Chile — Un puente demasiado lejos

Hermógenes Perez de ArceTuve una dis­cu­sión con un amigo a quien le pare­cía inapro­piada la tra­duc­ción del título de la pelí­cula “A Bridge Too Far” como “Un puente dema­siado lejos”. No se crea que el asunto es baladí. Puede lle­var a pro­fun­di­da­des retó­ri­cas ines­pe­ra­das. La con­tro­ver­sia fue por culpa de Ricardo I, que a estas altu­ras es cul­pa­ble de casi todo lo que sucede en Chile, como en otro tiempo lo fuera Pinochet.

Cas­tigo justo, por­que tuvo la imper­do­na­ble inso­len­cia de levan­tar un dedo acu­sa­to­rio con­tra el capi­tán gene­ral. Lo cual, de otro lado, sirve para des­men­tir que el gobierno de éste fuera “dic­ta­dura”, como dicen hoy. Olvi­dan, ade­más, que fue ele­gido por ocho años con el 60 por ciento del voto popu­lar, en 1980.

Claro, los puen­tes no se le dan bien a Ricardo I. Comen­zando por el del estero Minte, que cedió por falta de man­te­ni­miento, cuando él era minis­tro de Obras Públi­cas. Murie­ron 28 per­so­nas. Luego vino el de Lon­co­mi­lla, cons­truido bajo su minis­te­rio y colap­sado bajo su pre­si­den­cia. Y des­pués el de Cha­cao, afor­tu­na­da­mente abor­tado, pues era un ele­fante blanco. Y, en fin, su pro­grama “Puente” para ali­viar a los más pobres, res­pecto del cual “Con­tacto”, de Canal 13, pudo com­pro­bar que los más ali­via­dos eran los ges­to­res de los recur­sos y las moni­to­ras, una de las cua­les tal vez esta­ble­ció un récord, al moni­to­rear a los pobres para que le pres­ta­ran sus ahorros.

Por eso, yo he sos­te­nido que la plata del lla­mado “gasto social” de-be darse direc­ta­mente a los pobres. Si se les diera, por ejem­plo, la de edu­ca­ción, podrían ir a los mejo­res cole­gios paga­dos. (Claro que enton­ces enten­de­rían todo y no vota­rían por la Con­cer­ta­ción.) Luego, leí con agrado que un eco­no­mista de renom­bre, como Felipe Morandé, defiende esa idea en “Eco­no­mía y Nego­cios”. (Entre parén­te­sis, nun-ca me arre­piento de leer “Eco­no­mía y Nego­cios”. Sebas­tián dice que gana un millón y medio de dóla­res cada vez que tiene tiempo de hacer-lo dete­ni­da­mente. Yo, años atrás, lo hice y tomé la deci­sión de com­prar “Antar­chile”, que esta­ban a dos mil pesos y tenían la mejor razón precio/utilidad, la mayor liqui­dez y el menor riesgo. Pero como estoy siem-pre absor­bido por los pro­ble­mas del país, se me olvidó com­prar­las, y cuando me acordé, ya habían subi-do mucho. Hoy valen más de nueve mil pesos. Sebas­tián com­pró a dos mil y se ganó creo que 30 millo­nes de dóla­res en la pasada. ¿Cómo no le voy a tener pica?)

Bueno, Felipe Morandé prueba que si se dis­tri­bu­yera el gasto social entre todos, exclu­yendo al 10 por ciento más rico y con una escala pro­gre­siva favo­ra­ble a los más pobres, ¡no habría pobres! Pues cada uno reci­bi­ría mil 600 dóla­res anua­les, aun con­si­de­rando un 25 por ciento de gasto de admi­nis­tra­ción. La línea de la pobreza está en mil 70 dóla­res anua­les. El Ins­ti­tuto Liber­tad y Desa­rro­llo había lle­gado a la misma con­clu­sión en 2001 (“Temas Públi­cos” N° 552), cuando había 800 mil pobres más que hoy.

¿Y por qué no se hace? Por­que, uno, la izquierda buro­crá­tica se queda con gran parte de la plata; y, dos, gana las elec­cio­nes gra­cias al voto de los que no entien­den lo que leen. Es un círculo vicioso. Enton­ces, la plata, que ahora abunda gra­cias al cobre y a que el socia­lismo toda­vía no ha podido liqui­dar el libre mer­cado y matar a la gallina de los hue­vos de oro, se mal­gasta y dila­pida (o cosas peo­res). Mien­tras, el 60 por ciento de los jóve­nes indi­gen­tes carece de tra­bajo. Si se ter­mi­na­ran los pro­gra­mas Puente y simi­la­res y se les diera direc­ta­mente la plata, podría­mos pagar­les 70 mil pesos men­sua­les a cada uno para man­te­ner las alcan­ta­ri­llas lim­pias. Y no habría pobres en Chile.

Pero parece que eso queda “un puente dema­siado lejos”.

Fuente: El Mercurio

Autor: Hermógenes Perez de Arce

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