México — Micromarcha: ganar la calle, perder seguidores y nulificar el Congreso

José Carreño CarlónAl grito ¡a ganar la calle! resonó heroico entre los pri­me­ros que se atre­vie­ron a mani­fes­tarse des­pués de la repre­sión de 1968 y del rema­che del Jue­ves de Cor­pus de 1971. La pro­testa polí­tica y social care­cía de cana­les de expre­sión. La calle había que­dado pros­crita, sitiada por gra­na­de­ros, sol­da­dos o para­mi­li­ta­res, según el epi­so­dio que se escoja. Y era impen­sa­ble enton­ces que lle­ga­ran los líde­res de aque­llas pro­tes­tas, con sus cau­sas, a for­mar parte de los gobier­nos, del fede­ral o de los esta­dos, del DF o de los muni­ci­pios impor­tan­tes. O que al menos tuvie­ran un peso remo­ta­mente sig­ni­fi­ca­tivo en la repre­sen­ta­ción polí­tica ins­ti­tu­cio­nal de las Cáma­ras del Con­greso fede­ral o de los esta­dos.

Casi cua­renta años des­pués, la ili­mi­tada dis­po­si­ción y la abu­siva toma de las calles ya no por líde­res polí­ti­cos o socia­les per­se­gui­dos por las fuer­zas públi­cas, sino por quie­nes ahora sue­len con­tro­lar­las, junto con otros recur­sos del Estado —a tra­vés de los gobier­nos que deten­tan— está lle­vando al extremo de des­per­tar el anhelo de los par­ti­cu­la­res de ganar o reco­brar las calles que sue­len estar bajo con­trol de polí­ti­cos con poder, recur­sos y repre­sen­ta­ción institucional.

Podría­mos estar ante un anhelo de los par­ti­cu­la­res de ganar las calles para lo que son. Vías de comu­ni­ca­ción física para des­pla­za­mien­tos de pro­pó­si­tos múl­ti­ples (labo­ra­les, esco­la­res, fami­lia­res, comer­cia­les). Y vías de comu­ni­ca­ción social y polí­tica para el inter­cam­bio, el debate, la expre­sión y la participación.

Calles, ban­que­tas y came­llo­nes unen a pla­zas, terra­zas, bares, cafés, escue­las, tien­das, ofi­ci­nas para inte­grar así los terri­to­rios físi­cos del espa­cio público: donde los par­ti­cu­la­res dis­cu­rren sobre los temas de inte­rés público. Y sí.

Entre estos temas están casi siem­pre en pri­mer tér­mino los de la sub­sis­ten­cia, la cares­tía, la esca­sez, la inse­gu­ri­dad, el trá­fico, el transporte.

La dife­ren­cia está en que los par­ti­cu­la­res dis­cu­ten, expre­san,
se mani­fies­tan, pro­tes­tan acerca de estos temas de inte­rés público en con­fron­ta­ción con los pode­res ins­ti­tu­cio­na­les que deben aten­der­los desde las sedes y con los recur­sos de los pode­res. No des­pla­zando a los par­ti­cu­la­res de las calles y las pla­zas que cons­ti­tu­yen las redes esen­cia­les del espa­cio público, o uti­li­zando a algu­nos de ellos como carne de mani­fes­ta­ción, o como pro­yec­ti­les en los cam­pos de bata­lla de la polí­tica del poder.

En estas con­tra­dic­cio­nes habría que encon­trar la expli­ca­ción de la deser­ción de segui­do­res a la con­cen­tra­ción con­vo­cada para ayer, y la súbita apa­ri­ción de una micro­mar­cha en el lugar de la supuesta mega­mar­cha de que habla­ban los polí­ti­cos y los gober­nan­tes que par­ti­ci­pa­ban de la con­vo­ca­to­ria y la orga­ni­za­ción de esta fallida movi­li­za­ción pre­vista para la tarde de ayer en el cora­zón del DF.

La incon­for­mi­dad popu­lar y sus destinatarios

Lejos de ser una mues­tra de desin­te­rés de los ver­da­de­ros afec­ta­dos en los pro­ble­mas de abasto y pre­cio de los pro­duc­tos de sub­sis­ten­cia, pare­ce­ría haber aquí una mues­tra de madu­rez en una pobla­ción esta vez no dis­puesta a acu­dir al lla­mado de líde­res clien­te­la­res y polí­ti­cos con­cen­tra­dos en capi­ta­li­zar furias popu­la­res en la empresa de agre­gar poder a los pro­yec­tos pro­pios. Una autén­tica incon­for­mi­dad popu­lar por el dete­rioro de las con­di­cio­nes de vida ten­dría que incluir entre sus des­ti­na­ta­rios a algu­nos de los con­vo­can­tes a la mar­cha de ayer, por no cum­plir sus res­pon­sa­bi­li­da­des como legis­la­do­res, gober­nan­tes e inter­me­dia­rios sin­di­ca­les enri­que­ci­dos en la ges­tión polí­tica y en el reparto de pri­vi­le­gios en los mono­po­lios pri­va­dos y estatales.

Otra incon­se­cuen­cia de carác­ter sim­bó­lico podría esta­ble­cerse en la con­vo­ca­to­ria a una mar­cha con­tra la cares­tía en vís­pera del inicio del nuevo periodo de sesio­nes del Con­greso fede­ral, el espa­cio cons­ti­tu­cio­nal para reivin­di­car, deba­tir, nego­ciar y acor­dar solu­cio­nes a favor de la población.

Se trata de una suerte de nuli­fi­ca­ción del espa­cio parlamentario.

Y de una vio­la­ción de las expec­ta­ti­vas gene­ra­das por la lle­gada al Con­greso de un con­tin­gente de legis­la­do­res
supues­ta­mente com­pro­me­ti­dos con polí­ti­cas socia­les de mayor cali­bre. A cam­bio de ello, la pro­testa extra­par­la­men­ta­ria rea­li­zada ayer por legis­la­do­res de la segunda fuerza par­la­men­ta­ria, mues­tra que éstos no han encon­trado en la vida par­la­men­ta­ria más sen­tido que el del espec­táculo sobre­ac­tuado o una fuente de esta­tus e ingre­sos, ya sean éstos para el finan­cia­miento de aven­tu­ras polí­ti­cas —tam­bién extra­par­la­men­ta­rias— o para su pro­pio bene­fi­cio. Acuerdo en Santa Fe para el periodo de sesiones

En medio de las notas sobre la con­ver­sión de la mega­mar­cha en mini­mar­cha, llamó la aten­ción una cabeza apa­re­cida al filo de las cinco de la tarde en El Uni­ver­sal online, bajo el título: “Fir­man legis­la­do­res y aca­dé­mi­cos ‘Decla­ra­to­ria de Santa Fe’” a favor de trans­pa­ren­cia”, que da cuenta del resul­tado del foro La Trans­pa­ren­cia a la Cons­ti­tu­ción orga­ni­zado por el IFAI, la Uni­ver­si­dad Ibe­roa­me­ri­cana y la Cámara de Dipu­tados, con un saldo que per­mi­tió regis­trar que se está a un paso de con­so­li­dar este dere­cho en el texto de la Cons­ti­tu­ción, a par­tir de este periodo del Congreso.

Autor: José Carreño Carlón

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