Colombia — La Cuadratura del Círculo

Pedro CorzoLa auto­de­no­mi­nada Fuer­zas Arma­das Revo­lu­cio­na­rias de Colom­bia han demos­trado hasta la sacie­dad estar inte­grada por una pan­di­lla de cri­mi­na­les que par­ti­cipa en el nar­co­trá­fico, ase­sina inocen­tes, ata­cas pue­blos inde­fen­sos con cilin­dros car­ga­dos de gas, coloca colla­res con explo­si­vos a sus vic­ti­mas, secues­tra y ase­sina a sus rehe­nes, como ocu­rrió con once ex dipu­tados en la pri­ma­vera del 2007, por solo citar un caso de muchos.

La his­to­ria refiere que la orga­ni­za­ción para­mi­li­tar mas anti­gua del hemis­fe­rio se cons­ti­tuyó con el total res­paldo del Par­tido Comu­nista de Colom­bia en mayo de 1964, en Mar­que­ta­lia, depar­ta­mento de Cal­das, una remota región ubi­cada entre el sur del Tolima y el norte del Huila, bajo la direc­ción de Pedro Anto­nio Marín, tam­bién cono­cido como Manuel Maru­landa Vélez, “Tiro Fijo”. El dis­curso polí­tico de los gue­rri­lle­ros era simi­lar al de sus pares del con­ti­nente: nacio­na­lista y de jus­ti­cia social.

La gue­rri­lla colom­biana con una pro­yec­ción mar­xista leni­nista al igual que otras que ope­ra­ban en dife­ren­tes paí­ses lati­noa­me­ri­ca­nos, fue res­pal­dada por el régi­men cubano con todos los recur­sos béli­cos y logís­ti­cos a su alcance. Tam­bién fue apo­yada por una fuerte corriente inte­lec­tual de larga voca­ción sui­cida inte­grada entre otras lumi­na­rias, por Jean Paúl Sar­tre y Simone de Beauvoir.

Los años de lucha fue­ron trans­for­mando a la FARC. La orga­ni­za­ción cre­ció, se hizo pode­rosa y se con­vir­tió en una alter­na­tiva capaz de reclu­tar toda clase indi­vi­duos que por dife­ren­tes cau­sas recha­za­ban el gobierno o sim­ple­mente vivir en una socie­dad civilizada.

Los idea­les que supues­ta­mente pro­mo­vían se fue­ron per­diendo. La tenue línea que divide la vio­len­cia polí­tica de la del hampa común se esfumó. La vio­len­cia gue­rri­llera se trans­formó en nego­cio. La corrup­ción hizo acto de pre­sen­cia antes de lle­gar al poder y rápi­da­mente con­vir­tió en vic­ti­mas a los que decía defender.

La orga­ni­za­ción huma­ni­ta­ria Human Rights Watch cal­culó en un informe del año 2005, que más de 11.000 niños com­ba­ten en el con­flicto armado colom­biano y que varios miles son meno­res de 15 años, la edad mínima per­mi­tida para el reclu­ta­miento en fuer­zas o gru­pos arma­dos de acuerdo con los Con­ve­nios de Gine­bra. Según el informe apro­xi­ma­da­mente el 80 por ciento de estos niños com­ba­tien­tes per­te­ne­cen a uno de los dos gru­pos gue­rri­lle­ros de izquier­das, las FARC o el ELN. El resto com­bate en las filas paramilitares.

La des­com­po­si­ción moral de las FARC se agu­diza cuando sis­te­ma­ti­zan el secues­tro e ini­cian la toma de rehe­nes, inclu­yendo niños, con moti­vos extor­si­vos. En los últi­mos doce años han sido secues­tra­dos en Colom­bia 2567 niños, un por ciento ele­vado de éstos por la gue­rri­lla de la FARC.

La fuerza que capi­ta­nea “Tiro Fijo”, en su mejor momento fluc­tua­ron entre los 16,000 a 20,000 efec­ti­vos, actual­mente se cal­cu­lan en 12,000, se invo­lu­cró en el nar­co­trá­fico creando un impuesto sobre los cul­ti­vos pero cuando apre­ció lo lucra­tivo del nego­cio asu­mió el con­trol de las siem­bras, la pro­duc­ción de la droga y su comer­cia­li­za­ción por medio de peque­ños car­te­les diri­gi­dos por variosde sus pro­pios coman­dan­tes guerrilleros.

La his­to­ria reciente de Colom­bia mues­tra nume­ro­sos inten­tos por parte de dife­ren­tes gobier­nos de sus­cri­bir la paz con las fuer­zas irre­gu­la­res. El pre­si­dente Beli­sa­rio Betan­court, en 1984, sus­cri­bió un acuerdo con las gue­rri­llas de las FARC, ADO (Auto­de­fensa Obrera), y dos sec­to­res del ELN. Al acuerdo de Cese al Fuego y Tre­gua se suma­ron poco tiempo des­pués las gue­rri­llas EPL, PRT y M19.

En este periodo la FARC creo la Unión Patrió­tica, una fuerza polí­tica que se pro­po­nía par­ti­ci­par en las cam­pa­ñas elec­to­ra­les para aspi­rar a posi­cio­nes públi­cas. Este pro­yecto puede pre­ten­der reedi­tarse con el res­paldo de fuer­zas polí­ti­cas colom­bia­nas, el pre­si­dente Hugo Chá­vez y otros diri­gen­tes polí­ti­cos del hemis­fe­rio. No es de supo­ner que el hecho de que Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea cali­fi­quen a la FARC como terro­rista sea un obs­táculo, recor­de­mos el caso del dic­ta­dor libio, Gadaffi.

Seis años mas tarde, en 1990 durante el gobierno de Cesar Gavi­ria, los movi­mien­tos EPL, M19 y PRT. pac­ta­ron un Acuerdo de Amnis­tía, entrega de las armas, des­mo­vi­li­za­ción e incor­po­ra­ción a la vida civil, para desem­bo­car en una Asam­blea Nacio­nal Cons­ti­tu­yente que for­mu­lara los cam­bios y refor­mas que se pre­ten­dían desde la lucha armada.

En 1998, el gobierno del recién ele­gido pre­si­dente Andrés Pas­trana Arango, creó la zona de dis­ten­sión, una zona des­mi­li­ta­ri­zada que se exten­día por 40.000 Kms. cua­dra­dos, un área dos veces mayor que El Sal­va­dor, con el fin de lle­var a cabo un pro­ceso de paz. El pro­ceso duró hasta 2002, cuando el gobierno de Pas­trana se per­cató de la falta de volun­tad de la gue­rri­lla para lle­gar a un acuerdo.

San Vicente del Caguan se había con­ver­tido en una espe­cie de estado den­tro del estado. La tre­gua le había per­mi­tido a la gue­rri­lla ganar tiempo y rees­truc­tu­rarse mejor. Can­di­da­tos a la pre­si­den­cia iban con fre­cuen­cia a la zona de dis­ten­sión a excep­ción de Álvaro Uribe que siem­pre rechazó esa posibilidad

Uribe decía, según la prensa colom­biana, “con ban­di­dos y ase­si­nos no se nego­cia”, que era per­der el tiempo y ade­más oxi­ge­nar a los irre­gu­la­res. San Vicente del Caguan se con­vir­tió en un show polí­tico muy bien apro­ve­chado por la narco gue­rri­lla para sus fines propagandísticos.

En el 2002, diver­sos fac­to­res lle­va­ron a Álvaro Uribe a la pre­si­den­cia de Colom­bia., pero en par­ti­cu­lar su dis­po­si­ción a enfren­tar con todos los recur­sos del estado las fuer­zas subversivas.

El fla­mante man­da­ta­rio des­plegó el Plan Patriota que impli­caba for­ta­le­cer la gue­rra con­tra los irre­gu­la­res. La acción mili­tar le causó a las FARC nume­ro­sas derro­tas, bajas entre sus efec­ti­vos por muer­tes o deser­cio­nes, y la incau­ta­ción de impor­tan­tes can­ti­da­des de per­tre­chos de dife­ren­tes tipos.

Durante déca­das el terri­to­rio colom­biano ha estado azo­tado por la vio­len­cia pero el prin­ci­pal enemigo de las FARC aparte de las fuer­zas ofi­cia­les han sido las deno­mi­na­das Auto­de­fen­sas Uni­das de Colombia.

Las Auto­de­fen­sas Uni­das de Colom­bia (AUC) es una con­fe­de­ra­ción para­mi­li­tar cons­ti­tuida en abril de 1997. Cen­tra­liza a dife­ren­tes gru­pos para­mi­li­ta­res regio­na­les que venían ope­rando hacia varios años. La orga­ni­za­ción es cali­fi­cada de mili­tar en la extrema dere­cha, y de prac­ti­car el terro­rismo, extor­sión, secues­tro y nar­co­trá­fico al igual que la FARC. Es cla­si­fi­cada como una orga­ni­za­ción terro­rista por la Unión Euro­pea y por Esta­dos Unidos.

Sus obje­ti­vos son pro­te­ger a los miem­bros y patro­ci­na­do­res en las zonas bajo su influen­cia, entre ellos gana­de­ros y nar­co­tra­fi­can­tes, de las incur­sio­nes arma­das de las dife­ren­tes fuer­zas gue­rri­lle­ras que ope­ran en el terri­to­rio nacio­nal. Su líder polí­tico fue Car­los Cas­taño, cuyo cadá­ver se encon­tró e iden­ti­ficó en agosto de 2006, des­pués de más de dos años de espe­cu­la­cio­nes sobre su muerte.

Apro­xi­ma­da­mente un año des­pués de haber tomado pose­sión de la pre­si­den­cia, varios sec­to­res de la opo­si­ción acu­san al man­da­ta­rio de haber estado vin­cu­lado a los para­mi­li­ta­res, Uribe inició un pro­ceso de paz con las Auto­de­fen­sas Uni­das de Colom­bia. Se aprobó una con­tro­ver­sial ley de Jus­ti­cia y Paz que otor­gaba a los des­mo­vi­li­za­dos una serie de bene­fi­cios, entre ellos exi­mir­los de ser extra­di­ta­dos a Esta­dos Uni­dos aun en el caso de estar reque­rido por la jus­ti­cia nor­te­ame­ri­cana por casos de nar­co­trá­fico o lavado de dinero.

Hasta el momento se cal­cu­lan que se han des­mo­vi­li­zado unos 30,000 para­mi­li­ta­res. Tam­bién hay infor­ma­cio­nes de que algu­nos de sus miem­bros siguen delin­quiendo desde la cár­cel. Varios líde­res y gru­pos para­mi­li­ta­res loca­les recha­za­ron aco­gerse al acuerdo de la des­mo­vi­li­za­ción y reto­ma­ron las armas para cons­ti­tuir nue­vos gru­pos criminales.

Autor: Pedro Corzo

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