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México — Fanatismo y Terrorismo
Nuevamente el terrorismo es motivo de primeras planas mundiales, nuevamente enluta familias y pueblos, nuevamente nos muestra sus peores características: violencia e intolerancia y como único razonamiento el asesinato aún al precio de la autoinmolación. El reciente atentado que costó la vida a la ex ministra de Pakistán Benazir Bhutto, junto con mas de veinte de sus simpatizantes, apenas a unos días de que otro atentado similar causó la muerte a mas de cien de sus seguidores, ha puesto otra vez en primer el plano mundial al problema del terrorismo y su imposible justificación.
En este caso concreto, las investigaciones y los comunicados señalan a la red terrorista islámica de Al Qaeda, estructura fundamentalista islámica liderada visiblemente por Osama Bin Laden y su personero pakistaní Baitulah Meshud .
Existe una gran cantidad de artículos, editoriales, sesudos análisis y un buen numero de libros analizando a Osama Bin Laden, su origen y personalidad, su red de terroristas, su financiamiento, entrenamiento, su evolución y estado actual, por lo tanto no vale la pena repetir lugares comunes, únicamente recordemos que su meta principal, sobradamente anunciada, es establecer un Califato Pan-Islámico mundial, destruir al “demonio occidental” y de paso vengar agravios históricos por la expulsión de los musulmanes del territorio que ellos llamaron Al-Andalus (buena parte de la actual España). Tampoco es mi idea reeditar una versión corta de “Choque de civilizaciones” de Samuel Huntington, polémico libro que maneja la tesis de un inevitable conflicto entre Occidente y lo “no-occidente” y resalta el papel que jugarán las religiones. Tampoco hacer un completo análisis del origen y evolución del terrorismo, pues el tema, por su extensión, rebasa ampliamente el tamaño de un artículo.
Antes de seguir recordemos una definición de terrorista: Persona que busca dominar por el terror, pretende destruir el orden establecido, crear un clima de temor e inseguridad e intimidar a la población en general. Se distingue por el uso de víctimas inocentes para alcanzar su objetivo.
Para entender el asesinato de Benazir Bhutto hay que recordar dos aspectos básicos que determinan el actuar de un terrorista con motivaciones religiosas, uno es el Fundamentalismo, que es el caso de una persona o grupo que adopta una versión exclusiva de la verdad, que hace ver al mundo, fuera de su círculo, como enemigo. El fundamentalismo se manifiesta esencialmente como una intolerancia e intransigencia a la opinión, modo de vida o cultura de los demás; el fundamentalista no razona, no dialoga, no evalúa. Exige sumisión a “su verdad”.
El otro aspecto básico en el terrorista es el Fanatismo; entendemos al fanático como una persona obsesionada por un pensamiento concreto, por un objetivo que trata de hacer realidad a toda costa. El fanático no es un demócrata, pues piensa que solo el y unos pocos como él han visto la “Verdad”, y solo a ellos corresponde realizarla mediante alguna acción violenta.
En el fanático se aloja una gran carga de violencia potencial, y está dispuesto a utilizarla si fuera precisa para sus fines, violencia física (agresión), violencia psicológica (terror) y violencia intelectual (engaño), todo como medio para violentar o contrariar las voluntades de quienes se oponen a sus proyectos.
Es característica del fanático la obstinación, la enérgica e inconmovible persistencia en su actitud decidida. Es típico del fanático descartar el diálogo por considerarlo un elemento absolutamente inútil, porque el fanático renuncia al ideal de que su empresa y las convicciones peculiares que la guían puedan ser comprendidas y aceptadas pacíficamente por la comunidad. Por eso sus palabras no quieren ser razonables ni razonadas, sino sólo persuasivas e impulsivas, su discurso público se apoya sobre lemas y no sobre razones.
La violencia terrorista es diferente a las otras formas de violencia y se convierte en una violencia instrumentalizada, por cuanto su objetivo final es provocar el miedo, el terror, el aturdimiento de un sector de la población. El objetivo del acto terrorista no es tanto la víctima como el entorno social, a quien quiere hacer llegar la proyección del impacto emocional doloroso correspondiente.
Se trata, por tanto, de una violencia destinada a impactar, un espectáculo escénico. Detrás de los pocos individuos implicados en el acto criminal hay todo un entramado de organización bien jerarquizado. La violencia del terror se planifica y realiza desde una frialdad narcisista y estremecedora para el resto de los mortales.
El terrorista está poseído por un fanatismo ciego y una serenidad pasmosa, que le conduce a ejecutar su crimen como si se tratara de una obra de arte (el asesino de Teo van Gogh). En estos momentos la mente del criminal goza pensando que va a contemplar su sangriento espectáculo en el público. Juega con las vidas humanas para impresionar y aterrorizar a los forzados espectadores. Ni siquiera les cabe la excusa de los violentos, ya que no actúan por impulso, sino fría y calculadamente.
En México, hasta el momento, no hemos padecido directamente los horrores del terrorismo a escala mundial, pero eso no quiere decir que estamos totalmente libres y a salvo de semejante amenaza. Vivimos en un mundo globalizado, nuestra tradicional política del avestruz ya no es operativa y por si nos faltara algo tenemos varios grupos de fanáticos liderados por un peligroso Mesías y que en cualquier momento son capaces de un acto demencial.
Hemos tenido suerte, pero la suerte no es eterna.
Autor: Alejandro Vázquez Cárdenas
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