Piensan en chiquito

Roberto CachanoskyLa visión de corto plazo que aplica el gobierno argen­tino deter­mina que el aumento de los pre­cios inter­na­cio­na­les de los bie­nes que expor­ta­mos no sea una buena noti­cia sino un pro­blema.
¿Usted se ima­gina si el gobierno chi­leno, en vez de fes­te­jar, entrara en cri­sis debido a que el pre­cio del cobre sube en el mer­cado inter­na­cio­nal? ¿O se ima­gina a los paí­ses petro­le­ros entrando en pánico eco­nó­mico por­que el pre­cio del petró­leo está en alza? Lo absurdo de una res­puesta posi­tiva para las pre­gun­tas ante­rio­res es una reali­dad para el caso argen­tino. La suba de la carne, el trigo y el maíz en el mer­cado inter­na­cio­nal se ha trans­for­mado en una pro­blema eco­nó­mico para el gobierno de Kir­ch­ner, cuando en reali­dad debe­ría­mos estar fes­te­jando la exce­lente coyun­tura inter­na­cio­nal que les posi­bi­lita a los pro­duc­to­res argen­ti­nos tener un ingreso mayor por sus pro­duc­tos de exportación.

Al mar­gen del pro­blema infla­cio­na­rio deri­vado de la polí­tica mone­ta­ria expan­siva del Banco Cen­tral, el incre­mento en el pre­cio de la carne, maíz y trigo se trans­forma en un pro­blema por­que, se argu­menta, esos pro­duc­tos son de alto con­sumo interno y, por lo tanto, si el mer­cado inter­na­cio­nal empuja los pre­cios al alza, el con­su­mi­dor argen­tino ten­drá que pagar más por esos pro­duc­tos y, polí­ti­ca­mente, eso no le con­ven­dría al Gobierno. ¿Qué deci­sión adopta el Gobierno para enfren­tar este supuesto pro­blema? Tra­tar de fre­nar las expor­ta­cio­nes para que la demanda tenga que vol­carse fun­da­men­tal­mente al mer­cado interno y, de esa manera, bajar arti­fi­cial­mente sus pre­cios. La estra­te­gia no es otra que qui­tar­les ren­ta­bi­li­dad a los pro­duc­to­res para trans­fe­rír­sela a los consumidores.

Es obvio que esta estra­te­gia implica tener una visión de la eco­no­mía basada en el corto plazo. Una polí­tica de largo plazo con­sis­ti­ría en dejar que la renta extra­or­di­na­ria de los pro­duc­to­res se man­tu­viera, de manera tal de atraer nue­vos inver­so­res hacia el sec­tor. Los nue­vos inver­so­res incre­men­ta­rían la oferta y la renta extra­or­di­na­ria disminuiría.

Ade­más, para algo exis­ten los pro­duc­tos sus­ti­tu­tos. Si el pre­cio de la carne sube, el con­su­mi­dor siem­pre tiene la alter­na­tiva de sus­ti­tuir el con­sumo de carne vacuna por otras car­nes o direc­ta­mente modi­fi­car sus hábi­tos ali­men­ti­cios. Aquí el dilema no es expor­tar carne y trigo a costa del ham­bre de la gente. Nadie se va a morir de ham­bre por con­su­mir menos carne vacuna o trigo, por­que si esto fuera cierto, más de la mitad del mundo debe­ría estar murién­dose de hambre.

Pero lo que cla­ra­mente refleja la reac­ción nega­tiva del Gobierno frente a la favo­ra­ble coyun­tura inter­na­cio­nal es su visión del mundo. En vez de ver al mundo como una opor­tu­ni­dad para incre­men­tar el comer­cio, la pro­duc­ción y la riqueza, el Gobierno lo ve como algo hos­til y nega­tivo para el país. En lugar de pen­sar a lo grande e ima­gi­nar un mer­cado para los pro­duc­to­res argen­ti­nos de miles de millo­nes de con­su­mi­do­res, pre­fiere con­for­marse con 30 millo­nes de con­su­mi­do­res de bajo poder adqui­si­tivo dada la pésima dis­tri­bu­ción del ingreso que tene­mos. Al for­zar la venta de los pro­duc­tos de expor­ta­ción al mer­cado interno, el Gobierno está defi­niendo una polí­tica de pro­duc­ción de bajos nive­les y con esca­sas inver­sio­nes, ya que no es lo mismo la can­ti­dad y la cali­dad de las inver­sio­nes que se requie­ren para com­pe­tir a nivel mun­dial que las que se nece­si­tan para un mer­cado chico y de ingre­sos bajos.

La con­se­cuen­cia directa de esta defi­ni­ción de modelo pro­duc­tivo es la per­pe­tua­ción de la pobreza, dado que si la prin­ci­pal obli­ga­ción de los pro­duc­to­res es abas­te­cer el mer­cado interno, nunca vamos a tener inver­sio­nes de enver­ga­dura por­que pro­du­cir para un mer­cado interno tan chico no requiere de inver­sio­nes significativas.

La Argen­tina es pobre por­que los gober­nan­tes pien­san en pequeño. Pre­fie­ren una eco­no­mía chica y con pocas inver­sio­nes por­que, de esa manera, se ase­gu­ran el clien­te­lismo polí­tico. Lo que se busca es que el ciu­da­dano tenga que depen­der del gober­nante de turno para sub­sis­tir. En las socie­da­des prós­pe­ras, inte­gra­das al mundo, el ciu­da­dano se auto­abas­tece gra­cias a su capa­ci­dad de inno­va­ción, dedi­ca­ción al tra­bajo y esfuerzo per­so­nal. La gente vive con dig­ni­dad. En cam­bio, en las socie­da­des cerra­das y pobres, sus habi­tan­tes tie­nen que ceder parte de su dig­ni­dad para poder reci­bir las dádi­vas del gobierno de turno. El ejem­plo más evi­dente que puede darse al res­pecto es el intento del ofi­cia­lismo de deni­grar a los votan­tes tra­tando de com­prar sus votos.

Varios pro­duc­tos de expor­ta­ción han caído bajo este esquema de pen­sar en pequeño. Los lác­teos, la carne, el maíz, el petró­leo y el trigo son algu­nos de los ejem­plos que se pue­den dar al res­pecto, lo cual con­firma esa voca­ción por coar­tar todo pro­greso eco­nó­mico basado en la inte­gra­ción de la eco­no­mía argen­tina al mundo.

Tan a con­tra­mano del mundo esta­mos, tan ence­rra­dos en noso­tros mis­mos vivi­mos, que lo que debe­ría ser una motivo de ale­gría, para el gobierno argen­tino es un pro­blema mayúsculo.

Fuente: Economía para todos

Autor: Roberto Cachanosky

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


2 Comentarios en “Piensan en chiquito”  

  1. 1 Alejandro Witzel

    Obvia­mente que es tan dis­mi­nuido men­tal el rey k, que pre­fiere ser rey de pobres ham­brien­tos y anal­fa­bes­tias, que pre­si­dente de ciu­da­da­nos ins­trui­dos y prós­pe­ros e inta­cha­bles. Son gus­tos. Lás­tima que gus­tos mal­sa­nos y destructivos.

  2. 2 Julio Pérez

    Creo que el rey k solo puede ser rey de anal­fa­be­tos y pobres ham­brien­tos pues si los ciu­da­da­nos fue­sen ins­trui­dos y pros­pe­ros el no solo no seria rey ni siquiera fun­cio­nari publico.
    Mien­tras pueda man­te­ner mise­ria podra com­prar votos ampa­rado en la mouns­tro­si­dad del coro de adu­la­do­res que en en el Con­greso renun­cia­ron al dere­cho y deber de con­tro­lar el gasto del estado dan­dole pode­res abso­lu­tos para dis­po­ner de miles de millo­nes (que son nues­tros) para dila­pi­dar­los en com­prar voluntades.

Deje un comentario