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Parece Argentina, pero es Perú
¿Cuántos ciudadanos han sufrido ataques reiterados, desde el arrebato de un celular hasta secuestros al paso para robar el dinero que la víctima pudiera sacar de un cajero electrónico? Por supuesto que hay situaciones peores en donde la víctima –que puede ser hombre, mujer, adolescente o niño de cualquier estrato social– no vive para contar lo padecido.El caso del empresario Héctor Banchero es otro ejemplo de la inseguridad ciudadana. Para ningún peruano resulta extraño –en particular para quienes viven en la ciudad de Lima– ser asaltado, robado, violado, secuestrado o asesinado en cualquier momento del día, la tarde o la noche. Y víctima de esta insanía delictiva –muestra palpable del nivel estadístico de la violencia que existe en la capital–, por segunda vez el citado empresario se enfrentó a la morralla criminal usando su arma en defensa propia, resultando muerto el asaltante.
¿Cuántos ciudadanos han sufrido ataques reiterados, desde el arrebato de un celular hasta secuestros al paso para robar el dinero que la víctima pudiera sacar de un cajero electrónico? Por supuesto que hay situaciones peores en donde la víctima –que puede ser hombre, mujer, adolescente o niño de cualquier estrato social– no vive para contar lo padecido.
La sociedad tiene que protegerse de una delincuencia que asfixia sin que el Estado le preste garantías mínimas para su seguridad. Por tanto es lógico, explicable y recomendable tomar las precauciones personalmente para evitar ser asaltados. Por eso un ciudadano blinda su automóvil, otros contratan guardaespaldas, hay quienes se desplazan portando armas de fuego, y hay quien mantiene alrededor suyo o de su propiedad a perros guardianes. En sectores populares el linchamiento es cosa de todos los días ante la desaparición absoluta del Estado –representado por la policía– como una manera muy efectiva de amedrentar a los delincuentes.
Es decir, la gente está reaccionando de distinta manera ante el acoso y ataque de una delincuencia avezada que no tiene reparos humanitarios, pues asesina y acuchilla sin piedad a sus víctimas. Es evidente que hay blancos visibles a quienes los malhechores siempre quieren capturar como botín fácil. Si una persona es madura, con signos exteriores de clase media y conduce medianamente moderno, pues a ella es a quien atacarán incesantemente. Y esa es la razón por la que al señor Banchero se le ataca. Y ese es el motivo por el cual el empresario actúa en defensa propia, recurriendo al extremo del uso de un arma de fuego con licencia formal. Banchero disparó en defensa propia en momentos en que los delincuentes rompían las lunas de su automóvil en el que él y su esposa se movilizaban en el distrito de San Isidro.
La situación de Banchero es la que le puede suceder a cualquiera que se harte de la desprotección del Estado. Su caso, por lo demás, tiene significativos atenuantes, ya que los atacantes eran más de uno y, por supuesto, como se comprueba todos los días, armados con cuchillos o armas de fuego. Si el Estado es incapaz de evitar que a una persona la asalten, ¿con qué derecho entonces puede sancionarla si esta sólo actúa –dentro de la ley– para defenderse? Basta de necedades, señores fiscales y jueces. La delincuencia no puede ser combatida con paños tibios ni con agua de azahar. Hace falta respaldar al que actúa en defensa propia. De lo contrario, mejor entreguemos el control del país al crimen organizado que día a día nos amenaza.
Fuente: Expreso (Lima)
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