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México — Micromarcha: ganar la calle, perder seguidores y nulificar el Congreso
Al grito ¡a ganar la calle! resonó heroico entre los primeros que se atrevieron a manifestarse después de la represión de 1968 y del remache del Jueves de Corpus de 1971. La protesta política y social carecía de canales de expresión. La calle había quedado proscrita, sitiada por granaderos, soldados o paramilitares, según el episodio que se escoja. Y era impensable entonces que llegaran los líderes de aquellas protestas, con sus causas, a formar parte de los gobiernos, del federal o de los estados, del DF o de los municipios importantes. O que al menos tuvieran un peso remotamente significativo en la representación política institucional de las Cámaras del Congreso federal o de los estados.
Casi cuarenta años después, la ilimitada disposición y la abusiva toma de las calles ya no por líderes políticos o sociales perseguidos por las fuerzas públicas, sino por quienes ahora suelen controlarlas, junto con otros recursos del Estado —a través de los gobiernos que detentan— está llevando al extremo de despertar el anhelo de los particulares de ganar o recobrar las calles que suelen estar bajo control de políticos con poder, recursos y representación institucional.
Podríamos estar ante un anhelo de los particulares de ganar las calles para lo que son. Vías de comunicación física para desplazamientos de propósitos múltiples (laborales, escolares, familiares, comerciales). Y vías de comunicación social y política para el intercambio, el debate, la expresión y la participación.
Calles, banquetas y camellones unen a plazas, terrazas, bares, cafés, escuelas, tiendas, oficinas para integrar así los territorios físicos del espacio público: donde los particulares discurren sobre los temas de interés público. Y sí.
Entre estos temas están casi siempre en primer término los de la subsistencia, la carestía, la escasez, la inseguridad, el tráfico, el transporte.
La diferencia está en que los particulares discuten, expresan,
se manifiestan, protestan acerca de estos temas de interés público en confrontación con los poderes institucionales que deben atenderlos desde las sedes y con los recursos de los poderes. No desplazando a los particulares de las calles y las plazas que constituyen las redes esenciales del espacio público, o utilizando a algunos de ellos como carne de manifestación, o como proyectiles en los campos de batalla de la política del poder.
En estas contradicciones habría que encontrar la explicación de la deserción de seguidores a la concentración convocada para ayer, y la súbita aparición de una micromarcha en el lugar de la supuesta megamarcha de que hablaban los políticos y los gobernantes que participaban de la convocatoria y la organización de esta fallida movilización prevista para la tarde de ayer en el corazón del DF.
La inconformidad popular y sus destinatarios
Lejos de ser una muestra de desinterés de los verdaderos afectados en los problemas de abasto y precio de los productos de subsistencia, parecería haber aquí una muestra de madurez en una población esta vez no dispuesta a acudir al llamado de líderes clientelares y políticos concentrados en capitalizar furias populares en la empresa de agregar poder a los proyectos propios. Una auténtica inconformidad popular por el deterioro de las condiciones de vida tendría que incluir entre sus destinatarios a algunos de los convocantes a la marcha de ayer, por no cumplir sus responsabilidades como legisladores, gobernantes e intermediarios sindicales enriquecidos en la gestión política y en el reparto de privilegios en los monopolios privados y estatales.
Otra inconsecuencia de carácter simbólico podría establecerse en la convocatoria a una marcha contra la carestía en víspera del inicio del nuevo periodo de sesiones del Congreso federal, el espacio constitucional para reivindicar, debatir, negociar y acordar soluciones a favor de la población.
Se trata de una suerte de nulificación del espacio parlamentario.
Y de una violación de las expectativas generadas por la llegada al Congreso de un contingente de legisladores
supuestamente comprometidos con políticas sociales de mayor calibre. A cambio de ello, la protesta extraparlamentaria realizada ayer por legisladores de la segunda fuerza parlamentaria, muestra que éstos no han encontrado en la vida parlamentaria más sentido que el del espectáculo sobreactuado o una fuente de estatus e ingresos, ya sean éstos para el financiamiento de aventuras políticas —también extraparlamentarias— o para su propio beneficio. Acuerdo en Santa Fe para el periodo de sesiones
En medio de las notas sobre la conversión de la megamarcha en minimarcha, llamó la atención una cabeza aparecida al filo de las cinco de la tarde en El Universal online, bajo el título: “Firman legisladores y académicos ‘Declaratoria de Santa Fe’” a favor de transparencia”, que da cuenta del resultado del foro La Transparencia a la Constitución organizado por el IFAI, la Universidad Iberoamericana y la Cámara de Diputados, con un saldo que permitió registrar que se está a un paso de consolidar este derecho en el texto de la Constitución, a partir de este periodo del Congreso.
Autor: José Carreño Carlón
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