Chile — Totalitarismo educacional

BardonLa cre­ciente pre­sen­cia del Estado en la edu­ca­ción explica su mala cali­dad, los altos cos­tos, su falta de dina­mismo y la menor liber­tad, crea­ti­vi­dad e “inte­li­gen­cia” que se apre­cian a dia­rio. Los jóve­nes pier­den su per­so­na­li­dad y se con­vier­ten en entes menos pen­san­tes y más irres­pon­sa­bles, a par­tir de repe­tir la equi­vo­cada ver­dad ofi­cial, apar­tada de la liber­tad y some­tida a la clá­sica ton­te­ría lati­noa­me­ri­cana de que el Estado es Dios, por lo que nos debe regu­lar y mane­jar, ya que todos somos ton­tos de capi­rote. Es la tira­nía y ruina de Fidel y de Chá­vez, los ídolos de nues­tra izquierda.

Meterle toda­vía más dinero a la edu­ca­ción, sin refor­mas libe­ra­les ni la eli­mi­na­ción del poder minis­te­rial ni de los intere­ses cor­po­ra­ti­vos del Cole­gio de Pro­fe­so­res, es de “lati­nos”, de ésos con los que a nues­tros gober­nan­tes les encanta hacer acuer­dos comer­cia­les y reunirse en fies­tas o “shows” con dis­cur­sos sin fin.

Es una ver­güenza que nues­tros edu­ca­do­res, inte­lec­tua­les, polí­ti­cos y “pro­gre­sis­tas” no pro­tes­ten por el cre­ciente tota­li­ta­rismo edu­ca­cio­nal. A lo Sta­lin, tene­mos pro­gra­mas, prue­bas y tex­tos ofi­cia­les de corte mono­pó­lico, y una for­ma­ción estan­da­ri­zada de pro­fe­so­res que apren­den peda­go­gía y ton­te­rías seu­do­so­cia­les, pero no sus mate­rias. No hay, en la prác­tica, libre for­ma­ción ni libre entrada a “la pro­duc­ción de edu­ca­ción”, ni menos una polí­tica de aper­tura franca al exte­rior ni de fomento a la for­ma­ción en los hoga­res y fami­lias, moda­li­dad de gran éxito en otros paí­ses. Y a los muni­ci­pios les ama­rran las manos y los financiamientos.

El Esta­tuto Docente de Chile es el mayor aten­tado con­tra la cali­dad por­que la inamo­vi­li­dad y los suel­dos fijos a todo evento incen­ti­van el ocio y la mala docen­cia, al igual que los nom­bra­mien­tos polí­ti­cos de direc­ti­vos. El colmo parece ser que un buen inge­niero tiene “prohi­bido” ense­ñar mate­má­ti­cas, por­que no pasó por los exá­me­nes pedagógicos.

Esta “demo­cra­cia” tota­li­ta­ria uni­forma uni­ver­si­da­des, las que, para cap­tar dinero esta­tal, deben acep­tar las prue­bas ofi­cia­les y acre­di­ta­cio­nes en aumento, que limi­tan la com­pe­ten­cia y la cali­dad, así como la liber­tad de ense­ñanza. Ésta tiende a des­a­pa­re­cer, lo que con­fi­gura una dic­ta­dura que se refuerza en estos días con una super­in­ten­den­cia que puede cerrar los esta­ble­ci­mien­tos que no gus­ten a los gober­nan­tes, entre los cua­les esta­rán en breve los de línea reli­giosa, pro fami­lia y otros “reaccionarios”.

Las dic­ta­du­ras való­ri­cas y cul­tu­ra­les son las peo­res de todas por­que con­fi­gu­ran prác­ti­cas tota­li­ta­rias, con inde­pen­den­cia de si los gober­nan­tes son o no ele­gi­dos. En reali­dad, la gran reforma uni­ver­si­ta­ria en Chile se hizo hacia 1980, cuando se abrió la edu­ca­ción supe­rior a los pri­va­dos y la com­pe­ten­cia. Se for­ma­ron uni­ver­si­da­des como nunca y la pobla­ción de estu­dian­tes pasó de unos 100 mil a 600 mil: uni­ver­si­dad para todos. Hubo un salto impor­tante en lo tec­no­ló­gico y la com­pe­ten­cia forzó a la Uni­ver­si­dad de Chile y a la Uni­ver­si­dad Cató­lica a aumen­tar las matrí­cu­las y mejo­rar la cali­dad como nunca antes. Se invir­tie­ron en eso varios miles de millo­nes de dóla­res. ¿Cuánto les costó eso a los ciu­da­da­nos y al Estado? ¡Cero!

Ahora, desde 1990, se han mal­gas­tado cua­tro mil millo­nes de dóla­res, pero la cali­dad empeora, excepto en la de nivel superior.

Por eso, ¡no más gasto en la edu­ca­ción, salvo en bonos! Pase­mos los cole­gios a los padres, los pro­fe­so­res y fun­da­cio­nes. ¡Liber­tad y com­pe­ten­cia, no más totalitarismo!


El autor es Pro­fe­sor de eco­no­mía en la Uni­ver­si­dad Finis Terrae, fue pre­si­dente del Banco Cen­tral de Chile

Fuente: Libertas Digital

Autor: Álvaro Bardón

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Un comentario en “Chile — Totalitarismo educacional”  

  1. 1 Kalos

    Con­si­dero que la edu­ca­ción no es mejor ni peor por­que tenga la pre­sen­cia del Estado, más bien ésta vale por la cali­dad de sus edu­ca­do­res, la acep­ta­ción de ella por parte de sus edu­can­dos y los resul­ta­dos obte­ni­dos, allende cual­quier ideo­lo­gía polí­tica que la con­duzca.
    Ade­más me pre­gunto ¿qué tan correcto es que una per­sona que no tolera (o per­mite) la par­ti­ci­pa­ción de los otros, juz­gue o cali­fi­que de tota­li­ta­rios a los demás?
    Pienso que los jui­cios de valor sue­len ser sub­je­ti­vos y, por tanto, enga­ño­sos: rara vez nos per­mi­ten arri­bar a la ver­dad.
    Kalos

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