La diáspora izquierdista (Entre ecologistas e islamistas)

James Neilson“… otra causa deci­di­da­mente con­ser­va­dora que seduce a izquier­dis­tas des­con­cer­ta­dos por la desa­pa­ri­ción de la Unión Sovié­tica y la trai­ción de China es la isla­mista. En Europa, Esta­dos Uni­dos, Aus­tra­lia y Amé­rica Latina, los rea­cios a aban­do­nar la lucha con­tra el capi­ta­lismo están alián­dose con los gue­rre­ros san­tos so pre­texto de que repre­sen­tan a los pue­blos que siguen siendo repri­mi­dos por el vil impe­ria­lismo capi­ta­lista yan­qui. Aun­que desde el punto de vista de los isla­mis­tas los izquier­dis­tas occi­den­ta­les son tan des­pre­cia­bles, y por lo tanto tan indig­nos de vivir, como cual­quier otro que no com­parte su fe, son cons­cien­tes de que por ahora es de su inte­rés fin­gir respetarlos.

En sus ser­mo­nes recien­tes, líde­res isla­mis­tas como Osama ben Laden han citado con apro­ba­ción a izquier­dis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos como el lin­güista Noam Chomsky, ade­más de infor­mar­nos que ellos tam­bién abo­rre­cen el capi­ta­lismo libe­ral y son ami­gos del medio ambiente. Mien­tras tanto, el artí­fice del “socia­lismo del siglo XXI”, Hugo Chá­vez, pro­clama a los cua­tro vien­tos su soli­da­ri­dad con su “her­mano”, el isla­mista chiíta iraní Mah­moud Ahmadinejad.”

Toda­vía no se ha ago­tado la ola sís­mica que desató el colapso de la Unión Sovié­tica y la trans­for­ma­ción de China en una inmensa fac­to­ría inte­grada al sis­tema capi­ta­lista inter­na­cio­nal. Ade­más de pro­vo­car cam­bios trau­má­ti­cos en los paí­ses antes regi­dos por comu­nis­tas fie­les a su ver­sión de las doc­tri­nas pre­di­ca­das por Marx y Lenin, el fra­caso del “expe­ri­mento socia­lista” el que, no lo olvi­de­mos, supuso la muerte en cir­cuns­tan­cias terri­bles de por lo menos cien millo­nes de hom­bres, muje­res y niños, sigue reper­cu­tiendo en el resto del pla­neta, ya que muchos aún no han logrado asu­mir las con­no­ta­cio­nes del des­mo­ro­na­miento impre­visto de una ideo­lo­gía que ape­nas un año antes muchos cre­ye­ron des­ti­nada a impo­nerse en todas partes.

Si bien fue­ron pri­va­dos de lo que habían tomado por una alter­na­tiva pre­sun­ta­mente via­ble al capi­ta­lismo libe­ral, una mino­ría con­for­mada por indi­vi­duos que, como aque­llos sol­da­dos del ejér­cito impe­rial japo­nés que durante déca­das con­ti­nua­ron luchando con­tra fan­tas­mas en las jun­glas del sur de Asia, se niega a darse por ente­rada de la muerte de su causa. Para las dic­ta­du­ras crue­les que gobier­nan Cuba y Corea del Norte, el mar­xismo sigue siendo una fuente incues­tio­na­ble de legi­ti­mi­dad. Tam­bién lo es para ban­das de gue­rri­lle­ros en Colom­bia, Nepal y algu­nos esta­dos de la India.

Con todo, la mayo­ría de quie­nes se sien­ten ofen­di­dos por la hege­mo­nía evi­dente del capi­ta­lismo en el mundo actual ha tenido que bus­car otros moti­vos para jus­ti­fi­car su volun­tad de verlo des­truido, ya que no cuen­tan con algo con qué reem­pla­zarlo. Muchos lo encuen­tran en la eco­lo­gía y “la lucha con­tra el calen­ta­miento glo­bal”, un fenó­meno que, juran, se debe por com­pleto a las acti­vi­da­des de empre­sas gigan­tes­cas mane­ja­das por suje­tos de men­ta­li­dad saquea­dora que no se preo­cu­pan en abso­luto por el des­tino triste que aguarda al único pla­neta que tene­mos. Aun­que los cli­ma­tó­lo­gos más serios tie­nen dudas en cuanto al aporte de la indus­tria y la agri­cul­tura a los cam­bios que están pro­du­cién­dose seña­lan que desde hace millo­nes de años perío­dos rela­ti­va­mente cáli­dos alter­nan con otros muy fríos, los resuel­tos a creer que todo es con­se­cuen­cia del sis­tema socio­eco­nó­mico domi­nante los tra­tan como si fue­ran here­jes abominables.

Pen­sán­dolo bien, el eco­lo­gismo es un credo muy pero muy con­ser­va­dor ya que algu­nos entu­sias­tas qui­sie­ran que el género humano regre­sara a la Edad de Pie­dra, cuando a su enten­der vivía en armo­nía con la natu­ra­leza, pero puesto que puede usarse como un arma anti­ca­pi­ta­lista, atrae a muchos que antes mili­ta­ban en la izquierda extrema y a jóve­nes que de haber nacido una gene­ra­ción atrás se hubie­ran afi­liado a alguna secta revolucionaria.

Otra causa deci­di­da­mente con­ser­va­dora que seduce a izquier­dis­tas des­con­cer­ta­dos por la desa­pa­ri­ción de la Unión Sovié­tica y la trai­ción de China es la isla­mista. En Europa, Esta­dos Uni­dos, Aus­tra­lia y Amé­rica Latina, los rea­cios a aban­do­nar la lucha con­tra el capi­ta­lismo están alián­dose con los gue­rre­ros san­tos so pre­texto de que repre­sen­tan a los pue­blos que siguen siendo repri­mi­dos por el vil impe­ria­lismo capi­ta­lista yan­qui. Aun­que desde el punto de vista de los isla­mis­tas los izquier­dis­tas occi­den­ta­les son tan des­pre­cia­bles, y por lo tanto tan indig­nos de vivir, como cual­quier otro que no com­parte su fe, son cons­cien­tes de que por ahora es de su inte­rés fin­gir respetarlos.

En sus ser­mo­nes recien­tes, líde­res isla­mis­tas como Osama ben Laden han citado con apro­ba­ción a izquier­dis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos como el lin­güista Noam Chomsky, ade­más de infor­mar­nos que ellos tam­bién abo­rre­cen el capi­ta­lismo libe­ral y son ami­gos del medio ambiente. Mien­tras tanto, el artí­fice del “socia­lismo del siglo XXI”, Hugo Chá­vez, pro­clama a los cua­tro vien­tos su soli­da­ri­dad con su “her­mano”, el isla­mista chiíta iraní Mah­moud Ahmadinejad.

Se trata de una alianza que si lle­gara de triun­far se rom­pe­ría de manera vio­lenta. Antes de que la revo­lu­ción iraní cul­mi­nara en 1979, izquier­dis­tas e isla­mis­tas lucha­ron jun­tos con­tra el cha. No bien éstos con­quis­ta­ron el poder, se pusie­ron a eli­mi­nar a sus ya ex socios con bru­ta­li­dad extrema, dete­nién­do­los, tor­tu­rán­do­los y matán­do­los sin remor­di­miento alguno. Feliz­mente para la mayo­ría de los pro­gre­sis­tas occi­den­ta­les que sim­pa­ti­zan con los isla­mis­tas, no es del todo pro­ba­ble que un día muchos se vean for­za­dos a optar entre some­terse a las seve­ras leyes musul­ma­nas y ser sacri­fi­ca­dos como cor­de­ros, pero acaso les con­ven­dría recor­dar el fin mise­ra­ble que tuvie­ron sus equi­va­len­tes ira­níes luego de la lle­gada al poder de una cofra­día de faná­ti­cos religiosos.

La razón por la que la mili­tan­cia eco­ló­gica atrae a jóve­nes que sien­ten que el mundo tal y como es deja mucho que desear no cons­ti­tuye un mis­te­rio. En prin­ci­pio, la causa es cla­ra­mente buena: nadie en sus caba­les podría pre­fe­rir la con­ta­mi­na­ción a la lim­pieza o cele­brar el reem­plazo de bos­ques por desier­tos. Pero los moti­vos de los con­tes­ta­ta­rios con­gé­ni­tos que se han com­pro­me­ti­dos con la defensa de la natu­ra­leza no sue­len ser tan paten­tes. Les importa menos el estado del medio ambiente, que el saber que el calen­ta­miento glo­bal que está regis­trán­dose les brinda una opor­tu­ni­dad esplén­dida para opo­nerse con viru­len­cia al capi­ta­lismo libe­ral y de asu­mir una pos­tura de supe­rio­ri­dad moral que no están dis­pues­tos a desaprovechar.

El atrac­tivo que ejerce el isla­mismo es más com­pli­cado. Para cons­ter­na­ción de los diri­gen­tes euro­peos, son cada vez más los jóve­nes que al con­ver­tirse al Islam se entre­gan a la yihad, o sea, a la gue­rra santa con­tra el resto del pla­neta hasta que todos sus mora­do­res rin­dan culto a Alá en la forma esti­pu­lada por los pre­di­ca­do­res más beli­co­sos. ¿Cuál es la razón por la que ale­ma­nes, bri­tá­ni­cos, fran­ce­ses, espa­ño­les, ita­lia­nos y otros se unen a los isla­mis­tas? Tal vez con­siste en que cual­quier credo, trá­tese de uno ateo como el comu­nismo leni­nista o uno teo­ló­gico como el Islam, que entre otras cosas reparte licen­cias para matar, resul­tará irre­sis­ti­ble para millo­nes de per­so­nas, en espe­cial varo­nes jóve­nes, que viven en socie­da­des tran­qui­las. Los terro­ris­tas mis­mos sue­len atri­buir sus actos des­pia­da­dos a sus idea­les y muchos que no lo son los creen por supo­ner que quie­nes come­ten atro­ci­da­des tie­nen for­zo­sa­mente que ins­pi­rarse en con­cep­tos utó­pi­cos ele­va­dos, pero sucede que lo que con­fi­rió a dichos idea­les un aura román­tica fue la con­vic­ción de que quie­nes los alber­gan están libres para vio­lar todas las reglas que hacen posi­ble la convivencia.

El eco­lo­gismo se ha eri­gido en la orto­do­xia de los bienpen­san­tes mer­ced en buena medida a los esfuer­zos de la gene­ra­ción que se formó en las uni­ver­si­da­des de los años sesenta, una década en la que una rebe­lión con­fusa con­tra el statu quo agitó a todos los paí­ses del mundo. Si bien andando el tiempo fue redu­cién­dose la pro­por­ción de quie­nes ima­gi­nan que el comu­nismo ruso, chino o cubano es mejor que la demo­cra­cia libe­ral, muchos per­sis­tie­ron en con­si­de­rar fun­da­men­tal­mente per­ver­sas sus pro­pias socie­da­des, sus tra­di­cio­nes y las acti­tu­des que antes predominaban.

Tanta “auto­crí­tica”, nacida de una forma de angus­tia exis­ten­cial, de la sen­sa­ción de que la vida debe­ría de ser mucho más rica, o cuando menos dis­tinta, típica de quie­nes supo­nen que a dife­ren­cia de sus ante­ce­so­res ya no tie­nen que preo­cu­parse por sobre­vi­vir en un mundo a menudo hos­til, ten­dría con­se­cuen­cias: una con­siste en la falta gene­ra­li­zada de inte­rés en per­pe­tuar comu­ni­da­des juz­ga­das defi­cien­tes, de ahí el escaso inte­rés del grueso de los euro­peos en pro­crear; otra en la ten­den­cia a exa­ge­rar los méri­tos de todas las cul­tu­ras aje­nas que sub­yace en el “mul­ti­cul­tu­ra­lismo”, una doc­trina que al sub­es­ti­mar la impor­tan­cia de con­vic­cio­nes com­par­ti­das y abrir de par en par las puer­tas de Europa para que entren millo­nes de per­so­nas que a dife­ren­cia de sus anfi­trio­nes creen que sus pro­pias tra­di­cio­nes son las únicas acep­ta­bles, ha con­du­cido a la frag­men­ta­ción y des­mo­ra­li­za­ción de socie­da­des antes cohe­ren­tes, sem­brando así las semi­llas de gra­ves con­flic­tos por venir.

Fuente: Rio Negro online

Autor: James Neilson

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