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Una democracia a medias
No sorprendió del todo el colapso del intento de Elisa Carrió y Ricardo López Murphy de crear una coalición que fuera capaz de hacer frente al oficialismo en las próximas elecciones. Lo más sorprendente fue que casi lo lograran. Toda fuerza política requiere un aglutinante, y parecería que el único que realmente sirve en la Argentina actual es el constituido por el poder que permite juntar lo que los prejuicios ideológicos mantuvieron separado. Puesto que el presidente Néstor Kirchner y su esposa lo poseen en abundancia, les ha resultado fácil ensamblar una coalición tan amplia como ecléctica que está conformada de pedazos procedentes de una variedad llamativa de partidos, movimientos y sectas políticos. En cambio, aunque en sus propios feudos algunos caudillos opositores cuentan con el poder suficiente como para construir un aparato local temible, ninguno está en condiciones de influir mucho en otras jurisdicciones. ¿Qué puede ofrecerles a los políticos porteños el puntano Alberto Rodríguez Saá salvo un conchabo en la Casa de San Luis? Asimismo, fuera de la Capital Federal, Mauricio Macri es sólo un nombre con cierta resonancia que a lo sumo puede aportar un puñado de votos a quienes merecen su bendición. Huelga decir que tales prohombres no pueden competir con la pareja gobernante que dispone de recursos que le permiten tentar a personajes relevantes en todas las provincias y municipalidades del país.
A diferencia de los Kirchner, Carrió y López Murphy sólo cuentan con sus imágenes respectivas y las ideas que le han supuesto la adhesión de minorías distintas, pero no del grueso de la ciudadanía, porque ninguno parece representar una opción de gobierno genuina. “Lilita” es vista como una mujer impulsiva, una “mística” a la que le encanta profetizar calamidades apocalípticas y renacimientos milagrosos, además de denunciar la corrupción con vehemencia insólita. Por su parte, el “bulldog” es tomado por un tecnócrata calculador, frío y racional que piensa más en las abstracciones económicas, que en lo que significarían las medidas que propone para las personas de carne y hueso. Sin embargo, como tantos otros críticos congénitos del estado del planeta, en los años últimos Carrió parece haberse deslizado hacia el centro del espectro ideológico, y López Murphy ha prestado más atención que antes a los sentimientos e intereses de quienes serían afectados por las recetas que propone.
Su eventual asociación no se debería sólo a los años de militancia en la UCR que tienen en común, sino también a que los dos entienden que la democracia argentina seguirá siendo defectuosa si, a pesar de compartir las mismas pautas éticas, los políticos opositores insisten en segregarse en grupúsculos definidos por la lealtad hacia alguno que otro dirigente difunto o por una visión ideológica estrecha e intolerante. Los grandes partidos del mundo desarrollado son forzosamente entidades pluralistas en las que cabe aproximadamente la mitad de los interesados en política y que procuran ampliarse aún más para conseguir los votos de la mayoría. Aunque siempre habrá una línea divisoria, no hay razón alguna por la que personas tan disímiles la una de la otra, como los dos ex correligionarios, no puedan ubicarse al mismo lado de ella.
La convergencia hacia el centro no sólo de Carrió y López Murphy sino también de muchos otros políticos es una señal de que por fin la política argentina está alejándose de los prejuicios tradicionales que, en opinión de tantos visitantes extranjeros, la hacen apenas comprensible. Con todo, mientras que en otras latitudes los dirigentes partidarios y quienes los asesoran tratan de encontrar la forma de combinar el rigor económico reivindicado por López Murphy con la sensibilidad social que se supone es la prioridad de Carrió, a sabiendas de que ambos son fundamentales, aquí los más aún están acostumbrados a creer que en el fondo son incompatibles y que por lo tanto el acercamiento de la arista y el “neoliberal” se inspira más en el oportunismo que en el deseo compartido de construir una alternativa al orden populista, corporativista y clientelista imperante.
Quienes piensan así no quieren entender que conforme a las pautas europeas y norteamericanas López Murphy dista de ser el fanático ultraderechista resuelto a depauperar a los ya pobres de la imagen satánica confeccionada por el ala populista del radicalismo, los peronistas y las diversas fracciones de la izquierda criolla. Antes bien, es un moderado que no desentonaría en un gobierno socialdemócrata en Alemania, Holanda, Suecia o el Reino Unido. Tampoco lo haría Carrió como una ministra de Bienestar Social o la encargada de eliminar un brote de corrupción. Aunque los desafíos que enfrenta la Argentina actual no son idénticos a los que atribulan a los gobernantes de los países ya ricos, es escapista suponer que por dicho motivo el país tenga que reinventar las reglas económicas que, mal que nos pese, son en todas partes las mismas, razón por la que a la larga no podría tener éxito una política de inclusión social a menos que se apoye en una economía de mercado bien manejada que pueda prosperar en el mundo tal y como éste efectivamente es.
Se atribuye el fracaso, acaso permanente, de la tentativa de hacer de un eventual pacto entre Carrió y López Murphy la base de un movimiento opositor que estaría en condiciones de disputarle a Cristina de Kirchner las elecciones del 28 de octubre y, en el caso de que perdiera, de asegurar que durante el próximo período presidencial el oficialismo respete más la Constitución y los principios democráticos, al escaso aprecio que siente la chaqueña por la figura de Mauricio Macri. Puesto que López Murphy no está dispuesto a dar la espalda de manera tan ostentosa a quien ha sido su aliado si bien uno muy tibio que, envalentonado por su triunfo notable en la Capital Federal, ya no tiene demasiado interés en el destino de su presunto socio, continuar con las negociaciones le fue lo que Carrió calificaría de una imposibilidad moral.
¿Qué hizo Macri para merecer ser excomulgado por Carrió? Si no fue nada más que ser un empresario exitoso, un eventual gobierno encabezado por ella sería un auténtico desastre para un país cuyo atraso tiene mucho que ver con el desdén que sienten quienes a menudo brindan la impresión de suponer que, con pocas excepciones, los empresarios son delincuentes de cuello blanco, rapiñeros sin escrúpulos. Aunque no hay motivos para creer que Néstor Kirchner y su esposa compartan tales prejuicios, su gobierno no ha titubeado en aprovecharlos a fin de intimidar a quienes se resisten a sumarse a su “proyecto”, con el resultado de que la crisis energética que se las arreglaron para provocar no tardará en verse acompañada por otras, perspectiva ésta que ya preocupa a Cristina, que con toda probabilidad las heredará.
De todos modos, para que la democracia funcione de manera adecuada, se precisa algo más que la existencia formal de las instituciones apropiadas, comicios que sean más o menos limpios y libertad de opinión y de asociación. También es necesario que la oposición de turno sea lo bastante fuerte como para obligar al gobierno a acatar todas las reglas y que la ciudadanía sea consciente de lo peligroso que sería si dirigentes determinados se convencieran de que les sería dado pisotear las normas sin correr riesgo electoral alguno. En las democracias maduras, hasta los políticos más populares saben que les conviene abstenerse de violar la ley, pero en aquellos países en los que las instituciones son precarias se presume que, como dijo una vez el fallecido Alfredo Yabrán, el poder equivale a impunidad. Es así porque quienes no se sienten comprometidos con el gobierno actúan por separado y en consecuencia carecen de los medios para ponerlo en peligro. Son como francotiradores sueltos armados con rifles anticuados que disparan contra aviones supersónicos: por buena que sea su puntería, su actividad para nada servirá hasta que los blancos estén a su alcance luego de regresar a tierra.
Fuente: Rio Negro online
Autor: JAMES NEILSON
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Un comentario en “Una democracia a medias”
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Increíblemente, hay “aspirantes” a presidente en Argentina que manifiestan “SI NO SALGO PRESIDENTE, ME POSTULO A INTENDENTE DE MALDONADO(URUGUAY)” by Elisa Carrió.
Criticamos a quien nos gobierna, pero los que quieren hacerlo , SON PEORES!
Por Favor!!