- May 2012
- April 2012
- March 2012
- February 2012
- January 2012
- December 2011
- November 2011
- October 2011
- September 2011
- August 2011
- July 2011
- June 2011
- May 2011
- April 2011
- March 2011
- December 2010
- June 2010
- May 2010
- April 2010
- March 2010
- February 2010
- January 2010
- December 2009
- November 2009
- October 2009
- September 2009
- August 2009
- July 2009
- June 2009
- May 2009
- April 2009
- March 2009
- February 2009
- January 2009
- December 2008
- November 2008
- October 2008
- September 2008
- August 2008
- July 2008
- June 2008
- May 2008
- April 2008
- March 2008
- February 2008
- January 2008
- December 2007
- November 2007
- October 2007
- September 2007
- August 2007
- July 2007
- June 2007
- May 2007
- April 2007
- March 2007
- February 2007
- January 2007
- December 2006
- November 2006
- October 2006
- September 2006
- August 2006
- July 2006
- June 2006
- May 2006
Chile — Educación de calidad, libre y democrática
Desde que la Concertación llegó al poder, aumentó el totalitarismo educacional, copando los contenidos programáticos con un burdo marxismo latinoamericano de los años 50, de lucha de clases, explotación, imperialismo, todo ello presentado con nuevos términos como neoliberalismo, antiglobalización, multinacionales, bolivarianismo, en el contexto de las ya clásicas mentiras del agotamiento de los recursos, el exceso de gente (¿habría que matarla?), la falta de tierra y alimentos, etcétera.
Más del 86 por ciento de nuestros estudiantes lee textos únicos oficiales. A los socialistas les parece normal, aunque se trata de lo clásico de las dictaduras de corte ideológico, estalinista, nazista, franquista, fascista, chavista, cubana o concertacionista. Esta última se esmera, sutilmente, en reforzar la enseñanza de una verdad oficial, que va desde valores poco religiosos hasta relaciones productivas y laborales “de explotación”, pasando por las sexuales, que parecen apuntar a un ideal hermafrodita.
Hay un control semitotalitario mediante el Consejo Nacional de Televisión y variadas oficinas públicas con enormes sumas para publicidad sesgada. Hay, también, un Canal Nacional, el diario “La Nación”, pegas, becas, variadas agregadurías, premios nacionales de todo y platas enormes de empresas del Estado, sólo para los del régimen. También hay totalitarismo cultural indígena y decenas de reparticiones y empresas del Estado para los “progresistas”.
Y tenemos un Ministerio de Educación y otro de Cultura, superintendencias, subsecretarías y “expertos” en educación y saberes complejos, que se multiplican, como los impuestos, para variados gastos inútiles. Y profesores inamovibles, con sueldos crecientes, que perciben hagan o no clases, buenas o malas. Ascensos y nombramientos sesgados políticamente, y rígidas órdenes sobre jornadas dobles, con horarios y contenidos fijos para toda la eternidad. Y nada de competencia, porque es satánica: ella crea eficiencia, calidad e innovación en todo, pero no en la educación, dicen los “especialistas” que se quedarían sin pega si hubiera libertad de educación. Ellos ganan plata con el control, la preparación y aplicación de la PSU, los preuniversitarios, la acreditación de universidades, la vigilancia y el control de colegios –baños incluidos– y cursos variados a desprevenidos profesores y estudiantes.
En la enseñanza oficial, la palabra libertad está proscrita, al igual que los cursos de economía, considerados entre capitalistas y demoníacos. Hoy se enseña esta ciencia en todo el mundo (incluso con premios Nobel), menos en Chile, donde en su reemplazo se presenta la palabrería latina antilibertad y antidesarrollo, un marxismo vulgar.
Y abundan los profesores que no conocen sus materias, porque en los pedagógicos las estudian en pocas horas, en comparación con las técnicas de enseñanza, metodologías y demás. Es lo que el educador liberal Óscar Garrido llama “pedagogicismo”.
Aunque sólo sea por el futuro de los hijos y el logro de una democracia libre y personalista, juntémonos para protestar y pedir, no más calidad, plata e impuestos, sino la libertad y la competencia que mejorarán la educación. Terminemos con el derroche fiscal, y traspasemos los colegios a padres, fundaciones e instituciones especializadas, junto a un bono o subsidio “ético” a la demanda libre de pobres y grupos medios, que, además, fomente la educación en los hogares.
Fuente: El Mercurio
Autor: Álvaro Bardón
Link Rss para esta publicación
Link permanente al articulo
Enviar a un amigo


















No hay comentarios en “Chile — Educación de calidad, libre y democrática”
Porfavor espere...
Deje un comentario