El surrealismo al poder

Dali - Gala Carezco de muchos datos que podrían con­tri­buir a la ela­bo­ra­ción de una bio­gra­fía del pre­si­dente: ape­nas refe­ren­cias a su mili­tan­cia en la “juven­tud mara­vi­llosa”, aque­lla que Perón echó de la Plaza de Mayo como se tira cual­quier cosa usada; que obtuvo un título de abo­gado en la Uni­ver­si­dad de La Plata; que regresó a Santa Cruz para diri­gir los afor­tu­na­dos nego­cios inmo­bi­lia­rios de su fami­lia; que ejer­ció el patro­nazgo del extenso terri­to­rio pata­gó­nico y que llegó a la Pre­si­den­cia con el 22 por ciento de los votos, una cifra incon­sis­tente y lejana de la impuesta por la Cons­ti­tu­ción de 1994, gra­cias a la deser­ción en la segunda vuelta de quien fuera autor, junto a Raúl Alfon­sín, de la cláu­sula que exi­gía una pro­por­ción de sufra­gios favo­ra­bles mucho mayor.

Lo que pude ente­rarme, a poco de la entro­ni­za­ción del pre­si­dente, fue que, demos­trando su escasa afi­ción por las inno­va­cio­nes, había tras­la­dado su cul­tivo del patro­nazgo pro­vin­ciano a escala nacio­nal, mien­tras que des­pués des­cu­brí que el surrea­lismo era una de sus devo­cio­nes ocul­tas. Es que su com­por­ta­miento mani­fiesta no sólo su atrac­ción por las encues­tas y los índi­ces frau­du­len­tos, dibu­ja­dos a su pedido. Tam­bién en el tiempo que no le insume la pre­pa­ra­ción de aren­gas que pro­me­ten, por lo menos, la eter­ni­dad del fuego a quie­nes lo con­tra­di­cen, es lec­tor apa­sio­nado de André Bre­tón y de su Mani­fiesto del surrea­lismo y, en con­se­cuen­cia, cre­yente “en el mero auto­ma­tismo psí­quico, con el cual se tiende a expre­sar lo que el pen­sa­miento dicta, con inde­pen­den­cia de todo con­trol ejer­cido por la razón”.

En las ideas de Bre­tón, dedi­ca­das a las rea­li­za­cio­nes poé­ti­cas y pic­tó­ri­cas, es nece­sa­rio desechar todas las cons­truc­cio­nes lógi­cas e intere­sarse por lo incons­ciente, el sueño y los fenó­me­nos del auto­ma­tismo. El meji­cano Octa­vio Paz, a quien el pre­si­dente debe tam­bién fre­cuen­tar en sus lec­tu­ras, sos­tiene en la colec­ción de repor­ta­jes reuni­dos en el libro Pasión crí­tica que “el surrea­lismo no fue una polí­tica, sino una nega­ción, una ten­ta­tiva por sus­ti­tuir los valo­res de la socie­dad demo­crá­tica por otros valo­res, como la imaginación”.

Pues­tas las cosas en estos pun­tos, nada ni nadie más recu­pe­ra­dor del surrea­lismo que el pre­si­dente, que actúa con inde­pen­den­cia de todo con­trol ejer­cido por la razón, desecha las cons­truc­cio­nes lógi­cas, se interesa por lo incons­ciente y el sueño y se empeña en sus­ti­tuir por la ima­gi­na­ción los valo­res de la socie­dad democrática.

El pre­si­dente es un artista “ver­bal”, no pre­visto siquiera por Bre­tón, que se expresa sin el con­trol que ejerce la razón, apri­sio­nado por aquel “auto­ma­tismo psí­quico” que lo lleva a expre­sar con toda con­tun­den­cia lo que ima­gina o lo que sueña y, por lo que se nota, con las pro­vi­sio­nes inago­ta­bles de una vida oní­rica abundante.

Así las cosas, en sus aren­gas sos­tiene con vigor agre­sivo que, bajo su patro­nazgo, los argen­ti­nos han cono­cido un sis­tema ins­ti­tu­cio­nal donde el res­peto por la divi­sión de pode­res jamás ha sido ofen­dido; que el perio­dismo puede expre­sar todo lo que piensa y que para eso están las rue­das de prensa que con­cede cada semana; que la socie­dad bra­cea en un soleado mar de pros­pe­ri­dad; que el bie­nes­tar es patri­mo­nio común; que la segu­ri­dad de per­so­nas y bie­nes está ase­gu­rada por poli­cías efi­ca­ces des­bor­dan­tes de hones­ti­dad; que todos dis­fru­tan de sala­rios jus­tos y que los recla­mos son aco­gi­dos con tanta com­pren­sión que, en Santa Cruz, los vigi­lan­tes entre­gan a los docen­tes en paro cla­ve­les blan­cos implan­ta­dos en la boca de sus escopetas.

La abun­dan­cia ima­gi­na­tiva y oní­rica no se detiene tan rápido: le resulta correcto, para tra­tar de con­du­cir a su puerto el pen­sa­miento de la Igle­sia, decir que el caso de los sobor­nos de la filial argen­tina de Skanska es puro cuento; que los fidei­co­mi­sos nacen de repo­llos mien­tras la Comi­sión Nacio­nal de Valo­res ve pasar por Lean­dro Alem las mani­fes­ta­cio­nes que ejer­cen su dere­cho de alte­rar la vida de miles de por­te­ños; que la infla­ción no existe, como tam­poco se ven lám­pa­ras ama­ri­llas en los semá­fo­ros de la eco­no­mía, por­que todas las seña­les “encien­den tres luces celes­tes”, como en la balada de Ferrer.

Pero el auto­ma­tismo psí­quico que lo ancla cada día con más devo­ción al surrea­lismo es la crea­ción de una dinas­tía que ter­mine de una vez y para siem­pre con esta Repú­blica deca­dente, a veces atre­vida hasta la disi­den­cia, e ins­tale un sis­tema de poder inter­cam­bia­ble hasta el fin de los tiem­pos. Total, “el Estado soy yo”, aun cuando Luis XIV haya muerto en 1715, pero el mero auto­ma­tismo psí­quico admita el retorno de su consigna.

Fuente: La Nueva Provincia

Autor: Pedro Sánchez
es periodista

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Un comentario en “El surrealismo al poder”  

  1. 1 Matilde del Carmen Masats

    Este árticulo de La Nueva Pro­vin­cia, cuenta los veri­cue­tos que debe­mos vivir los Agen­ti­nos con per­so­na­jes aje­nos al poder, por la mal­dad de un diri­gente como Duhalde, hoy la pade­ce­mos los Argen­ti­nos. Como dice la cha­ca­rera no hay pri­mera sin segunda, puede mas la saña y las garras de un diso­cia­dor, que­riendo impo­ner una nueva reelec­cion ¿ se esta cubriendo de algo ? le teme a un futuro sin “lupo”, el se encargo de esa mal­dad, como dice el refrán “por algo sera”. Here­da­mos el gobierno junto con pique­te­ros, vaya a saber que nos depara el des­tino. Con una nueva exi­gen­cia de votar por al mas peor, “el otro “/ se olvido / ser por­ta­dor de apellido.

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