El Columnista Invitado de Hoy: Oscar Eduardo Lazcano Henry

Oscar Eduardo Lazcano Henry

LA ROSA Y LAS ESPINAS

Un joven amigo vene­zo­lano Luís Manuel Mar­cano, autor de varios libros serios sobre la mate­ria, escri­bía que la polí­tica exte­rior de los Esta­dos, muy bien puede com­pa­rarse a tan bella expre­sión de la natu­ra­leza.
El caso de Boli­via, es ese, el de una rosa brin­dada al exte­rior, por que tiene –por pri­mera vez– un pre­si­dente indí­gena (y creo que en toda Amé­rica con­ti­nen­tal no lo hubo antes); que llamó y llama la aten­ción por ser tal y por que tiene una suerte envi­dia­ble de éxitos eco­nó­mi­cos y hasta de des­pil­fa­rros inter­nos y los paí­ses del norte de Europa lo miman, tanto que res­pecto a la eco­no­mía nacio­nal, gra­cias a las accio­nes de la capi­ta­li­za­ción, para­dó­ji­ca­mente sata­ni­zada por el gobierno Evo Mora­les que vive de estos exce­den­tes; ha empe­zado a reci­bir más ingre­sos en donde jue­gan los pre­cios de los hidro­car­bu­ros y de los mine­ra­les y meta­les que han aumen­tado en el mer­cado mun­dial; deter­mi­nando un cre­ci­miento nomi­nal del pre­su­puesto gene­ral de la nación, del 27% apre­ciado con refe­ren­cia a la ges­tión 2006.

De igual manera, dado el modelo esta­tista del gobierno, la inter­ven­ción en la eco­no­mía alcanza al 67% entre el gasto corriente y el gasto de capi­tal, cuyo total para cerca de 9 millo­nes de habi­tan­tes, es de 7.364.716.716, 50 de la divisa nor­te­ame­ri­cana, el dólar.

Con Bra­sil se ha com­pro­me­tido ven­derle gas hasta 30 millo­nes de metros cúbi­cos por día y con Argen­tina, hasta 27 en los pró­xi­mos años. Y es aquí donde empie­zan a apa­re­cer, hirien­tes, las espi­nas de la rosa, por la sen­ci­lla razón que no des­peja el mal sabor mun­dial de las malas com­pa­ñías de Hugo Chá­vez Frías, y del mori­bundo Fidel Cas­tro Ruiz

Aque­lla “apa­rien­cia” de la rosa boli­viana con gobierno indí­gena, tiene un inmenso tallo espi­noso, donde están asen­ta­dos los humo­res y los temo­res evi­den­tes, de las nacio­na­li­za­cio­nes fuera de época, de una empresa esta­tal del petró­leo (YPFB) que no tiene un peso y que requiere desa­rro­llar cien­tos de nue­vos pozos para cum­plir sus com­pro­mi­sos inter­na­cio­na­les; y eso se llama “inver­sión” millo­na­ria; a lo que se suma un auto­ri­ta­rismo que no cede, una Asam­blea Cons­ti­tu­yente que puede parir un mons­truo o un nuevo Estado de ata­vis­mos cul­tu­ra­les y peor que todo, con­cul­cando los valo­res de la demo­cra­cia y de los dere­chos huma­nos, indi­vi­dua­les y colec­ti­vos, gra­cias al entorno pre­si­den­cial, en donde se halla desde el rosa pálido polí­tico de aque­lla rosa, hasta el rojo punzó del par­tido comu­nista y del tros­kismo infan­ti­les, con apres­tos de arma­mento que llega desde Vene­zuela, que nos han hecho escu­char men­sa­jes de gue­rra interna, con bata­llo­nes que están orga­ni­za­dos, para liqui­dar cual­quier opo­si­ción ante la insa­nía por donde camina Boli­via, sino cam­bia de rumbo.

En “La His­to­ria Para­lela”, no sola­mente yo escribo la denun­cia. Son varios ya, los per­so­na­jes y las muje­res de bien que lo hacen.

Y no lo hace­mos por tener un pre­si­dente indí­gena que solo y con sen­sa­tez de un mejor gobierno, val­dría un Potosí, ade­más que res­cata una injus­ti­cia his­tó­rica de segre­ga­ción, humi­lla­ción y dolor de ayma­ras y que­chuas sobre todo, por que hay 36 etnias dis­tin­tas; cuya hora de reden­ción ha lle­gado y esto –en Boli­via– no tiene vuelta, es irre­ver­si­ble; pero la solu­ción y el equi­li­brio, no pasa por el racismo de la revan­cha, por aplas­tar la mino­ría que hace un 49% nacio­nal entre cho­los y mes­ti­zos, y por liqui­dar los valo­res occi­den­ta­les del idioma espa­ñol, la reli­gión y otros, que empe­za­ron –por lo menos– 4000 años a.C. y 2007 des­pués de Él; y nunca pasará la solu­ción deseada, por la entro­ni­za­ción de un modo de Estado socia­lista de corte comu­nista; que (esto) es lo que ha empe­zado a irri­tar al mundo entero, y sobre todo a los paí­ses de la Unión Euro­pea, que empie­zan a ver la rosa boli­viana, con ese hiriente tallo de espinas.

Autor: Oscar Eduardo Lazcano Henry

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