México — El rostro de la intolerancia

Alejandro-Vazquez-CardenasQuous­que tan­dem, Cati­lina, abu­tere patien­tia nos­tra. Cice­rón
(Hasta cuando Cati­lina con­ti­nua­ras abu­sando de nues­tra paciencia.)

Aullando y atro­pe­llando todo lo que tenían enfrente, una tur­ba­multa de cerca de dos­cien­tos enfu­re­ci­dos pata­nes al ser­vi­cio del ex can­di­dato a la Pre­si­den­cia de la Repú­blica Andrés Manuel López Obra­dor, ingre­sa­ron a la Cate­dral Metro­po­li­tana de la Cd. de México, al inicio de la misa domi­ni­cal de las 12 horas del dia 18 de noviem­bre ¿El motivo?, se cele­braba un mítin del PRD en el Zócalo y el sonido de las cam­pa­nas lla­mando a misa con­ta­mi­naba el dis­curso de la mono­te­má­tica Rosa­rio Ibarra.

Las imá­ge­nes han sido vis­tas en todo el mundo. Los ros­tros de los agre­so­res recuer­dan la tipo­lo­gía de Lom­broso. No viene al caso repe­tir las carac­te­rís­ti­cas y deta­lles de la agre­sión. Importa mas, mucho más, pre­ci­sar de ori­gen de todo. El “huevo de la ser­piente”, los nom­bres y ape­lli­dos de los ver­da­de­ros cul­pa­bles que, al agre­dir ahora a algo suma­mente visi­ble se han puesto en la mira de medio mundo. Recor­de­mos, no es la pri­mera agre­sión de estos gru­pos. Tanto la Igle­sia como las ins­ti­tu­cio­nes y la socie­dad en su con­junto han sido agra­via­das repe­ti­da­mente por estas gen­tes, lo que pasa es que una agre­sión en Cate­dral, durante la cele­bra­ción del más impor­tante rito del cato­li­cismo adquiere una reso­nan­cia tal que la into­le­ran­cia y estu­pi­dez de los obra­do­ris­tas no alcan­za­ron a considerar.

Estos sinies­tros espe­cí­me­nes, con el cuento de que fue­ron des­po­ja­dos de un triunfo elec­to­ral el dos de julio, fan­ta­sía que no se sos­tiene con nin­gún argu­mento sólido, ente­le­quia que se ali­menta exclu­si­va­mente de los dog­mas que lanza López Obra­dor y un grupo de ilu­mi­na­dos que, a seme­janza de Goeb­bels y su fami­lia, han deci­dido inmo­larse con­jun­ta­mente con su Füh­rer tro­pi­cal. Con ese cuento, insisto, el agre­sivo grupo ligado a López Obra­dor con­jun­ta­mente con el seg­mento más caver­na­rio del PRD, se han pro­puesto cau­sar la mayor can­ti­dad posi­ble de daño a la socie­dad mexi­cana. No les importa o no pue­den enten­der que a con­se­cuen­cia de sus reite­ra­das agre­sio­nes las sim­pa­tías por su par­tido dis­mi­nu­yan y que se encuen­tre ya en caída libre en las pre­fe­ren­cias de los elec­to­res en la Repú­blica al grado de vir­tual­mente des­a­pa­re­cer de varios estados.

Azu­zar a esas hor­das obra­do­ris­tas que se encon­tra­ban en el Zócalo ese domingo era algo rela­ti­va­mente sen­ci­llo. No se nece­sita ser un experto en psi­co­lo­gía de las masas para saber que con una mul­ti­tud con esas carac­te­rís­ti­cas, car­gada de pro­fun­dos resen­ti­mien­tos, some­tida a una con­ti­nua des­in­for­ma­ción por la prensa fac­ciosa al ser­vi­cio del peje, reunida en el Zócalo en una espe­cie de ver­sión aldeana del Con­greso de Nurem­berg, pro­yec­tando ese docu­men­tal de Man­doki, defi­ciente imi­ta­ción del cono­cido “Triunfo de la volun­tad” de Leni Rie­fens­tahl y con un ren­cor lar­ga­mente fomen­tado, con todos esos ingre­dien­tes, repito, la posi­bi­li­dad de una agre­sión era bas­tante real.

Des­agrada la cobar­día de los capi­tos­tes perre­dis­tas des­pués de la agre­sión. Nadie es cul­pa­ble. Dice Rosa­rio Iba­rra que ella no incitó a la vio­len­cia. Ofi­cial­mente el Par­tido de la Revo­lu­ción Demo­crá­tica afirma que ellos no tie­nen nada que ver con la vio­len­cia. Dice Mar­celo Ebrard, alcalde perre­dista de la Ciu­dad de México que el no per­mi­tió la vio­len­cia y no tiene mejor ocu­rren­cia que rebuz­nar sen­ten­ciando que el clero no tiene auto­ri­dad para cerrar la cate­dral. Dice Fer­nán­dez Noroña, impre­sen­ta­ble vocero del PRD, que sobre­di­men­sio­na­ron el epi­so­dio: que no hubo vio­len­cia. Dice Gua­da­lupe Acosta Naranjo, Secre­ta­rio Gene­ral del PRD que fue­ron per­so­nas aje­nas al PRD quie­nes inci­ta­ron a la vio­len­cia. Total, nadie tiene la culpa.

Claro, ellos esta­ban en paz, ellos solo res­pon­die­ron a una “pro­vo­ca­ción”, ¿qué ocu­rren­cia esa de tocar las cam­pa­nas de Cate­dral justo cuando hablaba la sena­dora Rosa­rio Iba­rra? ¿Que no saben que el ruido ajeno los pone de mal genio cuando cele­bran su “Con­ven­ción Nacio­nal Demo­crá­tica”? Fue su culpa, por haber­los hecho eno­jar. Por lo tanto los asis­ten­tes a misa tuvie­ron que ate­nerse a las con­se­cuen­cias. Por eso entra­ron los perre­dis­tas a cate­dral repar­tiendo pata­das y voci­fe­rando que es un honor estar con Obra­dor (!¡) y de paso insul­tando al Car­de­nal Nor­berto Rivera lla­man­dolo “pede­rasta” por indi­ca­cio­nes de sus guias, aun­que cier­ta­mente muchos de ellos ni idea tie­nen de lo que gritan.

Pero lla­me­mos a las cosas por su nom­bre, Evi­den­te­mente, la causa pri­ma­ria de la vio­len­cia y la into­le­ran­cia tiene nom­bre y ape­llido: Andrés Manuel López Obra­dor. Ese Mesías que desde hace cua­tro años viene inci­tando a los mexi­ca­nos a enfren­tarse unos con­tra otros, fomen­tando una demen­cial “lucha de cla­ses”. Ese indi­vi­duo que con su ver­sión del “com­pló”, que ahora incluye a una “mafia”, des­ca­li­fica e insulta a quie­nes no comul­gan con su men­tira. Ese pato­ló­gico per­so­naje que agrede a la socie­dad per­ma­nen­te­mente con mar­chas, des­ca­li­fi­ca­cio­nes, acu­sa­cio­nes e insul­tos. Ese “polí­tico” que ordena a sus vasa­llos legis­la­do­res que tomen la tri­buna si las cosas no son como él ordena. Ese aspi­rante a cau­di­llo que por medio de sus men­da­ces y amo­ra­les colum­nis­tas y cari­ca­tu­ris­tas del bau­ti­zado “perió­dico obje­tivo” y los infal­ta­bles “ton­tos útiles” en otros perió­di­cos, se dedica a insul­tar, agre­dir, des­ca­li­fi­car, men­tir y fomen­tar el odio entre sus cré­du­los lec­to­res en con­tra de todos aque­llos que, en su deli­rio, con­si­dera que le “roba­ron” el triunfo.

Pero no es el único, la vio­len­cia tam­bién tiene otros nom­bres: Mar­celo Ebrard, Leo­nel Cota, Gua­da­lupe Acosta, Ricardo Mon­real, Jesús Ortega, por jus­ti­fi­car y hacerse ton­tos frente a toda la vio­len­cia e into­le­ran­cia que López Obra­dor ha gene­rado, no desde el 2 de julio, sino desde hace ya varios años. En corto reco­no­cen que ya es un las­tre, admi­ten su insa­nia men­tal.…. pero no hacen nada por frenarlo.

Un res­pe­tado colum­nista polí­tico, insos­pe­cha­ble de sim­pa­tía por el gobierno fede­ral, al escri­bir sobre este tema cabe­ceó su columna: “Radi­ca­les o estú­pi­dos”. Para mí que son las dos cosas.

Autor: Alejandro Vázquez Cárdenas

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