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Indice patriótico
Con cierta ingenuidad, tanto el presidente Néstor Kirchner como su esposa, la candidata presidencial Cristina Fernández, están tratando de convencer al mundo de que el único motivo por el que se cuestiona la veracidad del índice de inflación difundido por el INDEC consiste en que los bonistas quieren que sea alto porque en tal caso ganarían mucho más dinero.
Lo entiendan o no, dicho planteo admite dos lecturas que son radicalmente distintas. Según la oficial, las polémicas provocadas por los muchos cambios que se han dado en el INDEC en la primera mitad del año corriente y por la conducta heterodoxa del virtual interventor, el secretario de Comercio Guillermo Moreno, no se inspiran en dudas legítimas en torno de la evolución del costo de vida en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires sino en el afán de lucro de los “fondos de inversión” extranjeros, en especial los alemanes. Según la otra lectura, empero, el gobierno se habrá puesto a manipular el índice correspondiente no tanto por motivos electoralistas, si bien éstos pesaron mucho, cuanto por su voluntad de impedir que ganen más en desmedro del Estado nacional los tenedores de títulos cuyo valor varía conforme a la tasa de inflación. Puesto que con escasas excepciones los economistas privados, además, claro está, de los dirigentes opositores, están convencidos de que Moreno obliga al INDEC a falsear los datos con el propósito de confeccionar los índices que más le convienen, parecería que a su juicio estamos asistiendo a una maniobra equiparable a las supuestas por la pesificación asimétrica y el canje de la deuda por parte de un gobierno que es capaz de ir a casi cualquier extremo para estafar a los bonistas, cuya mayoría es argentina.
En el transcurso de su visita a España, Cristina de Kirchner les explicó a sus interlocutores empresarios y financistas que “un solo punto más de inflación significa 420 millones de dólares más en la deuda externa”. Así las cosas, si en realidad la inflación real es tres veces más alta que la oficial, como dice el ex ministro de Economía y candidato presidencial opositor Roberto Lavagna, la diferencia para el año actual podría aproximarse a los 4.000 millones de dólares, aunque muchos especialistas creen que el monto genuino resultaría ser decididamente mayor. Pueden comprenderse, pues, el motivo por el que Kirchner y el nuevo ministro de Economía, Miguel Peirano, tratan con tanta vehemencia de reivindicar la información procedente del INDEC, haciendo gala de su plena confianza en ella, y la desazón que con toda seguridad sienten cuando piensan en la posibilidad de que la Justicia falle a favor de quienes dan por descontado que el gobierno ha elegido adulterar algunos datos económicos fundamentales.
Desgraciadamente para el gobierno, tanto en el país como en el exterior ya se ha consolidado un consenso en el sentido de que los índices inflacionarios producidos por el INDEC no merecen confianza alguna porque son fruto de la manipulación, realidad que de por sí, al incidir en las decisiones de los agentes económicos, garantiza que en los meses próximos los precios seguirán subiendo a un ritmo muy superior al oficialmente previsto.
Asimismo, mientras que el gobierno intenta luchar contra la inflación presionando a los empresarios para que desistan de aumentar los precios y al INDEC para que colabore en la tarea de moderar las expectativas, se niega a tomar aquellas medidas financieras antipáticas que servirían para impedir que el país experimente una recaída. Dijo Cristina en Madrid que, cuando de la inflación se trata, “somos como alcohólicos, no podemos permitirnos una medida o dos.
Debemos ser abstemios”, pero parecería que el gobierno, obsesionado como está por impulsar el crecimiento cueste lo que costare, ya ha tomado más de dos medidas por creer que con tal que nadie se entere de lo que hace le sería dado salirse con la suya. Al actuar así cometió un error muy grave porque no se puede ocultar por mucho tiempo una enfermedad tan devastadora como la inflación. Aunque a raíz del desprestigio actual del INDEC intervenido en este momento nadie sabe muy bien cuál es el índice anual auténtico, la mayoría supone que tiene poco que ver con el oficial.
Fuente: Diario de Río Negro
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SUPER EN LA MIRAaaaaaaaaaa……… el kilo de purros $ 19, el kilo de lechuga $14, el kilo de tomtes $ 6, el kilo de zapallitos redondos $ 12, la leche brilla por su ausencia, los quesos por las nubes, la carne bajo de los camiones, es kasual ke aumenten los precios o es que los kontenían para llegar a las kolecciones de funcionarios. Patriotas komo en mi pais, kompencivos, karaduras, komplacientes, korruptos, karilindos,etc.