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México — ¿Reanudar relaciones con Cuba?
Uno de los actos que muchos mexicanos agradecemos al expresidente Ernesto Zedillo fue el haber llevado al mínimo posible las relaciones diplomáticas con Cuba, poniendo fin a la simulación de una relación que poco o nada nos ayudaba y si nos comprometía en el ámbito de la defensa de los derechos humanos. Posteriormente, con Vicente Fox las relaciones llegaron prácticamente al rompimiento por la condena mexicana a la política cubana de no respetar los derechos humanos y el encarcelamiento de los disidentes.
Las relaciones con la isla-cárcel quizá fueron importantes para México en los ya lejanos años sesenta, cuando Cuba, en el apogeo del entusiasmo que generó su revolución y con el abundante apoyo monetario de la extinta Unión Soviética se dedicaba a exportar su guerrilla a diversos países de Latinoamérica y apoyar de diversas maneras a las ya existente. Millones de dólares y miles de hombres se utilizaron para apoyar, promover, exportar y tratar de implantar la entelequia del comunismo. Casi todos los países latinoamericanos y hasta uno del Africa padecieron en suelo propio el agobio de una violenta guerrilla originada y sostenida por el gobierno de Cuba.
En esos años en México tanto la guerrilla como los movimientos de izquierda eran casi desconocidos. Solo después de 1968, posterior al problema de Tlatelolco, donde el ya agotado modelo priísta mostró su cara más represiva con el resultado de un numero de muertos que muchos sitúan a mas de 300 la sola noche del mitin, solo después de esto inician las guerrillas en México.
Documentos desclasificados en fechas recientes muestran que en realidad México sostenía por esos años un discurso de apariencia “revolucionaria”, “antiyanqui” y en apariencia favorable a la revolución cubana, pero la realidad es que esos discursos y esa actitud eran exclusivamente para consumo externo. En documentos internos se ha revelado que las comunicaciones entre la embajada de los Estados Unidos y funcionarios de primer nivel del gobierno de México eran fluidas y la cooperación entre ambas naciones para documentar datos de guerrilla y espionaje era absoluta.
Por esas fechas se determinó el embargo económico a la isla, junto con una dura condena por parte de todos los países de la OEA, con la ruidosa y notoria abstención de México, en una aparente muestra de independencia a la influencia norteamericana. Este doble juego de México, por un lado criticando a los EUA y apoyando internacionalmente a Cuba, mientras que en realidad la cooperación con los EUA era total, dio como resultado que en nuestro país las guerrillas no tuvieran apoyo ni colaboración alguna del gobierno cubano. Hubo influencia de Corea del Norte, de la propia Unión Soviética, pero de Cuba nunca.
El tiempo trajo lo inevitable, el derrumbe de la URSS víctima de sus propias contradicciones internas y su ineficiencia. Ya sin ese apoyo, Cuba, que dependía absolutamente del dinero soviético cayó en bancarrota, se hundió en una pobreza generalizada, las cartillas de racionamiento, iniciadas en los sesenta cobraron nueva vigencia y Castro limitó severamente la ya de por sí deplorables condiciones de los derechos humanos. El antiguo embargo norteamericano, rebautizado en el discurso como “bloqueo”, sirvió para justificar las penalidades económicas de Cuba, olvidando Castro que en los años de apoyo soviético el personalmente se burlaba del embargo.
La realidad es que Cuba puede comprar lo que sea a cualquier parte del mundo, el embargo norteamericano no tiene que ver nada con esto. Cuba compra a Japón, Canadá, Unión Europea etc. No compra mas y no le surten mas no por el embargo yanqui, sino por la sencilla razón de que Cuba no paga. Debe mas de veinte mil millones de dólares a Rusia, y hasta México ha resultado damnificado pues le debe mas de 500 millones de dólares. Todo esto sin esperanza de pago.
La triste realidad es que actualmente Cuba se sostiene de las divisas del turismo, ha pasado a ser una especie de paraíso sexual, algo así como Tailandia, y de las dádivas de la Venezuela de Hugo Chavez que ha decidido usar sus enormes ingresos petroleros en la construcción de un delirio bolivariano que incluye la persistencia del régimen comunista en Cuba.
En estos días se realizó en La Habana la Novena Reunión Interparlamentaria México-Cuba. Un grupo de veinte legisladores de varios partidos acudió a La Habana a fumar la pipa de la paz. Para mayor ironía el evento sucedió a pocos días de la muerte por suicidio (?) del opositor Manuel Acosta, preso en una de las cárceles cubanas bajo el cargo de “peligrosidad pre-delictiva”, signifique esto lo que signifique.
¿Cuál es la excusa para recomponer las relaciones con Cuba?. ¿Por que son nuestros vecinos y es un pueblo amigo? . Absurdo, restablecer relaciones con la tiranía es simplemente una agresión a las escasas muestras de libertad que intentan sobrevivir en Cuba.
Fríamente, ¿en qué nos beneficia profundizar las relaciones con una dictadura?. ¿Para que queremos reiniciar un intercambio que no traduce nada?. Los derechos humanos en la isla siguen aplastados, la disidencia esta amenazada, la política cubana de perseguir y encarcelar a sus disidentes es una vergüenza internacional, su economía está en ruinas. ¿Que nos van a enseñar los cubanos?. Su publicitada medicina no es, ni remotamente lo que pregonan, sus avances en educación solo promovieron un éxodo de profesionales que huyen de la pobreza y opresión de un estado policiaco. ¿Nos van a pagar los millones que nos deben?. No. ¿Recibiremos los beneficios de un turismo cubano?, para nada, no tienen para comer menos para andar viajando. ¿Prevenir una infiltración de guerrilla cubana? Absurdo, ya no tienen ni para consumo propio.
Lo único que puede esperar México de una renovada relación con Cuba es que los infaltables intelectuales alabarderos de Castro no hablen mal de Calderón. Y quien sabe ni eso logre México.
Autor: Alejandro Vázquez Cárdenas
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