Venezuela — Lo votado no quita lo patán

Daniel Romero PernaleteChá­vez nece­si­taba un bar­niz demo­crá­tico y lo con­si­guió. Por ahí anda ahora, tra­jeado con la legi­ti­mi­dad que le otorga su vic­to­ria elec­to­ral. Para tales efec­tos, no importa si su triunfo se basó en el chan­taje, la limosna y el terror. Ni importa si es el resul­tado de ocho años de recu­rren­tes tra­pa­ce­rías elec­to­ra­les.
Mucho ana­lista polí­tico ha sacado a relu­cir sus mejo­res tin­tas para pre­de­cir el pasado, para pro­nos­ti­car lo que ya suce­dió. Y más de un diri­gente opo­si­tor ha hecho gala de su verbo más caro para des­pe­lle­jar al vecino. Esto es hasta cierto punto com­pren­si­ble en situa­cio­nes en las que nadie quiere car­gar el muerto pero todos creen saber quien lo mató
Más difí­cil es enten­der la acti­tud de algu­nos sec­to­res del país que espe­ran del Chá­vez reelecto rec­ti­fi­ca­cio­nes que nunca ven­drán. Como si el hecho de haber ganado unas elec­cio­nes fuera a cam­biar el talante o el talento del personaje.

Piden mag­na­ni­mi­dad a un hom­bre que la conoce de oídas. Piden ampli­tud de miras a un tipo que es inca­paz de sal­tar la baranda inte­lec­tual de un socia­lismo pri­mi­tivo y perverso…

Piden per­do­nes para los pre­sos polí­ti­cos, como si éstos tuvie­ran algún delito que per­do­nar. Piden com­ba­tes con­tra el buro­cra­tismo y la corrup­ción, como si éstos no fue­ran carne y san­gre del cha­vismo ofi­cial. Piden res­peto para los dere­chos huma­nos, como si la dis­cri­mi­na­ción y el abuso no fue­ran para Chá­vez polí­ti­cas de Estado.

Es una nece­dad pedirle tole­ran­cia a un hom­bre en cuya agenda no caben sino adu­lan­tes y enemi­gos. Es una sim­pleza pedirle dere­chu­ras a un hom­bre entre­nado en la maqui­na­ción y la emboscada.

Suena inge­nuo eso de andar pidiendo armo­nía y con­vi­ven­cia a un hom­bre obse­sio­nado con la gue­rra. A un hom­bre de tem­pe­ra­mento vio­lento, que se arre­junta con las FARC y for­nica con Hez­bolá. A un hom­bre para quien un fusil es más impor­tante que un azadón.

No hay que lla­marse a engaño. El dis­curso post­elec­to­ral de Chá­vez fue pala­bre­ría abri­llan­tada para la prensa extran­jera. Flo­ri­tura para invi­ta­dos. Con­fite para los visitantes.

El ver­da­dero Chá­vez, el de siem­pre, es el que se vio des­pués, tejiendo agre­sio­nes con­tra el futuro. Dise­ñando la arma­dura de su par­tido único. Bor­dando la reforma cons­ti­tu­cio­nal que lo ponga a reinar mien­tras res­pire. Per­si­guiendo a algu­nos mili­ta­res que se nie­gan a besarle la mano. Pre­go­nando sus deli­rios por la Lati­noa­mé­rica pobre.

Chá­vez sigue siendo el inca­paz de siem­pre. El irres­pon­sa­ble de siem­pre. El abu­sa­dor de siem­pre. El embus­tero de siem­pre. El mani­pu­la­dor de siem­pre. El bufón de siem­pre. El gua­pe­tón de siem­pre. El corre­lón de siempre…Con uno, con siete o con diez millo­nes de votos, Chá­vez seguirá siendo él. Lo votado no quita lo patán.

Chá­vez sigue siendo el acci­dente his­tó­rico de siem­pre. Su paso por la vida repu­bli­cana de Vene­zuela ha sido muy cos­toso. Al país le cos­tará tiempo y esfuerzo repo­nerse eco­nó­mi­ca­mente. Le cos­tará mucho res­ti­tuir la ins­ti­tu­cio­na­li­dad demo­crá­tica. Pero más le cos­tará recu­pe­rarse del daño moral que Chá­vez le ha causado.

No va a ser fácil remo­ver la creen­cia de que sólo se tie­nen dere­chos y no obli­ga­cio­nes. Ni erra­di­car la cos­tum­bre de no pen­sar por­que hay un líder que piensa por uno. Ni des­te­rrar el temor a con­tra­de­cir la volun­tad del caudillo.

Así, para quie­nes diri­jan el pro­ceso de reha­cer el país, el tra­bajo va mucho más allá que patearle el tra­sero al Hugo Chávez.

Autor: Daniel Romero Pernalete
Sociólogo, Profesor Titular de la Universidad de Oriente (Venezuela)

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Un comentario en “Venezuela — Lo votado no quita lo patán”  

  1. 1 Guillermo Morales

    a Vues­tro comen­ta­rio, solo se podría res­pon­der con la ya cono­cida frase:“los pue­blos se dan el gobierno que mere­cen y no otros”.Lamentablemente Vene­zuela esta sen­tada sobre un pozo de petroleo(dolares),que los gobier­nos ante­rio­res no supie­ron utilizar.Yo como chi­leno, que viví un larga noche de dictadura,no puedo sino desear que los her­ma­nos vene­zo­la­nos no cai­gan en lo mismo o que sean una nueva Cuba,de izquierda, pero dic­ta­dura igual.Repartiendo vues­tra riqueza para apo­yar a otros o dando dadi­vas a la pobla­ción más pobre, algún día se encon­tra­ran sin Petro­leo, sin dolo­res y sumi­dos en la pobreza.Ojala, no sea ese vues­tro des­tino, al que ya le siguen Boli­via y al pare­cer Ecuador.Mientras Argen­tina vive en una bur­buja de com­bus­ti­bles barato que algún día reven­tara con las con­se­cuen­cias que cabe esperar.

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