El fingimiento de la virtud”

Lic. Gustavo Adolfo BunseYa importa poco que Scioli se arras­tre acep­tando cual­quier cosa y demos­trando que su pro­mis­cui­dad polí­tica increí­ble busca hoy el Gui­ness de la sumi­sión. Callando frente al viaje de su nuevo ladero Luis D´Elía a ren­dir home­naje al peor enemigo de Israel e insul­tando así a toda colec­ti­vi­dad judía del país y a su gente masa­crada
Un tra­vesti de la moral que, ante este hecho inad­mi­si­ble, hasta debe haber cam­biado su reli­gión, siendo nieto (como es) del falle­cido Gran Rabino de Roma e hijo del difunto pero cono­cido miem­bro de la colec­ti­vi­dad, José Scioli.
Nos con­firma el moto­nauta que aquí sigue reinando la peor por­no­gra­fía necro­fí­lica ins­ti­tu­cio­nal, vio­la­dora de los tres cadá­ve­res de la cer­teza pública :
Los pla­nes , la hones­ti­dad y los obje­ti­vos.

Ambos están con­ven­ci­dos sobre que no pue­den perder.

Al dere­cho o al revés, jun­tos o sepa­ra­dos, el matri­mo­nio siente que tiene el campo des­pe­jado para seguir en el poder.

Más que eso :

Supo­nen ahora mismo, que cual­quier vian­dante que decida salir a pos­tu­larse, ha de pen­sarlo dos veces cuando barrunte la enorme chance de ser humi­llado hasta el piso­teo en las urnas.

Acaso Elisa Carrió y Jorge Sobisch ya lo estén pensando.

Lavagna no ha ter­mi­nado de armar ni el 15% de su base terri­to­rial mínima para enfren­tar el compromiso.

Le dicen cada mañana que, mano a mano, va a perder.

Y tal vez sea por unas dife­ren­cias tan abis­ma­les que pue­dan ter­mi­nar ful­mi­nando su carrera política.

El matri­mo­nio lo espera… con la “caja” a su disposición.

Jamás se ima­gi­na­ron “tenerla” tan ser­vida en bandeja.

Ella, últi­ma­mente callada, se retuerce sin embargo en envi­dias por Bache­let, por Angela Mer­kel, por Sego­lene Royal y hasta por el che­que al por­ta­dor de Hillary Clinton.

Ambos saben bien que la for­mi­da­ble apla­na­dora de “la caja” ya fun­ciona sola.

Pero ade­más per­ci­ben, como las bes­tias, el olor de las víc­ti­mas tran­si­das de miedo.

Un miedo que se vin­cula a la esen­cia del peli­gro inminente.

Un opo­si­tor que conozca de ante­mano su pro­pia derrota por gua­ris­mos de des­honra o de catás­trofe, ha de pre­fe­rir la pru­den­cia de con­ser­var su pequeña cuota de pre­di­ca­mento vir­tual, bien lejos del exa­men del voto popu­lar, espe­rando que algún día pue­dan “ali­nearse los pla­ne­tas” a su favor, de una forma más decorosa.

Desde el último conato de ballo­tage, que acaso no sea el mejor ejem­plo, quedó flo­tando el estigma de las derro­tas por aban­dono y la rara mez­cla de pru­den­cia y cobar­día que suele ocu­rrir frente a una aven­tura electoral.

El popu­lismo ideo­ló­gico les ha inva­dido la psi­quis y casi han con­ven­cido a media socie­dad que lo mejor es esta­ti­zar todo. Ener­gía, comu­ni­ca­cio­nes y flui­dos, acaso mucho más por la opor­tu­ni­dad que tie­nen de enros­carse gra­tis el pabe­llón nacio­nal, que por su oculta pasión con­tro­la­dora de las cloacas.

El páramo opo­si­tor, jamás visto en la his­to­ria del país, puede ya mismo estar avi­sán­do­nos de un largo tiempo de deser­ti­fi­ca­ción polí­tica, sufi­ciente tal vez para abrirle paso a un triunfo que, sin exa­ge­ra­cio­nes, supere lar­ga­mente el 60 %.

Así están las cosas.

Per­vi­ven hoy, estos enfer­mos de la inquina, afe­rra­dos a una caja, con el único terror ciego a las 3 epi­de­mias que ya cir­cu­lan por las venas de la Nación pero que pue­den toda­vía ser enmas­ca­ra­das por un tiempo razonable :

* La orfan­dad de inver­sio­nes.
* La pre­sión de la recla­ma­ción social.
* La infla­ción rampante.

Una terna de virus que siem­pre se retro­ali­men­tan mutua­mente y cre­cen sin apa­rente dolor.

Su costo de enmas­ca­ra­miento sólo puede pagarse con el supe­rá­vit arti­fi­cial de las leyes de emer­gen­cia, con los decre­tos DNU y con la trans­fe­ren­cia dis­cre­cio­nal del sec­tor pri­vado hacia el sec­tor público en una san­gría que parece inde­te­ni­ble.
Ten­drán tiempo para sacar a relu­cir las excu­sas cuando esos tres virus empie­cen a con­ver­tir­les todo en un esce­na­rio trágico.

Pero todas las excu­sas deben pre­pa­rarse con deta­lle qui­rúr­gico, haciendo una siem­bra pro­gra­mada y muy selec­tiva de la culpa :

1) Hay que seguir sem­brando de cho­ques y de agre­si­vi­dad todo el frente externo con el diseño popu­lista de una sobe­ra­nía eco­nó­mica de fantasía.

Enton­ces pues, de ese modo, la falta de inver­sio­nes apa­re­cerá como la mal­vada res­puesta extor­siva de un mundo exte­rior que no pudo sojuz­gar­nos. Y por eso deci­dió aislarnos.

2) Hay que sem­brar de mil pro­me­sas y con­ce­sio­nes a todo el arco sin­di­cal corrupto, haciendo fuerte coop­ta­ción de diri­gen­tes y forrán­do­los pro­li­ja­mente con la che­quera de la “caja” negra.
Enton­ces allí, las pre­sio­nes de la recla­ma­ción social han de pare­cer sólo como un fenó­meno de bases, cuya anar­qui­za­ción y cuya des­co­ne­xión diri­gen­cial los con­vierta a todos en mino­rías irrepresentativas.

3) Hay que estig­ma­ti­zar un poco más a todo el sec­tor empre­sa­rio, sem­brando sobre ellos un manto de cul­pa­bi­li­za­ción por goteo con­tra las cor­po­ra­cio­nes y esta­ble­ciendo allí el nuevo ori­gen uni­ver­sal y único del lucro, tan injusto como especulativo.

Enton­ces pues, la infla­ción podrá endil­garse a la per­ver­si­dad y no reco­no­cer nin­gún otro foco identificable.

La selec­ti­vi­dad moral, así esta­ble­cida e ins­ta­lada per­mi­tirá incluso apro­ve­char la divi­sión social para orien­tar aque­lla pro­testa (incen­ti­vando incluso su vio­len­cia) con­tra aquel enemigo ya estigmatizado.

Cada virus engorda con el otro, pero tam­bién inver­sa­mente cada uno es excusa per­fecta para usar el apriete de los descontentos.

En el trán­sito hacia la sin­ra­zón, vale sólo enton­ces la litur­gia del trí­pode tác­tico más sen­ci­llo de la artificialidad :

1) Pos­ter­gar. 2) Impro­vi­sar. 3) Simular.

La man­se­dum­bre insó­lita de una diri­gen­cia empre­sa­ria ras­trera y obse­cuente, la abso­luta falta de arrojo cívico del arco opo­si­tor que opera como una vul­gar estafa polí­tica a la repre­sen­ta­ti­vi­dad social y el gran terror a la defe­nes­tra­ción de los cir­cui­tos de super­vi­ven­cia del pala­cio, son los fac­to­res que sir­ven de pla­ta­forma sólida a ese trípode.

Para que todo el mundo quiera seguir subido arriba del snow­board, des­li­zán­dose sua­ve­mente hacia un des­tino que ha sido borrado lite­ral­mente de la visual del pueblo.

Ya importa poco que Scioli se arras­tre acep­tando cual­quier cosa y demos­trando que su pro­mis­cui­dad polí­tica increí­ble busca hoy el Gui­ness de la sumi­sión. Callando frente al viaje de su nuevo ladero Luis D´Elía a ren­dir home­naje al peor enemigo de Israel e insul­tando así a toda colec­ti­vi­dad judía del país y a su gente masacrada .

Un tra­vesti de la moral que, ante este hecho inad­mi­si­ble, hasta debe haber cam­biado su reli­gión, siendo nieto (como es) del falle­cido Gran Rabino de Roma e hijo del difunto pero cono­cido miem­bro de la colec­ti­vi­dad, José Scioli.

Nos con­firma el moto­nauta que aquí sigue reinando la peor por­no­gra­fía necro­fí­lica ins­ti­tu­cio­nal, vio­la­dora de los tres cadá­ve­res de la cer­teza pública :

Los pla­nes , la hones­ti­dad y los objetivos.

Todos ellos yacen muer­tos en una sala vela­to­ria cui­da­dos celo­sa­mente por un ejér­cito de mer­ce­na­rios que vigi­lan la inmo­vi­li­dad de esos cuer­pos col­ga­dos por la mediocracia.

El matri­mo­nio, más al garete que rum­beado, sigue nave­gando en el éxta­sis de un popu­lismo fin­gido que ya quiere expor­tar como “receta” al mundo entero.

Todo lo que hicie­ron ambos en su vida, ha sido sólo por el pue­blo y para el pue­blo, pri­ván­dose de cual­quier gra­ti­fi­ca­ción per­so­nal en un derrame con­mo­ve­dor de con­ti­nua entrega per­so­nal abne­gada y munificente.

Envuel­tos en la ban­dera azul y blanca, se dis­po­nen a ingre­sar a la his­to­ria uni­ver­sal de los dere­chos huma­nos en el carro triun­fal de la hipo­cre­sía polí­tica más repug­nante que se haya conocido.

Los escol­tan la impa­vi­dez de los idio­tas, el ser­vi­lismo de los inmo­ra­les y la dis­trac­ción de los conformistas.

Un coro de cie­gos aplaude sus cabrio­las de amor irre­fre­na­ble por el pue­blo y sólo oye en leta­nía, sus valien­tes esto­ca­das hacia el atro­pe­llo nor­te­ame­ri­cano, y hacia la polu­ción uruguaya.

Su popu­lismo ideo­ló­gico es mucho más una atro­fia de la esen­cia dativa del género humano que un atisbo de cul­tura exqui­sita con­te­nido en algún rapto de con­vic­ción sensible.

Es impo­si­ble para ellos, disi­mu­lar su pro­pia impo­ten­cia psí­quica por la intriga de vivir o no vivir, más allá del ren­cor que arras­tran ambos, ocul­ta­mente, en sus intestinos.

Su odio, allí nacido, los ha con­ver­tido en un par de inadap­ta­dos que se pri­van de lo que igno­ran y que decli­nan, sin vir­tud, lo que no valoran.

Y ese popu­lismo ideo­ló­gico tea­tra­li­zado hasta el deli­rio, es el que los inhibe del gozo pro­pio, sen­ci­lla­mente por­que se les nota dema­siado que actúan siem­pre como vul­ga­res tráns­fu­gas del auto­sa­cri­fi­cio y de la generosidad.

Como mer­ca­de­res del renun­cia­miento ajeno.

…Y como fin­gi­do­res del propio.

Autor: Lic. Gustavo Adolfo Bunse

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