Ecuador — Mi amor por las bayonetas

Rafael CorreaSabía­mos, por su pasado de boy scout, que al pre­si­dente Rafael Correa le agra­dan los uni­for­mes, pero el cariño y el amor que ha demos­trado por las Fuer­zas Arma­das en los últi­mos meses son ver­da­de­ra­mente conmovedores.

Pri­mero les entregó la res­pon­sa­bi­li­dad de todas las carre­te­ras que se cons­trui­rán durante la eterna emer­gen­cia vial. Luego se negó a reci­bir a la fami­lia de la ex minis­tra Larriva que le quiso mos­trar nueva evi­den­cia sobre su muerte, y le dio lar­gas a la inves­ti­ga­ción de la gol­piza que le pro­pi­na­ron a la ex direc­tora del Par­que Nacio­nal Galá­pa­gos. Más tarde le ordenó al Minis­tro de Finan­zas que ace­lere la homo­lo­ga­ción de los suel­dos de los uni­for­ma­dos; y ahora no pierde opor­tu­ni­dad para acu­dir a los cuar­te­les a desa­yu­nar con los sol­da­dos, con­tar­les chis­tes, y pedirle a los gene­ra­les su apoyo incondicional.

Mucho me temo, sin embargo, que todo este amor podría no ser tan desinteresado.

Lo sabre­mos con segu­ri­dad luego del 30 de sep­tiem­bre, cuando en medio del caos y la con­fu­sión no se sepa bien quién ganó las elec­cio­nes, por­que la pape­leta gigan­tesca hizo enre­dar a los elec­to­res y por­que el sis­tema de reparto de los esca­ños es tan con­fuso que solo los mate­má­ti­cos enten­de­rán la dis­cu­sión que sobrevendrá.

Así que el Pre­si­dente apa­re­cerá ante los medios de comu­ni­ca­ción para pro­cla­mar que su lista fue la única triun­fa­dora y que existe un plan sinies­tro de los medios para ocul­tarlo. Mien­tras tanto, sus dele­ga­dos ante los tri­bu­na­les elec­to­ra­les denun­cia­rán un supuesto fraude de las lis­tas opo­si­to­ras e impe­di­rán con gri­tos y escán­dalo cual­quier recuento de votos, al tiempo que expul­san de los tri­bu­na­les pro­vin­cia­les a los repre­sen­tan­tes de la oposición.

Ya en los días pre­vios a la ins­ta­la­ción de la Asam­blea, los garro­te­ros se ubi­ca­rán en las vías de ingreso a Mon­te­cristi para impe­dir con palos y pie­dras que pasen los vehícu­los de César Mon­tú­far, Eduardo Maruri, César Cár­de­nas o León Rol­dós, al tiempo que los tan­ques rodean el recinto de sesio­nes y la poli­cía no per­mite el ingreso de nin­gún asam­bleísta que no conste en la lista ofi­cial pre­pa­rada por el inefa­ble Gus­tavo Larrea.

En cam­bio, Rosanna Quei­rolo, Aminta Bue­naño, Alberto Acosta y demás manos alza­das del régi­men ingre­sa­rán pro­te­gi­dos en buses ofi­cia­les, escon­di­dos bajo ele­gan­tes manteles.

Algu­nos perio­dis­tas podrán pasar, como Rubén Mon­toya y sus com­pa­dres de El Telé­grafo, pero ni Car­los Vera, ni Car­los Jijón, ni Jorge Ortiz debe­rán aso­mar la cabeza.

Así que solo ten­dre­mos una ver­sión, la ofi­cial, el momento en que Rosanna, Aminta y Alberto disuel­van el Con­greso y la Corte, pro­cla­men la cen­sura de prensa e impon­gan el “socia­lismo” del siglo XXI.

Enton­ces nos acor­da­re­mos del pre­si­dente Mao Tse Tung, que cons­tató con abso­luta ver­dad que el poder siem­pre ha radi­cado en la boca de los fusi­les, por­que serán los mili­ta­res los que demo­crá­ti­ca­mente deci­di­rán el futuro del Ecua­dor. Como siempre.

Allí recién enten­de­re­mos este inusi­tado amor cas­trense del Presidente.

Fuente: eluniverso.com

Autor: Emilio Palacio

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