Nicaragua — Más de lo mismo… lo mismo

Alfredo González Holmann“Si cono­ce­mos la opi­nión de la mayo­ría de los nica­ra­güen­ses, jóve­nes y adul­tos, hom­bres y muje­res nos dare­mos cuenta que la pobla­ción no sólo cues­tiona a los polí­ti­cos y empre­sa­rios sino que tam­bién a todos los líde­res nacio­na­les, incluso a los reli­gio­sos, y poco o nada creen de la ins­ti­tu­cio­na­li­dad del país, es decir, todos nos cues­tio­na­mos, entre unos y entre todos. Mien­tras tanto, el 50% de la pobla­ción tiene difi­cul­tad para obte­ner su pro­teína dia­ria y no tene­mos un rumbo for­mal para superar nues­tros problemas.”

Recien­te­mente los polí­ti­cos cues­tio­na­ban el rol de los empre­sa­rios, pero aún esta vigente, el cues­tio­na­miento que el 62 % de la socie­dad, por obvias razo­nes, le hacía­mos a los polí­ti­cos por los resul­ta­dos de las elec­cio­nes recién pasa­das, por con­si­guiente, como socie­dad mutua­mente nos cuestionamos.

Si cono­ce­mos la opi­nión de la mayo­ría de los nica­ra­güen­ses, jóve­nes y adul­tos, hom­bres y muje­res nos dare­mos cuenta que la pobla­ción no sólo cues­tiona a los polí­ti­cos y empre­sa­rios sino que tam­bién a todos los líde­res nacio­na­les, incluso a los reli­gio­sos, y poco o nada creen de la ins­ti­tu­cio­na­li­dad del país, es decir, todos nos cues­tio­na­mos, entre unos y entre todos. Mien­tras tanto, el 50% de la pobla­ción tiene difi­cul­tad para obte­ner su pro­teína dia­ria y no tene­mos un rumbo for­mal para superar nues­tros problemas.

Esta situa­ción no es exclu­siva de Nica­ra­gua está exten­dida casi en toda la Amé­rica His­pana, más tenue en paí­ses como Costa Rica, Uru­guay y Chile, pero, es un pro­blema gene­ra­li­zado que tene­mos los pue­blos que sur­gi­mos de la pecu­liar cul­tura Española.

El sub­de­sa­rro­llo de la región tiene sus expli­ca­cio­nes irre­fu­ta­bles tra­du­ci­das en nues­tra manera de per­ci­bir la demo­cra­cia y los sis­te­mas de con­vi­ven­cia, la liber­tad, la edu­ca­ción, nues­tras des­tre­zas para la crea­ción de pro­duc­tos y la com­pren­sión de los bene­fi­cio del mercado.

No sal­dre­mos del círculo vicioso en el que esta­mos haciendo más de lo mismo, echán­do­nos la culpa entre noso­tros mis­mos o atri­bu­yén­dola a fac­to­res exter­nos. Tam­poco cre­yén­do­nos capaz de resol­ver el pro­blema cuando hasta el pre­sente lo que hemos creado son las socie­da­des actua­les. Esto es triste, pero es la reali­dad, si no lo cree­mos vea­mos nues­tro pasado y, ade­más, reco­noz­ca­mos la dis­po­si­ción de emi­grar que tie­nen los pue­blos de Latinoamérica.

Los deseos de emi­grar son ansias liber­ta­rias del ser humano: bus­ca­mos la liber­tad del pro­greso que no ofre­cen las socie­da­des en que naci­mos y, al no poder emi­grar, nos vol­ve­mos pri­sio­ne­ros de la socie­dad que nos engen­dró. Por lo tanto, los líde­res — todos los que tene­mos un rol de guía — pode­mos ser con­si­de­ra­dos car­ce­le­ros al no ser capa­ces o no per­mi­tir crear la pros­pe­ri­dad que ansían nues­tros subor­di­na­dos, es decir, pode­mos ser líde­res liber­ta­do­res o carceleros.

Sin lugar a dudas, hay que cam­biar de rumbo. Si acep­ta­mos, que dando más de lo mismo lle­ga­re­mos a lo mismo: a la con­ti­nui­dad de las invia­bi­li­da­des o fra­ca­sos, qui­zás, humil­de­mente, comen­ce­mos a acep­tar que la mayo­ría de los lati­noa­me­ri­ca­nos no tene­mos el cono­ci­miento y la capa­ci­dad para desa­rro­llar socie­da­des via­bles o prós­pe­ras. Este diag­nós­tico, aún cuando nos dis­guste, es real.

Es una situa­ción dolo­rosa, pero par­tiendo de ésta, qui­zás, hones­ta­mente comen­ce­mos a acep­tar que nece­si­ta­mos la ayuda de otros para resol­ver noso­tros nues­tros pro­ble­mas. Y así, comen­zar a ende­re­zar nues­tro camino, per­mi­tiendo que otros nos ense­ñen lo que no sabe­mos, que nos ilus­tren aque­llos que han logrado desa­rro­llar socie­da­des más prós­pe­ras que las nues­tras, lo cual es apren­der y reedu­car­nos para ser real­mente capa­ces de lide­rar pue­blos con ple­nas liber­ta­des individuales.

Los seres huma­nos tene­mos el com­por­ta­miento que se conoce como altruismo, filan­tro­pía, mag­na­ni­mi­dad y gene­ro­si­dad. Son con­duc­tas que incluso mani­fies­tan los miem­bros del reino ani­mal, com­por­ta­mien­tos, que los etó­lo­gos, lla­man; coope­ra­ción y com­pa­sión. Socie­da­des como la nor­te­ame­ri­cana prac­ti­can el con­cepto de “giving back”: regre­san y dan a la socie­dad cuando ésta les dió. En Oriente existe un com­por­ta­miento simi­lar que dice: “Cuando entien­des debes de vol­ver atrás para ayu­dar a otros”. Nues­tros veci­nos, los ticos tie­nen bien desa­rro­llado el con­cepto de la soli­da­ri­dad. Todas ellas, son socie­da­des que coope­ran y se ayu­dan entre sí. Crean orga­ni­za­cio­nes de auto ayuda, mediante la ense­ñanza, divul­ga­ción y coope­ra­ción, ense­ñando a pes­car en vez de dar de comer.

Cuando Tho­mas Jef­fer­son lideró a los Esta­dos Uni­dos, hace mas dos siglos, llamó al fran­cés Tho­mas Paine para que ase­so­rara su gobierno y éste le con­tri­buyó, entre otros, con este pen­sa­miento uni­ver­sal: “Aquel que quiera ase­gu­rar su liber­tad debe res­guar­dar de la opre­sión aún a sus enemi­gos, ya que si viola esa obli­ga­ción, esta­blece un pre­ce­dente que lo atrapará”.

Los nica­ra­güen­ses aun no tene­mos bien desa­rro­llado todos estos con­cep­tos, con­ti­nua­mos con más de lo mismo… lo mismo.

Autor: Alfredo González Holmann
Master en Administración de Empresas

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