Bolivia — Asesinato múltiple y suicidio

Centa Reck Los polí­ti­cos que fun­gían hasta el vier­nes por la noche como opo­si­to­res en el par­la­mento, han dejado de serlo y han ingre­sado al blo­que ofi­cia­lista a tra­vés de un pacto polí­tico que tuvo como excusa sal­var a la mori­bunda Asam­blea Cons­ti­tu­yente, la que se extin­guía no por muerte natu­ral sino ase­si­nada por los mis­mos acto­res que le die­ron la vida. En la con­vul­sio­nada vida polí­tica de Boli­via, los polí­ti­cos sue­len come­ter fili­ci­dio, tal como el que come­tió el MAS con la Asam­blea que dio a luz a esca­sos 6 meses de haber ingre­sado al gobierno.

Pero, si los polí­ti­cos boli­via­nos no caen en este tipo de cri­men, incu­rren en otras atro­ci­da­des que no son menos delez­na­bles, pero que se han vuelto una prác­tica común y corriente, al punto que se han vuelto prác­ti­ca­mente lisi­tas a fuerza de impo­nerse como si fue­sen con­duc­tos y méto­dos regu­la­res de ope­rar. En este terreno se enmar­can accio­nes como la que aca­ba­mos de espec­tar en el “pacto por la resu­rrec­ción de la Asam­blea Cons­ti­tu­yente”, ope­ra­ción en la que las fuer­zas polí­ti­cas de opo­si­ción actua­ron como pis­to­le­ros a encargo y acri­bi­lla­ron al pue­blo que les dio su voto, ase­si­na­ron la vigen­cia de una opo­si­ción par­la­men­ta­ria, mata­ron a los “jefes” de sus par­ti­dos, y ter­mi­na­ron por rema­tar a la Asam­blea Cons­ti­tu­yente, para luego sui­ci­darse, dejando una ridí­cula carta pós­tuma, en la que se decla­ran héroes y sal­va­do­res de la misma patria que aca­ban de masacrar.

Vaya melo­drama barato, para un pobre país que está can­sado de estos cule­bro­nes, que ni divier­ten, ni tie­nen arte, ni cal­man el ham­bre del pue­blo. Se debe esta­ble­cer el grado de res­pon­sa­bi­li­dad de estos hom­bres que hasta el jue­ves se lla­ma­ban Padres de la Patria, en las horas acia­gas que posi­ble­mente nos tocará vivir en un futuro próximo.

Es impor­tante que esta res­pon­sa­bi­li­dad no les sea esca­mo­teada, aun­que sea a título pós­tumo, con lo que que­re­mos expre­sar que si es nece­sa­rio, debe­mos pro­ce­der a hacer­les la autop­sia de rigor, para sacar las con­clu­sio­nes nece­sa­rias y esta­ble­cer todas las res­pon­sa­bi­li­da­des que la situa­ción actual ame­rita, pues no por haberse sui­ci­dado polí­ti­ca­mente serán menos cul­pa­bles del múl­ti­ple cri­men que aca­ban de come­ter. No debe­mos ser indo­len­tes, de aquí en más debe­mos esta­ble­cer cla­ra­mente las res­pon­sa­bi­li­da­des socia­les y esta­ble­cer serias san­cio­nes para dotar a nues­tro país de una clase polí­tica sana, vital y sobre todo ética.

Debe­mos tam­bién seguir aplau­diendo a quie­nes se des­mar­ca­ron de con­ver­tirse en cóm­pli­ces por acción u omi­sión de este ase­si­nato a la demo­cra­cia y al Estado de Derecho.

Autor: Centa Reck

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