Paraguay — Emancipemos al Estado

AsunciónLos pri­vi­le­gios y car­gos públi­cos se dis­tri­bu­yen sin nece­si­dad de ido­nei­dad entre el clien­te­lismo ser­vil: basta ser genu­flexo y des­ce­re­brado. No sal­dre­mos del barro y la igno­mi­nia mien­tras no deje­mos de ser egoís­tas e indi­fe­ren­tes.
“Subata causa, tolli­tur effec­tus” (Eli­mi­nada la causa, se quita el efecto)

Desde hace casi 60 años veni­mos asis­tiendo y viviendo obli­ga­dos una con­tra­dic­ción, pues, en nues­tro país en punto al Estado, de hecho, se han esta­ble­cido con­di­cio­nes de vigen­cia per­du­ra­ble que no son inhe­ren­tes a la esen­cia del Estado.

Se trata de las rela­cio­nes entre el par­tido y el Estado, con fuerte con­no­ta­ción fas­cista, dado que existe en demo­cra­cia (Art. 1º de la C.N.) una con­tra­dic­ción evi­dente entre las “ata­du­ras” de un par­tido polí­tico (el Colo­rado, A.N.R) con el Estado y la nece­si­dad de la eman­ci­pa­ción polí­tica de ese ESTADO CAUTIVO.

La eman­ci­pa­ción del Estado debe ser plan­teada como con­di­ción demo­crá­tica, tanto para el Par­tido Colo­rado (sobre todo para él) como el Libe­ral Radi­cal, Unace, Encuen­trista, Patria que­ri­dista, Comu­nista, etc.. para la rea­li­za­ción plena e indis­pen­sa­ble de la inde­pen­den­cia polí­tica y el juego de posi­bi­li­da­des públi­cas por ellos sostenidos.

No existe Estado nacio­nal, sino Estado cau­tivo del Par­tido Colo­rado (A.N.R.) al que se encuen­tra ama­rrado por un grupo minúsculo y pre­ben­da­rista que, sir­vién­dose del Estado como ins­tru­mento político-partidario para sus fines per­so­na­les, se cons­ti­tuye, por lo tanto, en una fuerza coer­ci­tiva ile­gí­tima en la cate­go­ría de Max Weber.

Tanto es así, que la más leve brisa en el colo­ra­dismo tiene reso­nan­cia de ven­da­val y crea expec­ta­tiva en el ámbito nacio­nal que se mani­fiesta nece­sa­ria­mente en un pro­blema de Estado, por su cau­ti­vi­dad par­ti­da­ria, y tan arrai­gado tene­mos los para­gua­yos en el incons­ciente este engen­dro polí­tico que, incons­cien­te­mente, lo acep­ta­mos, y al acep­tarlo, noso­tros mis­mos prio­ri­za­mos man­sa­mente cate­go­rías polí­ti­cas supe­ra­das, en donde la desigual­dad es norma ofi­cial no escrita, pero admi­tida y vigente, así, un colo­rado es un ciu­da­dano con dere­chos ple­nos y obli­ga­cio­nes limi­ta­das, y, si es del gru­púsculo gober­nante, goza de pri­vi­le­gios, fue­ros cívi­cos e impu­ni­dad cri­mi­nal; en cam­bio, un libe­ral radi­cal o de otro par­tido y hasta colo­rado de frac­ción dife­rente, honesto y demo­crá­tico (que los hay y en mayo­ría) son cuasi delin­cuen­tes, ver­da­de­ros METE­COS en su pro­pio país (meteco era el extran­jero que en Ate­nas no gozaba de todos los dere­chos ciudadanos).

Los pri­vi­le­gios y car­gos públi­cos se dis­tri­bu­yen sin nece­si­dad de ido­nei­dad entre el clien­te­lismo ser­vil: basta ser genu­flexo y des­ce­re­brado. En las últi­mas inter­nas colo­ra­das, todos los opo­si­to­res a Nica­nor fue­ron desa­lo­ja­dos de sus empleos y car­gos públi­cos; de ello buena prueba pueda dar, por ejem­plo, los Sama­niego y los par­ti­da­rios de ODD u otros gru­pos. Es que el Estado, su leche y miel, es sola­mente para los obse­cuen­tes y sumi­sos, que, al lle­nar los espa­cios públi­cos con laca­yos, con­vier­ten en cau­tivo al Estado, donde la dife­ren­cia­ción clá­sica de pode­res es una fic­ción y una burla, pues sola­mente existe el capri­cho de Nica­nor indi­vi­si­ble e imperativo.

Ante estos hechos, la clase empre­sa­rial, comer­cian­tes e indus­tria­les, cul­to­res impe­ni­ten­tes de las pági­nas socia­les, se vuel­ven ser­vi­les y pagan coimas para poder mer­car, aun­que fun­jan de opo­si­to­res gua’u. El con­tra­bando es el mayor rubro de ingreso para el gru­púsculo for­mado por polí­ti­cos del pri­mer círculo, minis­tros, ase­so­res meno­ni­tas, jue­ces, fis­ca­les y poli­cías, pues el cupo da para todos, y la dis­tri­bu­ción de rubros: elec­tró­nica, ciga­rri­llos, bebi­das, etc., se da en una per­fecta divi­sión y sepa­ra­ción de par­ce­las cada una con sus “padri­nos y fami­lias”. Este esquema es el Estado cau­tivo o el país secues­trado, como dice mi amigo Enrí­quez Gamón.

El des­pojo de los fon­dos públi­cos, la alcahue­te­ría, la corrup­ción desen­fre­nada basada en la desigual­dad cate­go­ri­zada por el pro­pio Nica­nor es el cimiento del Estado cau­tivo, donde la hones­ti­dad y el prin­ci­pismo son ofen­sas, y los idea­les demo­crá­ti­cos, cua­si­de­li­tos, por eso la eman­ci­pa­ción del Estado es para noso­tros, los METE­COS para­gua­yos, una nece­si­dad impres­cin­di­ble, un impe­ra­tivo abso­luto que no admite indi­fe­ren­tes o cobar­des, pues es en el fondo un pro­blema de eman­ci­pa­ción y dig­ni­dad humana.

No sal­dre­mos del barro y la igno­mi­nia mien­tras no deje­mos de ser egoís­tas e indi­fe­ren­tes; pri­mero, debe­mos ser libres, cohe­ren­tes, dis­ci­pli­na­dos y orga­ni­za­dos con pla­nes y estra­te­gia de poder, en una lucha dia­ria en todo el ámbito nacio­nal, en todos los cam­pos y luga­res. Así, eman­ci­pa­dos, libe­ra­re­mos al Estado devol­vién­dole su pro­pia y natu­ral esen­cia a fin de reco­no­cerse como ESTADO PARA­GUAYO, y noso­tros como nue­vos ciu­da­da­nos y pro­ta­go­nis­tas de un futuro con sen­tido de patria.

Para ello debe­mos atre­ver­nos y des­pren­der del gru­púsculo gober­nante SU FUERZA EXCLU­YENTE, que, al per­der el capa­ra­zón, se arru­ga­rán como gusa­nos, con los más pre­po­ten­tes al frente de la huida como el “del voza­rrón y el ñaku­rutu” hoy tan machos, con man­cho­nes en las sentaderas.

Res­ca­te­mos el Estado cau­tivo y sea­mos libres por fin.

Diego Ber­to­lucci

Fuente: Diario abc (Asunción)

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Un comentario en “Paraguay — Emancipemos al Estado”  

  1. 1 luis nogues

    Lamento no poder hsa­cer un comen­ta­rio sobre un pais al cual no per­te­nezco.
    Pero por aque­llo de “mal de muchos con­suelo de ton­tos” le digo que a noso­tros nos pasa lo mismo.
    Vea, mas aun, Hasta hace un tiempo a USA lo con­si­dere como un modelo de demo­cra­cia “fron­te­ras aden­tro” y de dic­ta­dura “fron­te­ras afuera”.
    Hoy la demo­cra­cia esta tam­bien dejando de exis­tir.
    Me cos­taba enten­der como tan pocos domi­na­ban a tan­tos. Pero eso es por­que a los genu­fle­xos, coime­ros y etc., los tenia como un grupo aparte cuando en reali­dad for­man parte del mismo.

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