El Estado soy yo (y mis circunstancias)

Nestor KirchnerEs correcto y espe­ra­ble que un diri­gente polí­tico movi­lice gru­pos de per­so­nas para tareas liga­das a la acti­vi­dad de su orga­ni­za­ción polí­tica. Actos elec­cio­na­rios, con­ven­cer a otros diri­gen­tes, aglu­ti­nar gente en un acto público, entre otras. Nos guste más o menos, así fun­ciona la demo­cra­cia real, y es alta­mente pre­fe­ri­ble antes que otros sis­te­mas polí­ti­cos into­le­ran­tes y/o auto­ri­ta­rios. El pro­blema es cuando ese diri­gente polí­tico, una vez deve­nido gober­nante res­pon­sa­ble de la con­duc­ción del Estado (sí, se escribe con mayús­cula), sigue uti­li­zando a esos mis­mos gru­pos más o menos arma­dos para rea­li­zar tareas que le corres­pon­den al Estado del que dicho diri­gente es, insisto, el responsable.

Segui­do­res de Busti evi­ta­rían el corte de Concordia-Salto” leía per­plejo en uno de los titu­la­res perio­dís­ti­cos de este verano. Esa per­ple­ji­dad no es en reali­dad pro­ducto de la sor­presa por un hecho ais­lado en el deve­nir socio­po­lí­tico de la Argen­tina reciente, sino más bien de la sos­pe­cha con­fir­mada de que hay algo que en nues­tro país se ha vuelto una prác­tica habi­tual, a tal punto que apa­rece cro­ni­cada en los medios sin que nadie se sor­prenda por ello ni le parezca “anor­mal” que tal cosa ocu­rra. Me refiero a que las auto­ri­da­des polí­ti­cas de nues­tro país recu­rren de manera cada vez más fre­cuente a la uti­li­za­ción de fuer­zas de cho­que para resol­ver cier­tos conflictos.

Haga­mos enton­ces algu­nas dis­tin­cio­nes para “des­na­tu­ra­li­zar” la cosa. Es correcto y espe­ra­ble que un diri­gente polí­tico movi­lice gru­pos de per­so­nas para tareas liga­das a la acti­vi­dad de su orga­ni­za­ción polí­tica. Actos elec­cio­na­rios, con­ven­cer a otros diri­gen­tes, aglu­ti­nar gente en un acto público, entre otras. Nos guste más o menos, así fun­ciona la demo­cra­cia real, y es alta­mente pre­fe­ri­ble antes que otros sis­te­mas polí­ti­cos into­le­ran­tes y/o auto­ri­ta­rios. El pro­blema es cuando ese diri­gente polí­tico, una vez deve­nido gober­nante res­pon­sa­ble de la con­duc­ción del Estado (sí, se escribe con mayús­cula), sigue uti­li­zando a esos mis­mos gru­pos más o menos arma­dos para rea­li­zar tareas que le corres­pon­den al Estado del que dicho diri­gente es, insisto, el responsable.

En el caso del puente cor­tado por los ambien­ta­lis­tas, el Gobierno puede deci­dir si desa­loja el paso por la fuerza o no. Pero si lo hace, el Estado dis­pone de fuer­zas ins­ti­tu­cio­na­les para repri­mir a quie­nes obs­tru­yen la libre cir­cu­la­ción. Pero este no es un hecho ais­lado, sino que la lista es larga.

La Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires estuvo casi un año sin poder ele­gir rec­tor gra­cias al accio­nar de un grupo de reac­cio­na­rios que impe­dían por la fuerza que la asam­blea se reuniera. El Estado nacio­nal evitó inter­ve­nir con la fuerza pública sólo hasta que al can­di­dato ofi­cia­lista le “cerra­ron” los núme­ros, y ahí sí se dis­puso no sólo de la Poli­cía Fede­ral sino de los res­guar­da­dos apo­sen­tos del Con­greso Nacio­nal para sesionar.

La Uni­ver­si­dad de Cór­doba no llegó a una situa­ción simi­lar por­que los gru­pos de la mili­tan­cia uni­ver­si­ta­ria demo­crá­tica deci­die­ron poner el “cuerpo” para evi­tar que las fuer­zas de cho­que anti­de­mo­crá­ti­cas apa­ña­das por la “vista gorda” del Estado frus­tra­ran la asamblea.

El Gobierno nacio­nal man­tuvo hasta hace poco tiempo como fun­cio­na­rio a un diri­gente social que entre otros hechos nota­bles había “ocu­pado” una comi­sa­ría de la Boca. La perla del año fue la “bata­lla de San Vicente” que pre­paró el ambiente para el tras­lado de los res­tos del gene­ral Perón. Es intere­sante recor­dar que la “segu­ri­dad” de seme­jante acto había sido con­fiada a los diri­gen­tes sin­di­ca­les de la CGT.

El mono­po­lio de la vio­len­cia. Como sen­ten­ció magis­tral­mente Max Weber, el Estado es en última ins­tan­cia el mono­po­lio del ejer­ci­cio legí­timo de la vio­len­cia. Esto, que es la pie­dra angu­lar de la teo­ría del Estado, sig­ni­fica, dicho inver­sa­mente, que el Estado es el único que legí­ti­ma­mente puede ejer­cer la vio­len­cia. Legí­ti­ma­mente sig­ni­fica, en el moderno Estado de dere­cho, que dicho ejer­ci­cio se ajusta a la Cons­ti­tu­ción y a las ins­ti­tu­cio­nes que rigen la vida en socie­dad. Esto es lo que dife­ren­cia al civi­li­zado Estado moderno de la gue­rra del todos con­tra todos.

La fun­ción del Estado es jus­ta­mente la de colo­carse por encima de las fuer­zas en con­flicto y evi­tar el estado de natu­ra­leza. Si esto no ocu­rre corre­mos el riesgo de que­dar­nos sin Estado, y en con­se­cuen­cia con una con­vi­ven­cia social alta­mente más con­flic­tiva de la que tene­mos ahora.

El pro­blema es que los diri­gen­tes polí­ti­cos deven­gan efec­ti­va­mente en hom­bres res­pon­sa­bles de Estado y no sigan actuando como meros diri­gen­tes polí­ti­cos. ¿La pre­gunta es por qué no lo hacen?

Las secue­las del que se vayan todos. En polí­tica, el “vacío” prác­ti­ca­mente no existe. Y si en alguna coyun­tura his­tó­rica extra­or­di­na­ria se pro­duce demora segun­dos en lle­narse. El punto es que, como bien enseña la his­to­ria, estas efí­me­ras situa­cio­nes de “vacío polí­tico” sue­len desem­bo­car en situa­cio­nes tota­li­ta­rias, dema­gó­gi­cas, o de fuerte intolerancia.

Espero que los que fan­ta­sea­ban con una Argen­tina gober­nada por asam­bleas popu­la­res sepan dis­cul­par mi incre­du­li­dad rea­lista. Pero el resul­tado de un gobierno sin “polí­ti­cos” está a la vista. No sólo que no se fue­ron, sino que los que se que­da­ron apro­ve­cha­ron la con­fu­sión gene­ra­li­zada para des­ar­mar las incó­mo­das estruc­tu­ras par­ti­da­rias que no les per­mi­ten actuar, desde su visión, todo lo libre­mente que quisieran.

El “estilo K” es una rara con­jun­ción de pen­sa­miento mágico seten­tista, miedo a las cace­ro­las, y el recuerdo de los des­bor­des poli­cia­les ocu­rri­dos en diciem­bre de 2001 y durante el inte­ri­nato de Duhalde. Si a esto agre­ga­mos un con­di­mento de dema­go­gia, tene­mos un Gobierno que evita actuar y tomar deci­sio­nes de Estado si eso puede afec­tar su sin­to­nía con los capri­chos de la opi­nión pública.

No hubo fuerza pública en Gua­le­guay­chú por­que nadie en el Gobierno quiere pagar el pre­cio de la foto de la Gen­dar­me­ría desa­lo­jando un puente. Sí hubo fuerza pública en el puerto de Bue­nos Aires para que los vera­nean­tes pudie­ran ir a las playa uru­gua­yas. Es que nadie en el Gobierno se ani­ma­ría a desai­rar un elec­to­rado tan difí­cil y escu­rri­dizo como el por­teño frente a la com­pli­cada elec­ción que viene.

La esta­ta­li­dad en tera­pia inten­siva. La esta­ta­li­dad es, ade­más de su dimen­sión mate­rial con­creta, una rela­ción social, un orden que garan­tiza coac­ti­va­mente la con­vi­ven­cia social. Y la esta­ta­li­dad en nues­tro país se dete­riora a pasos agi­gan­ta­dos. La falta de un fun­cio­na­riado público pro­fe­sio­nal y efi­ciente, el uso de los recur­sos públi­cos para fines par­ti­cu­la­res, la falta de con­cien­cia cívica y fis­cal de la ciu­da­da­nía, el recurso a las fuer­zas de cho­que, los super­po­de­res del jefe de Gabi­nete para dis­tri­buir fon­dos pre­su­pues­ta­rios, hablan cla­ra­mente de la cri­sis de nues­tro orden estatal.

Cier­ta­mente, sería injusto atri­buir a un solo gobierno una situa­ción que conoce ya déca­das de dete­rioro sis­te­má­tico y estruc­tu­ral. Pero no es menos cierto que en estos últi­mos años, a la som­bra del “estilo K” se han mul­ti­pli­cado los hechos que trans­gre­den los lími­tes del Estado de dere­cho. Para­dó­ji­ca­mente, el pro­pio Pre­si­dente cerró el año 2006 con una sobre­ac­tuada defensa de dicho con­cepto frente a la desa­pa­ri­ción de Gerez. El des­a­pa­re­cido apa­re­ció al otro día, cerrando un hecho bas­tante con­fuso. Tan con­fuso como lo que este Gobierno entiende por Estado de derecho.

Fuente: La Voz del Interior

Autor: Martín Lardone

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2 Comentarios en “El Estado soy yo (y mis circunstancias)”  

  1. 1 Marta

    El pro­blema es sim­ple. Cuando ese diri­gente polí­tico, llá­mese en este caso K, res­pon­sa­ble de la con­duc­ción del Estado (con mayús­cu­las como Ud. bien lo indica) sigue uti­li­zando a esos gru­pos para sus pro­pios fines, en algún momento la cosa se le escapa de las manos. Como está suce­diendo actual­mente.
    En gobier­nos ante­rio­res pasó lo mismo, pero con el actual se han sobre­pa­sado todos los lími­tes.
    Los pique­te­ros que a dia­rio cor­tan las prin­ci­pa­les ave­ni­das de la Capi­tal para mar­char por cual­quier pro­testa, por más insig­ni­fi­cante que sea, hacia Plaza de Mayo, gene­ran un caos total y abso­luto para los que sí que­re­mos y nece­si­ta­mos tra­ba­jar en esta Bue­nos Aires.
    Cus­to­dia­dos por la Poli­cía, esa es la orden. Into­ca­bles, la otra orden.
    Mien­tras noso­tros, ciu­da­da­nos comu­nes, tra­ba­ja­do­res, cum­pli­do­res del orden y las bue­nas cos­tum­bres, si pone­mos un pie fuera del cor­dón para que­rer cru­zar la calle por­que el tiempo apre­mia, frente a las mis­mas nari­ces de la poli­cía, somos ame­na­za­dos por enca­pu­cha­dos arma­dos con palos y cade­nas. Y siem­pre es igual.
    El Estado uti­liza a los vio­len­tos… luego, cuando ya logró sus metas quiere des­ha­cerse de ellos, pero ya es tarde. Han cobrado vida pro­pia. Saben que es más fácil así. Y el faci­lismo ya está enrai­zado en sus poros por­que eso les ense­ña­ron para que pres­ten un fiel ser­vi­cio al gober­nante de turno.
    Quién es el cul­pa­ble? El mismo Estado sin lugar a dudas.
    Y noso­tros tam­bién, que lo segui­mos permitiendo.

    Salu­dos,
    Mp

  2. 2 juan diego

    quiero saber el autor de yo soy yo y mis circunstancias

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