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De que pesimismo se trata
… doloroso es ver a los “buenos argentinos”, que todavía conservan algunas virtudes, carecer totalmente de inteligencia, de generosidad y de coraje en lo que respecta a la Patria. Parecen extranjeros que están de visita y que se irán cuando le vida aquí les resulte intolerable. Las injusticias cometidas contra otros, los dejan fríos y no se sienten obligados a repararlas en la medida de sus fuerzas. Y junto a todo esto, los “bienpensantes”, mal llamados “de derecha”, viven en sus pequeños círculos, con sus pequeñas teorías, esperando que un goilpe militar les saque las castañas del fuego. Como ese golpe no existe ni existirá, las falsas esperanzas que difunden esos “bienpensantes” actúan como una droga que entorpece la voluntad de los “buenos argentinos”
Decía en el número anterior de este periódico que soy pesimista con respecto a la situación social y polìtica de la Argentina. Y eso porque “la espantosa decadencia moral, intelectual y física” de los argentinos no permite presagiar sino desgracias. Sólo en ese sentido soy pesimista y no en el plano metafísico porque Dios vencerá al demonio y sus secuaces. Al fin de los tiempos, Nuestro Señor destruirá al Anticristo “con el aliento de su boca”, o sea, sin mayor esfuerzo.
Además, las derrotas y persecuciones que puedan sufrir los buenos y los éxitos que puedan lograr los malos, son cosa pasajera para cada uno de ellos porque en definitiva, lo que cuenta es la vida eterna y entonces unos irán al cielo a gozar para siempre de toda felicidad y los otros al infierno a sufrir sin fin los más atroces tormentos.
Por otra parte el universo creado es perfecto y todos los seres cumplen invariablemente con las leyes que Dios inscribió en su naturaleza, excepto el hombre que muchas veces usa su libertad para violarla y los ángeles caídos que insensatamente se rebelaron contra su Creador y fueron precipitados al abismo. Pero aún los ángeles y los hombres perversos no puede dejar de cumplir con las leyes ontológicas escritas por Dios en sus respectivas naturalezas. No pueden aniquilarse a sí mismos y deben vivir eternamente según su ser para sufrir el castigo merecido.
En esos tres planos no se puede ni se debe ser pesimista. Un optimismo fundamental debe confortarnos, pase lo que pase, sabiendo que “todo es para bien de los que Dios ama”, como dice una epístola de San Pablo.
Entonces, ¿en qué sentido digo que soy pesimista? ¿No debemos confiar en que Dios sacará el bien del mal, aún de una situación calamitosa como la de nuestra Patria? Es cierto que Dios sacará el bien del mal pero ese bien no es necesariamente material y puede no ser la felicidad de la Argentina como Nación. Dios no promete felicidad ni prosperidad a las naciones, a no ser a aquellas que cumplen como conjunto social las leyes divinas. Aquel mandato y aquella promesa de Nuestro Señor: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y los demás se os dará por añadidura” se aplica a los hombres individualmente y también a las familia y a las sociedades políticas.
La grandeza y la felicidad de las naciones dependerá de la calidad de sus pueblos debidamente organizados con sus jerarquías naturales a la cabeza, de la inteligencia, de la moral y del trabajo de todos. Dios actúa normalmente por causas segundas, sin dejar de ser Él la Primera Causa. Las causas segundas del bien social y polìtico son los integrantes de esa sociedad. Si ellos fallan, el resultado será el atraso y la pobreza. Y si fallan gravemente, será la ruina y aún la desaparición de la nación.
Ha ocurrido muchas veces en la Historia que una nación sea aniquilada, desmembrada y su pueblo esclavizado sin que Dios haya intervenido para salvarla. Por ejemplo, Hungría, arrasada primero por los nazis y después por los soviéticos. Es doloroso leer las Memorias del Cardenal Midszenty en las que relata como ese pueblo católico y fiel se encontró en medio de un torbellino de guerra, fue invadido y dominado, su territorio desgarrado y despojado de más de la mitad de su superficie y su población sometida y entregada a poderes extranjeros, a pesar de que el pueblo y su Cardenal primado eran mucho más piadosos y fieles al catolicismo que el pueblo y los prelados argentinos y tanto que no admite comparación. ¿Por qué habrá sido? Creo que, como aquí, fallaron las clases dirigentes, no supieron o no quisieron enfrentar como debían las amenazas polìticas externas e internas. El Cardenal Midszenty estaba solo frente a la inmensa tarea y fue fácil para nazis y soviéticos decapitar a Hungría encarcelando e incomunicando a su cabeza. El pueblo sin líderes poco o nada puede. Esto se vió con horror cuando la mil veces heroica revolución puramente popular de 1956, al cabo de pocas semanas de gloriosa lucha por la libertad, fue aplastada por los tanques rusos y miles de valientes húngaros perecieron.
Este es el pesimismo que me aflige: ver a los argentinos apostatar de la fe católica con importantes prelados a la cabeza de esa apostasía, perder sus tradiciones y execrar los antiguos ideales cambiándolos por falsas ideologías, prostituirse, corromper a los niños y desmoralizar a los jóvenes mediante el pésimo ejemplo que le dan sus “clases cultas” a toda la Nación, desertar de sus deberes patrióticos, renunciar a sus derechos polìticos y entregarse frívolamente a esta tiranía que se consolida a ojos vista. Especialmente doloroso es ver a los “buenos argentinos”, que todavía conservan algunas virtudes, carecer totalmente de inteligencia, de generosidad y de coraje en lo que respecta a la Patria. Parecen extranjeros que están de visita y que se irán cuando le vida aquí les resulte intolerable. Las injusticias cometidas contra otros, los dejan fríos y no se sienten obligados a repararlas en la medida de sus fuerzas. Y junto a todo esto, los “bienpensantes”, mal llamados “de derecha”, viven en sus pequeños círculos, con sus pequeñas teorías, esperando que un goilpe militar les saque las castañas del fuego. Como ese golpe no existe ni existirá, las falsas esperanzas que difunden esos “bienpensantes” actúan como una droga que entorpece la voluntad de los “buenos argentinos”.
Este es la forma de mi pesimismo, que no compremete en nada el optimismo metafisico. Y un cierto optimismo político también me queda porque como Ud. ve, sigo escribiendo para increpar a mis compatriotas en la esperanza de que no todas las palabras caerán en saco roto y que, algún día, esto servirá para despertar la voluntad de luchar. Ese es el optimismo, tal vez ingenuo, que está detrás y por encima de mi pesimismo aunque reconozco que este tiene muchos y sólidos argumentos, mientras que el optimismo me parece cada vez más una mera ilusión. Sólo la intercesión de la Virgen de Luján, Patrona de la Argentina podría obtenernos las inmerecidas gracias necesarias para cambiar las cosas.
Fuente: La botella al mar
Autor: Cosme Beccar Varela
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2 Comentarios en “De que pesimismo se trata”
Porfavor espere...


















20 siglos de cistianismo sólo han servido para enriquecer al clero cristícola y fomentar una pandilla de vagos. El dios de los cristícolas ni es todo poderoso ni es magnánimo. Si fuese todopoderoso y mangnánimo a la vea no nos haría pasar por este “valle de lágrimas” y estaríamos todos disfrutando de su contemplación. Magnánimo no lo ha sido nunca ya que ha asesinado a un sinfín de inocentes como cuenta la biblia. Es mucho mas asesino que el pobre Herodes, que por cierto le han asignado una matanza de recién nacidos sólo con el objetivo de aumentar lo que León X llamaba la FABULA de Cristo.
Mi estimada Gloria,
sus palabras llenas de odio me dan pena, sobre todo cuando argumenta sin SABER ni CONOCER (INTRUSISMO). El Padre Fortea y Monseñor Corrado Balducci (ambos demonólogos y exorcistas) dicen que hay personas que tienen la “virtud” y la capacidad de RECHAZAR LA GRACIA, al punto que es muy difícil que se salven ya que en el último momento cuando Dios se la otorgue para decidir si elegir la luz o las tinieblas, también la van a rechazar.
Querida Gloria, ud. me refleja exactamente ESE ODIO QUE TIENE EL DEMONIO CONTRA LA RAZA HUMANA Y SOBRE TODO CONTRA LA VIRGEN, CRISTO Y SU IGLESIA de la que orgullosamente formo parte.
Ud. no cree en Dios pero creame que Dios cree en ud.- Lo único que puedo hacer es rezar para que Dios, Cristo y La Virgen le toquen el corazón y como San Pablo que perseguía cristianos para encarcelarlos o matarlos, se caiga del caballo de su odio, su orgullo y su soberbia para ser una mas en el Santo Rebaño de la Iglesia Católica.
Si ese odio lo transformara en Amor, sería una excelente evangelizadora y ciudadana y un gran instrumento de construcción y no de destrucción.
Lo siento por ud., ya que no QUIERE SABER DE LO QUE SE PIERDE.
Que Dios la Bendiga. Ave Maria Purisima!!!!!