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Ecuador — Presiones sobre la Asamblea
Dos tipos de tensiones se ciernen sobre la Asamblea Constituyente, tal como se pudo apreciar durante la semana anterior. Una tensión nace de las visiones contrapuestas en torno a los objetivos de la Asamblea: por un lado, una visión cortoplacista, coyuntural, centrada en los intereses políticos del presidente Correa; de otro lado, una visión que piensa en una Constitución capaz de imaginar un país para los próximos –digamos– 50 años. La tensión entre las dos visiones quedó confirmada el jueves pasado con el incidente de Alberto Acosta con Trajano Andrade. El manotazo de este último, que retumbó en todo el recinto, muestra que entre las dos visiones la tensión puede llegar a una abierta confrontación. Los reportes informativos ubican a Trajano –un ex militante de la ID hoy corrido hacia Alianza País– como el principal defensor de los intereses de Correa no solo dentro del bloque oficial sino en el pleno de la Constituyente. La segunda fuente de tensión proviene de los plenos poderes tan solemnemente asumidos por los asambleístas. El peligro es que la Asamblea comienza a ser vista o como un Gobierno paralelo al de Correa, con capacidad para tomar decisiones de muy distinta índole –por ejemplo, ordenar la libertad de los pobladores de Orellana detenidos– o bien como un contrapoder del Ejecutivo una vez que el Congreso fue puesto en receso.
Desde este punto de vista, la Asamblea puede generar una gran confusión institucional y de poder puesto que está por encima también del Ejecutivo. No olvidemos que el presidente Correa está ahora en el poder gracias a que fue ratificado por la Asamblea. Esta segunda fuente de tensión, mucho más compleja que la anterior, ya provocó una amenaza por parte del propio presidente: si la Asamblea libera a los presos de Orellana, renuncia.
La primera de las dos fuentes de tensión es bastante comprensible dado que el suscitador de todo el proceso constituyente se llama Rafael Correa. Su liderazgo y su capacidad política desataron el proceso. Correa es el hacedor de una fuerza mayoritaria en el Ecuador que se llama Alianza País. La segunda fuente de tensión proviene de la novelería de la izquierda con los plenos poderes. Todavía no sabemos el alcance que puede tener el que la Asamblea se haya colocado, de manera tan explícita y contundente, por encima de todos los poderes constituidos, incluso del mismo Ejecutivo.
Es verdad cuando Correa dice que hoy la persona más poderosa del Ecuador se llama Alberto Acosta. Sobre él recaerán enormes presiones, desde aquellas provenientes de los sectores menos correístas del bloque oficial, hasta de aquellos que se sienten molestos, insatisfechos, con la gestión del Gobierno.
Fuente: Hoy.com
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