Mi villana favorita

GatubelaDomingo elec­to­ral. Por pri­mera vez voy a votar bien tem­prano en la mañana. La excusa para hacerlo es la pre­sen­cia de un amigo del alma, que viaja 700 kiló­me­tros con tal de ser auto­ri­dad de mesa. Una vez, está bien; dos, se soporta; tres, ni ebrio ni dor­mido. O sea que almor­za­re­mos jun­tos. A la tarde, si es que el clima acom­paña, toma­re­mos mate en la playa, vere­mos corre­tear a nues­tros hijos, todo eso, lo más lejos que se pueda.

Pero antes hay que ir a votar. No muy tem­prano, a ver si, en una de esas, me toca la des­gra­cia de ser auto­ri­dad de mesa. Nunca me tocó. Si pre­ten­die­ron noti­fi­carme, no pudie­ron. Hace tiempo que no vivo en el domi­ci­lio que figura en el padrón. Y ade­más, por razo­nes de fuerza mayor, me con­vertí en afi­liado de un par­tido polí­tico. Pero si te pes­can, te pes­can. Así que salgo diez y media pasa­das. Tengo una larga cami­nata antes de lle­gar. Camino des­pa­cio. Este supo ser mi barrio. Está igual desde hace quince años. La única señal de pro­greso es la sede cen­tral de un sin­di­cato; el comer­cio más prós­pero, una armería.

El pavi­mento luce más negro que nunca, toda­vía fresco el maqui­llaje de brea que ha de impro­vi­sar toda ciu­dad que se jacte de pujanza. Mucha gente por la calle. Padres con sus hijos, seño­ras con el bolso de la com­pra. Cana por todas par­tes, uni­da­des móvi­les de la prensa, com­bis tapi­za­das de afi­ches de lo más sonrientes.

Mi mesa es la 65. Tengo cinco tipos ade­lante y demaia­das ganas de man­darme a mudar. Pienso que a la tarde puede ponerse peor y me quedo. No tengo buena memo­ria para los ros­tros, pero tengo la impre­sión de que los de la mesa son las mis­mos que en el comi­cio de setiembre.

Llega mi turno. Si no fuera por la resaca, esta­ría eufó­rico. Cuento ocho bole­tas de can­di­dato a pre­si­dente, pero no está la que yo busco. Me inquieto. Decido con­ver­tirme en sal­va­dor de la patria y recla­mar que fal­tan bole­tas. Cuando aga­rro el pica­porte de la puerta, com­pruebo que estoy ence­rrado. Hago un poco de ruido. El pre­si­dente me soco­rre, paternal:

–Se quedó ence­rrado el amigo, les dice a los otros.

–Fal­tan bole­tas, digo yo, y miro que la fila es cada vez más larga. Con­sulto la hora. Son casi las once. Odio la impun­tua­li­dad, en par­ti­cu­lar la mía.

Se meten los cua­tro que esta­ban en la mesa y otros cinco o seis tipos y una mina que lleva una bolsa que acaso con­tu­viera bole­tas. Nunca lo supe. Elegí que­darme a una pru­dente dis­tan­cia hasta que el pre­si­dente me hizo una seña para que pase.

Esta vez, pre­ca­vido, no cie­rro del todo la puerta. Miro las bole­tas. No está la que busco. Ahora me indigno. Me dan ganas de salir y gri­tarle a todo el mundo que no hay bole­tas de mi can­di­dato. Es evi­dente que nadie va a lle­varme el apunte. Si mi can­di­dato tuviera un mísero fis­cal, hubiera dejado su boleta. Pero no hay tal. Estoy apu­rado. No me gus­tan los escán­da­los. Me suben los calo­res en el ros­tro. Tengo el saco lleno de pelos rubios de gato. Tal vez me estén mirando. Me miran. Lo siento en la espalda. No me decido entre otros dos can­di­da­tos. No quiero votar en blanco. No quiero que­jarme de que fal­tan bole­tas. No quiero estar un segundo más allí den­tro. Sos­pe­cho que, al verme ir de pupi­tre en pupi­tre, el tipo que me está mirando dirá:

–Frío…. Frío… Cui­da­dito con lo que hacés.

Aga­rro cual­quier boleta, menos ésa, la doblo en dos y la echo al sobre.

Estoy ner­vioso. Me tiem­bla la mano. El sobre se resiste a entrar en la boca de la urna. Imposto un saludo ama­ble y osten­si­ble para los garan­tes de la trans­pa­ren­cia del acto elec­to­ral. Doy media vuelta y busco la puerta. Mas­tico rabia. Dos meses pen­sando a quien votar y vengo a tomar la deci­sión en el cuarto oscuro, por des­carte, en menos de diez segundos.

Afuera busco el auto de mi amigo. Me llama a boci­nazo lim­pio. Le digo que tengo un vino en casa. Que a la tarde se va a poner feo para mate­cito en la playa.

Se cum­ple mi profecía.

A la noche pusi­mos la tele. Daban Gatú­bela. Tuve ganas de llorar

Fuente: Nación Apache

Autor: Jorge Mayer

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Un comentario en “Mi villana favorita”  

  1. 1 Roberto Dansey

    En éste comi­cio: Seño­res: Se hizo trampa desde la Junta Electoral

    Hubie­ron para votar 27 Millones(M) de Argen­ti­nos, en los padro­nes, pero 1.350.000 vota­ron en blanco y 7.290.000 NO PUDIE­RON VOTAR, por­que las colas para votar eran eter­nas y se har­ta­ron de espe­rar. Lo que pasó fue que se hicie­ron mesas para 67.000 mesas de 400 votan­tes, En el 2005: ¿Se acuer­dan que fue igual el bodrio colas tan har­tante, como ahora? Alli tam­bién las mesas fue­ron de 400 votan­tes. Eso se hizo por­que en las 10 Hs de comi­cio, solo es posi­ble que voten 290 /300, y es impo­si­ble hacer pasar 400!!. En el 2003 las mesas eran de 300 votan­tes y todos pudi­mos votar, ¿Recuer­dan que habían más mesas?. Con peque­ñas colas y en cier­tos hora­rios los pre­si­den­tes de mesa des­can­sá­ba­mos, por­que no venía nadie, y al final a las 18 Hs. los que esta­ban espe­rando en calle se los hacía entrar, y nos que­dá­ba­mos hasta las 19 Hs. para que voten TODOS los qui­sie­ron votar, vota­ron (95% de votan­tes pre­sen­tes). Los gua­ris­mos de esta elec­ción fue­ron: Cris­tina 8,2 millo­nes (M)., Carrió 6,2 M., resto 3,9 M., 1,4 M. en blanco y 7,3 M. NO se pre­sen­ta­ron a la mesa de los comi­cios (27 % de votan­tes). No dudo que si no los hubié­ra­mos espan­tado con “la goma” de colas de 3 Hs. se hubie­ran que­dado, hubiera habido el 95 % de votan­tes.-
    El único deta­lle que las mesas debe­rían haber estado abier­tas 16 Hs y NO 10 Hs. por­que por mesa solo pasan 27/29 votan­tes por hora, a cuarto oscuro lleno siem­pre. Así fue que el pro­me­dio por mesa fue de 290 votan­tes por mesa de 400 votan­tes. ¡OH, Qué casua­li­dad 290 de 400 es 73 %, que fue LA pre­sen­cia por­cen­tual a nivel país para votar!. Hasta aquí todo lo dicho es mate­má­tico.
    Opino yo que la mayo­ría de los que se har­ta­ron y se fue­ron per­te­ne­cen a los “Que se vayan todos”, no son “K”. Si no los hubié­ra­mos espan­tado, “K” ten­dría menos del 40%, por­que hubie­ran ingre­sado 7,3 M votan­tes más, que son los que se fue­ron, y la mayo­ría NO “K” , y hubiera habido Ballo­tage.
    Yo no se si lo que la Junta Elec­to­ral hizo, fue legal­mente FRAUDE, recla­ma­ble judi­cial­mente, pero es una TRAMPA inte­li­gen­tí­sima y sutil, sin duda.

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