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Brasil enfrenta una encrucijada histórica
Debido al fracaso de las recetas del Fondo Monetario Internacional, que fueron aplicadas durante años por los partidos tradicionales en todos los países iberoamericanos, el péndulo político se desplazó hacia la izquierda.
Con el apoyo de maletines suministrados por Chávez, quien ganó las elecciones en 1998, llegaron al poder Lula (2003), Kirchner (2003), Tabaré Vásquez (2005), Evo Morales (2006), Bachelet (2006), Rafael Correa (2007) y Daniel Ortega (2007); mientras que López Obrador, Humala y el Frente Farabundo Martí se convirtieron –cada uno en su país– en la segunda fuerza política. Mención aparte merece Colombia, donde los maletines de Chávez cruzan la frontera con mayor frecuencia que en otras naciones.
De todos ellos, quien tiene más influencia es Lula, por ser –junto con Fidel Castro– el fundador del Foro de Sao Paulo y por dirigir el país más poderoso e industrializado de la región. Esa influencia le ha permitido apoyar –aunque de manera discreta– a todos sus socios políticos en los momentos más difíciles, como lo hizo con Chávez en varias oportunidades (paro cívico, referendo revocatorio, elecciones de 2006 y cierre de RCTV) y con Evo Morales luego de la nacionalización de Petrobras en Bolivia.
Lula se ha salido con la suya –a pesar de que su gobierno no cuenta con recursos propios, sino que depende de los impuestos de la ciudadanía– no por sus propios méritos, sino por el débil discurso de la oposición partidista, que en lugar de desenmascararlo como lo que es –un agente del castro-comunismo– se limita a criticar las fallas de su gestión administrativa.
Como lo ha denunciado correctamente el gigante intelectual brasileño, Olavo de Carvalho, la oposición brasileña teme profundamente al fantasma inexistente de la derecha, y por eso golpea a Lula con suavidad, lo suficiente para que se modere, pero no tan duro como para sacarlo del poder.
Como consecuencia, el Foro de Sao Paulo –con el apoyo político de Lula y los maletines de Chávez– sigue avanzando por toda la región, destruyendo las instituciones nacionales y dando paso a un modelo contrario a la identidad de los pueblos descendientes de la Península Ibérica.
Esta maligna corriente pretende romper los lazos con la cultura cristiana occidental y sustituirla por un proyecto materialista y ateo, basado en una extraña combinación de la filosofía de Marx y la mitología indígena precolombina, para lo cual cuenta con la ayuda de los más connotados teólogos de la liberación, entre ellos Frei Betto y Leonardo Boff.
En su afán de acabar con el neoliberalismo y la globalización, resucitando un comunismo que ya había sido enterrado en el Muro de Berlín, lo único que logra el Foro de Sao Paulo es despertar odios, dividir la sociedad en bandos irreconciliables y acabar con la infraestructura económica de la región, creando las condiciones para el surgimiento de la violencia y la anarquía.
Dentro de este contexto, constituye una excelente noticia para todos los pueblos americanos, el nacimiento de una nueva organización brasileña –Farol de la Democracia Representativa– de corte independiente y no partidista, que enfrente con valentía la situación arriba descrita, que se atreva a llamar las cosas por su nombre, y que le ponga coto a los planes expansionistas de Lula y del Foro de Sao Paulo.
Estamos seguros que, además de combatir las amenazas a la seguridad hemisférica, el Farol de la Democracia Representativa será depositaria de los más altos valores morales y culturales del Brasil, para preservarlos de los embates del materialismo ateo y del hedonismo que caracterizan al mundo moderno.
Fuente: Farol de Democracia
Autor: Alejandro Peña Esclusa
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