- May 2012
- April 2012
- March 2012
- February 2012
- January 2012
- December 2011
- November 2011
- October 2011
- September 2011
- August 2011
- July 2011
- June 2011
- May 2011
- April 2011
- March 2011
- December 2010
- June 2010
- May 2010
- April 2010
- March 2010
- February 2010
- January 2010
- December 2009
- November 2009
- October 2009
- September 2009
- August 2009
- July 2009
- June 2009
- May 2009
- April 2009
- March 2009
- February 2009
- January 2009
- December 2008
- November 2008
- October 2008
- September 2008
- August 2008
- July 2008
- June 2008
- May 2008
- April 2008
- March 2008
- February 2008
- January 2008
- December 2007
- November 2007
- October 2007
- September 2007
- August 2007
- July 2007
- June 2007
- May 2007
- April 2007
- March 2007
- February 2007
- January 2007
- December 2006
- November 2006
- October 2006
- September 2006
- August 2006
- July 2006
- June 2006
- May 2006
Declaración de Nulidad
No existe una Justicia imparcial y menos aún cuando se trata de juzgar a personas que han sido señaladas al odio general, por todos los medios de difusión, como “enemigos públicos” a priori y sin distintción.
Me recibí de abogado en 1959. Antes de eso, desde 1956, trabajaba como procurador en el Estudio de mi padre, fundado por mi abuelo en la huella de Mariano Varela, Ministro que fue de Sarmiento.
He ejercido desde entonces la profesión bajo la guía de un brillante maestro como fue mi padre. Él era un señor en todo el sentido de la palabra y un gran abogado. Inteligente, brillante, intelectual, patriota… un hombre de esos que la Argentina se permite el dudoso lujo de desperdiciar generación tras generación.
Aprendí, por lo tanto, en una gran escuela, infinitament mejor que la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en la que estudié y me recibí.
Trabajé en casos importantes, difíciles, que exigían un certero criterio legal y una cuidadosa pluma para exponer el Derecho. Bajo la guía de ese gran maestro que fue mi padre, aprendí y llegué a ser lo que soy actualmente: un jurista, no un mero abogado, sino un jurista.
Lo digo sin falsa modestia y sin altanería, porque es un don de Dios y el fruto de una excelente enseñanza. No creo que haya en la Argentina ningún abogado mejor que yo. Repito: no es por mérito propio sino por pertenecer a una estirpe de cinco generaciones de abogados que empieza con Florencio Varela y tiene ya casi dos siglos de tradición.
Desde esa cátedra indiscutible declaro que la parodia de juicios que se están realizando contra los militares que participaron en la lucha antiterrorista de los años 70 en adelante, es absolutamente inconstitucional y que todas y cada una de las resoluciones supuestamente judiciales dictadas en esos procesos, incluyendo la de prisión de las víctimas de esas farsas judiciales, son nulas de nulidad absoluta. No son otra cosa que venganzas dictadas por la tiranía política que padece el país y acatadas servilmente por jueces que no son tales sino verdugos togados.
Eso incluye la condena a cadena perpetua del Comisario Miguel Etchecolatz. Como refuerzo de este conclusión –aunque no como argumento decisivo, claro está- tengo a la vista la fotografía de los integrantes del Tribunal que lo ejecutó.
Aparece en “Clarín” de hoy, 28/9/2006, pag. 3. En ella se ve al presidente del tribunal colegiado que “condenó” al Comisario, el Dr. Rozanski leyendo la “sentencia”.
En la foto se ve un hombre cuya imagen permite hacer un análisis superficial, pero interesante, de su personalidad.
Corbata gris perla a la moda, pelo estudiadamente trabajado en forma sesgada sobre el costado derecho, anteojos caídos, pequeña barba decimonónica, manos cuidadas sosteniendo delicadamente un micrófono, traje obscuro elegante… Un hombre que atiende su apariencia hasta ese extremo es alguien a quien la opinión de los otros le interesa enormemente. O sea, se trata, muy probablemente de una persona que no es independiente sino, por el contrario, esclava del “qué dirán”.
Ese anhelo no se agota en su vestuario sino que busca el beneplácito de los medios de difusión y de los ambientes sociales. Finalmente, dado que toda esa parafernalia no es obtenible sin una situación económica acomodada y considerando que ese acomodo depende de la permanencia en una cargo bien remunerado para lo cual es necesario contar con la benevolencia de los dispensadores del Tesoro, fuente principal de su remuneración, me parece muy probable que Rozanski, consciente de que Kirchner quería la condenación de Etchecolatz, a la hora de decidir, todo eso haya tenido una influencia decisiva. Y si, además, fuera simpatizante de la ideología de Kirchner –cosa muy probable, si no, no habría sido nombrado-, su concesión a los alicientes atendichos habrá sido hecha con el placer adicional propio de la parcialidad.
Por lo tanto, el hombre no era un Juez independiente y su sentencia es nula. Cualquier Tribunal futuro que revise esa sentencia, confirmado lo dicho, tendría sobrada razón para así declararlo y condenar a los autores del atropello como prevaricadores.
* * *
¿Puede alguien decir, seriamente, que los militares y policías que están siendo juzgados, lo están siendo imparcialmente por jueces probos, independientes y sabios?
No, de ninguna manera. Eso es evidente, con una evidencia solar. No existe una Justicia imparcial y menos aún cuando se trata de juzgar a personas que han sido señaladas al odio general, por todos los medios de difusión, como “enemigos públicos” a priori y sin distintción.
Los sucesivos gobiernos “democráticos” se han dedicado a nombrar jueces, especialmente en lo penal y en la Corte Suprema, con los cuales puedan contar para cometer cualquier injusticia.
Varios tribunales y, por último, la Corte Suprema, declararon inconstitucionales las leyes de amnistía e imprescritibles los delitos supuestamente cometidos durante la represión del terrorismo, no así los crímenes de los terroristas. Esta primera arbitrariedad ha sido admitida por la casi totalidad de los jueces penales y muy tibiamente discutida por algunos juristas.
Al abrigo de esta complicidad generalizada la obsecuencia de los jueces al servicio de la tiranía no tiene límites. Una jauría de ellos se ha dedicado a perseguir, procesar y encarcelar a casi todos los oficiales del Ejército y de la Policía. Hay más de 300 presos sin esperanza alguna de ser sobreseídos. No hay ninguna posibilidad de que esos jueces serviles, ya sea por afinidad ideológica, por corrupción moral o por cobardía, les hagan justicia.
Kirchner se dedica a reforzar la amenaza en cada ocasión que se le presenta. Ahora, a propósito de un testigo –que ya declaró y por lo tanto, innecesario para ellos– ha dicho: “El pasado todavía no ha sido vencido” (“La Nación”, tapa, 28/9/2006).(Involuntariamente Kirchner ha dicho más de lo que quería decir. “El pasado” es toda la tradición de la Patria que amamos. Y él es el enemigo que quiere destruirla. Es bueno recordarlo.)
“En estas horas uno imagina cosas y se angustia –siguió diciendo el Presidente-. Lo vengo diciendo hace mucho tiempo. Independientemente de cómo termine este hecho, el pasado no está derrotado ni vencido…Al contrario, aprovecha cada oportunidad para hacer sentir que está presente. Estemos atentos todos los argentinos. No podemos dejar que se vuelva a repetir ese pasado. Todos los sectores de la sociedad debemos estar por la defensa de los derechos humanos, consolidar la verdad y al justicia.” (“La Nación”, 28/9/2006, pag. 6).
Así incita el Presidente al odio, a la violencia judicial y de la otra. Los jueces toman nota y prevarican. Los subversivos toman nota y salen a la calle. Mientras él hablaba, se juntaban en la Plaza de Mayo las izquierdas, minoritarísimas pero poderosas, “para hacer oir un pedido que pensaron no tendrían que repetir nunca más –dice adulonamente “La Nación” de hoy 28/9/2006, pag. 6)- : la aparición con vida de Jorge Julio Lopez, buscado frenéticamente desde hace 10 días”.
“Al frente.…se veía a varios de los representates de la izquierda como Patricio Etchegaray, Patricia Walsh (N: comunistas), Néstor Pitrola (N: piquetero). Mezclados entre la gente caminaban también los diputados del ARI Marta Maffei, Elsa Quiroz y Eduardo Macaluse (N: íntimos colaboradores de la “católica” Carrió, socia del radical “pituco” Enrique Olivera); el ex-diputado.…Luis Zamora; el premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel (N: amigo y socio de Mons. Casaretto en la promoción de la Reforma Agraria en la Argentina, ver nro. 740 de “La botella al mar” del 15/9/2006 y diarios del 12/9/2006); el diputado que responde a la CTA Claudio Lozano; María José Lubertino (N: diputada abortista hoy funcionaria del gobierno a cargo de la “anti-discriminación”) y el director de cine Pino Solanas (N: marxista burgués amigo de Chavez, el tirano de Venezuela, y defensor de todas las malas causas, siempre y cuando no afecten sus preciosas comodidades).” (“Clarín” 28/9/2006, pag. 4).
Sigue una lista de grupos de izquierda que formaban la escasa tropa de la marcha que, según el “Clarín” ocupó desde Plaza de Mayo hasta Chacabuco, o sea, dos cuadras. Eso no es una multitud: son como mucho, 6.000 inidividuos. “La Nación” fue peor al dar la noticia porque no indicó el espacio ocupado pero insinuó que había por lo menos 30.000 asistentes, ya que esa cantidad se necesita para “colmar la Plaza de Mayo” (sic). El diario de los “bienpensantes” insinúa una mentira para servir a la izquierda. La foto de “Clarín” muestra una Plaza casi vacía. “La Nación” lo mismo, pero lo disimula tras unas luces que ofuscan.
Así se construye la arbitrariedad y el linchamiento. En ese clima no hay Justicia ni condenas válidas. Por eso declaro, con la autoridad que fundamento al principio de este artículo, que todas estas parodias judiciales son nulas de nulidad absoluta y algún día así serán declaradas por una Justicia imparcial.
Fuente: La botella al mar
Autor: Cosme Beccar Varela
Link Rss para esta publicación
Link permanente al articulo
Enviar a un amigo
Un comentario en “Declaración de Nulidad”
Porfavor espere...


















Adhiero plenamente, con la convicción de que en un futuro mediato, surgirá la verdad, restableciéndose la cordura y la Justicia en la Argentina.- Amen.- G. Ramón De Marchi.-