Hilar fino …

Manuel NamuncuraHilar fino y con “espí­ritu de anti­cua­rio” en mate­ria de filia­cio­nes étni­cas y racia­les (antes la raza tenía una supuesta cate­go­ría cien­tí­fica hoy des­men­tida total­mente) resulta cada vez más abu­rrido dados los innu­me­ra­bles con­tac­tos y mes­ti­za­jes de la huma­ni­dad en la his­to­ria, inclu­yendo aque­llos que el cien­tí­fico des­co­noce y que por ende no puede cons­truir, o mejor dicho, que “cons­truye” con mero valor provisorio.

Ade­más, es bas­tante reac­cio­na­rio que ese pro­ce­der se use (explí­cita o implí­ci­ta­mente) para vali­dar supues­tas carac­te­rís­ti­cas dife­ren­cia­les entre miem­bros del género humano con olvido de sus ele­men­tos comu­nes o afi­nes, las cua­les se traen a cola­ción para adju­di­car­les o negar­les cier­tos dere­chos.
Tal vez pueda ale­garse que esos estu­dios se vin­cu­lan con el dere­cho a la iden­ti­dad de los “pue­blos”, y que la vigen­cia y fomento de este dere­cho expresa el espí­ritu demo­crá­tico de una socie­dad. Pero esto tam­bién puede ser con­tra­di­cho por la expe­rien­cia reciente de con­ce­bir que la huma­ni­dad reco­rre un camino (¿o una carrera?) por una pista donde cada “pue­blo” debe andar por su pro­pio anda­ri­vel, lo cual es resal­tado como “patri­mo­nio” cultural.

Eso resultó el “mul­ti­cul­tu­ra­lismo”: mucho res­peto, mucho dis­curso soli­da­rio hacia los dife­ren­tes y explo­ta­dos del pla­neta, desde una posi­ción domi­nante, pero que cada ser humano, que es único e irre­pe­ti­ble, siga siendo como ha venido siendo. Esto último con la debida acla­ra­ción de que los sec­to­res socia­les y nacio­na­les del mundo que prac­ti­can la domi­na­ción y explo­ta­ción de otros pre­ten­den con­ti­nuar sin varia­cio­nes, en tanto sus víc­ti­mas pre­ten­den inver­tir ese orden injusto. Una ver­sión his­tó­rica postuló la “dic­ta­dura del pro­le­ta­riado” como camino a la jus­ti­cia cuando sim­ple­mente fue la con­ti­nui­dad de la dia­léc­tica amigo-enemigo.

Lo cierto es que pre­ten­der hacer de cada par­ti­cu­lar un uni­verso des­co­nec­tado del resto –pri­vi­le­giando supues­tas dife­ren­cias y caren­cias– no cons­ti­tuye un camino hacia el encuen­tro y el diá­logo inter­cul­tu­ral. Pri­me­ra­mente por­que las cul­tu­ras están vivas, son diná­mi­cas, y en con­di­cio­nes de res­peto y diá­logo ver­da­de­ros se mue­ven como el agua, que siem­pre busca su nivel, pues las cul­tu­ras, lo mismo que sus miem­bros, no tie­nen “una” iden­ti­dad, sino muchas y simul­tá­neas que vie­nen a ser como ropa­jes vivien­tes, por tanto cam­bian­tes, con los que se recu­bre o se mues­tra el ser de cada uno.
Por tanto, estas for­mas no son natu­ra­les. Las iden­ti­da­des son cons­truc­cio­nes tanto socia­les como per­so­na­les, por tanto his­tó­ri­cas. Pos­tu­lar aun implí­ci­ta­mente la vigen­cia de fac­to­res espe­cí­fi­cos como deter­mi­nan­tes de iden­ti­da­des cul­tu­ra­les, aún den­tro de pro­ce­sos reivin­di­ca­to­rios de pue­blos o etnias some­ti­dos, es con­ge­lar los pro­ce­sos his­tó­ri­cos de iden­ti­fi­ca­cio­nes múl­ti­ples cuando éstos tam­bién están suje­tos a car­ta­bo­nes cambiantes.

De modo que si para una posi­ción la cul­tura mapu­che es de los mapu­ches y éstos tie­nen dere­chos de pro­pie­dad par­ti­cu­lar sobre ella, inclui­dos los dere­chos de pro­pie­dad inte­lec­tual, bien puede pen­sarse y tener anda­miento otra posi­ción que sos­tenga que la cul­tura mapu­che es de la huma­ni­dad, y que todos los huma­nos deben sen­tirla como pro­pia y pre­ser­varla y ponerla en valor como patri­mo­nio his­tó­rico de la huma­ni­dad, y al mismo tiempo que los mapu­ches sien­tan como pro­pia y pre­ser­ven y conoz­can los lega­dos de otras cul­tu­ras his­tó­ri­cas, en lugar de per­ma­ne­cer rele­ga­dos a la posi­ción de tes­ti­mo­nios y relic­tos de su par­ti­cu­la­rismo, como si se tra­tara de una supuesta huma­ni­dad par­ti­cu­lar con un supuesto pen­sa­miento prefilosófico.

La huma­ni­dad de los hom­bres no es par­ti­cu­lar, ni lo fue ni lo será, de modo que la lógica del desa­rro­llo de una moral uni­ver­sal que no es incom­pa­ti­ble con las mora­les reli­gio­sas par­ti­cu­la­res es la común-unidad: aque­llo que hace que lo mío sea tuyo y lo tuyo sea mío en esta aven­tura del tiempo y el espa­cio, incluida la tie­rra. Y sobre todo ella.

Lo pre­ce­dente vale tam­bién para los dere­chos huma­nos, que no son “pro­pie­dad” de las izquier­das, y cuando así resulta ello es lamen­ta­ble, pues ellos deben estar por encima de las ideo­lo­gías y las fac­cio­nes cir­cuns­tan­cia­les si real­mente pre­ten­den ser “huma­nos”. Los dere­chos huma­nos de los pue­blos some­ti­dos cons­ti­tu­yen reivin­di­ca­cio­nes y tareas pen­dien­tes de todas las socie­da­des en su conjunto.

El párrafo pre­ce­dente nos conecta con el prin­ci­pio real de la inte­gra­ción social, nacio­nal y de la huma­ni­dad toda, tan decla­mado, tan poco satis­fac­to­ria­mente rea­li­zado y tan dis­tor­sio­nado que nos lleva a adver­tir “sí a la inte­gra­ción, pero con jus­ti­cia”. En este sen­tido, en esta cul­tura de “Argen­tina”, la con­di­ción de argen­tino no es una arma­dura medie­val, pesada y asfi­xiante como una ente­le­quia meta­fí­sica con­ge­lada bajo los ropa­jes de una irra­cio­na­li­dad lla­mada “ser nacio­nal”. La con­di­ción actual de argen­ti­nos revela con­tra­dic­cio­nes, hete­ro­ge­nei­da­des, asi­me­trías, res­pecto de quie­nes la invis­ten. Pero es tam­bién una esta­ción de la vida con­tem­po­rá­nea en la que esta­mos toda­vía jun­tos para poten­ciar nues­tros esfuer­zos com­par­ti­dos en fun­ción de mejo­rar indi­vi­dual y socialmente.

Esas con­tra­dic­cio­nes, hete­ro­ge­nei­da­des, asi­me­trías, injus­ti­cias en suma, tal vez sean las mis­mas que exis­tían hacía fines del siglo XIX, pero desde enton­ces nues­tro país cre­ció y mejoró, y con­quistó dere­chos con las luchas de las mayo­rías socia­les que no eran ni son homo­gé­neas, pero que siem­pre apues­tan al futuro, a dife­ren­cia de tan­tos diri­gen­tes polí­ti­cos e inte­lec­tua­les retrógrados.

Como expre­sión de esa apuesta a la común-unidad bajo la cir­cuns­tan­cial con­di­ción de argen­ti­nos en el pasado traigo a cola­ción la para mí con­mo­ve­dora carta de Manuel Namun­curá, padre de Cefe­rino, al dia­rio La Prensa, el 30 de abril de 1908, a los 97 años de edad:

Me es dolo­roso recor­dar lo que se tiene por famosa con­quista de la pampa, en cuya vir­tud los míos fue­ron desa­lo­ja­dos de las Sali­nas Gran­des, donde se des­lizó mi niñez, viendo diri­gir a mi malo­grado padre, el gene­ral Juan Cal­fu­curá, a cien mil hom­bres, con quie­nes com­ba­tió heroi­ca­mente durante cua­renta años a los chi­le­nos… des­pués… me ausenté lle­vando el pabe­llón de la patria, que lo he sabido hon­rar desde mi juven­tud, tal vez mejor que muchos que se han titu­lado patrio­tas y que no han bus­cado otra cosa que hacerse pro­pie­ta­rios de las tie­rras… No me quedó otro recurso que remon­tar a pie las cum­bres neva­das de los Andes… me habían puesto fuera de la ley… A pesar de que mi patrio­tismo no decayó un ins­tante y de que hacía gala de él en suelo extran­jero, desde mi lle­gada a la repú­blica de Chile fui objeto de la mayor hos­pi­ta­li­dad. …en Villa Rica se me pre­sen­ta­ron mil ocho­cien­tos sol­da­dos… que vol­vían triun­fan­tes del Perú… Que­rían que acep­tara ese con­tin­gente y otros que ven­drían luego, para diri­gir­los a la con­quista de las tie­rras de que fui desa­lo­jado por el ejér­cito argen­tino. Pero sentí, como buen patriota, que me aver­gon­zaba de oír tales ofre­ci­mien­tos y los rechacé con toda ener­gía y alti­vez, decla­rán­dome más argen­tino que muchos de los que se halla­ban des­ta­ca­dos en la fron­tera de la pampa y desea­ban exter­mi­nar a los de mi raza. Enton­ces resolví regre­sar solo a mi patria… había guar­dado silen­cio hasta ahora, cre­yendo ser­vir así a los intere­ses de mi patria, pero he resuelto comu­ni­carlo… en vista de que casi he des­a­pa­re­cido del mundo de los vivos”.

Si Manuel Namun­curá se sen­tía argen­tino y era pehuen­che, ese sen­ti­miento es tan res­pe­ta­ble como el del caci­que tehuel­che Casi­miro, que tenía una pequeña ban­dera argen­tina que lle­vaba a todas par­tes y que pre­si­día todas sus reunio­nes sig­ni­fi­cando que era argen­tino. Sen­ti­miento de argen­ti­ni­dad que ambos com­par­tían con Say­hue­que, de ascen­den­cia mapu­che por su padre Cho­corí, y tehuel­che por su madre, y que hasta tenía más­til en su tol­de­ría y ban­dera que hacía izar en pre­sen­cia de mili­ta­res envia­dos por el gobierno chileno.

Hoy, y por ahora, somos argen­ti­nos, mez­cla de ori­gi­na­rios, euro­peos, afri­ca­nos, asiá­ti­cos y de Ocea­nía, y todos somos y vale­mos igual como her­ma­nos e hijos de un mismo Dios, o de la misma huma­ni­dad para quien lo pre­fiera. Siendo así, ¡qué valor tiene para nues­tros pro­ble­mas nacio­na­les y socia­les de esta etapa his­tó­rica la reciente acla­ra­ción efec­tuada a La Nación en car­tas de Lec­to­res del 24 de Julio ppdo. Por el cono­cido estu­dioso Rodolfo Casa­mi­quela, acerca de que Cefe­rino Namun­curá no era mapu­che sino pehuenche!

Por lo que llevo dicho, me per­mito dis­cre­par en la atri­bu­ción de sig­ni­fi­ca­dos espe­cia­les a la misma para la com­pren­sión y la solu­ción (… o mejora, por lo menos) de los pro­ble­mas nacio­na­les, socia­les y cul­tu­ra­les deri­va­dos de nues­tro drama –com­par­tido entre todas las etnias– de “ser” argentinos.

Autor: Carlos Schulmaister

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3 Comentarios en “Hilar fino …”  

  1. 1 Lic. Claudio Valdez

    Esti­mado Car­los Schul­mais­ter:
    Algu­nos “medio­cres estu­dio­sos” y la diver­si­dad de izquier­das polí­ti­cas fol­cló­ri­cas apro­ve­chan el fenó­meno étnico como pre­ten­dida con­signa democrática.

    Pro­mue­ven la gene­ra­ción de “males­tar social” por una cues­tión que para las Cien­cias Socia­les no reviste casi rele­van­cia: la raza. Esto queda fun­da­men­tado en que “la cons­tante de la raza humana es el mes­ti­zaje” y Amé­rica su demos­tra­ción más cabal, al haber sido con­si­de­rada como un ver­da­dero “cri­sol de razas”.

    La Argen­tina es un terri­to­rio, donde la voca­ción polí­tica de sus ante­pa­sa­dos con­formó una Nación “para noso­tros, para nues­tra pos­te­ri­dad, y para todos los hom­bres del mundo que quie­ran habi­tar en el suelo argen­tino”. Nues­tro drama, bien señala el autor, es com­par­tirlo entre todas las etnias que lo habi­tan. La tra­ge­dia es que infal­ta­bles necios apor­ten a la desin­te­gra­ción de la Patria (tie­rra de los padres) por cues­tio­nes per­so­na­les o par­ti­dis­tas que segu­ra­mente nada tie­nen de soli­da­rias, de libertarias,de igua­li­ta­rias, de equi­ta­ti­vas; desde que si se altera la “paz inte­rior” solo se logra difi­cul­tar la “unión nacio­nal” e impe­dir la decla­mada democracia.

    Ser” argen­tino, es volun­tad polí­tica de pre­ser­var y desa­rro­llar esta tie­rra por la cual nues­tros ances­tros cla­ma­ron, labo­ra­ron y hasta ofren­da­ron sus vidas, fue­ran ellos abo­rí­ge­nes, euro­peos o de otros orí­ge­nes. Recor­de­mos que en el com­plejo mundo del siglo XXI nues­tros des­cen­dien­tes solo podrán “Ser” si les lega­mos nues­tra Patria Argen­tina y la edu­ca­ción que les per­mita con­ser­varla. Lo demás los con­de­na­ría a LA NADA.

    LA NADA ES MUERTE.
    claudioar2006@yahoo.com.ar

  2. 2 hernan

    señor car­los, no tengo mucho para decir y lo que quiero expre­sar, poco tiene que ver con lo escrito en este texto, solo que me veo en la nece­si­dad de que, cono­cién­dolo (de por si muy poco), quiero reco­men­darle para su bien pro­pio, cam­bie un poco, sin per­der la escen­cia, su ojo cri­tico. No esta para nada mal ser rea­lista, es mas, a veces desea­ria serlo un poco mas pero, en fin, lo que quiero comen­tarle es que sea minus­cu­la­mente un poco mas posi­tivo con su forma de ver la vida, lo he oido hablar, he leido articu­los suyos y no veo en ellos, mas que un sim­ple comen­ta­rio de lo que se ve frente a nues­tras nari­ces y desde el punto de vista nega­tivo; el mundo, nues­tro pais, nues­tra ciu­dad esta lleno de basura, pero.. sin pasar a ser un sonzo ciego, vea el vaso medio lleno.
    Por favor, no me mal inter­prete!, con esto no estoy que­riendo citar fra­ses de reco­no­ci­dos libros de auto­ayuda! sim­ple­mente, sepa, que la belleza de la vida vale mas que los ben­di­tos escom­bros que tanto usd como yo encon­tra­mos todos los san­tos dias camino al tra­bajo o de vuelta ya en nues­tros res­pec­ti­vos hoga­res.
    Los libros que reco­mienda leer, con los que pla­nea que la gente siem­pre apunte mas arriba no son malos, pero.. mis esca­zos años de vida en esta tie­rra me han ense­ñado que las lec­cio­nes mas impor­tan­tes se apren­den en el dia a dia, con­vi­viendo, rela­cio­nan­dose, sufriendo en carne pro­pia (o de la manera que usted pueda lle­gar) tris­teza y ale­grias aje­nas, que en muchas oca­sio­nes hacen a la feli­ci­dad de uno. Usted tiene hijos, digame si no fue de lo mas mara­vi­lloso haber­los criado y haber sido autor de sus pri­me­ras ale­grias!.
    Alguna vez me dijo que su punto de vista a los hechos era pre­do­mi­nan­te­mente nega­tivo, hagase un favor, pruebe cam­biar eso. No pierde nada, recuerde que jamas se deja de apren­der.
    Lo apre­cio mucho y le dejo un muy fuerte abrazo.

  3. 3 Carlos Eduardo Penna

    La historia,dice Cafulcura,cacique na<cido en Chile, llego a la< Argen­ti­na­formo malo­nes con los que, efec­tuo saqueos de Pue­los robo Crisianas,mato a pobla­do­res. robo ganado y los ven­dia en Chile a estan­cie­ros, a las cau­ti­vas les cor­taba las plan­tas de los pies para que no huye­ran, de que vivio el y su pue­blo, si no sem­braba nada, solo los malo­nes y los acuer­dos que hizo con Rosas, para que al entre­garle yerba,tabaco, gine­bra y ganado, no ata­cara los pobla­dos, ento­nes luego le declaro la gue­rra al Pre­si­dente Argen­tino Sar­miento, esto hizo que este lo ven­ciera y murio un año des­pues a los 100 años, luego de todo esto, Roca fue tan ase­sino como dicen, si nadie podia sem­brar y tener ganado por temor a los malones.……es una pre­gunta espero con­tes­ta­cion, les envio mis mejo­res salu­dos Car­los Eduardo Penna

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