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Bolivia — Cara o cruz
El ex ministro de gobierno de Sánchez de Lozada, Carlos Sánchez Berzaín que conjuntamente con el ex mandatario y otros ex funcionarios enfrentan un juicio de responsabilidades por la muertes ocurridas en Octubre de 2003, ha expresado que la violencia que se suscitó a raíz de las movilizaciones que dejaron 65 muertos y más de 400 heridos, fueron el resultado de una conspiración montada por el actual presidente Evo Morales y el presidente venezolano Hugo Chávez.
Aunque nada justifica las muertes ocurridas y la represión violenta que efectuó el ex dignatario, es evidente que por aquella época Evo Morales tenía ya un plan para acceder al gobierno, que consistía en movilizar masas sociales para provocar la reacción del entonces presidente Sánchez de Lozada. También no es menos cierto que Goni actuaba con la lógica de la represión violenta antes que la negociación, situación que llevó a los enfrentamientos que se desataron por no reconocer que la democracia es una construcción que tiene que ver con un proceso histórico en el que la dinámica de las fuerzas sociales necesariamente plantea la necesidad de realizar cambios.
Qué diferente hubiera sido la historia si Sánches de Lozada hubiera reconocido que la capitalización debía ser renegociada, dando paso a lo que hoy se conoce como nacionalización. La historia pudo haber sido diferente y hubiéramos construido sin violencia si Goni no tomaba la línea dura de hacer oídos sordos a las demandas sociales.
Pudo haber aceptado que era necesario realizar un nuevo pacto social y que era importante abrir la posibilidad de una Asamblea Constituyente, comenzar a generar los mecanismos, planificar los cambios de manera escalonada, estableciendo reglas claras para que los ciudadanos accedieran a un proceso limpio y sin caer en el caos y la anarquía que hoy vivimos.
Por no aceptar el diálogo, Goni perdió la gran oportunidad de convertirse en un dignatario de Estado que pase el umbral de su mandato convertido en un líder del cambio y predispuso más bien su caída estrepitosa.
La acusación de Berzaín respecto a la coparticipación de Evo Morales en la masacre de octubre, nos indica que no podemos negar que la historia la construyen varios actores, que nada es unilateral y que los hechos se desencadenan como resultado de una interrelación de fuerzas y protagonistas que actúan con objetivos y estrategias establecidas de antemano.
El pueblo sin embargo se entrega, suele ponerse sin saberlo a merced de los intereses que guían a los actores políticos, y luego sigue siendo utilizado por uno y otro como motivo de acusaciones, como botín de guerra y como bastión para seguir sacando beneficios at infinitum.
Lo acaecido en octubre de 2003, nos enseña que tal y como alertaban los griegos, las tragedias se desencadenan cuando los gobernantes no muestran compasión ni piedad y se dedican sólo a concentrar poder dando la espalda a las demandas de la sociedad.
Lo terrible de 2003 es que las muertes siguen siendo botines de guerra, un cheque al portador para el que ganó la batalla, para quienes se han subido al carro del poder para seguir con las mismas prácticas, sin haber comprendido que la democracia se construye equilibrando visiones, logrando consensos, con respeto a las voluntades de mayorías y minorías.
Lo espeluznante es que los muertos de aquel enfrentamiento son ahora sólo banderas, sólo se usan para llegar a actos de venganza política y para lograr la tan ansiada acumulación de poder que se busca obtener con la eliminación definitiva del opositor o contendor. Estos muertos no descansarán en sus tumbas mientras el nuevo gobierno siga repitiendo las mismas conductas, mientras siga en la misma lógica de poder por el poder y padezca de la omnipotencia de creerse dueño del país a costa de violentar los derechos humanos y fundamentales.
Lo cierto es que octubre de 2003 permitió que Evo Morales, inicie su ascenso al poder. El ejercicio de gobierno que hoy hace Morales no es distinto ni más benévolo, pues con otras consignas y manipulaciones es más de lo mismo: gobierna con mano dura, ha impuesto la violencia como primera estrategia, la imposición es su único principio, el conflicto y la violación de leyes su credo, destruir para reinar su primer mandato. La calidad de sus acciones lo llevarán sin duda al mismo punto de inflexión entre la democradura y la dictadura. Goni y Evo sólo han echado su suerte con la misma moneda, uno apostando por cara y otro por cruz.
Jorge Luis Borges dijo: “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.
Autor: Centa Reck
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