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Bye, Bye, Latinoamérica
Henry Kissinger decía no tener a quién telefonear en Europa para actuar en conjunto con EE.UU. ¡Imaginémonos las dificultades de Condoleezza Rice para encontrar un interlocutor con liderazgo en Latinoamérica! Las divisiones entre sus mandatarios respecto de los EE.UU. obligarían a un sinnúmero de llamadas infructuosas.
Pero también hay otras causas para esa incomunicación con América Latina: el desinterés norteamericano por la región, los nacionalismos y populismos latinoamericanos, y una historia de graves intromisiones estadounidenses. No son fáciles los entendimientos con la primera potencia mundial.
Estados Unidos ha organizados giras regionales de personeros de su gobierno –del Tesoro y del Departamento de Estado– para demostrar que les importamos. Esas visitas no bastan: deben ir acompañadas de un amplio programa de cooperación con la región. Peor aún es que, esta semana, el Congreso de los EE.UU. postergó los tratados de libre comercio (TLC) con Panamá y Perú, y que, invocando violencia política, dilató indefinidamente el TLC acordado con Colombia, un estrecho aliado, que lucha por reconstruir un estado amagado por el narcotráfico, la guerrilla y el terrorismo.
Chávez debe solazarse, porque su alternativa bolivariana (ALBA) parece no tener contrapeso, y porque el populismo y el proteccionismo de los demócratas estadounidenses se opone a seguir abriendo sus mercados y la inmigración a Latinoamérica.
El Presidente Bush asumió con un declarado interés en América Latina, y nosotros, al igual que Centroamérica, Colombia, Perú y Panamá, aprovechamos esa oportunidad con el TLC. Después, los atentados terroristas en Nueva York, las guerras de Afganistán e Irak, sus prioridades en otros continentes, el populismo y la falta de gravitación de Latinoamérica en el mundo han provocado un desinterés recíproco. El resultado es la decreciente influencia de los EE.UU. en América Latina, con el consiguiente vacío que intenta llenar Chávez y que aprovechan China, Canadá y naciones europeas.
Estados Unidos es insustituible para el progreso del continente. Su compromiso con la libertad política y económica, sus logros en educación, salud, ciencia, tecnología y su mercado necesitan ser compartidos.
Mientras subsistan el populismo y la miopía de algunos diri-gentes latinoamericanos y norteamericanos, Estados Unidos y Latinoamérica seguirán alejándose, para mutuo perjuicio.
Autor: Hernán Felipe Errázuriz
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Un comentario en “Bye, Bye, Latinoamérica”
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“Socios, no patrones”, fue la certera exigencia de Evo Morales en su primera visita al Perú. Es verdad que Estados Unidos es vital para un desarrollo común del continente americano, pero mientras siga miope en su visión de Latinoamérica, mientras nos siga viendo como piezas de ajedrez en su paranoica partida geopolítica, seguiremos siendo un continente quebrado, unos al norte y otros al sur.