Por otra derrota “victoriosa”…

Gabriela PousaLa reciente elec­ción por­teña demos­tró, nue­va­mente, la ten­den­cia a la cerra­zón que impera en el Gobierno: mani­pu­lan la reali­dad para que aque­llos datos que les son adver­sos parez­can favorables.

Que el jefe de Estado sub­es­time de esa manera al 46% de los ciu­da­da­nos del padrón que recien­te­mente vota­ron por el líder del PRO debe­ría dar ver­güenza. Desde el Poder Eje­cu­tivo hay una incli­na­ción peli­grosa a menos­pre­ciar las mani­fes­ta­cio­nes popu­la­res. Para­dó­ji­ca­mente, un Gobierno que se define “popu­lista” le da la espalda al pue­blo. Más allá de lo que está suce­diendo con el elec­to­rado capi­ta­lino, esta situa­ción se vivió tam­bién cuando la gente se mani­festó masi­va­mente en Plaza de Mayo para recla­mar segu­ri­dad. Desde la Casa de Gobierno se bas­tar­deó la pre­sen­cia de miles de por­te­ños y, en con­tra­par­tida, se realizó una contra-marcha, que pro­vocó anti­no­mias en un país que nece­sita impe­rio­sa­mente de unión y diálogo.

“Cual­quiera que tiem­ble en este momento es cul­pa­ble.”
Maxi­mi­lien de Robespierre

En medio de la cam­paña pro­se­li­tista con miras a la segunda vuelta elec­to­ral para defi­nir lo defi­nido hace ape­nas una semana atrás, apa­rece el debate ideo­ló­gico. La estra­te­gia del ofi­cia­lismo, con el pre­si­dente a la cabeza, apunta a des­en­tra­ñar quién es Mau­ri­cio Macri, como si elec­to­rado de la Ciu­dad Autó­noma de Bue­nos Aires no lo supiera.

Que el jefe de Estado sub­es­time de esa manera al 46% de los ciu­da­da­nos del padrón que recien­te­mente vota­ron por el líder del PRO debe­ría dar ver­güenza. Desde el Poder Eje­cu­tivo hay una incli­na­ción peli­grosa a menos­pre­ciar las mani­fes­ta­cio­nes popu­la­res. Para­dó­ji­ca­mente, un Gobierno que se define “popu­lista” le da la espalda al pue­blo. Más allá de lo que está suce­diendo con el elec­to­rado capi­ta­lino, esta situa­ción se vivió tam­bién cuando la gente se mani­festó masi­va­mente en Plaza de Mayo para recla­mar segu­ri­dad. Desde la Casa de Gobierno se bas­tar­deó la pre­sen­cia de miles de por­te­ños y, en con­tra­par­tida, se realizó una contra-marcha, que pro­vocó anti­no­mias en un país que nece­sita impe­rio­sa­mente de unión y diálogo.

Pero ni la unión ni el diá­logo son carac­te­rís­ti­cos de la ges­tión kir­ch­ne­rista. Por el con­tra­rio, hace cua­tro años que se cerra­ron las puer­tas para la comu­nión de ideas y que crece en forma preo­cu­pante la impo­si­ción de un pen­sa­miento único digi­tado a tra­vés del Salón Blanco, de “revi­sio­nis­mos his­tó­ri­cos” fal­sea­dos, de cen­su­ras explí­ci­tas o implí­ci­tas y de con­di­cio­na­mien­tos eco­nó­mi­cos a los medios de comu­ni­ca­ción. El otor­ga­miento arbi­tra­rio de pau­tas publi­ci­ta­rias ofi­cia como estra­te­gia en este aspecto.

En la reciente elec­ción por­teña, quedó nue­va­mente de mani­fiesto la ten­den­cia a la cerra­zón que impera en el Gobierno. Desde el Eje­cu­tivo se optó por des­co­no­cer la aplas­tante vic­to­ria del PRO y alar­dear del “éxito” que el kir­ch­ne­rismo logró al situar su can­di­dato en el ballot­tage. Las derro­tas “vic­to­rio­sas” pare­cen ser los obje­ti­vos de máxima del gobierno cen­tral. La polí­tica pro­se­li­tista ofi­cial apunta nue­va­mente a una de ellas: superar el cau­dal con­se­guido en la pri­mera vuelta elec­to­ral. El “exi­tismo” en Bal­carce 50 hace sos­pe­char que nos espe­ran días com­pli­ca­dos, en los que ha de impe­rar una cam­paña poco diá­fana y ten­diente a gene­rar pánico.

Las últi­mas decla­ra­cio­nes infun­da­das del pre­si­dente res­pecto al aumento impo­si­tivo o a la falta de recur­sos que ten­drá un even­tual gobierno macrista en la ciu­dad apun­tan a sem­brar miedo. El miedo es una herra­mienta carac­te­rís­tica del auto­ri­ta­rismo. Una cono­cida ley socio­ló­gica ase­gura que cuando una socie­dad siente miedo, busca tener un brazo fuerte que la “salve” y está dis­puesta a cam­biar liber­tad por supuesta “segu­ri­dad”. Ésta es hoy la ley que busca impo­ner Nés­tor Kir­ch­ner. Lo hace al tra­tar de demo­ni­zar al titu­lar del PRO por su ori­gen empre­sa­rio, rela­cio­nán­dolo con el mene­mismo –al cual, para­dó­ji­ca­mente, tanto él como gran parte de su gabi­nete per­te­ne­cie­ron– y plan­teando esce­na­rios invi­vi­bles si aquel accede a la Jefa­tura de Gobierno como todo indica que sucederá.

Los ejes de la cam­paña con miras al ballot­tage pare­cen estar cen­tra­dos, pues, en la difa­ma­ción y el miedo. Ahora bien, si acaso no se ha desatado aún una “cam­paña sucia” en forma des­ca­rada ha sido gra­cias a la difu­sión de que esto podía lle­gar a tener lugar. Es decir, hay en la gente un cono­ci­miento cada vez mayor de quién es quién y cómo se mueve cada cual. No hace falta, pues, que el pri­mer man­da­ta­rio aclare que “Mau­ri­cio es Macri”. La ciu­da­da­nía sabe que Mau­ri­cio es Macri y que el minis­tro deve­nido can­di­dato, Daniel Fil­mus, ha tenido actua­ción pública en la “década mal­dita” junto al ex inten­dente Car­los Grosso. En rigor, un 99% de los actua­les kir­ch­ne­ris­tas han actuado fer­vo­ro­sa­mente en los noventa. Sin embargo, ni es pecado haber sido o ser empre­sa­rio, ni lo es haber for­mado parte de la ges­tión de Car­los Menem, si no hay cau­sas en la Jus­ti­cia que digan lo con­tra­rio. De lo con­tra­rio, habría que decirle al pre­si­dente que, amén de enfren­tarse al espejo, mire a sus cos­ta­dos… Tam­bién debe­ría adver­tír­sele que quie­nes emi­tie­ron el voto el 3 de junio no son anal­fa­be­tos y que en las bole­tas del PRO se dejaba ver cla­ra­mente el nom­bre del can­di­dato. No había seu­dó­nimo ni nom­bres tachados.

Deje­mos de lado las san­de­ces si que­re­mos eva­luar real­mente alter­na­ti­vas. Y obser­ve­mos el pri­mer dato posi­tivo pos­te­rior a la mani­fes­ta­ción ciu­da­dana en las urnas durante los últi­mos comi­cios. Por­que la ante­la­ción a tra­vés de la difu­sión de que una cam­paña sucia podía sus­ci­tarse para denos­tar a Macri per­mi­tió fre­nar de alguna manera una estra­te­gia ofi­cia­lista que estaba “en puerta”. Aque­llo de “hom­bre pre­ve­nido vale por dos” le cabe con cre­ces a la socie­dad, ya que cono­ciendo a los pro­ta­go­nis­tas no sólo tiene armas para defen­derse, sino que ofi­cia como una suerte de con­tra­lor del poder y se ubica real­mente en el rol de sobe­rana que debe o debiera tener. Las adver­ten­cias de manio­bras non sanc­tas han podido, hasta hoy, limi­tar la cam­paña a dia­tri­bas pre­si­den­cia­les ais­la­das. Cierto es que res­tan aún dos sema­nas inten­sas de acti­vi­dad partidaria.

Lo grave es que el Gobierno, en su ceguera, no logra darse cuenta de su error: si, cono­cida la dife­ren­cia numé­rica entre el pri­mero y el segundo, se hubiera dado mar­cha atrás al ballot­tage, la ima­gen del Eje­cu­tivo, posi­ble­mente, hubiese mejo­rado. La humil­dad es un don. La sober­bia, un pecado. El afán de impo­ner un can­di­dato y no asu­mir la derrota real­zan la alti­vez del poder y hacen dudar de la reac­ción que pueda tener el domingo 24 cuando la derrota ofi­cial no pueda ocul­tarse con vic­to­rias super­fluas, aun­que se nos venda como tal. Es pro­ba­ble que el del­fín del pre­si­dente obtenga un por­cen­taje de votos mayor al logrado en pri­mera vuelta. La medio­cri­dad del ofi­cia­lismo es tal que, ya sea sólo con un punto más, inten­ta­rán demos­trar que no tie­nen techo elec­to­ral o que logra­ron con­quis­tar más votan­tes en una ciu­dad his­tó­ri­ca­mente anti­pe­ro­nista. Para Nés­tor Kir­ch­ner eso debe sig­ni­fi­car “triun­far”, de otro modo es un mis­te­rio ima­gi­nar cómo se ha de reti­rar del esce­na­rio por­teño el ofi­cia­lismo, impe­dido de asu­mir una reali­dad cuando es adversa a su deseo de expan­dirse sin con­tem­plar los medios emplea­dos para hacerlo y, lo que es incluso más grave, sub­es­ti­mando al pueblo.

Fuente: Economia para todos

Autor: Gabriela Pousa

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Un comentario en “Por otra derrota “victoriosa”…”  

  1. 1 Matilde del Carmen Masats

    Que­rida Gabriela: Jamas en mis años se soporto el daño que se le esta haciendo a la patria, esto es por una getuza que no son poli­ti­cos son vivi­do­res del poder. La /DERROTA / que sufriera el gobierno fué de una tra­sen­den­cia, mun­dial y esa cache­tada no soporta enga­ños. La semana cul­mina con una bomba para MACRI MAU­RU­CIO, les salió un forunculo al poder y ellos pen­sa­ron que nos podian. La res­puesta es la urna, ellos cuen­tan con la mal­dad y noso­tros con los / VOTOS / Dios ilu­mine a los ciu­da­da­nos que por medio de la edu­ca­cion, humil­dad, sen­ci­lles y sabi­du­ría, logra­re­mos esta meta final con hidalguia.VIVA LA PATRIA Y A FES­TE­JAR EL TRIUNFO.

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