Una nueva oportunidad

Napoleon Hace ya más de dos­cien­tos años, Napo­león Bona­parte pre­guntó a Sie­yes, su socio en el golpe de estado del 18 bru­ma­rio: “¿Qué hizo usted durante el Terror?”. “He vivido”, fue la res­puesta del abate.
El diá­logo, apa­ren­te­mente insig­ni­fi­cante, merece ser tenido en cuenta en la Argen­tina de nues­tros días. Ati­lio Alte­rini no puede ser rec­tor de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires por­que ocupó un cargo de ter­cera línea en las pos­tri­me­rías del último gobierno militar.

Nadie recuerda que tiene otros méri­tos, a la hora de impug­narlo: fue él quien brindó la Facul­tad de Dere­cho para que Fidel Cas­tro hablara de la liber­tad de los pue­blos mien­tras somete a los cuba­nos a la más larga dic­ta­dura del siglo.

Alte­rini es acu­sado de haber actuado como juez durante el Pro­ceso, pero nadie recuerda que un cons­pi­cuo minis­tro de la Corte nom­brado por este gobierno, Euge­nio Zaf­fa­roni, juró como juez en aque­llos años.

Luis Patti no puede asu­mir su banca en la Cámara de Dipu­tados pese a que casi 400 mil ciu­da­da­nos lo eli­gie­ron para repre­sen­tarlo. Jamás fue con­de­nado y ni siquiera está pro­ce­sado, pero la izquierda ver­ná­cula no lo quiere como dipu­tado. Todas las sen­ten­cias abso­lu­to­rias de este mundo no logra­rán qui­tarle el mote de repre­sor durante los años 70, cuando ape­nas tenía veinte años y acaba de ingre­sar en el esca­la­fón policial.

José María Dag­nino Pas­tore no puede seguir dic­tando cla­ses en la uni­ver­si­dad pública por­que fue minis­tro de Eco­no­mía durante la lla­mada Revo­lu­ción Argen­tina, a fines de los 60. Sin embargo, su suce­sor en el cargo bajo el mismo régi­men de facto, Aldo Ferrer, es ido­la­trado por la patria pro­gre­sista y pre­miado con car­gos oficiales.

¿Olvi­da­mos los argen­ti­nos que, al igual que Sie­yes, tam­bién vivi­mos durante aque­llos años? Nadie recuerda las decla­ra­cio­nes lau­da­to­rias sobre la dic­ta­dura que rea­li­zaba Ernesto Sábato, qui­zás el escri­tor más reco­no­cido en nues­tros días, al fina­li­zar un almuerzo con Jorge Rafael Videla en la Casa de Gobierno, en 1978.

Difí­cil­mente resista un archivo más de un cam­peón de los dere­chos huma­nos. Nadie puede tirar la pri­mera pie­dra en nues­tra Argen­tina. Una infan­cia incu­ra­ble nos ha per­mi­tido vivir un eterno pre­sente en el que impu­ne­mente hemos dele­gado todas nues­tras res­pon­sa­bi­li­da­des ciu­da­da­nas en suce­si­vos jefes de turno, a los que ido­la­tra­mos durante un tiempo y luego desecha­mos cruelmente.

Nos enamo­ra­mos de la pri­ma­vera cam­po­rista cre­yendo en ese absurdo his­tó­rico de pen­sar que el pero­nismo era el socia­lismo nacio­nal en marzo de 1973. Seis meses más tarde, ple­bis­ci­ta­mos el giro a la dere­cha del pero­nismo con la fór­mula Perón-Perón.

En 1976, pedi­mos a gri­tos que alguien pusiera orden, para des­cu­brir seis años des­pués que se había apo­de­rado de la Argen­tina una banda de des­pia­da­dos asesinos.

Lle­na­mos pla­zas en la gesta mal­vi­nera de 1982, sedu­ci­dos por la excén­trica e irres­pon­sa­ble aven­tura de enfren­tar mili­tar­mente a la OTAN.

Adhe­ri­mos con ado­les­cente pasión demo­crá­tica al Ter­cer Movi­miento His­tó­rico del alfon­si­nismo, en 1983–85. Era­mos argen­ti­nos quie­nes reco­rría­mos las gón­do­las del mundo enamo­ra­dos del uno a uno en los 90.

Pocas bio­gra­fías como la del ex can­ci­ller Rafael Bielsa repre­sen­tan esta con­ducta argen­tina: mili­tante mon­to­nero en los 70, dete­nido en la dic­ta­dura, exi­liado y repa­triado, cola­bo­ra­dor del minis­te­rio de Jus­ti­cia de esa misma dic­ta­dura, reci­clado fun­cio­na­rio de todos los gobier­nos del pro­ceso Kir­ch­ner, sin solu­ción de con­ti­nui­dad, eter­ni­zado ser­vi­dor esta­tal, fiel como pocos a una per­ma­nente inconstancia.

Parece injusto ensa­ñarse con él. Es sim­ple­mente un paté­tico emer­gente de una pato­lo­gía colec­tiva. Hasta la opo­si­ción entra en el juego per­verso, pre­gun­tán­dose qué hizo el pre­si­dente Kir­ch­ner durante los años negros de los 70 y recor­dando que no se le cono­cen ante­ce­den­tes de lucha por los dere­chos huma­nos, sino sola­mente nego­cios inmo­bi­lia­rios en la Patagonia.

Kir­ch­ner es tan res­pon­sa­ble de haber revi­vido anti­no­mias y odios que no puede evi­tar caer él mismo en el sinies­tro túnel del tiempo de los revol­ve­do­res del pasado. Su des­tino resulta casi inexo­ra­ble. No son tan nue­vas sus ideas como para escon­der durante mucho tiempo sus vie­jas cos­tum­bres. De él se puede decir que tiene “todos los vicios del anti­guo régi­men y todos los del nuevo”.

Kir­ch­ner no ha inven­tado nada, pero ha fomen­tado nues­tros peo­res ins­tin­tos. Aún está a tiempo de repa­rarlo, cuando toda­vía qui­zás sus triun­fos pasa­je­ros no hayan des­or­de­nado total­mente su carác­ter. Una nueva opor­tu­ni­dad se le pre­senta.
Dis­pone de casi dos años de gobierno para lla­mar a la uni­dad nacio­nal, depo­niendo todas las accio­nes ten­dien­tes a la divi­sión de los argen­ti­nos y teniendo la gran­deza de superar las anti­no­mias, olvi­dando el pasado de cada uno. Son muchas las asig­na­tu­ras pen­dien­tes de nues­tra Argen­tina y muy escaso el talento dis­po­ni­ble. Ese mérito no es tan abun­dante como para no ser recom­pen­sa­dos sus ser­vi­cios donde quiera se los encuentre.

Mariano A. Cau­cino es abo­gado (UBA).

Fuente: La Nueva Provincia (B.Blanca)

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3 Comentarios en “Una nueva oportunidad”  

  1. 1 luis nogues

    Gra­cias por este articulo. Ojala todos los pudie­ran leer.
    Es un ejem­plo claro de la poca memo­ria que tene­mos aque­llos que desea­mos tenerla.
    Lo que pasa es que esta todo tan podrido que habria que tener memo­ria por cada uno de los que jer­cen car­gos publi­cos y esto supera hasta a un Einstein.

  2. 2 Andres C.Gutierrez.

    No estoy de acuerdo para nada con está nota, sobre todo… Kir­ch­ner no ha inven­tado nada, pero ha fomen­tado nues­tros peo­res instintos…pués serán sus peo­res ins­tin­tos no los nuestros.Usted ade­más men­ciona a Bielsa, hay que saber dife­ren­ciar y no con­fun­dir a la gente, sobre todo mez­clando datos, con infor­ma­ción real y cali­fi­car a quién sea por medio a una nota, no parece de una per­sona noble. Yo les voy a decir que no tengo la edad para hablar mon­to­ne­ros y mili­ta­res pero si les puedo decir ha ambos lados que, pre­ten­de­mos JUS­TI­CIA pero tam­bién para los que saquea­ron y ani­qui­la­ron la igual­dad social, mien­tras que muchos hablan, dis­cu­ten, hay muchos …suel­tos. Sobre la memo­ria, pre­fiero un futuro, no con olvi­dos y sin cul­pa­bles, cuando la dere­cha se con­venza que se nece­sita y la izquierda valoré sere­mos una socie­dad equi­li­brada, hoy el cen­tro no existe por­que son exmenemistas.

  1. 1 abogaii


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