Mentiras verdaderas, … o verdaderas mentiras

Carlos Marcelo ShafersteinLa píl­dora de cia­nuro tiene reser­vado un lugar en la his­to­ria trá­gica de nues­tro país. Antes de caer en manos de los “gru­pos de tareas” de la década de los 70, muchos de los inte­gran­tes de las for­ma­cio­nes gue­rri­lle­ras —sobre todo de Mon­to­ne­ros— pre­fe­rían tra­garla. La lle­va­ban encima para sui­ci­darse de ese modo ante el peli­gro cierto de caer pri­sio­ne­ros. Miriam Lewin las repar­tía e ins­truía a los chi­cos sobre el modo en que debe­rían uti­li­zarla… “Éramos seres huma­nos nor­ma­les com­pro­me­ti­dos con nues­tros idea­les y con las con­tra­dic­cio­nes pro­pias de la forma en que esos idea­les se habían orga­ni­zado… esa dosis de cia­nuro que todo mili­tante mon­to­nero debía guar­dar” —señaló en un repor­taje a Página 12— “…era mi sacri­fi­cio por los demás –cuenta “La polaca” Penny— …ponerme la pas­ti­lla en la boca, mirar al cielo y decir gra­cias por poder morir así”.

Una vez falle­ció un amigo en mis bra­zos. Estaba aban­do­nado en una horro­rosa celda en la Pri­sión de Encau­sa­dos de Villa Devoto. Se estaba desan­grando pero los médi­cos foren­ses que acu­dían a mi súplica pro­fe­sio­nal —cuando toda­vía ejer­cía como abo­gado— no se ani­ma­ban a fir­mar el diag­nós­tico que le hubiera pro­lon­gado la vida a ese Gene­ral de División.

Ago­nizó exte­nuado y anémico por­que la Jus­ti­cia no admi­tía que se cons­tate ofi­cial­mente su ulce­roso estado, lo que puso en evi­den­cia la apa­tía de los jue­ces y la pasi­vi­dad ante el drama de sus pri­sio­ne­ros. Pero la ven­ganza no ter­minó allí. Luego se nega­ron a entre­gar durante casi tres días el cadá­ver del Jefe caído a su fami­lia. No podía creer que haya elu­dido la sen­ten­cia… En defi­ni­tiva, este viejo Gene­ral que amaba la vida, de enco­mia­bles prin­ci­pios Cató­li­cos y una digna fami­lia que ado­raba murió inocente, pero enclaus­trado tras los barro­tes y la mugre peni­ten­cia­ria. Enton­ces decidí devol­ver mi matrí­cula. Pre­ten­der defen­der a alguien con la Ley en un país donde el Dere­cho es inexis­tente es ser cóm­plice de la farsa. Pero, inevi­ta­ble­mente, me sigo indig­nando cada día más…

Ayer —ante la des­fa­cha­tez pública de las cáma­ras tele­vi­si­vas— un grupo de insu­rrec­tos a la Ley toma­ron por asalto, a san­gre y fuego, un edi­fi­cio público en la ciu­dad de La Plata, hiriendo gra­ve­mente a muchos inocen­tes y des­tru­yendo al deta­lle el Minis­te­rio de Desa­rro­llo Humano bonae­rense, todas sus ins­ta­la­cio­nes y archi­vos, que­mando —ade­más— lo que no alcan­za­ron a cani­ba­li­zar en su retirada.

Pero nin­guno de los ván­da­los ter­minó per­noc­tando en pri­sión: Para los jue­ces argen­ti­nos no hay causa que meri­túe el encar­ce­la­miento por ser “deli­tos de menor cuantía”.

En honor a la ver­dad per­so­nal­mente nunca pude acce­der a la cár­cel de Mar­cos Paz, ni se me auto­rizó a visi­tar la Pri­sión de Campo de Mayo. Pero, mien­tras que quien escribe este informe, auxi­liar de la Jus­ti­cia en teo­ría, tiene que hacer engo­rro­sos y humi­llan­tes trá­mi­tes judi­cia­les, pre­ju­di­cia­les, peni­ten­cia­rios o pro­to­co­la­res con­du­cen­tes a obte­ner auto­ri­za­ción para visi­tar a los pri­sio­ne­ros polí­ti­cos del régi­men, aún esgri­miendo la con­di­ción de abo­gado y, cuando corres­ponde, de perio­dista, la seño­ras Estela de Car­lotto y Hebe de Bona­fini logran insó­li­tos y expe­di­tos pro­nun­cia­mien­tos judi­cia­les aún siendo par­tes abso­lu­ta­mente par­cia­les en el lin­cha­miento de los mili­ta­res y poli­cías pri­va­dos de su liber­tad por com­ba­tir al terrorismo.

Según el perio­dista Chris­tian Sanz, quien declaró ante el juez que inves­tiga la causa, Julio López, que pade­cía del mal de Alz­hei­mer, des­a­pa­re­ció en con­ni­ven­cia con agen­tes del gobierno, y murió durante el tras­lado, durante su pre­ten­dido secues­tro, en las inme­dia­cio­nes de Chas­co­mús. Se sabía que, debido a su terri­ble enfer­me­dad segu­ra­mente no podría vol­ver a decla­rar en la ins­tan­cia de ape­la­ción en la causa por la cual fue con­de­nado el R.P. Chris­tian Von Wer­nich, y resul­taba con­ve­niente para la parte que, lite­ral­mente, se esfu­mase. Pero es una his­to­ria con mucha tela para cortar…

En ese orden, el sar­gento del Ejér­cito Argen­tino Jorge Oscar López, de 40 años e inte­grante de la Casa Mili­tar, había sido visto por última vez el 12 de octu­bre pasado. El pobre hom­bre escu­chó algo incon­ve­niente sobre el otro López, y el 11 de noviem­bre apa­re­ció “sui­ci­dado” en cir­cuns­tan­cias mis­te­rio­sas que no se pro­fun­di­za­ron dema­siado. Según sub­ofi­cia­les com­pa­ñe­ros suyos, que por cierto no se ani­man a ates­ti­guar, fue tras­la­dado com­pul­si­va­mente por dos indi­vi­duos y no se rein­te­gró más a su puesto de tra­bajo, decla­rán­dose su baja deser­ción. Su cuerpo desin­te­grado por las olas apa­re­ció —sin cabeza— a los treinta días bajo los acan­ti­la­dos de Chapadmalal.

Resi­dente de una casita típica de San Telmo, amante de los mal­vo­nes, feliz­mente casado y padre de sus dos ama­dos peque­ños, lo lla­ma­tivo, y deci­di­da­mente sos­pe­choso, es que —aun­que su fami­lia reportó su desa­pa­ri­ción a las pocas horas— recién el miér­co­les 31 se publicó en los dia­rios una soli­ci­tud de para­dero con su nom­bre y foto­gra­fía. La difu­sión de la his­to­ria no habría pasado desa­per­ci­bida en la cuenta regre­siva preelectoral.

Buen marido y apa­sio­nado por su tra­bajo, el sar­gento des­a­pa­re­cido hacía tra­ba­jos admi­nis­tra­ti­vos den­tro de la Casa Mili­tar de la Casa Rosada, aun­que su voca­ción lo llevó mucho tiempo ale­jado. Hace algu­nos años, estuvo un período en la Antár­tida, enviado por el Ejér­cito, y en Chi­pre, donde se sen­tía más cómodo. Ade­más de tener cono­ci­mien­tos en taek­wondo, hace varios meses López se había reci­bido de ins­truc­tor de tiro. Según sus com­pa­ñe­ros, era nor­mal: un hom­bre equi­li­brado y suma­mente dis­creto. La misma des­crip­ción que daba su esposa: “Es un hom­bre inta­cha­ble que ama su pro­fe­sión, abso­lu­ta­mente inte­li­gente y siem­pre preo­cu­pado por todos”, juraba Vanessa.

Ya desde el comienzo se insi­nuó que el infe­liz habría sal­tado volun­ta­ria­mente al vacío, pero luego la autop­sia reveló un tiro en la base del cue­llo, lo que se publicó en algún medio sin mayor tras­cen­den­cia, sin vol­verse a men­cio­nar el asunto. La revista “Noti­cias” cerró su edi­ción Nº 1610 infor­mando que “si bien no se des­carta nin­guna hipó­te­sis, las pis­tas abier­tas tras la desa­pa­ri­ción del sar­gento de la Casa Mili­tar son un enigma guar­dado bajo siete llaves”.

El pre­fecto Febres no tenía motivo alguno para qui­tarse la vida. Como sufría de dia­be­tes con­su­mía mucho líquido. Enton­ces era habi­tual que tuviera un vaso muy cerca, se des­per­taba de noche, tomaba agua e iba al baño, como cual­quier per­sona de edad. Es muy posi­ble que el cia­nuro se lo hayan puesto en el vaso, según espe­cu­lan los fami­lia­res: la esposa de Febres, Estela Maris Gue­vara, y los hijos del matri­mo­nio, Sonia y Ariel, que se horro­ri­za­ron cuando la jueza San­dra Arroyo les informó que los inda­gaba por ser sos­pe­cho­sos de “haber pro­por­cio­nado los medios” para que su padre se auto­in­mo­lara. Sonia insis­tió con el con­cepto cuando depuso ante la Dra Arroyo y el fis­cal Gen­tili: “él estaba bien de ánimo. Su defen­sor, el doc­tor Valle, hizo un mag­ní­fico ale­gato y eva­luó que habiendo estado nueve años preso, no ten­dría que pasar dete­nido dema­siado tiempo más. Eso lo tenía ilu­sio­nado. Es más, me dio una gra­ba­ción con el ale­gato de Valle…y estaba entu­sias­mado para decla­rar una vez más su inocen­cia al Tri­bu­nal oral.” Otra de las razo­nes adu­ci­das por el hijo de Febres es que, dada la con­fianza fami­liar, hubiera mani­fes­tado sus inten­cio­nes o dejado una carta, al menos. Pero Febres era un Cató­lico mili­tante y jamás hubiera recu­rrido al sui­ci­dio. Ariel agregó que su padre fue encon­trado con el ros­tro plá­cido, acos­tado, abra­zado a la almohada. “Pare­cía dis­ten­dido y nos han expli­cado que ésa no es la cara de alguien que con­su­mió cia­nuro, que pro­duce sufrimiento”.

Resulta, enton­ces, par­ti­cu­lar­mente lla­ma­tivo que quie­nes más se preo­cu­pa­ron por el infor­tu­nado Febres fue­ron las Abue­las de Plaza de Mayo. Enca­be­zando las orga­ni­za­cio­nes de Dere­chos Huma­nos, estas damas eter­na­mente enlu­ta­das soli­ci­ta­ron el vier­nes pasado “el tras­lado inme­diato de todos los repre­so­res que no se encuen­tren alo­ja­dos en uni­da­des del Ser­vi­cio Peni­ten­cia­rio Fede­ral y de aque­llos que estén cum­pliendo con­dena bajo el régi­men de pri­sión domiciliaria”.

No pue­den estar en este tipo de uni­da­des por dos razo­nes —ale­ga­ron— una por­que son peli­gro­sos y en segundo lugar por­que quizá en cár­ce­les comu­nes se les va a pre­ser­var la vida”, argu­mentó la pre­si­denta de Abue­las, Estela de Car­lotto. Tam­bién se suma­ron los recla­mos de que­re­llan­tes, fis­ca­les y el Minis­te­rio de Defensa para que no estén en uni­da­des de las Fuer­zas Arma­das. Sobre 339 los mili­ta­res pre­sos regis­tra­dos por el Cen­tro de Estu­dios Lega­les y Socia­les, un 35 por ciento goza de pri­sión domi­ci­lia­ria, otro tanto está en uni­da­des mili­ta­res y el resto en cár­ce­les comu­nes, cate­go­ría que incluye Campo de Mayo y Bases mili­ta­res cer­ca­nas al Juz­gado Fede­ral de que se trate, por una cues­tión de prag­ma­tismo procesal.

Mar­tín Carrasco Quin­tana, en la edi­ción de hoy mar­tes 18 de diciem­bre en “El Pre­gón”, de La Plata, escri­bió que “es una cos­tum­bre nacio­nal matar gente para tor­cer el des­tino polí­tico de algún opo­nente, recor­dando que la impia­dosa muerte de José Luis Cabe­zas, entre otras cosas, le costó la pre­si­den­cia por vía elec­to­ral a Eduardo Duhalde; que a Fer­nando De la Rúa el hon­dazo final le llegó con los muer­tos del 20 de diciem­bre de 2001. Cro­mag­non le cortó el futuro al obs­ti­nado Aníbal Iba­rra y Jorge Julio López, al des­a­pa­re­cer, abo­lió la pro­yec­ción de Felipe Solá. Siem­pre en el ámbito del gran ruido, la muerte por enve­ne­na­miento del pre­fecto preso en una depen­den­cia de Pre­fec­tura en El Tigre ha dado lugar a varias con­clu­sio­nes… Más allá del estruendo, que­dan dos cues­tio­nes de base: la furia de los juz­ga­do­res y de la gente de los dere­chos huma­nos con víc­ti­mas cola­te­ra­les, como la ahora viuda y los hijos. La ira­cun­dia viene de un sen­ti­miento de frus­tra­ción: les han qui­tado de entre las manos a un sujeto odiado, para el que se pla­neaba una orda­lía de las hasta ahora des­ple­ga­das. Y, mien­tras los medios siguen lla­mán­dolo repre­sor (ya falle­cido y sin sen­ten­cia que dijera que lo fue) a nadie se le ocu­rre medir los agra­vios —impues­tos y por impo­ner— cuya mag­ni­tud le han acor­tado la exis­ten­cia a muchos.”

Defi­ni­ti­va­mente, la pócima pon­zo­ñosa que la mon­to­nera Penny ino­cu­laba entre los jóve­nes már­ti­res que adies­traba para la muerte, se man­tiene hoy sin mácula en los cora­zo­nes rebo­san­tes de odio de las vie­jas terro­ris­tas de Plaza de Mayo. En esta etapa de con­so­li­da­ción de su poder siguen enve­ne­nando con fic­cio­nes ven­ga­ti­vas el ren­cor con­ta­gioso hacia quie­nes derro­ta­ron al terror den­tro de las ins­ti­tu­cio­nes, antes que éstas clau­di­ca­sen polí­ti­ca­mente o se fue­ran corrom­piendo al hacerse políticas.

Autor: Dr. Carlos Marcelo Shäferstein

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5 Comentarios en “Mentiras verdaderas, … o verdaderas mentiras”  

  1. 1 Matilde del Carmen Masats

    Dr. Car­los: Parece de peli­cula de acción lo que ud relata y se vive a dia­rio. La men­tira, men­ti­rosa de las men­cio­na­das Bona­fini y Car­lotto rea­li­zan el tra­bajo sucio del poder para mayor ampli­tud de desa­rro­llo del gobierno sui­cida y esca­broso. Cuan­tos muer­tos más en Demo­cra­cia, esta mal lla­mada demo­cra­cia yo diría, Sta­li­nismo puro. Pero con triste final, nos esta­ran pro­vo­cando con las acti­tu­des dia­rias del poder. Un saludo y Feli­ces Fies­tas Navi­de­ñas en nom­bre del Señor para ud y su fami­lia. Cor­dial­mente Matilde y Enrique.

  2. 2 Carlos Marcelo Shäferstein

    Feliz Navi­dad, esti­ma­dos Matilde y Enri­que, que­ri­dos lectores:

    A veces me parece estar viviendo una pesa­di­lla, un mal sueño… Pero la reali­dad que nos invade supera la fic­ción más inimaginada.

    Car­los Pagni acaba de escri­bir: “La segui­di­lla de sin­di­ca­lis­tas ase­si­na­dos es inopor­tuna para una pre­si­denta que no quiere ver man­cha­dos sus mode­los con la san­gre de una camo­rra de segunda clase… Sobre todo ahora que la casa Dior en París se ofrece para ves­tirla, repi­tiendo los ser­vi­cios que pres­taba a Eva Perón”.

    Cor­dial­mente,

    Car­los

  3. 3 Braulio Quevedo

    Esti­mado Señor, por­que doc­tor se hace, y señor se nace. Lo feli­cito por su acti­tud y supongo, sacri­fi­cio.
    El odio y la ven­ganza derra­ma­dos desde los más altos esta­men­tos del estado, y por todos aque­llos que de una u otra manera esta­ban liga­dos a los gue­rri­lle­ros delin­cuen­tes, con las madres y abue­las de plaza de mayo por una parte, y luego por las nue­vas gene­ra­cio­nes igno­ran­tes de la ver­da­dera trama vivida en aque­lla época, han dado forma a una marea dia­ria, que ya moja nues­tros piés y sigue subiendo, ali­men­tada todos los días por el satá­nico desig­nio del ex pre­si­dente. Esto puede con­du­cir sola­mente al can­san­cio y al har­tazgo de la gente que como Ud. se indigna cada día más. Día lle­gará en que habrá quien decida dar el pri­mer paso para ter­mi­nar con tamaña injus­ti­cia, y ese día los cobar­des tem­bla­rán, y tra­ta­rán de ponerse a salvo, corriendo a los bra­zos de Cha­vez, Cas­tro, o cual­quier otro“mesías” comu­nista.
    Toda esta gente ignora, que car­gar tan­tos años con ese odio sobre sus hom­bros, ter­mi­nará pro­du­cién­do­les un daño mucho mayor que la satis­fac­ción que creen poder con­se­guir con su ven­ganza, que parece no haber sido saciada con las indem­ni­za­cio­nes reci­bi­das.
    Reciba Ud. mi abrazo fra­terno, y un deseo de paz en estas navi­da­des, en las que tene­mos que pedirle a Dios, que nos de una señal, para que ter­mi­ne­mos con esta injusta situa­ción. Hasta la pró­xima. Cor­dial­mente Brau­lio Quevedo.

  4. 4 nestor a. estevez

    La cap­sula de cianuro,tan famosa y difun​dida​.La tenian que utilizar(en si mismo)los chi­cos idea­lis­tas en caso de ser cap­tu­ra­dos luego de tra­viesa y juve­nil matanza​.No tengo recuerdo ni se men­ciona bra­vos auto­in­mo­la­dos de esta forma.Quizas alguien (Febres?)los con­ven­ciera de entre­gar a algu­nos “cumpas”.Los mon­tos siem­pre arrugaron.

  5. 5 Alejandra Iorio

    EXCE­LENTE INFOR­MA­CIÓN, SIN PALA­BRAS. LO FELI­CITO DR.SHÄFERSTEIN
    POR TAN INTERE­SANTE NOTA, Y PEN­SAR QUE UNO TIENE QUE SOPOR­TAR
    A TANTA GENTE MEN­TI­ROSA E INMO­RAL, QUE USA PAÑUE­LITO BLANCO Y
    LO QUE TEN­DRÍA QUE USAR, SERÍA JUS­TA­MENTE “ESA PAS­TI­LLITA ” DE CIANURO.lE PIDO DIS­CUL­PAS, PERO ES EN EFECTO LO QUE PIENSO Y SIENTO HACE MÁS DE 30 AÑOS.
    LO SALUDO CON MI MAYOR ADMI­RA­CIÓN Y MUY COR­DIAL­MENTE.
    ALE­JAN­DRA GRA­CIELA IORIO
    DNI : 14.118.238
    CAPI­TAL FEDERAL

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