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Hilar fino …
Hilar fino y con “espíritu de anticuario” en materia de filiaciones étnicas y raciales (antes la raza tenía una supuesta categoría científica hoy desmentida totalmente) resulta cada vez más aburrido dados los innumerables contactos y mestizajes de la humanidad en la historia, incluyendo aquellos que el científico desconoce y que por ende no puede construir, o mejor dicho, que “construye” con mero valor provisorio.
Además, es bastante reaccionario que ese proceder se use (explícita o implícitamente) para validar supuestas características diferenciales entre miembros del género humano con olvido de sus elementos comunes o afines, las cuales se traen a colación para adjudicarles o negarles ciertos derechos.
Tal vez pueda alegarse que esos estudios se vinculan con el derecho a la identidad de los “pueblos”, y que la vigencia y fomento de este derecho expresa el espíritu democrático de una sociedad. Pero esto también puede ser contradicho por la experiencia reciente de concebir que la humanidad recorre un camino (¿o una carrera?) por una pista donde cada “pueblo” debe andar por su propio andarivel, lo cual es resaltado como “patrimonio” cultural.
Eso resultó el “multiculturalismo”: mucho respeto, mucho discurso solidario hacia los diferentes y explotados del planeta, desde una posición dominante, pero que cada ser humano, que es único e irrepetible, siga siendo como ha venido siendo. Esto último con la debida aclaración de que los sectores sociales y nacionales del mundo que practican la dominación y explotación de otros pretenden continuar sin variaciones, en tanto sus víctimas pretenden invertir ese orden injusto. Una versión histórica postuló la “dictadura del proletariado” como camino a la justicia cuando simplemente fue la continuidad de la dialéctica amigo-enemigo.
Lo cierto es que pretender hacer de cada particular un universo desconectado del resto –privilegiando supuestas diferencias y carencias– no constituye un camino hacia el encuentro y el diálogo intercultural. Primeramente porque las culturas están vivas, son dinámicas, y en condiciones de respeto y diálogo verdaderos se mueven como el agua, que siempre busca su nivel, pues las culturas, lo mismo que sus miembros, no tienen “una” identidad, sino muchas y simultáneas que vienen a ser como ropajes vivientes, por tanto cambiantes, con los que se recubre o se muestra el ser de cada uno.
Por tanto, estas formas no son naturales. Las identidades son construcciones tanto sociales como personales, por tanto históricas. Postular aun implícitamente la vigencia de factores específicos como determinantes de identidades culturales, aún dentro de procesos reivindicatorios de pueblos o etnias sometidos, es congelar los procesos históricos de identificaciones múltiples cuando éstos también están sujetos a cartabones cambiantes.
De modo que si para una posición la cultura mapuche es de los mapuches y éstos tienen derechos de propiedad particular sobre ella, incluidos los derechos de propiedad intelectual, bien puede pensarse y tener andamiento otra posición que sostenga que la cultura mapuche es de la humanidad, y que todos los humanos deben sentirla como propia y preservarla y ponerla en valor como patrimonio histórico de la humanidad, y al mismo tiempo que los mapuches sientan como propia y preserven y conozcan los legados de otras culturas históricas, en lugar de permanecer relegados a la posición de testimonios y relictos de su particularismo, como si se tratara de una supuesta humanidad particular con un supuesto pensamiento prefilosófico.
La humanidad de los hombres no es particular, ni lo fue ni lo será, de modo que la lógica del desarrollo de una moral universal que no es incompatible con las morales religiosas particulares es la común-unidad: aquello que hace que lo mío sea tuyo y lo tuyo sea mío en esta aventura del tiempo y el espacio, incluida la tierra. Y sobre todo ella.
Lo precedente vale también para los derechos humanos, que no son “propiedad” de las izquierdas, y cuando así resulta ello es lamentable, pues ellos deben estar por encima de las ideologías y las facciones circunstanciales si realmente pretenden ser “humanos”. Los derechos humanos de los pueblos sometidos constituyen reivindicaciones y tareas pendientes de todas las sociedades en su conjunto.
El párrafo precedente nos conecta con el principio real de la integración social, nacional y de la humanidad toda, tan declamado, tan poco satisfactoriamente realizado y tan distorsionado que nos lleva a advertir “sí a la integración, pero con justicia”. En este sentido, en esta cultura de “Argentina”, la condición de argentino no es una armadura medieval, pesada y asfixiante como una entelequia metafísica congelada bajo los ropajes de una irracionalidad llamada “ser nacional”. La condición actual de argentinos revela contradicciones, heterogeneidades, asimetrías, respecto de quienes la invisten. Pero es también una estación de la vida contemporánea en la que estamos todavía juntos para potenciar nuestros esfuerzos compartidos en función de mejorar individual y socialmente.
Esas contradicciones, heterogeneidades, asimetrías, injusticias en suma, tal vez sean las mismas que existían hacía fines del siglo XIX, pero desde entonces nuestro país creció y mejoró, y conquistó derechos con las luchas de las mayorías sociales que no eran ni son homogéneas, pero que siempre apuestan al futuro, a diferencia de tantos dirigentes políticos e intelectuales retrógrados.
Como expresión de esa apuesta a la común-unidad bajo la circunstancial condición de argentinos en el pasado traigo a colación la para mí conmovedora carta de Manuel Namuncurá, padre de Ceferino, al diario La Prensa, el 30 de abril de 1908, a los 97 años de edad:
“Me es doloroso recordar lo que se tiene por famosa conquista de la pampa, en cuya virtud los míos fueron desalojados de las Salinas Grandes, donde se deslizó mi niñez, viendo dirigir a mi malogrado padre, el general Juan Calfucurá, a cien mil hombres, con quienes combatió heroicamente durante cuarenta años a los chilenos… después… me ausenté llevando el pabellón de la patria, que lo he sabido honrar desde mi juventud, tal vez mejor que muchos que se han titulado patriotas y que no han buscado otra cosa que hacerse propietarios de las tierras… No me quedó otro recurso que remontar a pie las cumbres nevadas de los Andes… me habían puesto fuera de la ley… A pesar de que mi patriotismo no decayó un instante y de que hacía gala de él en suelo extranjero, desde mi llegada a la república de Chile fui objeto de la mayor hospitalidad. …en Villa Rica se me presentaron mil ochocientos soldados… que volvían triunfantes del Perú… Querían que aceptara ese contingente y otros que vendrían luego, para dirigirlos a la conquista de las tierras de que fui desalojado por el ejército argentino. Pero sentí, como buen patriota, que me avergonzaba de oír tales ofrecimientos y los rechacé con toda energía y altivez, declarándome más argentino que muchos de los que se hallaban destacados en la frontera de la pampa y deseaban exterminar a los de mi raza. Entonces resolví regresar solo a mi patria… había guardado silencio hasta ahora, creyendo servir así a los intereses de mi patria, pero he resuelto comunicarlo… en vista de que casi he desaparecido del mundo de los vivos”.
Si Manuel Namuncurá se sentía argentino y era pehuenche, ese sentimiento es tan respetable como el del cacique tehuelche Casimiro, que tenía una pequeña bandera argentina que llevaba a todas partes y que presidía todas sus reuniones significando que era argentino. Sentimiento de argentinidad que ambos compartían con Sayhueque, de ascendencia mapuche por su padre Chocorí, y tehuelche por su madre, y que hasta tenía mástil en su toldería y bandera que hacía izar en presencia de militares enviados por el gobierno chileno.
Hoy, y por ahora, somos argentinos, mezcla de originarios, europeos, africanos, asiáticos y de Oceanía, y todos somos y valemos igual como hermanos e hijos de un mismo Dios, o de la misma humanidad para quien lo prefiera. Siendo así, ¡qué valor tiene para nuestros problemas nacionales y sociales de esta etapa histórica la reciente aclaración efectuada a La Nación en cartas de Lectores del 24 de Julio ppdo. Por el conocido estudioso Rodolfo Casamiquela, acerca de que Ceferino Namuncurá no era mapuche sino pehuenche!
Por lo que llevo dicho, me permito discrepar en la atribución de significados especiales a la misma para la comprensión y la solución (… o mejora, por lo menos) de los problemas nacionales, sociales y culturales derivados de nuestro drama –compartido entre todas las etnias– de “ser” argentinos.
Autor: Carlos Schulmaister
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Estimado Carlos Schulmaister:
Algunos “mediocres estudiosos” y la diversidad de izquierdas políticas folclóricas aprovechan el fenómeno étnico como pretendida consigna democrática.
Promueven la generación de “malestar social” por una cuestión que para las Ciencias Sociales no reviste casi relevancia: la raza. Esto queda fundamentado en que “la constante de la raza humana es el mestizaje” y América su demostración más cabal, al haber sido considerada como un verdadero “crisol de razas”.
La Argentina es un territorio, donde la vocación política de sus antepasados conformó una Nación “para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Nuestro drama, bien señala el autor, es compartirlo entre todas las etnias que lo habitan. La tragedia es que infaltables necios aporten a la desintegración de la Patria (tierra de los padres) por cuestiones personales o partidistas que seguramente nada tienen de solidarias, de libertarias,de igualitarias, de equitativas; desde que si se altera la “paz interior” solo se logra dificultar la “unión nacional” e impedir la declamada democracia.
“Ser” argentino, es voluntad política de preservar y desarrollar esta tierra por la cual nuestros ancestros clamaron, laboraron y hasta ofrendaron sus vidas, fueran ellos aborígenes, europeos o de otros orígenes. Recordemos que en el complejo mundo del siglo XXI nuestros descendientes solo podrán “Ser” si les legamos nuestra Patria Argentina y la educación que les permita conservarla. Lo demás los condenaría a LA NADA.
LA NADA ES MUERTE.
claudioar2006@yahoo.com.ar
señor carlos, no tengo mucho para decir y lo que quiero expresar, poco tiene que ver con lo escrito en este texto, solo que me veo en la necesidad de que, conociéndolo (de por si muy poco), quiero recomendarle para su bien propio, cambie un poco, sin perder la escencia, su ojo critico. No esta para nada mal ser realista, es mas, a veces desearia serlo un poco mas pero, en fin, lo que quiero comentarle es que sea minusculamente un poco mas positivo con su forma de ver la vida, lo he oido hablar, he leido articulos suyos y no veo en ellos, mas que un simple comentario de lo que se ve frente a nuestras narices y desde el punto de vista negativo; el mundo, nuestro pais, nuestra ciudad esta lleno de basura, pero.. sin pasar a ser un sonzo ciego, vea el vaso medio lleno.
Por favor, no me mal interprete!, con esto no estoy queriendo citar frases de reconocidos libros de autoayuda! simplemente, sepa, que la belleza de la vida vale mas que los benditos escombros que tanto usd como yo encontramos todos los santos dias camino al trabajo o de vuelta ya en nuestros respectivos hogares.
Los libros que recomienda leer, con los que planea que la gente siempre apunte mas arriba no son malos, pero.. mis escazos años de vida en esta tierra me han enseñado que las lecciones mas importantes se aprenden en el dia a dia, conviviendo, relacionandose, sufriendo en carne propia (o de la manera que usted pueda llegar) tristeza y alegrias ajenas, que en muchas ocasiones hacen a la felicidad de uno. Usted tiene hijos, digame si no fue de lo mas maravilloso haberlos criado y haber sido autor de sus primeras alegrias!.
Alguna vez me dijo que su punto de vista a los hechos era predominantemente negativo, hagase un favor, pruebe cambiar eso. No pierde nada, recuerde que jamas se deja de aprender.
Lo aprecio mucho y le dejo un muy fuerte abrazo.
La historia,dice Cafulcura,cacique na<cido en Chile, llego a la< Argentinaformo malones con los que, efectuo saqueos de Puelos robo Crisianas,mato a pobladores. robo ganado y los vendia en Chile a estancieros, a las cautivas les cortaba las plantas de los pies para que no huyeran, de que vivio el y su pueblo, si no sembraba nada, solo los malones y los acuerdos que hizo con Rosas, para que al entregarle yerba,tabaco, ginebra y ganado, no atacara los poblados, entones luego le declaro la guerra al Presidente Argentino Sarmiento, esto hizo que este lo venciera y murio un año despues a los 100 años, luego de todo esto, Roca fue tan asesino como dicen, si nadie podia sembrar y tener ganado por temor a los malones.……es una pregunta espero contestacion, les envio mis mejores saludos Carlos Eduardo Penna