par­tido de la Cul­tura de la Muerte?

Nos resis­ti­mos a acep­tar que los muchos adhe­ren­tes al par­tido de la cul­tura de la muerte sean todos per­ver­sos enemi­gos de la vida y nos parece más sen­sato y mise­ri­cor­dioso supo­ner que la mayo­ría de ellos han de ser bue­nas per­so­nas equi­vo­ca­das y creen estar ani­ma­dos de las mejo­res inten­cio­nes por lo que, ade­más de evo­car el refrán que dice que “ el camino del infierno está empe­drado de bue­nas inten­cio­nes” corres­ponde inten­tar enten­der los moti­vos que les lle­va­ron a caer en la tanatofilia.

En ese intento par­ti­mos de per­ci­bir que la expan­sión de estas cinco for­mas de ata­que a la vida se sus­tenta en el cre­ciente debi­li­ta­miento del sen­tido de la vida, una de las más gra­ves enfer­me­da­des de la cul­tura con­tem­po­rá­nea que, en no pocos casos, llega a la pér­dida total de ese sen­tido y en refe­ren­cia a ese males­tar de la cul­tura nos parece apro­piado citar a tres pen­sa­do­res que pue­den ser­vir de guía en este intento de elucidación.

Las pri­me­ras citas son de Juan Domingo Perón quien, ya en 1949, adver­tía que “la mar­cha fati­gosa y rápida de la evo­lu­ción social, como de la eco­nó­mica, han tras­tor­nado los habi­tua­les pai­sa­jes de la con­cien­cia” y que “del desas­tre brota el heroísmo, pero brota tam­bién la deses­pe­ra­ción, cuando se han per­dido dos cosas: la fina­li­dad y la norma. Lo que pro­duce la náu­sea es el desen­canto, y lo que puede devol­ver al hom­bre la acti­tud com­ba­tiva es la fe en su misión, en lo indi­vi­dual, en lo fami­liar y en lo colec­tivo” [3].

Acerca del mismo tema, en una rica obra publi­cada 20 años des­pués de que Perón escri­biera lo antes citado, el soció­logo esta­dou­ni­dense Daniel Bell, al con­si­de­rar la cri­sis cul­tu­ral que per­ci­bía diag­nos­ti­caba que “el pro­blema real de la moder­ni­dad es el de la creen­cia. Para usar una expre­sión anti­cuada, es una cri­sis espi­ri­tual, pues los nue­vos asi­de­ros han demos­trado ser ilu­so­rios y los vie­jos han que­dado sumer­gi­dos. Es una situa­ción que nos lleva de vuelta al nihi­lismo; a falta de un pasado o un futuro, sólo hay un vacío” [4].

Por su parte el Sumo Pon­tí­fice Juan Pablo II, en su encí­clica Fe y Razón , actua­liza las adver­ten­cias de Perón y de Bell al afir­mar que “como con­se­cuen­cia de la cri­sis del racio­na­lismo, ha cobrado enti­dad el nihi­lismo. Como filo­so­fía de la nada, logra tener un cierto atrac­tivo entre nues­tros con­tem­po­rá­neos. (…) En la inter­pre­ta­ción nihi­lista la exis­ten­cia es sólo una opor­tu­ni­dad para sen­sa­cio­nes y expe­rien­cias en las que tiene pri­ma­cía lo efí­mero. El nihi­lismo está en el ori­gen de la difun­dida men­ta­li­dad según la cual no se debe asu­mir nin­gún com­pro­miso defi­ni­tivo, ya que todo es fugaz y pro­vi­sio­nal” [5].

El males­tar cul­tu­ral y espi­ri­tual del mundo actual que se mani­fiesta en la ola glo­bal de acep­ta­ción y tole­ran­cia socio­cul­tu­ral del aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad se apoya, ade­más, en un cre­ciente rela­ti­vismo moral que bana­liza a la vida y a la muerte, niega la con­di­ción sagrada de la pri­mera y teme a la segunda como el fin de todo y se expresa en varios y seve­ros sín­to­mas, entre los cua­les cabe men­cio­nar los siguientes:

- Una cre­ciente ten­den­cia a que los víncu­los de las per­so­nas con la reali­dad en gene­ral y en espe­cial con las otras per­so­nas sean menos per­ma­nen­tes y pro­fun­dos y más efí­me­ros y super­fi­cia­les, entre cuyos efec­tos des­taca el debi­li­ta­miento de la familia.

- Una per­cep­ción dis­tor­sio­nada del tiempo cau­sada por la difi­cul­tad huma­nas para aprehen­der en su inte­rio­ri­dad el ritmo ace­le­rado de los cam­bios exte­rio­res, en espe­cial los gene­ra­dos por las feno­me­na­les trans­for­ma­cio­nes sus­ci­ta­das por la cien­cia y la tecnología.

- Una cre­ciente renuen­cia a asu­mir las res­pon­sa­bi­li­da­des indi­vi­dua­les que son pro­pias de la vida (por dar ape­nas un ejem­plo, es per­cep­ti­ble que muchas fami­lias bus­can desen­ten­derse de la edu­ca­ción de los hijos y dele­garla por com­pleto en las ins­ti­tu­cio­nes esco­la­res o en la televisión).

- Un exten­dido hedo­nismo que induce a recha­zar al sufri­miento como un com­po­nente inevi­ta­ble de la expe­rien­cia vital que dista de ser inútil.

- El ocaso del sen­tido tras­cen­dente de la vida, que reins­taló con agu­deza un miedo enfer­mizo a la muerte entre cuyos efec­tos indi­rec­tos está el rechazo de los ancia­nos – tal vez por­que son tes­ti­gos incó­mo­dos de la inevi­ta­bi­li­dad del camino humano hacia una muerte terre­nal que en ellos está más cer­cana – y el culto a la juven­tud, entre cuyas mani­fes­ta­cio­nes más frí­vo­las pue­den citarse la cre­ciente recu­rren­cia a la ciru­gía esté­tica o la ves­ti­menta “infor­mal” que tien­den a adop­tar los adul­tos, imi­tando a los jóvenes.

- El dete­rioro de la iden­ti­dad per­so­nal y la adop­ción de un modo de vida coti­diana menos humano que pade­cen muchos de los que migra­ron desde el campo y desde ciu­da­des peque­ñas y media­nas a las mega­ló­po­lis con­tem­po­rá­neas, acerca de lo cual Samuel P. Hun­ting­ton afirma que “a nivel indi­vi­dual, las migra­cio­nes de per­so­nas hacia ciu­da­des, esce­na­rios socia­les y ocu­pa­cio­nes des­co­no­ci­das, des­tru­yen los víncu­los loca­les tra­di­cio­na­les, gene­ran sen­ti­mien­tos de alie­na­ción y pro­vo­can cri­sis de iden­ti­dad para las que la reli­gión, con fre­cuen­cia, ofrece una respuesta”.

- La secu­la­ri­za­ción y desa­cra­li­za­ción de la socie­dad, que con­dujo a la pér­dida del sen­tido de lo sagrado y de lo santo y a que el hom­bre recu­rra menos a la reli­gión que a la cien­cia para encon­trar las segu­ri­da­des que nece­sita para vivir.

Sin que este diag­nós­tico pre­tenda ser com­pleto o exhaus­tivo, cree­mos que en estos sín­to­mas de la enfer­me­dad que padece la cul­tura con­tem­po­rá­nea pue­den encon­trarse algu­nas de las cau­sas del res­paldo o la tole­ran­cia hacia con­duc­tas con­tra­rias a la vida como el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad que pro­po­nen los par­ti­da­rios de la cul­tura de la muerte.

Las pers­pec­ti­vas de la batalla

Quie­nes esta­mos entre los defen­so­res de la cul­tura de la vida y reci­bi­mos el don de la fe tene­mos la cer­teza de que Jesu­cristo ven­ció defi­ni­ti­va­mente a la muerte y por eso pode­mos librar esta bata­lla sabiendo que, más tem­prano o más tarde, obten­dre­mos la victoria.

Pero exis­ten, ade­más, cons­ta­ta­cio­nes que no se apo­yan en la fe sino en la obser­va­ción de algu­nos datos de la reali­dad, que dan fun­da­men­tos a nues­tra esperanza.

Entre esos datos de la reali­dad que afir­man nues­tra espe­ranza en la vic­to­ria no es el menor que Juan Pablo II haya sido y George W. Bush sea dos de los líde­res más des­ta­ca­dos del bando de quie­nes reivin­di­ca­mos la cul­tura de la vida y com­ba­ti­mos la cul­tura de la muerte sean.

Es un hecho que, sin men­gua de las muchas dife­ren­cias que exis­ten entre el Papa y el Pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos, hay en ambos nota­bles coin­ci­den­cia en sus pala­bras y sus hechos que tien­den a una firme reivin­di­ca­ción de la cul­tura de la vida y una intran­si­gente opo­si­ción al aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad, en tanto son cinco for­mas de mani­fes­ta­ción de la cul­tura de la muerte.

Es para noso­tros evi­dente que Juan Pablo II, sin menos­cabo de su con­di­ción de Vica­rio de Cristo, ha sido el líder inter­na­cio­nal que ha reunido en sí más auto­ri­dad y a pesar de que es posi­ble que la Santa Sede sea el Estado con menos fuerza mili­tar de todos los que hay en el mundo, su máximo “gober­nante” está dotado de una for­ta­leza espi­ri­tual que, ade­más de venir de Aquel al que repre­senta en la tie­rra y de sus pro­pias con­di­cio­nes per­so­na­les, pro­cede del amor que sus­cita en gran parte de la huma­ni­dad, lo que se expresa en esa con­signa coreada por pue­blos en todo el pla­neta que dice: “Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo ”.

Tanto antes, cuando estaba dotado de salud y vita­li­dad físi­cas, como cuando lo aba­tían la enfer­me­dad y el decai­miento físi­cos, Karol Woy­tila fue el tes­ti­mo­nio de que es posi­ble vivir y obrar con­forme a las tres vir­tu­des teo­lo­ga­les –fe, espe­ranza y amor– y sus­ci­tar un res­peto, reco­no­ci­miento y cariño casi universales.

Dotado de una for­ma­ción inte­lec­tual y un talento polí­tico en el que se com­bi­nan la fir­meza y la suti­leza que evo­can a Pío XII y un carisma y una sim­pa­tía que gana el afecto de las mul­ti­tu­des como suce­diera con Juan XXIII, el extinto Papa fue un actor deci­sivo del pro­ceso que con­dujo al colapso del comu­nismo y tam­bién un lúcido ana­lista de ese pro­ceso según puede cons­ta­tarse en su encí­clica Cen­tes­si­mus Annus, entre otros de los muchos y ricos tex­tos que pro­dujo en su largo papado.

No es nues­tra inten­ción hacer aquí la apo­lo­gía de Juan Pablo II y menos aún la exé­ge­sis de sus riquí­si­mos apor­tes a la doc­trina de la Igle­sia, pero qui­si­mos des­ta­car ape­nas algu­nos de los ele­men­tos que ayu­dan a com­pren­der la impor­tan­cia y sig­ni­fi­ca­ción de que sea él uno de los más des­ta­ca­dos, si no el más des­ta­cado, de los líde­res del par­tido que for­ma­mos quie­nes reivin­di­ca­mos la cul­tura de la vida y com­ba­ti­mos a la cul­tura de la muerte.

Es un dato más nove­doso la ali­nea­ción en este bando del pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos y aun­que, así como no qui­si­mos hacer la apo­lo­gía de Juan Pablo II menos aún hare­mos la de George Wal­ker Bush, es de tener en cuenta que, aún quie­nes le cri­ti­can sin lími­tes ni medida, no pue­den menos que admi­tir que Bush gobierna el país que en el mundo de hoy tiene, por mucho, el mayor poder eco­nó­mico, finan­ciero, tec­no­ló­gico y militar.

Que Bush asu­mió la firme deci­sión de luchar con­tra el terro­rismo hasta derro­tarlo se hizo evi­dente a par­tir de su reac­ción frente a los ata­ques a su país del 11 de setiem­bre del 2000 y esa volun­tad se con­so­lidó a par­tir del claro res­paldó que reci­bió del pue­blo de Esta­dos Uni­dos al ser reele­gido para un segundo man­dato presidencial.

Pero en lo que el actual pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos y la corriente mayo­ri­ta­ria del Par­tido Repu­bli­cano lla­mada “neo­con­ser­va­dora” que lo tiene como líder y cuyos repre­sen­tan­tes ocu­pan posi­cio­nes cla­ves en su gobierno, más se dife­ren­ció de los ante­rio­res ocu­pan­tes que tuvo la Casa Blanca desde 1960 fue en la posi­ción adop­tada frente al aborto, la euta­na­sia, la homo­se­xua­li­dad y la drogadicción.

Todos los que ejer­cie­ron la Pre­si­den­cia de los Esta­dos Uni­dos, desde John Ken­nedy hasta Bill Clin­ton – incluso los repu­bli­ca­nos Richard Nixon y Ronald Reagan – tuvie­ron polí­ti­cas de rela­tiva com­pla­cen­cia frente a esos com­por­ta­mien­tos con­tra­rios a la vida, que osci­la­ron entre el res­paldo más o menos explí­cito a acep­tar­los como con­duc­tas tole­ra­bles y la resig­na­ción más o menos indi­fe­rente a tener­las como un mal inevitable.

En con­traste, Bush y la ten­den­cia “neo­con­ser­va­dora” del Par­tido Repu­bli­cano, pro­po­nen defen­der los dere­chos a la vida, a la liber­tad y a la pro­pie­dad a tra­vés de la expan­sión al mundo entero de la demo­cra­cia polí­tica y la eco­no­mía libre, res­cata valo­res tra­di­cio­na­les como la Patria, la fami­lia y la reli­gio­si­dad, reivin­dica el carác­ter sagrado de la vida y se opone a la acep­ta­ción y tole­ran­cia res­pecto las con­duc­tas que la nie­gan, como son el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homosexualidad.

Esa pro­puesta fue cla­ra­mente res­pal­dada por la mayo­ría de los esta­dou­ni­den­ses que vota­ron en gran número en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les del pasado noviem­bre, en cuyo resul­tado tuvo una influen­cia deter­mi­nante la posi­ción de los can­di­da­tos acerca de los valo­res que hacen a la cul­tura de la vida, según lo reco­no­cie­ron todos los obser­va­do­res, incluso los más adver­sos a los “neo­con­ser­va­do­res” del Par­tido Republicano.

El res­paldo elec­to­ral de la mayo­ría de los esta­dou­ni­den­ses a quie­nes alza­ron los valo­res pro­pios de la cul­tura de la vida en base a prin­ci­pios reli­gio­sos, se com­pa­dece con la tra­di­ción de ese país, tan dife­rente de la que impregna la cos­mo­vi­sión de los diri­gen­tes euro­peos –quie­nes pro­mue­ven una Cons­ti­tu­ción que des­co­noce las raí­ces cris­tia­nas de Europa– y tam­bién de la mayor parte de las cla­ses diri­gen­tes de Amé­rica Latina, que ya desde el siglo XIX fue­ron mol­dea­dos en su con­cien­cia por un mar­cado euro­cen­trismo y, en espe­cial, por su adhe­sión al racio­na­lismo laci­sita de la Fran­cia revolucionaria.

Al res­pecto vale citar una obser­va­ción de Paul John­son, quien men­ciona que “La dife­ren­cia esen­cial entre la Revo­lu­ción nor­te­ame­ri­cana y la Revo­lu­ción fran­cesa es que la pri­mera, en sus orí­ge­nes, fue un acon­te­ci­miento reli­gioso, mien­tras que la segunda fue un acon­te­ci­miento anti­rre­li­gioso. Ese hecho habría de mol­dear a la Revo­lu­ción nor­te­ame­ri­cana de prin­ci­pio a fin y sería un fac­tor deter­mi­nante de la natu­ra­leza del Estado inde­pen­diente al que daría el ser” [6].

El dis­tan­cia­miento de Dios y de la reli­gión asu­mi­dos por la mayo­ría de los esta­dos euro­peos y lati­noa­me­ri­ca­nos, llevó que el car­de­nal Joseph Rat­zin­ger afir­mara “que un estado que, por prin­ci­pios, se pro­clame agnós­tico res­pecto de Dios y de la reli­gión y que fun­da­mente el dere­cho nada más que sobre la opi­nión de la mayo­ría, tiende desde aden­tro a redu­cirse al nivel de una aso­cia­ción para delin­quir”, a lo que aña­día que “donde Dios es excluido, entra en su lugar la ley de la orga­ni­za­ción cri­mi­nal, no importa si ello sucede en forma des­ver­gon­zada o ate­nuada”. [7].

El hecho que el Papa y el Pre­si­dente de los Esta­dos Uni­dos enca­be­cen a quie­nes somos par­ti­da­rios de la cul­tura de la vida en la lucha con­tra el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad siendo, como fue dicho, el líder espi­ri­tual con más auto­ri­dad y el líder polí­tico con más poder en el mundo; explica que ambos sean los blan­cos con­tra los que se con­cen­tra el ata­que de los sos­te­ne­do­res de la cul­tura de la muerte.

Por fin, nues­tra activa espe­ranza en la vic­to­ria de la cul­tura de la vida se ins­pira en el vigente men­saje que nos daba el gene­ral Perón hace ya 55 años en la obra antes citada, cuando anti­ci­paba que “es pre­su­mi­ble que dependa de noso­tros un Rena­ci­miento más lumi­noso toda­vía que el ante­rior, por­que el nues­tro, con­tando con la misma fe en los des­ti­nos, cuenta con un hom­bre más libre y, por tanto, con una con­cien­cia más capaz. “. [8].

Para cons­truir ese nuevo Rena­ci­miento se requiere for­ta­le­cer el pen­sa­miento y la acción de quie­nes nos asu­mi­mos par­ti­da­rios de la cul­tura de la vida, ten­diendo a rea­li­zar los siguien­tes obje­ti­vos, que podrían con­fi­gu­rar así nues­tro decá­logo programático.

Se puede ir a la ver­sión audi­ble del pre­sente artículo: http://​www​.chi​cos​per​di​dos​.org​.ar/​n​u​k​e​/​A​r​t​i​c​l​e​1​0​2​.​p​h​tml

Autor: Esteban Falcionelli

Email: falcionelli@chicosperdidos.org.ar

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6 Comentarios en “La Cultura de la Muerte (II)”  

  1. 1 roberto yankilevich

    Mas allá de la cita de Perón (nadie está exento de pecado), com­parto en su tota­li­dad el artículo pre­ce­dente. Pero me queda una duda muy pro­funda: ¿qué hay de la pena de muerte?. ¿Pode­mos, los defen­so­res de la cul­tura de la vida defen­der la pena de muerte?.
    Me lo pre­gunto por­que, en lo per­so­nal, tengo opi­nión for­mada al res­pecto, aun­que para lle­gar a ella he debido sopor­tar muchas idas y vuel­tas en mi inte­rior. Soy defen­sor de la pena de muerte, por­que entiendo que hay indi­vi­duos abso­lu­ta­mente irre­cu­pe­ra­bles, a quie­nes la socie­dad no debe brin­dar­les nuev­sas opo­tu­ni­da­des de que lo demues­tren. Pero no tengo muy claro si esa con­cep­ción me ubica entre los defen­so­res de la que Vd. llama “cul­tura de la vida” o no.

  2. 2 Esteban Falcionelli

    Más allá de la cita de Perón, (que al menos recibí hace horas los san­tos sacra­men­tos y el sacer­dote no me dió peni­ten­cia por ser pero­nista. Y eso que de pero­nista no tiene ni ideas por­que es fran­cés), y por­que Perón no es pecado desde mi pers­pec­tiva, la cues­tión viene sobre la pena de muerte. Y como defiendo la vida desde antes de su con­cep­ción, debo defen­der la vida del resto: de los ya naci­dos hasta su muerte natu­ral y de todos.
    Es única­mente Dios quien decide sobre la vida y la muerte, yo nunca podría estar en favor de la pena de muerte, sería escu­pir al cielo.
    Igual­mente en otro momento enviaré una nota en ese sen­tido, un tanto más clara.
    Cor­dia­les saludos,

  3. 3 Ricardo Ferrer Espinosa

    Seño­res: ¿Cómo pue­den poner en un mismo plano el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homosexualidad?

    El mundo de hoy sufre millo­nes de exi­lios, des­tie­rros, expo­lios, ase­si­na­tos y saqueo de la natu­ra­leza que nos per­tence a todos. Mien­tras tanto uste­des hacen silen­cio frente al ver­da­dero terro­rismo eco­nó­mico, frente a la muerte de la huma­ni­dad con el actual sis­tema depredador.

    A pro­pó­sito de la defensa de la vida, no fue la igle­sia argen­tina la más deno­dada en defensa de la pobla­ción civil. He visto y vivido el caso con­tra­rio de Colom­bia, donde la igle­sia cató­lica par­ti­cipa en las media­cio­nes para fina­li­zar el con­flicto. Uste­des han hecho silen­cio cuando se arrasó a una gene­ra­ción com­pleta. Uste­des care­cen de amor al pró­jimo al dis­cri­mi­nar al homosexual.

    No está lejos el tiempo en el cual la santa madre igle­sia que­maba muje­res. Al mismo tiempo que la igle­sia se obse­siona por nues­tros geni­ta­les, hace la vista gorda frente el pecado social: el ham­bre, la iniqui­dad social, la vio­la­ción a los dere­chos huma­nos. Esos males matan más gente que el aborto, y el terro­rismo. Sobre la euta­na­sia: ¿Por qué gozan tanto con el sufir­miento ajeno? Es per­versa doc­tri­nal­mente la idea del sufri­miento inutil. No es esa la idea que nos legó Jesús.

    Ricardo Ferrer Espi­nosa biondiricar@yahoo.es

  4. 4 Esteban Falcionelli

    Dos Res­pues­tas en una
    Res­pecto a mi pro­mesa de ampliar al lec­tor, Sr. Yan­ki­le­vich sobre la pena de muerte, trans­cribo el siguiente artículo de mi maes­tro, Dr. Ati­lio Álva­rez, escrito hace unos años, para mi total­mente vigente:

    Pena de muerte:

    Pese a los avan­ces en mate­ria de dere­chos huma­nos, siguen apli­cán­dose con­de­nas a muerte a per­so­nas que delin­quie­ron cuando eran meno­res de edad. El hecho de que se aguarde la mayo­ría de edad para matar­los no quita bru­ta­li­dad a la decisión.

    La reti­cen­cia de los paí­ses que acor­da­ron en 1989 el articulo 37 de la Con­ven­ción sobre los Dere­chos del Niño en cuanto a prohi­bir tam­bién toda forma de con­dena a pri­sión per­pe­tua, aun­que si ha vedado la pena de muerte, es un signo de la acti­tud mun­dial frente a los ado­les­cen­tes. Amnis­tía Inter­na­cio­nal (A.I.), en un comu­ni­cado del 28 de enero de 2003, ha lamen­tado la nega­tiva de la Corte Suprema de los Esta­dos Uni­dos a recon­si­de­rar la cons­ti­tu­cio­na­li­dad de la eje­cu­ción de per­so­nas que come­tie­ron sus crí­me­nes cuando eran meno­res de edad y renovó su lla­ma­miento a la res­pon­sa­bi­li­dad a los con­gre­sis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos y a la cle­men­cia de las auto­ri­da­des para impe­dir que ocu­rran en Esta­dos Uni­dos estas eje­cu­cio­nes ile­ga­les en el plano inter­na­cio­nal.
    El rechazo, resuelto el 17 de enero de 2003 por parte de la Corte Suprema de los EE.UU. de una ape­la­ción pre­sen­tada por Scott Hain, quien se encuen­tra en el corre­dor de la muerte en el Estado de Oklahoma por un cri­men que come­tió cuando tenía 17 años de edad, vuelve a poner sobre el tapete esta durí­sima cues­tión, que es el ori­gen de la nega­tiva nor­te­ame­ri­cana a rati­fi­car la Con­ven­ción sobre los Dere­chos del Niño.

    La prohi­bi­ción inter­na­cio­nal de las eje­cu­cio­nes de meno­res de edad, que tenían menos de 18 años en el momento del cri­men, se res­peta en casi todos los paí­ses de la Tie­rra. El mundo está de acuerdo en que no pode­mos dejar por irre­cu­pe­ra­bles a los niños, no importa qué cri­men hayan come­tido dice el comu­ni­cado de A.I., a cuyos con­cep­tos adhiere Infan­cia y Juven­tud. El mismo pre­si­dente de Esta­dos Uni­dos, George W. Bush, expresó su creen­cia fun­da­men­tal en la pro­mesa que supone cada niño, en men­saje emi­tido el pasado 4 de enero durante la Asam­blea Espe­cial de Nacio­nes Uni­das dedi­cada el pasado mes de mayo de 2002 a los niños, la dele­ga­ción nor­te­ame­ri­cana se des­cri­bió a sí misma como líder mun­dial en la pro­tec­ción de los niños.

    Pese a ello en los Esta­dos Uni­dos se rea­li­za­ron en 2002 las tres únicas eje­cu­cio­nes regis­tra­das en todo el mundo con­tra delin­cuen­tes meno­res de edad en el momento del cri­men y su esta­dís­tica cuenta con el 70 por ciento de los casos cono­ci­dos en todo el mundo de eje­cu­cio­nes de meno­res come­ti­das en los cinco últi­mos años, con 12 eje­cu­cio­nes sobre 17 en todo el mundo. Con­fia­mos que una mayor refle­xión sobre el tema y la cohe­ren­cia con esas mani­fes­ta­cio­nes lleve a la poten­cia líder a rati­fi­car la Con­ven­ción sobre los Dere­chos del Niño, y a ter­mi­nar con las eje­cu­cio­nes.
    Y al resto del mundo a avan­zar tam­bién cohe­ren­te­mente en la mate­ria y a darse cuenta que el cri­te­rio anglo­sa­jón en mate­ria de dere­cho espe­cial para meno­res de edad no es el modelo a seguir en el siglo XXI.

    Segunda res­puesta:
    Que dirijo res­pe­tuo­sa­mente al Sr. Ferrer Espi­noza, debo ponerlo en autos que no pongo en un mismo plano el aborto, euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad, sino que denun­cio y mues­tro lo que el actual gobierno Kakista sí pone en un mismo plano. Por­que a todas luces no es lo mismo una cria­tura abor­tada que la libe­ra­ri­za­ción de las dro­gas, aun­que en los dos casos sea segu­ra­mente dis­ctar la pena de muerte, como la euta­na­sia y demás baso­fias Ofi­cia­les.
    Vea­mos:
    A tal denun­cia titu­lada Los pro muerte, nuevo Código Penal, terro­rista… Aun­que digan lo con­tra­rio, el gobierno miente des­ca­ra­da­mente. El ante­pro­yecto de Ley de Reforma y Actua­li­za­ción Inte­gral del Código Penal de la Nación, ela­bo­rado por la Comi­sión creada por Reso­lu­ción Nº 303 del 14 de diciem­bre de 2004 del MJDH.
    Con­sulta ile­gal a rea­li­zarse el 15 de agosto de 2006.

    Esta es la prueba de lo que el gobierno abor­te­ril, anti­mi­no­ril en reduc­ción de penas para el fili­ci­dio, pro libe­ra­ci­za­ción de dro­gas –mal­di­tas dro­gas– y euta­ná­sico cri­mi­nal de la peor calaña apaña, y lega­li­zará, por medio de sus céle­bres “Con­sul­tas Públi­cas”.
    “Céle­bres Con­sul­tas Públi­cas” por­que ya sabe­mos de dos de ellas –que como bien sabe­mos que los núme­ros a la hora de impug­nar impor­tan un carajo (con per­dón, pero aclaro que lamen­tá­ble­mente no es un insulto), y hacen lo que ile­gal­mente, por des­gra­cia, se les planta a la hora de desin­te­grar a la Fami­lia y a la socie­dad toda-.

    A más infor­ma­ción, podrá leer el resto y des­car­gar en su orde­na­dor, en for­mato pdf, el men­tado ante­pro­yecto en el siguiente vínculo:

    http://​www​.chi​cos​per​di​dos​.org​.ar/​n​u​k​e​/​A​r​t​i​c​l​e​1​7​2​.​p​h​tml

    Aclaro Sr. Espi­nosa, en donde Usted dice: “Uste­des han hecho silen­cio cuando se arrasó a una gene­ra­ción com­pleta. Uste­des care­cen de amor al pró­jimo al dis­cri­mi­nar al homo­se­xual…”, que creo que está mez­clando tra­pos con repa­sa­do­res, y lo invito a visi­tar mi sitio, pero a leerlo todo. Notará que le yerra fiero en su nota.
    Un espe­cial saludo a todos, por Dios y por la Patria en este glo­rioso 25 de Mayo (sin la Plaza pique­te­ril, mar­xis­tona y ateoide).

  5. 5 Esteban Falcionelli

    II res­puesta al Sr. Espi­nosa:
    Por­que leyendo su nota con mayor aten­ción (estaba apu­rado), voy a res­pon­derle punto por punto.

    ¿Cómo pue­den poner en un mismo plano el aborto, la euta­na­sia, el terro­rismo, la dro­ga­dic­ción y la homo­se­xua­li­dad?:Ya le res­pondí antes.

    El mundo de hoy sufre millo­nes de exi­lios, des­tie­rros, expo­lios, ase­si­na­tos y saqueo de la natu­ra­leza que nos per­tence a todos. Mien­tras tanto uste­des hacen silen­cio frente al ver­da­dero terro­rismo eco­nó­mico, frente a la muerte de la huma­ni­dad con el actual sis­tema depre­da­dor.Por si no lo sabe, el terro­rismo eco­nó­mico es uno de los men­to­res del aborto. Y si le caben dudas, lea el siguiente vínculo: http://​www​.chi​cos​per​di​dos​.org​.ar/​n​u​k​e​/​A​r​t​i​c​l​e​1​6​2​.​p​h​tml. Notará que Bill Gates, el “filan­tro­ca­pi­ta­lista” finan­cia crí­me­nes. Hay más, desde ya, que finan­cian la cul­tura de la muerte, por ejem­plo los men­to­res Kis­sin­guer y Mac­na­mara, o, el céle­bre Foro de Davos y Porto Ale­gre:http://​www​.chi​cos​per​di​dos​.org​.ar/​n​u​k​e​/​A​r​t​i​c​l​e​2​2​.​p​h​tml

    A pro­pó­sito de la defensa de la vida, no fue la igle­sia argen­tina la más deno­dada en defensa de la pobla­ción civil. He visto y vivido el caso con­tra­rio de Colom­bia, donde la igle­sia cató­lica par­ti­cipa en las media­cio­nes para fina­li­zar el con­flicto. Uste­des han hecho silen­cio cuando se arrasó a una gene­ra­ción com­pleta. Uste­des care­cen de amor al pró­jimo al dis­cri­mi­nar al homo­se­xual.Bueno, acá está la mez­co­lanza, una espe­cie de ensa­lada rusa sin aliño. Me gus­ta­ría saber a cien­cia cierta a qué igle­sia argen­tina se refiere res­pecto a la defensa de la pobla­ción civil, espero su gen­ti­leza. Res­pecto a los homo­se­xua­les, no los dis­cri­mino, sino que los pongo en su lugar, por­que eso de andar adop­tando cria­tu­ras es lisa y lla­na­mente corrup­ción de meno­res. Para más infor­ma­ción: http://​www​.chi​cos​per​di​dos​.org​.ar/​n​u​k​e​/​A​r​t​i​c​l​e​5​.​p​h​tml. Res­pecto al papel de la igle­sia cató­lica en la media­ción de los con­flic­tos colom­bia­nos, se nota que tuvo éxito. Le acon­sejo visite cor­tes­mente a “Tiro Fijo”…

    No está lejos el tiempo en el cual la santa madre igle­sia que­maba muje­res. Al mismo tiempo que la igle­sia se obse­siona por nues­tros geni­ta­les, hace la vista gorda frente el pecado social: el ham­bre, la iniqui­dad social, la vio­la­ción a los dere­chos huma­nos. Esos males matan más gente que el aborto, y el terro­rismo. Sobre la euta­na­sia: ¿Por qué gozan tanto con el sufir­miento ajeno? Es per­versa doc­tri­nal­mente la idea del sufri­miento inutil. No es esa la idea que nos legó Jesús.¿Vió la pelí­cula “Las Bru­jas de Salem” o se refiere a tiem­pos más cer­ca­nos o leja­nos?, por­que no tenía idea que la Santa Madre Igle­sia que­maba muje­res, por­que en los tex­tos sagra­dos nada dice. Invo­caré por Usted ora­cio­nes a la San­tí­sima Vir­gen María, Corre­den­tora de todas las gra­cias. Ahora bien, eso que la igle­sia se obse­siona por “nues­tros” geni­ta­les, serán deli­rios suyos, por­que de los míos me obse­siono yo, me refiero a estar lim­pio. Si se refiere a la pro­mis­cui­dad, la pedras­tía, el homo­se­xua­lismo y toda esa gua­rrada, ¡claro que la Igle­sia se preo­cupa y está total­mente en con­tra!. Fal­taba más que per­mita por­que­rías que desin­te­gren la Fami­lia, el Orden Moral y el Social. Recuerde que el pri­mer Dere­cho Humano es el Dere­cho a Nacer. Y por último, acerca de la euta­na­sia y su idea res­pecto a que la Igle­sia “goza” del sufri­miento ajeno y es per­versa doc­tri­nal­mente, para no ser extenso ni ocu­par espa­cio de más en este sitio que gen­til­mente me cedió espa­cio, le reco­miendo ver “La Pasión” de Mel Gib­son. Y no me venga con­que es san­gui­na­ria, recurso que uti­li­zan los que no quie­ren ver lo que real­mente sufrió Nues­tro Señor en sus últi­mas doce horas. Por Usted, por mí y por todo el mundo.
    Cor­dia­les saludos,

  6. 6 robi

    muchas gra­cias todo lo que leí me sir­vió para poder repre­sen­tar a la dele­ga­ción de la Santa sede como emba­ja­dora en un modelo de NU

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