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“Kirchnerazo”
Perdón, ¿alguien más se acuerda de cuando nos horrorizábamos de los avances de Menem sobre los otros poderes? ¿Se acuerdan de lo que se decía, de los calificativos de autoritario, dictatorial, hegemónico?
Resulta que apenas asumido Kirchner se cargó a la Suprema Corte de Justicia por cadena nacional y todos aplaudimos a rabiar. Después la cosa fue con el Congreso de la Nación, convertido en una versión extendida de la CAL, la comisión de asesoramiento legislativo del último gobierno militar, a tal punto que no asume nadie como diputado o senador sin la aprobación explicita de Kirchner y sus muchachos.
Ahora el Caudillo de la Argentina, por la Gracia de Dios, otra vez embiste contra el máximo tribunal de la nación, a pesar de haber cambiado varios de sus miembros para que resulte más servil a su proyecto personalista.
Creo que es lícito preguntarse si falta mucho para que directamente hablemos del “kirchnerazo”.
Y nadie dice nada, a nadie se le mueve un pelo. Los Fundamentals son muy sólidos. Pareciera que nuestra vocación democrática y republicana sólo asoma cuando se trata de gobiernos que no nos son afines ideológicamente.
Fuente: El opinador compulsivo
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Ya hemos recibido suficientes “kirchnerazos” como para darnos cuenta que se ha instalado nomás el “kirchnerato” en nuestro desdichado país. Una variante más de la incorregible evolución del peronismo que parece no tener fin, pero cuyas transformaciones, si se las analiza adecuadamente, resultan a la postre ser “fregolismos” que ocultan bajo distintos disfraces un cocktail de los mismos ingredientes: personalismo, totalitarismo ideológico, identificación exclusiva con la nación y el pueblo, tendencia al partido único, intolerancia absoluta a toda oposición, descalificación aviesa del adversario, monopolio de los resortes del gobierno, aversión a la libertad de prensa, manipulación del aparato electoral, clientelismo, exaltación del cónyuge, agitación permanente, desprecio por el derecho, apropiación de los bienes públicos como propiedad del movimiento, etc., etc. El estilo de comunicación ha variado en función de la personalidad de cada circunstancial ocupante del trono peronista. El fundador, dominante y autoritario, se permitía burlas desdeñosas, seguidas de amedrentadoras amenazas; el “menemato” reflejó, en cambio, una demagogia cínica y humorística, matizada con una imagen transgresora supuestamente simpática para el sonsaje mayoritario; la metamorfosis actual es más bien histérica, simuladamente espontánea o quizás compulsiva, teñida de poco convincente indignación y fuerza de carácter, en todo caso desmesurada y epiléptica. Por debajo de las disímiles apariencias, sin embargo, idéntica sustancia: tan sólo tácticas para ganar la primera plana y encubrir un vuelo de rapiña sobre el objetivo único de hegemonía y perpetuación que dominan como una pasión irresistible a los protagonistas del fenómeno.
Ante un portento político tan quimérico, tan dado a la explotación del mito y lo irracional, tan dispuesto a tratar al pueblo soberano como la masa informe descerebrada, la oposición debe constituirse como lo específicamente “distinto”, el producto de la serena reflexión, enérgica por su lealtad a los valores permanentes, lejana de la diatriba y al cuestionamiento meramente verboso, como lo que se funda en la razón y el análisis objetivo, desapasionado y equitativo, respetuoso de todas las opiniones. Sobre todo, nunca discutir sobre el mismo plano, ya que en su propio “ring”, el peronismo es quizás invencible.
Pido perdón al “opinador compulsivo” –cuyas motivaciones comparto– por esta larga introducción que tiene por finalidad explicar el porqué de las observaciones que a continuación le formulo.
También me congratulé, como tantos, con el desplome de la impresentable Corte menemista, que el país necesitaba sacarse de encima. Cierto es que el procedimiento podía haber sido diverso a las manipulaciones de la interna peronista, pero teniendo ésta la “manija”, no se advierte cómo podría haber sido de otra manera. Si el ex presidente quería tener una Corte adicta, la lógica peronista demandaba que el actual también tuviese la propia. En el camino cayeron el comisario de La Rioja, el tenista y otros personajes ridículos engendrados en la matriz de la proverbial “servilleta de Corach”. En buena hora se fueron y ahora no nos queda más remedio que aguantarnos a los epígonos del caso y criticarlos cada vez que se requiera.
Gracias a Dios, no es correcto decir que “no asume nadie como diputado o senador sin la aprobación explicita de Kirchner y sus muchachos”. Los integrantes de la oposición el Congreso no son perfectos, pero no merecen ser comprendidos en un juicio tan amplio.
Tampoco es apropiado afirmar que “nadie dice nada, a nadie se le mueve un pelo”. Los partidos de la oposición no serán una maravilla, pero no puede negarse que están movilizados; gran parte de la prensa escrita, radial y televisiva es fuertemente crítica y hasta ahora la opinión tiene medios para expresarse libremente, no obstante la presión en contra del aparato gubernamental. La denuncia está en todos lados, para quien quiera oírla. Incluso en este novedoso medio que estamos utilizando. Hay que enfatizar esta realidad, justamente para defenderla y evitar una recaída a los años de plomo anteriores a 1955, en que reinaba un silencio de muerte.
En cuanto a la “vocación democrática y republicana”, lamento considerar que no es por todos compartida, como sería deseable, ya que la “educación del soberano” que anhelaban nuestros próceres fundadores, está lejos aún de haberse conseguido en la medida propia de una república madura, más que por nuestra idiosincrasia nacional, por la deliberada y perversa acción de la demagogia peronista, deseducadora y retrógrada.
¡Bravo Opinador Compulsivo! Espero seguir recibiendo sus notas en La Historia Paralela”. Créame que valoro la dedicación y el tiempo que nos está prodigando generosamente.
Juan
Al opinador compulsivo: Salimos a la calle, con banderitas cuando, la Revolución Libertadora, cumplimos con el deber de Argentinos para recuperar Malvinas y todos a la plaza, concurrimos a la misma cuando Raúl Alfonsín toma el poder, el CACEROLASO expontaneo del ciudadano común. No somos ni chicha ni limonada, nos definimos como Argentinos o todo nos viene bien. Los tantos nos juegan en contra, nos decidimos por la patría o por lo que mas nos conviene. Esperamos la próxima OPINADOR.
Con semejante bostezo como no va ha estar dormido, para lo que le conviene. Creo que no descansa bien últimamente lo estamos enloqueciendo, que la justicia, la inseguridad, los cargos electivos, mover las piezas de ajedrez, no le dan los numeros, las madres lo apuran, las abuelas lo saturan, los gobernadores estan nadando, los intendentes comprando ideas. ¡ BASTA PORFI!