Tierra sin Ley ni Parlamento

Alperovich“Será repri­mido con pri­sión de un mes a dos años e inha­bi­li­ta­ción per­so­nal por doble tiempo, el fun­cio­na­rio público que dic­tare reso­lu­cio­nes u órde­nes con­tra­rias a las Cons­ti­tu­cio­nes o las Leyes nacio­na­les o pro­vin­cia­les”… “o no eje­cu­tare leyes cuyo cum­pli­miento le incum­biese”. Abuso de auto­ri­dad. Art. 248 del Código Penal
Si un man­da­ta­rio, como José Alpe­ro­vich, en este caso pun­tual, dice con total desen­fado que piensa “gober­nar sin leyes” (sic), cual­quiera tiene dere­cho a dedu­cir que padece de insa­nía men­tal y que nece­sita, urgente, some­terse a un tra­ta­miento médico psi­coa­na­lí­tico pro­lon­gado en un diván. Parece y es un dis­pa­rate mayúsculo que espanta a cual­quier hom­bre de dere­cho y al ciu­da­dano de la calle tam­bién. Es el pen­sa­miento crudo de un señor del medioevo, que se cree dueño de vidas y hacien­das. Pero las pala­bras de

Yo, el Supremo, suel­tas a los cua­tro vien­tos, res­pon­den a un pen­sa­miento cohe­rente con­sigo mismo. Esa con­cep­ción paleo­lí­tica del poder per­so­nal la sos­tuvo antes de asu­mir y hasta hoy enar­bola el mismo cri­te­rio, con una acu­mu­la­ción pro­gre­siva de poder, al mejor estilo muso­li­niano, nunca antes visto en Tucu­mán. Y, en para­lelo, sig­ni­fica un des­co­no­ci­miento supino de los otros pode­res del Estado, con una intro­mi­sión desem­bo­zada, inva­diendo juris­dic­cio­nes y atri­bu­yén­dose potes­ta­des que le son aje­nas. Olvida lo que Char­les de Secon­dat, barón de la Brède y Mon­tes­quieu, escri­biera sobre la inde­pen­den­cia de pode­res en el sis­tema repu­bli­cano, opuesto al abso­lu­tismo, con­fi­riendo a cada uno fun­cio­nes y com­pe­ten­cias específicas.

Con el meca­nismo de “balanza, fre­nos y con­tra­pe­sos” quiso garan­ti­zar el equi­li­brio entre los pode­res, el prin­ci­pio de gobierno limi­tado y res­pon­sa­ble, y la vigen­cia de los dere­chos y garan­tías indi­vi­dua­les. Puso énfa­sis en que la Legis­la­tura con­trola la ges­tión del poder admi­nis­tra­dor ante la ten­ta­ción de caer en el des­po­tismo. El man­da­más ver­náculo no admite el con­trol de nada ni de nadie. Para él, Mon­tes­quieu no existe ni le importa.

Con sólo seguirle el ras­tro se puede veri­fi­car lo ante­di­cho. Su obra cúl­mine es la anti­Cons­ti­tu­ción engen­drada por él, en su pro­pio bene­fi­cio y redac­tada por escri­bas subal­ter­nos con un calce per­fecto a sus ambi­cio­nes sin fron­te­ras. En ese manual cabe toda su mega­lo­ma­nía. Buena parte de los ins­ti­tu­tos y artícu­los que con­tiene están cues­tio­na­dos ante la Jus­ti­cia y se espera que algún día, antes del Jui­cio Final, falle para repa­rar el dete­rioro ins­ti­tu­cio­nal. Cuando dis­para que piensa gober­nar sin leyes, lo que aflora de su sub­cons­ciente, en reali­dad, es que quiere clau­su­rar la Legis­la­tura para no pade­cer otro sofo­cón como el rechazo del DNU sobre el sucio nego­cio de la basura.

Fue eso lo que hizo la última dic­ta­dura: cerrar el Con­greso nacio­nal y las legis­la­tu­ras pro­vin­cia­les. Aquí, Alpe­ro­vich es cuasi una repro­duc­ción clo­nada, injer­tado en la demo­cra­cia de caram­bola. “No me dejan gober­nar”, se quejó más de una vez, todo por­que el arco opo­si­tor, sin nin­guna fuerza numé­rica, cues­tionó algu­nas de sus ini­cia­ti­vas. Dis­pone en el Par­la­mento de una cor­po­ra­ción com­pla­ciente y sumisa que aco­gió todos sus pro­yec­tos sin chistar.

Su récord de 64 vetos de leyes que la Legis­la­tura osó apro­bar, sin su con­sen­ti­miento, y los 61 decre­tos acuer­dos de nece­si­dad y urgen­cia (DNU), san­cio­na­dos a libro cerrado, es digno de figu­rar en el Libro Guin­nes. Gober­nar sin ley no es un acto incons­ciente e irra­cio­nal de Alperovich.

Es la con­ti­nui­dad de su pen­sa­miento fas­cista que nunca escon­dió bajo su ges­tión. La Legis­la­tura, en ver­dad, es una ente­le­quia, inexis­tente, que está some­tida a la volun­tad del patrón que la maneja por telé­fono móvil.

El aire, de pronto, se enra­re­ció en la Argen­tina. Para espanto de la socie­dad y ver­güenza de los argen­ti­nos, el tras­lado del fére­tro de Juan Domingo Perón hasta su morada defi­ni­tiva, exhi­bió a la luz pública las lacras del sin­di­ca­lismo y su lucha des­pia­dada por el poder. Tucu­mán, en la semana que hoy con­cluye, acusó impac­tos de alta vol­taje que la sacu­dió en sus cimientos.

Una suma de acon­te­ci­mien­tos sacó de la con­sue­tu­di­na­ria moli­cie a la gente envuelta en la anomia, la abu­lia, el desin­te­rés y sobre todo la indi­fe­ren­cia, acaso esta su carac­te­rís­tica más saliente.

La pro­vin­cia, como el resto del país y todo el mundo glo­ba­li­zado, pudo ver en tiempo real a tra­vés de la TV el triste espec­táculo de la pelea a palos, pedra­das y tiros entre las ban­das sin­di­ca­les pero­nis­tas, en oca­sión de lle­var al tres veces pre­si­dente de la Repú­blica hasta el mau­so­leo levan­tado en su memo­ria en la quinta de San Vicente.

De nuevo, corrió por el espi­nazo de la Argen­tina el hor­mi­gueo del miedo con la apa­ri­ción de vie­jos fan­tas­mas del pasado: el des­en­cuen­tro, la into­le­ran­cia y la vio­len­cia. Ni siquiera se res­petó el recuerdo omni­pre­sente del fun­da­dor del movi­miento, que plantó un mojón divi­so­rio para siem­pre en la his­to­ria argen­tina, se com­parta o no su pen­sa­miento, con un antes y un des­pués de él mar­cado a fuego.

La tri­fulca, haya sur­gido en forma espon­tá­nea o haya sido fría y pre­me­di­ta­da­mente cal­cu­lada, no sólo fue por dispu­tarse la manija del cajón o los míni­mos segun­dos de fama que da la TV o las fotos de los dia­rios. Detrás, no tan ocul­tos, bri­llan con luz pro­pia los intere­ses por cobi­jarse a la som­bra del Pre­si­dente, para usu­fruc­tuar el poder real. Lo cierto es que la vio­len­cia, impul­sada inten­cio­na­da­mente o no desde las entra­ñas del par­tido de Perón, obligó a Kir­ch­ner a auto­ex­cluirse del home­naje ante el riesgo cierto de que se repro­du­jera un petit Ezeiza, a tres déca­das de aque­lla nefasta orda­lía de san­gre y fuego. Privó en el jefe de Estado la sen­sa­tez y la prudencia.

Una de las inter­pre­ta­cio­nes nada bene­vo­lente de ese negro 17 de Octu­bre es que el obje­tivo fue impe­dir la pre­sen­cia del jefe de Estado en San Vicente. Si es así, se cum­plió. El pro­pio Kir­ch­ner avala esa teo­ría: “nada es casua­li­dad”, deja flo­tando la sos­pe­cha que desde el duhal­dismo, como afirma Car­los Kun­kel, su alter ego, se plasmó toda la cons­pi­ra­ción. Para los mal­pen­sa­dos, el pata­gón no es pero­nista y el impe­di­mento de hablar ante la tumba del gene­ral (el único) fue un acto de ven­ganza. ¿Por qué –rumo­rean– había que rega­larle el palco y el muerto?, jus­ta­mente a él, que nunca en los actos públi­cos nom­bró a Perón, ni a Evita, ni cantó la mar­chita, ni se colocó el escudo dis­tin­tivo en la solapa del saco. Los per­ver­sos, que los hay den­tro y fuera del PJ, sos­tie­nen que Kir­ch­ner es quien mejor cum­ple con aquel famoso decreto de la Revo­lu­ción Liber­ta­dora (fusi­la­dora, para el pero­nismo) que había con­ver­tido a Perón en innombrable.

En esta ínsula de tie­rra metida en un pre­ma­turo y pega­joso verano, la riña pero­nista tiene sus pro­pios acto­res en escena y carac­te­rís­ti­cas dis­tin­ti­vas. La liai­son entre Alpe­ro­vich y Juri regis­tra movi­mien­tos de amo­res y desamo­res, de arru­ma­cos e insul­tos cícli­cos. Mien­tras, abajo, las bases pero­nis­tas están desorien­ta­das y se gas­tan en apron­tes y fin­tas para la pelea que no ter­mina de con­cre­tarse ante la inde­ci­sión del titu­lar del PJ. Un obser­va­dor agudo de la polí­tica dice que Juri con su tribu nómade se pre­para para la bata­lla, sin adver­tir que desde la otra ori­lla ya se declaró la guerra.

El tiempo juega en con­tra de Fer­nando, en tanto su primo Juri Debbo mues­tra mucho más deci­sión. El here­dero de los papi­ros no ter­mina de deci­dirse. Su padre no dudó en enfren­tar a un cau­di­llo de mucho más peso que Alpe­ro­vich, como fue Riera, y le ganó. Acaso, su hijo cuando se lance sea dema­siado tarde. La estra­te­gia pen­du­lar del man­da­más de acer­carle o ale­jarle la zanaho­ria, con­ver­tida en el oscuro objeto del deseo de par­te­naire, con­forme con su con­ve­nien­cia polí­tica. Un día habla con nom­bre y ape­llido del reem­pla­zante en la fór­mula de 2007; otro, ase­gura que el actual dúo estará en la gri­lla de lar­gada el año pró­ximo. Y así el alma­na­que sigue tra­gán­dose los días uno tras otro. Padece de inge­nui­dad el vice­go­ber­na­dor si cree en la pala­bra de Alpe­ro­vich. El son­deo que mejor mide es el dueto Alperovich-Juri, seguido de Alperovich-Jaldo, y detrás Alperovich-Alperovich.

Ya está deci­dido: Betty Roj­kés timo­neará la lista de legis­la­do­res. Dejará su banca nacio­nal donde su desem­peño pasó inad­ver­tido. Juri tam­bién movió la dama. Una Estre­lla ful­gura, iri­dis­cente, en el cielo pero­nista. Ensayó su ora­to­ria, al menos sin los bal­bu­ceos y tra­ba­zo­nes del man­da­ta­rio, en la sede del PJ. Medida a trazo grueso, la con­cu­rren­cia no fue poca teniendo en cuenta la desigual pelea con la bille­tera ofi­cial. Sal­gan otros a cantar/ y vere­mos quién es menos, dice Fie­rro en el memo­ra­ble poema gauchesco.


El Perió­dico de Tucumán

Fuente: Periodismo de Verdad

Autor: Rubén Rodó

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2 Comentarios en “Tierra sin Ley ni Parlamento”  

  1. 1 Matilde del Carmen Masats

    Estos que dicen gober­nar, no entien­den nada mas que de reyer­tas y manio­bras oscu­ras, para bene­fi­cio pro­pio. Lo que mas nos lamenta a los ciu­da­da­nos que en el medio de estos medio­cres esta­mos noso­tros el pue­blo. Los acon­te­ci­mien­tos se estan pre­ci­pi­tando ya que el que calla otorga y que yo sepa. Nadie da expli­ca­cio­nes de nada. “SERA POR­QUE NO SABEN ” Los melli­zos Fer­nan­dez mudos ‚el man­da­ta­rio se borro, que les esta pasando muchachos.Y encima la derrota de ayer.

  2. 2 Don Alfredo

    Solo quiero saber ¿como es su orga­ni­za­cion?, ¿en que ambito esta es un par­tido para ir a elec­cio­nes?
    quiero decir tie­nen una con­so­li­da­cion y son un par­tido. hasta luego

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