Cuba — ¿Una balsa a la deriva?

Hugo-Byrne“… lle­gan a las cos­tas nor­te­ame­ri­ca­nas refu­gia­dos de Cuba que no pre­sen­tan que­ma­du­ras de sol, ni bar­bas cre­ci­das, ni la más mínima hue­lla de haber per­ma­ne­cido a la intem­pe­rie durante lar­gas horas sobre las aguas del Estre­cho. No dejan tras de sí res­tos de bal­sas u otras embar­ca­cio­nes. Algu­nos “lan­che­ros” han sido apre­sa­dos por la Guar­dia Cos­tera y sus embar­ca­cio­nes con­fis­ca­das. Se les ha encau­sado por sos­pe­cha de trá­fico ile­gal de seres huma­nos desde las cos­tas cuba­nas y su pre­di­ca­mento es prueba cir­cuns­tan­cial de la coope­ra­ción cas­trista en el nego­cio de con­tra­bando humano.”

No acos­tum­bro con­tes­tar pre­gun­tas u obser­va­cio­nes de lec­to­res que estén en desacuerdo con lo expre­sado en esta tri­buna. La razón es que a veces se trata de indi­vi­duos con defi­cien­cias de apren­di­zaje, pero en su mayo­ría sólo inte­gran el coro de la obso­leta y des­acre­di­tada car­ti­lla mar­xista. Ese coro ha sido sóli­da­mente des­acre­di­tado en el curso de la his­to­ria con­tem­po­rá­nea y res­pon­der a san­de­ces es una pér­dida de tiempo que sólo com­place al enemigo. Pero en cier­tas oca­sio­nes, cuando la dis­cre­pan­cia se ori­gina en un “solista” capaz de usar sen­tido común y for­mu­lar un cri­te­rio, no sería cor­tés dar la callada por respuesta.

Tal es el caso de un lec­tor de esta columna quien desea man­te­ner su iden­ti­dad anó­nima y me dirige el siguiente comen­ta­rio y pre­gunta: “Si usted reco­noce que el gobierno de Esta­dos Uni­dos es sobe­rano y leal sólo a los ciu­da­da­nos de este país, lla­mar des­pués ‘igno­mi­niosa’ una direc­tiva pre­si­den­cial sobre cuá­les bal­se­ros debe­mos acep­tar y cuá­les nó, es incon­gruente. ¿No es legí­tima cual­quier dis­po­si­ción obs­ta­cu­li­zando la entrada masiva de extran­je­ros ile­ga­les al terri­to­rio nor­te­ame­ri­cano, la más grave ame­naza pre­sente a la segu­ri­dad nacional?

Puedo for­mu­lar una res­puesta desde la pers­pec­tiva nor­te­ame­ri­cana y teniendo en cuenta sola­mente la segu­ri­dad de Esta­dos Uni­dos, que mi lec­tor acer­ta­da­mente defiende. Coin­cido en que la entrada masiva de ile­ga­les es qui­zás el pro­blema más difí­cil que con­fronta Washing­ton y poten­cial­mente el más peli­groso. Al pre­sente se cal­cula que por lo menos 12 millo­nes de extran­je­ros resi­den ile­gal­mente aquí y ese cálculo es deci­di­da­mente con­ser­va­dor. La velo­ci­dad en que crece el número de estos resi­den­tes ile­ga­les resiste el cálculo.

Sin embargo, es pre­ci­sa­mente en defensa de la segu­ri­dad nacio­nal que el decreto de “pies secos o moja­dos” carece por com­pleto de uti­li­dad prác­tica. Esa direc­tiva, esta­ble­cida durante una admi­nis­tra­ción noto­ria por su explo­ta­ción de la polí­tica exte­rior para bene­fi­cio elec­to­ral (recor­de­mos su inter­ven­ción en Haití) fue bien­ve­nida por la ciu­da­da­nía como un dis­creto paso a difi­cul­tar la entrada clan­des­tina de extran­je­ros a Nor­te­amé­rica. En con­se­cuen­cia, la medida fue bene­fi­ciosa en la polí­tica domés­tica para una admi­nis­tra­ción que con ella podía recla­mar una acción obs­truc­cio­nando la inmi­gra­ción ile­gal. En reali­dad la dis­po­si­ción de Clin­ton sólo fue otra medida “polí­ti­ca­mente correcta” con el objeto de apa­ci­guar a una pobla­ción has­tiada de resi­den­tes ile­ga­les. El decreto de Clin­ton no sólo falló en pro­te­ger a Esta­dos Uni­dos, sino que vol­vió más vul­ne­ra­bles las cos­tas de Flo­rida. Vea­mos por qué.

Antes del gran influjo de 1994 y antes de la apli­ca­ción de la direc­tiva pre­si­den­cial, el número de refu­gia­dos de Cuba lle­gando en bal­sas y otros medios impro­vi­sa­dos era insig­ni­fi­cante com­pa­rado al gran total de extran­je­ros ingre­sando por ambas fron­te­ras, o aque­llos que deja­ban expi­rar sus visas. Todos estos eran de otras nacio­na­li­da­des. Los cuba­nos lle­gando a las cos­tas de los Esta­dos Uni­dos eran pro­ce­sa­dos por INS con la misma pres­teza que aque­llos que eran reco­gi­dos en el mar por el Ser­vi­cio de Guar­da­cos­tas. Lo que bri­llaba por su ausen­cia enton­ces, tanto como ahora, era un pro­ceso de con­tra­in­te­li­gen­cia rigu­roso, capaz de dete­ner a pro­ba­bles espías, sabo­tea­do­res e infil­tra­dos. En esto las depen­den­cias de segu­ri­dad de Esta­dos Uni­dos tie­nen un abis­mal record de fra­ca­sos inigua­lado en la his­to­ria con­tem­po­rá­nea. Esto ocu­rre desde los años en que el Sena­dor Frank Church y su comité sena­to­rial des­tru­ye­ran minu­cio­sa­mente la Agen­cia Cen­tral de Inte­li­gen­cia que fun­dara William (“Wild Bill”) Donovan.

Esto empeoró en 1994 cuando irri­tado por el peor motín espon­tá­neo en la his­to­ria tota­li­ta­ria de su Régi­men, Cas­tro deci­diera des­guar­ne­cer tem­po­ral­mente las cos­tas de Cuba, desatando un éxodo masivo de refu­gia­dos en embar­ca­cio­nes de fabri­ca­ción casera. Ante una inva­sión de “bal­se­ros”, Clin­ton capi­tuló. Como resul­tado de la cri­sis la Pro­cu­ra­du­ría Gene­ral de Esta­dos Uni­dos ordenó al INS apli­car la dis­po­si­ción de “pies secos o moja­dos”. Con­se­cuen­cia de la misma deba­cle fue­ron tam­bién las dis­cu­sio­nes bila­te­ra­les entre Washing­ton y La Habana sobre el tema migra­to­rio, cul­mi­nando al año siguiente con la garan­tía nor­te­ame­ri­cana de absor­ber 20,000 “inmi­gran­tes” cada año.

Al pre­sente, el Régi­men cas­trista es el gran árbi­tro, no sola­mente sobre quién puede salir o nó del teri­to­rio cubano usando la vía ofi­cial (los resul­ta­dos de la lla­mada “lote­ría de visas” sólo son par­cial­mente obser­va­dos), sino que tam­bién obtiene ganan­cias del trá­fico humano ile­gal. Esto último es un secreto a voces entre los fun­cio­na­rios de Home­land Secu­rity y de la Guar­dia Cos­tera en Florida.

Con­tí­nua­mente lle­gan a las cos­tas nor­te­ame­ri­ca­nas refu­gia­dos de Cuba que no pre­sen­tan que­ma­du­ras de sol, ni bar­bas cre­ci­das, ni la más mínima hue­lla de haber per­ma­ne­cido a la intem­pe­rie durante lar­gas horas sobre las aguas del Estre­cho. No dejan tras de sí res­tos de bal­sas u otras embar­ca­cio­nes. Algu­nos “lan­che­ros” han sido apre­sa­dos por la Guar­dia Cos­tera y sus embar­ca­cio­nes con­fis­ca­das. Se les ha encau­sado por sos­pe­cha de trá­fico ile­gal de seres huma­nos desde las cos­tas cuba­nas y su pre­di­ca­mento es prueba cir­cuns­tan­cial de la coope­ra­ción cas­trista en el nego­cio de con­tra­bando humano.

El trá­fico de dro­gas y otras mer­can­cías poten­cial­mente aún más leta­les de Cuba a Flo­rida usando lan­chas rápi­das y con la inequí­voca com­pli­ci­dad del Régi­men, se puso abier­ta­mente de mani­fiesto al final de la década de los 80, cul­mi­nando en el archi­no­to­rio pro­ceso con­tra los vie­jos “hit-men” de Cas­tro, Arnaldo Ochoa, los melli­zos Patri­cio y Anto­nio de la Guar­dia y una docena de supues­tos cóm­pli­ces. No existe un orga­nismo de inte­li­gen­cia en Esta­dos Uni­dos que no sepa que ese pro­ceso polí­tico, remi­nis­cente de la Unión Sovié­tica en los años 30, fue un vul­gar tea­tro orques­tado por el Régi­men para con­sumo publi­ci­ta­rio, tra­tando de tapar así un escán­dalo inter­na­cio­nal de trá­fico de dro­gas que invo­lu­craba a sus más altas figuras.

Cuando los refu­gia­dos inter­cep­ta­dos en alta mar son devuel­tos incon­di­cio­nal­mente a Cas­tro­lan­dia y los que arri­ban direc­ta­mente a tie­rra firme acep­ta­dos en Nor­te­amé­rica de idén­tica manera, ¿Se ha ali­ge­rado en alguna medida el ingreso de inde­sea­bles? Y ¿cuál es hoy el mejor método de infil­trar espías y sabo­tea­do­res para Cas­tro en Esta­dos Unidos?

¿Una balsa a la deriva?

Autor: Hugo J. Byrne

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Un comentario en “Cuba — ¿Una balsa a la deriva?”  

  1. 1 San Martín

    fuera dic­ta­do­res de Cuba ya hijos de mil repre­so­res el Che no bus­caba estos son putos como los K

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