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Sáhara: Una Nación sin Estado (Parte I)
Hablar del Sáhara es hacerlo de una tierra que vive desde hace ya demasiado tiempo en un ambiente, en una situación de verdadera incertidumbre. Varios han sido en el pasado los gobiernos que han deseado a esta región como parte de sus propios territorios. Aun hoy, el gobierno marroquí mantiene a los saharauis bajo la tenaza, la férrea tenaza, de su influencia y de su capricho. Qué tendrá esta zona del mundo que tantos novios la han pretendido. Hasta España coqueteó con ella durante buena parte del siglo pasado. Y hasta la mismísima ONU – organismo en nuestra opinión totalmente inútil e inoperante – se ha interesado en su destino, más quizás por acallar las voces de su propia conciencia de institución para la regulación del orden moral universal que por otra cosa.
El Sáhara se caracteriza por haber sido siempre (hasta la llegada de la colonización española) absolutamente independiente de todo poder estatal y por su peculiar economía y modo de supervivencia, basadas en el nomadeo constante de sus ganados. Características que han conformado a un pueblo radicalmente distinto tanto de sus vecinos marroquíes como mauritanos. Aclaramos que la tierra de la que hablamos es la situada en la zona noroccidental del continente africano, quedando delimitada al norte por el río Dra, que la separa de Marruecos de forma natural; al sur por la región de Uadibe, Cabo Blanco, el Adrar Sotuf y el Azefal arenoso; y, al este, por la depresión salina de Iyil, Bir Um Grein y la llanura de Tinduf.
El Sáhara (región de la Saguia el Hamra) ha estado poblado desde épocas prehistóricas, pero debemos esperar hasta el siglo XI para ver el fenómeno de la islamización. Aparecieron de este episodio los conocidos almorávides quienes dan paso poco más tarde al pueblo almohade. Fue la simbiosis entre árabes y bereberes (autóctonos) la que formó la sociedad sahariana. Y ya entre los siglos XIV y XV se produce el primer contacto entre los pueblos del Sáhara y los europeos.
Aunque los saharauis siempre han estado y vivido allí, en el desierto, al socaire de aires europeos, han sido estos últimos quienes lentamente se han acercado a sus límites. Los primeros fueron, sin duda, los portugueses en su afán de llegar a Guinea y conseguir nuevas tierras, oro y esclavos. Poco antes los mismos españoles enviaron numerosas expediciones por aquellas latitudes (1385), pero con escaso éxito. Mientras que los árabes no navegaban por aquellas fechas por el África Occidental.
Poco a poco a partir del siglo XVI se va conformando la sociedad saharaui identificándose por una unidad cultural específica y singular, sobresaliendo su unidad económica, una lengua y literatura propias, así como un impar modo de entender la música, el derecho y las costumbres. Y de forma pareja van desarrollándose unas instituciones propias que desempeñan la administración del poder. Sin embargo, el llamado Sáhara Occidental permanece sumergido en sí mismo y casi olvidado por la historia durante los siglos XVII, XVIII y gran parte del XIX.
Será en los últimos años del siglo XIX cuando se produzca la presencia española de forma continua y el consiguiente lazo del Sáhara con el resto del mundo. Pero esto es asunto de otro artículo. Vale.
Autor: Antonio Florido Lozano
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