Sáhara: Una Nación sin Estado (Parte I)

Antonio Florido Lozano Hablar del Sáhara es hacerlo de una tie­rra que vive desde hace ya dema­siado tiempo en un ambiente, en una situa­ción de ver­da­dera incer­ti­dum­bre. Varios han sido en el pasado los gobier­nos que han deseado a esta región como parte de sus pro­pios terri­to­rios. Aun hoy, el gobierno marro­quí man­tiene a los saha­rauis bajo la tenaza, la férrea tenaza, de su influen­cia y de su capri­cho. Qué ten­drá esta zona del mundo que tan­tos novios la han pre­ten­dido. Hasta España coque­teó con ella durante buena parte del siglo pasado. Y hasta la mis­mí­sima ONU – orga­nismo en nues­tra opi­nión total­mente inú­til e inope­rante – se ha intere­sado en su des­tino, más qui­zás por aca­llar las voces de su pro­pia con­cien­cia de ins­ti­tu­ción para la regu­la­ción del orden moral uni­ver­sal que por otra cosa.

El Sáhara se carac­te­riza por haber sido siem­pre (hasta la lle­gada de la colo­ni­za­ción espa­ñola) abso­lu­ta­mente inde­pen­diente de todo poder esta­tal y por su pecu­liar eco­no­mía y modo de super­vi­ven­cia, basa­das en el noma­deo cons­tante de sus gana­dos. Carac­te­rís­ti­cas que han con­for­mado a un pue­blo radi­cal­mente dis­tinto tanto de sus veci­nos marro­quíes como mau­ri­ta­nos. Acla­ra­mos que la tie­rra de la que habla­mos es la situada en la zona noroc­ci­den­tal del con­ti­nente afri­cano, que­dando deli­mi­tada al norte por el río Dra, que la separa de Marrue­cos de forma natu­ral; al sur por la región de Uadibe, Cabo Blanco, el Adrar Sotuf y el Aze­fal are­noso; y, al este, por la depre­sión salina de Iyil, Bir Um Grein y la lla­nura de Tinduf.

El Sáhara (región de la Saguia el Hamra) ha estado poblado desde épocas prehis­tó­ri­cas, pero debe­mos espe­rar hasta el siglo XI para ver el fenó­meno de la isla­mi­za­ción. Apa­re­cie­ron de este epi­so­dio los cono­ci­dos almo­rá­vi­des quie­nes dan paso poco más tarde al pue­blo almohade. Fue la sim­bio­sis entre árabes y bere­be­res (autóc­to­nos) la que formó la socie­dad saha­riana. Y ya entre los siglos XIV y XV se pro­duce el pri­mer con­tacto entre los pue­blos del Sáhara y los europeos.

Aun­que los saha­rauis siem­pre han estado y vivido allí, en el desierto, al socaire de aires euro­peos, han sido estos últi­mos quie­nes len­ta­mente se han acer­cado a sus lími­tes. Los pri­me­ros fue­ron, sin duda, los por­tu­gue­ses en su afán de lle­gar a Gui­nea y con­se­guir nue­vas tie­rras, oro y escla­vos. Poco antes los mis­mos espa­ño­les envia­ron nume­ro­sas expe­di­cio­nes por aque­llas lati­tu­des (1385), pero con escaso éxito. Mien­tras que los árabes no nave­ga­ban por aque­llas fechas por el África Occidental.

Poco a poco a par­tir del siglo XVI se va con­for­mando la socie­dad saha­raui iden­ti­fi­cán­dose por una uni­dad cul­tu­ral espe­cí­fica y sin­gu­lar, sobre­sa­liendo su uni­dad eco­nó­mica, una len­gua y lite­ra­tura pro­pias, así como un impar modo de enten­der la música, el dere­cho y las cos­tum­bres. Y de forma pareja van desa­rro­llán­dose unas ins­ti­tu­cio­nes pro­pias que desem­pe­ñan la admi­nis­tra­ción del poder. Sin embargo, el lla­mado Sáhara Occi­den­tal per­ma­nece sumer­gido en sí mismo y casi olvi­dado por la his­to­ria durante los siglos XVII, XVIII y gran parte del XIX.

Será en los últi­mos años del siglo XIX cuando se pro­duzca la pre­sen­cia espa­ñola de forma con­ti­nua y el con­si­guiente lazo del Sáhara con el resto del mundo. Pero esto es asunto de otro artículo. Vale.

Autor: Antonio Florido Lozano

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