San Martín en la calle

San MartínCon la fuerza boli­va­riana no nos libe­ra­rán de nada; sim­ple­mente vie­nen a con­quis­tar­nos. Para eso nece­si­tan que per­da­mos el Espí­ritu San­mar­ti­niano. Y es lo que están haciendo –desde afuera y desde aden­tro– con la ayuda de los que deten­tan, y de ese modo usur­pan, el poder
José de San Mar­tín (el Padre de la Patria, el Gran Capi­tán, el Santo de la Espada, el Liber­ta­dor, o San Mar­tín, como todos lo cono­ce­mos) con un honor inta­cha­ble y una vida llena de sacri­fi­cio y actos heroi­cos, muerto lejos de su patria, parece haber que­dado en la calle.-

Toda su dedi­ca­ción al pró­jimo, a riesgo de su vida y las de los miem­bros de los ejér­ci­tos que supo coman­dar, muchos de los cua­les derra­ma­ron su san­gre para que nues­tra nación fuese libre, está siendo des­pil­fa­rrada por quie­nes ocu­pan un lugar que gra­cias a su obra pudie­ron alcan­zar; pero que, para­dó­ji­ca­mente, abu­san y dete­rio­ran con sus acti­tu­des, ser­vi­les hacia lo que Él combatió.-

Luchó en esta parte de Amé­rica para dar­les liber­tad y auto­no­mía a los pue­blos. Hubo otros hom­bres que tam­bién tuvie­ron ejér­ci­tos bajo su mando, como, por ejem­plo, Simón Bolí­var. Claro que entre ellos dos había una dife­ren­cia que los hacía total­mente opues­tos: San Mar­tín era un liber­ta­dor, y Bolí­var un con­quis­ta­dor. Recor­de­mos cuando Bolí­var ofre­ció a San Mar­tín un brin­dis, diciendo: “por los dos hom­bres más gran­des de Amé­rica del sur, el gene­ral San Mar­tín y yo”. Por su parte, el gene­ral argen­tino brindó con estas sen­ci­llas pala­bras: “Por la pronta ter­mi­na­ción de la gue­rra, por la orga­ni­za­ción de las nue­vas repú­bli­cas del con­ti­nente ame­ri­cano y por la salud del Liber­ta­dor de Colom­bia”, lo cual mues­tra la per­so­na­li­dad de ambos.-

Hay quie­nes hoy, desde nues­tro país apo­yan la pro­pa­ganda a favor del con­quis­ta­dor (lo que, obvia­mente, sig­ni­fica un afán de some­ter a otros, por más que ahora les lla­man her­ma­nos); y los suti­les elo­gios al pró­cer extran­jero acom­pa­ñan una velada des­fi­gu­ra­ción de la ima­gen del nues­tro. Nos están suplan­tando a San Mar­tín con Bolí­var, desde una idea­li­za­ción de regio­na­lismo inte­grado con varios paí­ses, de cuyo con­junto se pre­tende esta­ble­cer un jefe.-

Esa pre­ten­dida regio­na­li­za­ción, impul­sada con argu­men­tos de pro­cu­rar liber­tad e inde­pen­den­cia de cier­tos opre­so­res, curio­sa­mente, no será para dar­les tal liber­tad e inde­pen­den­cia a los pue­blos, sino un régi­men opro­bioso en manos de líde­res que pro­cla­man igual­dad pero viven en forma muy dis­tin­guida y lejos de la equi­dad que pre­go­nan. Con la fuerza boli­va­riana no nos libe­ra­rán de nada; sim­ple­mente vie­nen a con­quis­tar­nos. Para eso nece­si­tan que per­da­mos el Espí­ritu San­mar­ti­niano. Y es lo que están haciendo –desde afuera y desde aden­tro– con la ayuda de los que deten­tan, y de ese modo usur­pan, el poder.-

Los emplea­dos del Estado, que todos paga­mos para que defien­dan la inde­pen­den­cia de la Nación, son los que usan su jerar­quía para orde­nar des­ha­cerse de cual­quiera que ellos con­si­de­ren “su enemigo”.-

Den­tro del Ejér­cito, pro­pie­dad de la Nación y por ende nues­tra pro­pie­dad, hay quie­nes ope­ran para que San Mar­tín quede en la calle. Por ahora está su nom­bre en algu­nas calles y ave­ni­das. Pero en el Ejér­cito Argen­tino lo están eli­mi­nando; y ello se demues­tra con el abuso de poder que impone silen­cio a los cama­ra­das que ven cómo son mal­tra­ta­dos los miem­bros de su Ins­ti­tu­ción, la que a la vez está siendo des­man­te­lada para sus­ti­tuirla con mili­cias adep­tas al nuevo régimen.-

Hay un voca­blo que define al sol­dado soli­da­rio con su cama­rada en la bata­lla: “Con­mi­li­tón”. Como lo fue San Mar­tín con su ejér­cito. Hoy, cuando un Jefe que no tiene nada del Honor San­mar­ti­niano, pro­cede como un títere de los nue­vos con­quis­ta­do­res y sacude las estruc­tu­ras con ridí­cu­las medi­das que sólo mues­tran el miedo que le dan sus pro­pias accio­nes y la sumi­sión a lo ajeno, no apa­rece nin­gún con­mi­li­tón. En la gue­rra de Mal­vi­nas, nues­tros sol­da­dos die­ron cáte­dra de valor y coraje, siendo ejem­pla­res con­mi­li­to­nes. Ahora, en un cuar­tel, en medio de una fiesta, se deja ava­sa­llar al cama­rada y su familia…

San Mar­tín ya no está en el Ejér­cito… San Mar­tín está en la calle.-

Autor: Patricio Abelardo Villegas

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Un comentario en “San Martín en la calle”  

  1. 1 Norma Anghilante

    Para pen­sar. Voy a com­par­tirlo para razo­nar y con­ver­sar con amigos.Gracias por el artículo. Norma Anghilante.

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