Brasil enfrenta una encrucijada histórica

Alejandro Peña EsclusaDebido al fra­caso de las rece­tas del Fondo Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal, que fue­ron apli­ca­das durante años por los par­ti­dos tra­di­cio­na­les en todos los paí­ses ibe­roa­me­ri­ca­nos, el pén­dulo polí­tico se des­plazó hacia la izquierda.

Con el apoyo de male­ti­nes sumi­nis­tra­dos por Chá­vez, quien ganó las elec­cio­nes en 1998, lle­ga­ron al poder Lula (2003), Kir­ch­ner (2003), Tabaré Vás­quez (2005), Evo Mora­les (2006), Bache­let (2006), Rafael Correa (2007) y Daniel Ortega (2007); mien­tras que López Obra­dor, Humala y el Frente Fara­bundo Martí se con­vir­tie­ron –cada uno en su país– en la segunda fuerza polí­tica. Men­ción aparte merece Colom­bia, donde los male­ti­nes de Chá­vez cru­zan la fron­tera con mayor fre­cuen­cia que en otras naciones.

(Brasil Flag a lei­tura em por­tu­guês )

De todos ellos, quien tiene más influen­cia es Lula, por ser –junto con Fidel Cas­tro– el fun­da­dor del Foro de Sao Paulo y por diri­gir el país más pode­roso e indus­tria­li­zado de la región. Esa influen­cia le ha per­mi­tido apo­yar –aun­que de manera dis­creta– a todos sus socios polí­ti­cos en los momen­tos más difí­ci­les, como lo hizo con Chá­vez en varias opor­tu­ni­da­des (paro cívico, refe­rendo revo­ca­to­rio, elec­cio­nes de 2006 y cie­rre de RCTV) y con Evo Mora­les luego de la nacio­na­li­za­ción de Petro­bras en Bolivia.

Lula se ha salido con la suya –a pesar de que su gobierno no cuenta con recur­sos pro­pios, sino que depende de los impues­tos de la ciudadanía­– no por sus pro­pios méri­tos, sino por el débil dis­curso de la opo­si­ción par­ti­dista, que en lugar de des­en­mas­ca­rarlo como lo que es –un agente del castro-comunismo– se limita a cri­ti­car las fallas de su ges­tión administrativa.

Como lo ha denun­ciado correc­ta­mente el gigante inte­lec­tual bra­si­leño, Olavo de Car­valho, la opo­si­ción bra­si­leña teme pro­fun­da­mente al fan­tasma inexis­tente de la dere­cha, y por eso gol­pea a Lula con sua­vi­dad, lo sufi­ciente para que se modere, pero no tan duro como para sacarlo del poder.

Como con­se­cuen­cia, el Foro de Sao Paulo –con el apoyo polí­tico de Lula y los male­ti­nes de Chá­vez– sigue avan­zando por toda la región, des­tru­yendo las ins­ti­tu­cio­nes nacio­na­les y dando paso a un modelo con­tra­rio a la iden­ti­dad de los pue­blos des­cen­dien­tes de la Penín­sula Ibérica.

Esta maligna corriente pre­tende rom­per los lazos con la cul­tura cris­tiana occi­den­tal y sus­ti­tuirla por un pro­yecto mate­ria­lista y ateo, basado en una extraña com­bi­na­ción de la filo­so­fía de Marx y la mito­lo­gía indí­gena pre­co­lom­bina, para lo cual cuenta con la ayuda de los más con­no­ta­dos teó­lo­gos de la libe­ra­ción, entre ellos Frei Betto y Leo­nardo Boff.

En su afán de aca­bar con el neo­li­be­ra­lismo y la glo­ba­li­za­ción, resu­ci­tando un comu­nismo que ya había sido ente­rrado en el Muro de Ber­lín, lo único que logra el Foro de Sao Paulo es des­per­tar odios, divi­dir la socie­dad en ban­dos irre­con­ci­lia­bles y aca­bar con la infra­es­truc­tura eco­nó­mica de la región, creando las con­di­cio­nes para el sur­gi­miento de la vio­len­cia y la anarquía.

Den­tro de este con­texto, cons­ti­tuye una exce­lente noti­cia para todos los pue­blos ame­ri­ca­nos, el naci­miento de una nueva orga­ni­za­ción bra­si­leña –Farol de la Demo­cra­cia Repre­sen­ta­tiva– de corte inde­pen­diente y no par­ti­dista, que enfrente con valen­tía la situa­ción arriba des­crita, que se atreva a lla­mar las cosas por su nom­bre, y que le ponga coto a los pla­nes expan­sio­nis­tas de Lula y del Foro de Sao Paulo.

Esta­mos segu­ros que, ade­más de com­ba­tir las ame­na­zas a la segu­ri­dad hemis­fé­rica, el Farol de la Demo­cra­cia Repre­sen­ta­tiva será depo­si­ta­ria de los más altos valo­res mora­les y cul­tu­ra­les del Bra­sil, para pre­ser­var­los de los emba­tes del mate­ria­lismo ateo y del hedo­nismo que carac­te­ri­zan al mundo moderno.

Fuente: Farol de Democracia

Autor: Alejandro Peña Esclusa

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