Se puede salir adelante en paz

El pasado 20 de junio, en las ins­ta­la­cio­nes del Círculo Mili­tar de Bue­nos Aires, se llevó a cabo un acto, orga­ni­zado por los miem­bros de la pro­mo­ción 76 del Ejèr­cito, en memo­ria de los caí­dos en la lucha con­tra la subv­cer­sión per­te­ne­cieny­tes a esa mnisma pro­mo­ción. El único ora­dor fue el coro­nel (RE) Daniel Gar­cía, si bien en la opor­tu­ni­dad tam­bién se leyó una carta que el nieto del gene­ral Cesa­rio Angel Car­dozo –muerto por la banda terro­rista Mon­to­ne­ros el 18 de junio de 1976– hizo lle­gar desde San­tiago de Chile, donde actual­mente resideEl texto de la misiva reza así:

Para mi des­co­no­cido, pero que­ri­dí­simo abuelo Cesario:

Qué ganas de haberte cono­cido. Aun­que siento que te conozco a la per­fec­ción. Todas las his­to­rias, rela­tos y des­crip­cio­nes han bas­tado para que­rerte, mas no para conocerte.

En estos die­ci­siete años que he vivido, te he cono­cido a tra­vés de mi madre y de mi padre. No ha sido fácil, lo reco­nozco. Pero me con­formo con saber que alguna vez exis­tiste y que eras una buena per­sona. Una per­sona que fue que­rida por muchos. Inclu­sive en el país donde he vivido toda mi vida. Me sor­prendí al escu­char que el día de tu trá­gica y lamen­ta­ble muerte, en unpe­rió­dico chi­leno, haya salido el titu­lar “En aten­tado matan a gran amigo de Chile”.

Creo hablar por los tres her­ma­nos, Daniela, Ale­jan­dra y yo (Luis Alberto), al decir que te extra­ña­mos, aun­que no te alcan­zá­ra­mos a cono­cer. Pero tu pre­sen­cia se siente a dia­rio en nues­tras vidas.

Sé que tu segundo nom­bre fue cosa del des­tino, Angel, ya que desde tem­prana edad has sido nues­tro ángel de la guarda, quien nos acom­paña en todas nues­tras peri­pe­cias y alegrías.

Se siente la mano de un gran hom­bre en nues­tros hom­bros al momento de derra­mar lágri­mas de tris­teza. Se escu­chan tus gri­tos de ale­gría, en el momento en que nues­tros cora­zo­nes enar­de­cen de feli­ci­dad. Se sien­ten tus alas, lle­nas de vida, mero­dear junto a noso­tros mien­tras cami­na­mos por nues­tro sen­dero. Tu pre­sen­cia ilu­mina nues­tro andar y nos guía hacia lo que real­mente es bueno para nosotros.

En algún lugar, leí lo siguiente:

Sol­dado: tú, que expo­nes tu vida a dia­rio, debes saber que tu sacri­fi­cio no será en vano. Por­que tu lucha es para defen­der la patria ame­na­zada, la liber­tad y el orden, la ver­da­dera jus­ti­cia, la fami­lia, la reli­gión que tú has ele­gido, la moral en las cos­tum­bres, la edu­ca­ción que tú quie­res para tus hijos…’.

Tus hijos fue­ron los ele­gi­dos para trans­mi­tir algu­nos de estos valo­res a tu des­cen­den­cia: la impor­tan­cia de la fami­lia, la reli­gión, la moral y la edu­ca­ción, lo que ha sido un pilar fun­da­men­tal en nues­tras vidas y que nos ha hecho desa­rro­llar­nos como ver­da­de­ras personas.

Espero te hayas dado cuenta de que tu sacri­fi­cio no fue en vano. Dejaste mucho tras tu par­tida. No fue sólo el fin de tu vida, sino que el comienzo de las nues­tras. Comen­za­mos a desa­rro­llar nues­tras alas para poder volar junto a tí hacia el cielo.

Ese acto que ter­minó con tu vida es una llaga en nues­tras vidas. Llaga que mamá supo curar.

No jus­ti­fi­ca­mos el acto. Tam­poco lo enten­de­mos. Nadie se merece tal cruenta manera de morir, pero hemos apren­dido de la mejor per­sona posi­ble que se puede salir ade­lante, alcan­zando la paz. Paz encon­trada en el per­dón a quie­nes nos han herido alguna vez.

Tu exis­ten­cia es como la de un Ave Fénix, que renace de las ceni­zas. Tú has rena­cido en nues­tros cora­zo­nes y les has dado la fuerza nece­sa­ria para poder latir en el día a día. Con un toque de sutil cariño y firme protección.

Siem­pre te esta­re­mos agra­de­ci­dos por todo lo que nos dejaste y por todo lo que nos sigues dejando.

Aun sin cono­certe, el cariño que te tene­mos es increí­ble e inexplicable.

No hay sufi­cien­tes pala­bras para expre­sarte lo que sen­ti­mos por ti. Sólo sen­ti­mien­tos y emo­cio­nes des­co­no­ci­das. Pero sé que tú ya lo sabes. Ya que has vivido junto a noso­tros desde el momento en que nues­tros cuer­pos comen­za­ron a for­marse en el vien­tre de mamá.

Sin más que expre­sarte un eterno cariño y agra­de­ci­miento, se des­pide tu único nieto hom­bre y sus dos her­ma­nas, quie­nes te quie­ren y que­rrán por siempre”.

Luis Alberto

Fuente: La Nueva Provincia

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5 Comentarios en “Se puede salir adelante en paz”  

  1. 1 Luis Alberto Collao Cardozo (Nieto del General Cardozo)

    Para mí es un honor saber que la carta que escribí fue subida al inter­net.
    Yo la escribí con la inten­ción de expre­sarle mis sen­ti­mien­tos a mi abuelo, falle­cido 13 años antes que yo naciera.
    Saber que esa per­sona de buen cora­zón, fue mi abuelo, me enor­gu­llece. Y ente­rarme que algu­nos de los valo­res apren­di­dos a lo largo de mi vida fue­ron here­da­dos direc­ta­mente de él, hace que mi cora­zón lo quiera cada vez más.
    Su alma sigue pre­sente en mi vida, en los bue­nos y malos momen­tos. Pero bueno, eso ya está expre­sado en la carta, y no tengo la inten­ción de reite­rar algo que ya está dicho.

    Gra­cias por dar a cono­cer mi carta a tra­vés de este medio.
    Se des­pide muy agradecido,

    Luis Alberto Collao Cardozo

  2. 2 STELLA MARIS

    mi nom­bre es Ste­lla maris y en mi memo­ria tengo un her­moso recuerdo de Cesa­rio por­que como mi mamá Sofia Cama­rota era prima her­mana de él.Muchas veces,cuando era niña com­par­ti­mos momen­tos en su casa.Era muy buena persona.

  3. 4 Daniela Collao Cardozo

    Ste­lla, gra­cias por tus pala­bras, de ver­dad me hace muy feliz que ten­gas bue­nos recuer­dos de el. Como nieta siento orgu­llo por eso. Ojala poda­mos comu­ni­car­nos y conocernos…Mi abuelo fue y sera para siem­pre un gran ejemplo…

  4. 5 Juan Carlos Villafranca

    te quiero comen­tar que yo tuve muy bue­nos comen­ta­rios res­pecto de tu abuelo yo soy hijo del primo her­mano de tu abuelo, mi papa se lla­maba Angel villa­franca siem­pre me hablo sobre el y sobre toda la fami­lia. Espero que todos se encuen­tren muy bien. Me gus­ta­ria que algun dia nos poda­mos encon­trar. Salu­dos todos y mis res­pe­tos hacia todos.

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