La cultura del desparpajo

Alberto Fernandez“En reali­dad, habría que ser jus­tos con el jefe del Gabi­nete y coin­ci­dir con él. Es ver­dad que aumentó el pre­cio de la papa, aun­que se lo pre­ten­dió “more­ni­zar” a 1,40 peso el kilo­gramo, pero no lo es menos que, por ejem­plo, los apa­ra­tos de tomo­gra­fía con emi­sión de posi­tro­nes y otros artícu­los que inte­gran la lla­mada canasta fami­liar, coti­za­dos en divi­sas extran­je­ras, han man­te­nido sus pre­cios en los últi­mos meses.

Las afir­ma­cio­nes teme­ra­rias que gas­tan desde el Pre­si­dente para abajo en la escala buro­crá­tica for­man parte de lo que bien puede ser lla­mada “cul­tura del des­par­pajo”: nie­gan lo evi­dente, des­pre­cian la inte­li­gen­cia de la ciu­da­da­nía y desa­fían su sen­tido común. Nada con­tiene los exce­sos ver­ba­les de los prac­ti­can­tes de esa cul­tura, ni siquiera la even­tua­li­dad de cha­pa­lear en las aguas tur­bias del ridículo.”

Con alar­des de des­pre­cio por la inte­li­gen­cia de la ciu­da­da­nía, inte­gran­tes del Poder Eje­cu­tivo Nacio­nal hacen decla­ra­cio­nes que agra­vian el sen­tido común.

El jefe de Gabi­nete de la Nación, Alberto Fer­nán­dez, afirmó de modo rotundo que en la Argen­tina no existe infla­ción. Explicó su sor­pren­dente ase­ve­ra­ción con una sin­gu­lar teo­ría: “La infla­ción supone un alza gene­ra­li­zada de pre­cios. En el país no hay un alza gene­ra­li­zada de pre­cios y nadie se anima a afir­mar teme­ra­ria­mente seme­jante cosa”.

Teme­ra­ria inter­pre­ta­ción de la situa­ción eco­nó­mica nacio­nal, que refleja con pas­mosa fide­li­dad el sen­tido y el estilo de gobierno que se viene eje­cu­tando desde 2003 y que crece a medida que se apro­xi­man las elec­cio­nes presidenciales.

Ese sen­tido y estilo de gobierno con­siste, bási­ca­mente, en negar los datos de la reali­dad o, si no hay espa­cio para la nega­ción, mani­pu­lar a ésta de tal manera que los indi­ca­do­res adver­sos que­den sepul­ta­dos bajo la ava­lan­cha de refu­ta­cio­nes, denun­cias y recri­mi­na­cio­nes que sus­ci­tan las men­ti­ras a designio.

Por si no hubiese sido lo sufi­cien­te­mente claro, Fer­nán­dez exten­dió su magis­te­rio con otra teme­ra­ria expli­ca­ción: “Se des­cu­bre que la papa sube y enton­ces todos hablan de la papa; pero que la papa suba no quiere decir que hay un aumento gene­ra­li­zado de pre­cios”. En reali­dad, habría que ser jus­tos con el jefe del Gabi­nete y coin­ci­dir con él. Es ver­dad que aumentó el pre­cio de la papa, aun­que se lo pre­ten­dió “more­ni­zar” a 1,40 peso el kilo­gramo, pero no lo es menos que, por ejem­plo, los apa­ra­tos de tomo­gra­fía con emi­sión de posi­tro­nes y otros artícu­los que inte­gran la lla­mada canasta fami­liar, coti­za­dos en divi­sas extran­je­ras, han man­te­nido sus pre­cios en los últi­mos meses.

Las afir­ma­cio­nes teme­ra­rias que gas­tan desde el Pre­si­dente para abajo en la escala buro­crá­tica for­man parte de lo que bien puede ser lla­mada “cul­tura del des­par­pajo”: nie­gan lo evi­dente, des­pre­cian la inte­li­gen­cia de la ciu­da­da­nía y desa­fían su sen­tido común. Nada con­tiene los exce­sos ver­ba­les de los prac­ti­can­tes de esa cul­tura, ni siquiera la even­tua­li­dad de cha­pa­lear en las aguas tur­bias del ridículo.

Por cierto, la prác­tica del des­par­pajo no es pri­vi­le­gio exclu­sivo de los inte­gran­tes del Poder Eje­cu­tivo Nacio­nal. Sus pro­sé­li­tos se extien­den por los cua­tro rum­bos del país.

Así, por caso, León Ars­la­nian, minis­tro de Segu­ri­dad de la Pro­vin­cia de Bue­nos Aires, enri­que­ció esta cul­tura con su céle­bre afir­ma­ción de que no existe la inse­gu­ri­dad; lo que existe es la sen­sa­ción de inse­gu­ri­dad. Pro­ba­ble­mente él mismo padezca tal sen­sa­ción, por­que suele con­cu­rrir al club de golf del que es socio acom­pa­ñado por una nutrida guar­dia de corps, que segu­ra­mente no cum­ple fun­cio­nes de cad­dies mien­tras su supe­rior trata de batir el par de la cancha.

El des­pre­cio y el desa­fío mili­tan­tes hasta per­mi­ten reco­no­cer públi­ca­mente situa­cio­nes que en otros tiem­pos, cuando el con­cepto de honor tenía sen­tido y valor, serían inima­gi­na­bles o into­le­ra­bles. El pro­pio Ars­la­nian había admi­tido en noviem­bre de 2004 que era el dueño del estu­dio jurí­dico que lleva jui­cios del fidei­co­miso del Banco de la Pro­vin­cia de Bue­nos Aires, algo total­mente incom­pa­ti­ble con el desem­peño de fun­cio­nes públi­cas, por ele­men­ta­les razo­nes de con­flicto de intereses.

Per­te­ne­cen tam­bién a la cul­tura del des­par­pajo inau­gu­ra­cio­nes solem­nes de obras públi­cas, callando para siem­pre lo que el era­rio pagó por ellas, y cam­biar de repar­ti­cio­nes a fun­cio­na­rios invo­lu­cra­dos en cla­mo­ro­sos actos de corrup­ción o man­te­ner­los en sus car­gos como mera demos­tra­ción de poder.

O, peor aún, pro­te­ger­los y brin­dar­les trato pri­vi­le­giado si han incu­rrido en deli­tos impo­si­bles de ocul­tar o de bas­tar­dear la reali­dad (por ejem­plo, si alguno de los lea­les, con los ner­vios elec­to­ra­les des­qui­cia­dos, atro­pe­lla a una manifestación).

La cul­tura del des­par­pajo se ins­pira en un prin­ci­pio fun­da­men­tal: la osten­tosa falta de res­peto por la dig­ni­dad de la ciu­da­da­nía, que importa muy poco, si es que importa, para sus prosélitos.

Sólo la recuer­dan en alguna arenga des­tem­plada, cuando la uti­li­zan como este­reo­tipo ora­to­rio que sólo sirve para redon­dear un párrafo pla­gado de fal­sas pro­me­sas, men­ti­ras a desig­nio y luga­res comu­nes cuyo vuelo alcanza las altu­ras del de las aves de corral.

Fuente: La Voz del Interior

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4 Comentarios en “La cultura del desparpajo”  

  1. 1 jorge

    Qui­zás debiera titu­larse la “cul­tura del des­pojo”, no sólo por­que están des­po­jando a toda la nación de sus recur­sos, leyes y con­cor­dia social, sino tam­bién por­que los ideó­lo­gos y eje­cu­to­res son des­po­jos “humanos”.¿Hasta cuando vamos a soportar?

  2. 2 rafafranpinto

    Las pilas DURA­CEL cos­ta­ban $2 c/u,ahora cues­tan
    $ 2.50. Son bra­si­le­ñas. En Bra­sil habra aumen­tado el U$S el 20% ?.- Las papas de $ 1.40 que vende COTO son de terror,blandas y tajea­das. La bote­lla de vino Orfila Reserva que estaba en los super y en los chi­nos a $ 2.80 se fué a $ 3.40, se habrán car­te­li­zado? Los zapa­tos bue­nos que cos­ta­ban $ 260.00 en enero hoy misma casa $3.60. Lo único que
    no subie­ron fue­ron las tar­je­tas de los bin­gos, de las maqui­ni­tas y los bole­tos del hipódromo.Más?

  3. 3 Matilde del Carmen Masats

    Para­fran­pito: es lo único que no sube los jue­gui­tos, por­que estos los maneja el gobierno bonae­rence. Y los que jue­gan son los más pobres. ¿ SI COMEN SAL­TEADO ES OTRA COSA ? Los melli­zos fer­nan­dez nos supe­ra­ron con tanta mal­dad ya no les queda voca­bu­la­rio e impro­pe­rios para los pos­tu­lan­tes. ¿ Me pre­gunto los 40.000.000 de Argen­ti­nos somos de palo? Que se pien­san con esas res­pues­tas dia­rias, que lo tie­nen com­prado a Dios.Uno más inso­lente que el otro. MEJOR DICHO IGUALES.

  4. 4 Tito en el Caribe

    EL TANGO “CAM­BA­LA­CHE” lo dice claro.

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