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Balance de un caso penoso
Con deliberación empleo en el título el adjetivo penoso. Se trata de un suceso que, por su misma índole, provoca un sentimiento interior de dolor, una profunda aflicción y gran cuidado por lo que vendrá. Me refiero al asesinato impune, falsamente legal, de un niño condenado a muerte por el máximo tribunal de Justicia de la provincia de Buenos Aires.
Es preciso llamar a las cosas por su nombre: el aborto directamente provocado es un homicidio, la muerte deliberadamente causada de una persona humana inocente. Siempre es el aborto un homicidio, cualquiera sea el estado de desarrollo del niño por nacer, ya que desde el momento de la fecundación, en el minúsculo huevo de un milímetro y medio se contiene toda la información genética que constituye la identidad del ser humano –varón o mujer– destinado a ver la luz del sol nueve meses después. Actualmente es posible seguir con precisión la configuración y el crecimiento del bebé en el seno de su madre y advertir que a los cinco o seis meses –la edad aproximada del niño de Guernica– sólo le falta crecer un poco más, y que lo dejen nacer. ¿Qué diferencia hay, a esa altura, entre un aborto y un infanticidio?
Causa escalofríos constatar que en este caso el niño no fue tenido en cuenta; no se habló de él durante el debate que se desencadenó acerca de su suerte. Se hablaba, lógicamente, de la madre; la situación de una joven deficiente y violada es digna, por cierto, de inmensa piedad, de cercanía afectuosa y ayuda eficaz. Pero no fue justo olvidar al otro interesado, que estaba allí no como un objeto, sino como una criatura inocente, sujeto de derecho, al que no debía negársele el más fundamental de los derechos humanos: el derecho a la vida.
He pensado mucho en ese niño. A través de una ecografía tridimensional hubiera sido posible ver su rostro y registrar sus actitudes. Correspondía que lo vieran, que lo “escucharan” los jueces de la Corte. ¿Cómo lo habrán matado? Quizá la operación requirió que le aplastaran el cráneo, o que le extrajeran la masa encefálica; probablemente lo dejaron morir sobre una mesa, como un objeto descartable, como si sólo fuera un amasijo de células o un residuo patológico. No tendrá nombre ni tumba; será como alguien que no ha existido. ¿No podría haber completado su desarrollo en una incubadora? ¿No se habrá encontrado cerca alguien que le abriera con seguridad las puertas del cielo mediante el agua del bautismo?
También deben incluirse en el balance de este caso las interferencias políticas, que han presionado para que el aborto se realizara; intervinieron funcionarios del Poder Ejecutivo nacional y provincial, y legisladores de ambos niveles. El ministro de Salud de la Nación se manifestó “indignado” por el fallo de primera instancia y su ratificación por la Cámara, dos resoluciones ajustadas a derecho que protegieron al niño. Este funcionario reiteró sus conocidas falacias en favor de la legalización de la masacre de los inocentes; en realidad, mucha gente en la Argentina está indignada con él. Le hicieron eco los ministros bonaerenses de Salud y de Justicia, y dos legisladoras oficialistas solicitaron el juicio político de la doctora Inés Siro, quien en una actitud que la enaltece trató de impedir el crimen abominable que finalmente se cometió.
¿Quién puede asegurarnos que el voto mayoritario de la Corte provincial no se obtuvo como consecuencia de presiones políticas? ¿Por qué la funcionaria que debía defender en esa instancia los derechos del niño no lo hizo? Como en otras áreas de la vida nacional, también en este caso se ha visto que precaria vigencia tiene en la República el principio de la división de poderes, pieza clave del Estado de Derecho.
Otro elemento ha saltado a la vista: la parcialidad con que la mayoría de los periodistas –sobre todo los de radio y televisión– han encarado el tema. No pudo desarrollarse un debate objetivo y sereno, sino que se ha tratado con inquina a los defensores del niño por nacer y se montó una maquinaria de propaganda abortista para confundir a la población.
Habría que sumar también el activismo de organizaciones empeñadas en lograr la despenalización del aborto; son grupos que responden a centros internacionales vinculados a las Naciones Unidas y apoyados por fundaciones de gran poderío económico. Es sabido, además, que los centros financieros como el Banco Mundial subordinan la concesión de créditos a la adopción de políticas antinatalistas que incluyen la legalización del aborto. Estas conexiones explican que los representantes del pensamiento “progresista” adopten las pautas culturales del capitalismo salvaje.
El caso del niño de Guernica tuvo una réplica contemporánea en la provincia de Mendoza, donde se repitió el cuadro que he reseñado, con el mismo tristísimo final. También allí la misma complicidad de jueces, abogados, políticos, médicos y periodistas, personeros de la cultura de la muerte, trazando un signo ominoso para el futuro de nuestra sociedad. Un derrumbe del sentido de la vida ante el cual el pueblo argentino debe reaccionar, valido de su noble sensatez y de la memoria de sus orígenes cristianos.
Autor: Mons. HECTOR AGUER
Arzobispo de La Plata
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3 Comentarios en “Balance de un caso penoso”
Porfavor espere...


















Ojalá pudiera ser feligrés de su diócesis estimado Monseñor. Es el único obispo que se anima a decir las cosas por su nombre. Espero que Dios nos dé muchos sucesores de los apóstoles y que lo bendiga y cuide mucho a Ud.
A propósito del aborto y si me lo permiten dejo en este sitio el link de las 5 partes del video “El grito Silencioso” del Dr. Nathanson, que convertido (ya que hacía esas nefastas prácticas, dirigió el video, por cierto estremecedor, de estos homicidios).
http://www.myvideo.es/watch/15546 Parte 1
http://www.myvideo.es/watch/15545 Parte 2
http://www.myvideo.es/watch/15542 Parte 3
http://www.myvideo.es/watch/15540 Parte 4
http://www.myvideo.es/watch/15535 Parte 5
Pareciera que vamos en el camino de legitimizar el aborto indiscriminado.
Para el caso de referencia nada se hace para conocer las razones del descuido del curador que permitiera un maltrato de la naturaleza de la ofensa y sus consecuencias, llevado a cabo contra la niña discapacitada, no se menciona reproche alguno. Nada se dice del ofensor, se escuchan vagos reproches. Solo se maneja con bombos y platillos la necesidad y la noticia de la “ejecución” del aborto en un claro movimiento de Prensa para movilizar a incautos, ingenuos e ignorantes(por cuanto ignoran el hecho) para crear conciencia de la necesidad de ese aborto — para avanzar luego a la justificación del aborto como procedimiento normal — cuando nada se hace para ayudar a comprender que eso es un crimen y que hay medios preventivos para no entrar en esa situación. Hay métodos, aprobados o no por los diferentes esquemas confesionales, para que cada una de las personas mayores pueda decidir al respecto y no incurrir ni en delito ni en ofensa — al menos — al valor del derecho a la vida. Esta publicitación del aborto avasalla los espíritus pues ha generalizado el escándalo y a incentivado, en última instancia, a violar sin consecuencias penales el Art. 19 de la CN. pero instando, veladamente, a que se considere mayoritariamente, al aborto, como una “operación quirúrgica menor”(dijeron los familiares, las ONG que los apoyaron y la prensa: “en un corto plazo la niña abortante estuvo bien y en la casa”). Desde el punto de vista del erario público, entonces vamos con el sexo sin control, total la justicia o si se legisla el hospital de turno, autorizará el aborto, si total a esa operación no la paga la abortante sino toda la Nación y como así también la Nación pagará las consecuencias somáticas y psicológicas, inmediatas o mediatas de ese aborto. Párrafo aparte merecería ser dedicado a otra de las consecuencias que se derivan del sexo sin control: el posible contagio o transmisión de venéreas y los costos derivados de su tratamiento. Las soluciones pasan por profundos, medidos y adecuados esquemas educativos e instructivos para tratar de que se comprenda la magnitud del problema y que se entienda que la solución del mismo no pasa por la consideración del ser humano como un animal sino como una persona hecha a imagen y semejanza del Dios, sea cual sea el dios de cada uno e incluso a semejanza de sus seres más queridos para los que no crean en la existencia o nieguen la existencia de un dios. A los perros se los castra pues no entienden que los machos no deben embarazar a las hembras en forma descontrolada, pues actuan por instinto. Por otro lado si una hembra de raza es embarazada, equivocadamente, por un macho de otra raza es muy probable que se decida por el aborto. Ello no es necesario para los seres humanos — como norma, pues pueden existir abortantes y/o castradores ya que en una escala mayor de desatino también existen los suicidas — dado que mediante la acción volitiva / inteligente innata en dichos seres humanos y obviamente perfeccionada para estos temas se evitará producir semejantes daños para todos los involucrados que, como hemos visto, van desde la abortante hasta la sociedad toda. Por lo tanto la solución abierta “castración/aborto” que se aplica para los animales no debe ser aplicada en la misma forma para los seres humanos, ya que ello es un signo importante de la degradación de la civilización. ¿Allá va la Argentina? Esperemos que no. Me parece razonable la esencia del mensaje del Arzobispo de La Plata y sobre ella he sentido la fuerza para construir este, mi comentario. Obviamente algo más alejado de los aspectos religiosos pero pero estimo coincidente en los aspectos humanos.Gracias Monseñor por la valentía en mostrar el camino correcto.
En este tema, he tenido en otra oportunidad un conflicto espiritual de magnitud. En el último trimestre del año 2005, ocurrió un hecho de iguales características. Un aborto ordenado por el Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires. Mi pensamiento paso inmediatamente en desear el peor de los castigos a los participantes. Un sacerdote ayudándome ante el conflicto que se había desatado en mi interior con acierto dijo “debemos rezar por ellos y por la mujer.….” .
Hoy creo que ante este nuevo acontecimiento recibiría la misma referencia,… rezar por los participantes. De verdad les digo que no rezo por ellos.…..Rezo para que Dios desenvaine y deje de ser tan bondadoso con esta sociedad. Pido disculpas pero es lo que siento y deseo intensamente.