Colaboración eclesiástica con el comunismo

Stanislaw… cómo es posi­ble que la diplo­ma­cia vati­cana, a tan­tos títu­los con­si­de­rada como una de las mejo­res y más infor­ma­das del mundo, no estu­viese al par de los gra­ves ante­ce­den­tes rela­cio­na­dos con las acti­vi­da­des de espio­naje de dicho Pas­tor con­tra su pro­pio rebaño. Tal des­co­no­ci­miento llegó al punto de que, cuando esta­ban en su auge las denun­cias con­tra mon­se­ñor Wiel­gus, la Ofi­cina de Prensa del Vati­cano emi­tió un nota en defensa del alto pre­lado y del pro­pio acto de su desig­na­ción, afir­mando tex­tual­mente: “Cuando la Santa Sede deci­dió el nom­bra­miento del nuevo arzo­bispo de Var­so­via, tuvo en con­si­de­ra­ción todas las cir­cuns­tan­cias de su vida, entre las que se encon­tra­ban las rela­ti­vas a su pasado” (agen­cia Zenit, Roma, Enero 6, 2007).

Tanto o más grave que la cola­bo­ra­ción de ecle­siás­ti­cos de diver­sos paí­ses con las poli­cías secre­tas comu­nis­tas es la iden­ti­fi­ca­ción ideo­ló­gica de obis­pos cuba­nos con las pro­pias metas del comu­nismo, así como el con­junto de decla­ra­cio­nes com­pla­cien­tes y hasta elo­gio­sas, en rela­ción al régi­men cubano y a su dic­ta­dor, de una larga serie de car­de­na­les y altos ecle­siás­ti­cos ecle­siás­ti­cos que pere­grinó a la isla-cárcel

El reco­no­ci­miento hecho por el arzo­bispo de Var­so­via, mon­se­ñor Sta­nis­law Wiel­gus, de su cola­bo­ra­ción con la tris­te­mente céle­bre Sluzba Bez­pie­censtwa, la poli­cía polí­tica del régi­men comu­nista de Polo­nia, gol­peó y llenó de horror las con­cien­cias de los cató­li­cos pola­cos y del mundo entero. Ante las evi­den­cias pre­sen­ta­das por la Comi­sión His­tó­rica Ecle­siás­tica de Polo­nia, el recién nom­brado arzo­bispo de Var­so­via, quien hasta el momento había negado las acu­sa­cio­nes, reco­no­ció su cul­pa­bi­li­dad y debió renun­ciar al cargo.

No son pocas las deli­ca­das pre­gun­tas que sur­gen en torno de este epi­so­dio. Por ejem­plo, cómo es posi­ble que la diplo­ma­cia vati­cana, a tan­tos títu­los con­si­de­rada como una de las mejo­res y más infor­ma­das del mundo, no estu­viese al par de los gra­ves ante­ce­den­tes rela­cio­na­dos con las acti­vi­da­des de espio­naje de dicho Pas­tor con­tra su pro­pio rebaño. Tal des­co­no­ci­miento llegó al punto de que, cuando esta­ban en su auge las denun­cias con­tra mon­se­ñor Wiel­gus, la Ofi­cina de Prensa del Vati­cano emi­tió un nota en defensa del alto pre­lado y del pro­pio acto de su desig­na­ción, afir­mando tex­tual­mente: “Cuando la Santa Sede deci­dió el nom­bra­miento del nuevo arzo­bispo de Var­so­via, tuvo en con­si­de­ra­ción todas las cir­cuns­tan­cias de su vida, entre las que se encon­tra­ban las rela­ti­vas a su pasado” (agen­cia Zenit, Roma, Enero 6, 2007).

Pocos hechos de la his­to­ria ecle­siás­tica con­tem­po­rá­nea en los paí­ses comu­nis­tas podrían ser más gra­ves que el caso del arzo­bispo Wiel­gus, máxime cuando, según espe­cia­lis­tas, las acti­vi­da­des del alto pre­lado al ser­vi­cio de los ser­vi­cios secre­tos del ante­rior régi­men comu­nista de Polo­nia pue­den cons­ti­tuir la punta de un ice­berg sobre el cola­bo­ra­cio­nismo ecle­siás­tico en Polo­nia y en los demás paí­ses comunistas.

En ese sen­tido, en lo que se refiere a Cuba comu­nista, me per­mito recor­dar aquí un ante­ce­dente par­ti­cu­lar­mente dolo­roso y lamen­ta­ble, que tuve oca­sión de narrar en el libro “Con­tra toda espe­ranza”, mis memo­rias de 22 años en las pri­sio­nes cas­tris­tas, sin haber sido des­men­tido hasta hoy. En diciem­bre de 1980, los tres jóve­nes her­ma­nos Gar­cía Marín bus­ca­ron asilo en la Nun­cia­tura de La Habana, siendo pos­te­rior­mente reti­ra­dos de allí, con pro­me­sas de liber­tad y de segu­ri­dad indi­vi­dual, por per­so­nas que ingre­sa­ron ves­ti­das con ropas ecle­siás­ti­cas, en el pro­pio auto­mó­vil de la Nun­cia­tura. En reali­dad, no eran ecle­siás­ti­cos y sí agen­tes de la poli­cía polí­tica cubana que los arran­ca­ron de la Nun­cia­tura mediante engaño, para ser sal­va­je­mente tor­tu­ra­dos y final­mente fusi­la­dos (cf. A. Valla­da­res, “Con­tra toda espe­ranza”, Plaza & Janés, Bar­ce­lona, 1985, cap. 48, pág. 416).

A dife­ren­cia de Polo­nia donde, por causa de actos de cola­bo­ra­ción con la poli­cía polí­tica renun­ció el arzo­bispo de Var­so­via, en Cuba, por la entrega de esos tres jóve­nes inde­fen­sos al régi­men comu­nista, por parte de la Nun­cia­tura Apos­tó­lica –que es la emba­jada de la pro­pia Santa Sede y goza del pri­vi­le­gio de la extra­te­rri­to­ria­li­dad– no consta que se haya adop­tado nin­guna medida, siquiera una adver­ten­cia, con­tra el Nun­cio de la época y con­tra otros ecle­siás­ti­cos even­tual­mente invo­lu­cra­dos en ese deplo­ra­ble acontecimiento.

Pero hay algo más grave que la cola­bo­ra­ción con las poli­cías secre­tas comu­nis­tas; algo que, sin duda, cuando mi que­rida patria recu­pere la liber­tad, una Comi­sión His­tó­rica Ecle­siás­tica de Cuba debe­ría asu­mir la alta misión de inves­ti­gar con rigor y obje­ti­vi­dad. Se trata de la iden­ti­fi­ca­ción ideo­ló­gica de obis­pos cuba­nos con las pro­pias metas comu­nis­tas, tal como mos­tré en reciente artículo (cf.. A. Valla­da­res, “Obis­pos cuba­nos, Encuen­tro Nacio­nal Ecle­sial Cubano y cas­trismo sin Cas­tro”, Dia­rio Las Amé­ri­cas, Miami, Enero 12, 2007). Se trata tam­bién de la análoga iden­ti­fi­ca­ción ideo­ló­gica de los artí­fi­ces de la teo­lo­gía de la libe­ra­ción lati­noa­me­ri­cana, la cual, con el aval de los obis­pos cuba­nos, se trans­formó en la isla en una teo­lo­gía de la cola­bo­ra­ción con el régi­men. Se trata, por fin, de decla­ra­cio­nes com­pla­cien­tes y hasta elo­gio­sas, en rela­ción al comu­nismo cubano y a su dic­ta­dor, impla­ca­ble per­se­gui­dor de los cató­li­cos, de una larga serie de altos ecle­siás­ti­cos, varios de ellos pur­pu­ra­dos, que pere­grinó a la isla-cárcel; tres de los cua­les coro­na­ron sus carre­ras ecle­siás­ti­cas como car­de­na­les secre­ta­rios de Estado de la Santa Sede (cf. A. Valla­da­res, “El drama cubano y el silen­cio vati­cano” y “Cuba: el Lobo y los Pas­to­res cele­bran encuen­tro ‘cons­truc­tivo y amis­toso’”, Dia­rio Las Amé­ri­cas, Miami, Abril 26, 2003 y Nov. 29, 2005).

Me ví en la obli­ga­ción de con­cien­cia de escri­bir artícu­los res­pecto de prác­ti­ca­mente cada uno de los via­jes de dichos car­de­na­les y altos ecle­siás­ti­cos, tal como consta en los archi­vos del Dia­rio Las Amé­ri­cas, de Miami. Coloco a dis­po­si­ción de los lec­to­res esos artícu­los, bas­tando que me envíen un e-mail solicitándolos.

En con­traste con los dichos, hechos, omi­sio­nes y silen­cios de tan altos pre­la­dos cola­bo­ra­cio­nis­tas, bri­lla la estela glo­riosa de los car­de­na­les Minds­zenty, Ste­pi­nac, Slypyj, Korec y de tan­tos otros pur­pu­ra­dos y pre­la­dos que, siguiendo los pasos del Sal­va­dor, fue­ron Pas­to­res siem­pre dis­pues­tos a dar sus vidas por sus res­pec­ti­vos rebaños.

Recuerdo con enorme per­ple­ji­dad que, en los tex­tos de Juan Pablo II y de diver­sos car­de­na­les en los que se pidió per­dón por aque­llo que con­si­de­ra­ban como peca­dos pasa­dos y pre­sen­tes de los hijos de la Igle­sia, no me fue posi­ble encon­trar la más mínima refe­ren­cia a la com­pli­ci­dad de tan­tos ecle­siás­ti­cos con el comu­nismo en Cuba, en paí­ses del Este euro­peo y en China, por acción u omi­sión, durante las últi­mas déca­das; ni tam­poco a las devas­ta­cio­nes en el rebaño cató­lico pro­vo­ca­das por los “teó­lo­gos de la libe­ra­ción” de ins­pi­ra­ción mar­xista. La cons­ta­ta­ción de esa pro­tu­be­rante ausen­cia me llenó de per­ple­ji­dad y hasta de angus­tia. En efecto, si de iden­ti­fi­car y admi­tir cul­pas se trata, ¿pudo haber hechos más gra­ves, en este siglo XX recién tras­puesto, que la cola­bo­ra­ción ecle­siás­tica con una ideo­lo­gía “intrín­se­ca­mente per­versa”, res­pon­sa­ble por la mayor per­se­cu­ción reli­giosa y polí­tica de la his­to­ria, que incluyó la masa­cre de 100 millo­nes de per­so­nas? ¿Cómo expli­car esa omi­sión? (cf. A. Valla­da­res, “El pedido de per­dón que no hubo: la cola­bo­ra­ción ecle­siás­tica con el comu­nismo”, Dia­rio Las Amé­ri­cas, Miami, Marzo 22, 2000).

Cuánto desea­ría que estas res­pe­tuo­sas refle­xio­nes y filia­les inte­rro­ga­cio­nes de un ex-preso polí­tico cubano y fiel cató­lico, que vio su fe for­ta­le­cida al oír los gri­tos de jóve­nes már­ti­res cató­li­cos que murie­ron en el pare­dón de fusi­la­miento pro­cla­mando “¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comu­nismo!” –inte­rro­ga­cio­nes com­par­ti­das por millo­nes de cuba­nos den­tro y fuera de la isla– suban hasta el pro­pio trono de San Pedro, en busca de una sabia respuesta.

Armando Valla­da­res, ex preso polí­tico cubano, autor del libro “Con­tra toda espe­ranza”, donde narra 22 años en las pri­sio­nes castristas

Enviar a un amigo





Enviar a un amigo


Un comentario en “Colaboración eclesiástica con el comunismo”  

  1. 1 Alejandro Witzel

    Solo puedo repe­tir las pala­bras de Pablo VI, “Por alguna grieta el humo de sata­nás ha pene­trado en el Tem­plo Santo de Dios”. Por un lado el Papa no puede estar en todo y por el otro la “con­fe­sión” del obispo des­pués de la decla­ra­ción de Roma hace que­dar aún peor que antes a las auto­ri­da­des de la Igle­sia. Pri­mero la decla­ra­ción y luego la “con­fe­sión” del purpurado.…sugerente no?.…..Que mejor que des­truir desde adentro.…

Deje un comentario