La tentación del odio

Maria-Lilia-Genta“Donde haya odio que yo ponga amor” - San Francisco de Asís

Esta plegaria nada tiene que ver con la hipócrita falacia pacifista de los partidos verdes que logran prohibir la caza del zorro en Inglaterra (e intentan lo mismo con las corridas en España) y propician, a la vez, el aborto y la eutanasia. ¡Qué vivan los zorros y los toros y mueran los niños y los viejos! Tampoco con el no menos hipócrita pacifismo de los grupos “tercermundistas” y “liberacionistas” cristianos que abominan de los ejércitos regulares y niegan los sacramentos a los soldados mientras alientan y entrenan a los cuadros de los diversos grupos guerrilleros. Menos aún con los católicos que promueven desde un “progresismo” bobalicón el imbecilismo político y religioso. Tiene que ver, sí, con el auténtico amor cristiano, la verdadera caridad sobre la cual se levanta toda genuina convivencia humana sea familiar, social o política.

Tiene que ver, también, con un estado de las almas de muchos de los “nuestros” que desde hace un tiempo me alarma y me preocupa. Me refiero a la tentación del odio que, a veces, asoma en aquellos que procuran sostenerse en el amor en medio de su tribulación. Cuando comencé a percibir este estado de las almas le hice llegar mi preocupación a personas que respeto -que nos han comprendido desde siempre- y que ahora ocupan lugares principales en la sociedad argentina. ¿Qué otra cosa puedo hacer sino prevenir, alertar… y rezar?

Reconozco que el tema es difícil y que aún algunos amigos no entienden a los que hablamos este lenguaje. En mi caso personal he pasado por todos los estados de odio, bronca, deseos de venganza. Tuve quienes me ayudaron a superarlos, los tengo también ahora. Porque no sólo se trata del asesinato de mi padre o el de un amigo. Se trata de los sentimientos que me asaltan cuando contemplo a mis amigos presos y a sus familias atribuladas. “Mis presos”, hablando generacionalmente, no son responsables de ninguna decisión política; pero son los jóvenes a quienes les tocó combatir en los años setenta. Los que ofrecieron sus vidas, el alejamiento de sus familias, los que no pidieron a Dios su tranquilidad sino todo lo contrario para que el resto de la sociedad pudiera dormir tranquila (¡qué mala memoria tiene la sociedad!). Al sufrimiento de aquellos años se suman ahora las vejaciones a las que son sometidos en la prisión injusta y el sufrimiento extensivo a las familias: cesantías de esposas e hijos, brillantes oficiales que deben pedir el retiro porque no ascienden a causa de sus apellidos, en las ciudades del interior (donde todos se conocen) pequeñas empresas familiares que trastabillan o fenecen porque los clientes se borran por temor o por inquina, y un larguísimo etcétera. No hablemos de las humillaciones por las que deben pasar los familiares en sus visitas a las cárceles comunes porque todo se ha agravado. En otras épocas (caso de los presos “carapintadas” en el penal de Caseros) el personal de la cárcel distinguía entre los familiares de los “presos políticos” y los “presos comunes”; ahora debe tener órdenes muy estrictas porque si acaso distinguen parece que es para empeorar el trato. Todo esto es, sin duda, parte de una sistemática promoción del odio que, al parecer, no conoce límites. Es entonces cuando aflora esa tentación de responder al odio con el odio.

Pero si nosotros odiamos nos hacemos iguales a los que nos odian. No fui educada en el pacifismo pero sí en aquellos ejemplos a los que siempre apelaba mi padre en sus clases, esos arquetipos que ejercen sobre nosotros una auténtica pedagogía. Un arquetipo. Antonio Rivera, presidente de la Acción Católica de Toledo, fue uno de los defensores del Alcázar (está en marcha el proceso de su beatificación). Tenía muy mala vista de modo que propiamente no combatía, pero recorría todos los puestos alentando a los defensores a quienes solía repetir esta frase: “que tu tiro sea certero, pero que tu tiro sea sin odio”. Sobre el final del sitio se lanzó sobre un cañón que los rojos habían logrado introducir y pudo así anularlo a costa de su propia vida. Fue, en efecto, gravemente herido; no aceptó se le administraran anestésicos ni calmantes (muy escasos) para dejárselos a otros heridos (igual que nuestro teniente Losito en Malvinas). Antonio Rivero murió en su casa, a causa de la infección y de las heridas, pocos días después de la reconquista del Alcázar. Este es, para mí, un modelo de combatiente cristiano. Un joven amigo, a quien admiro por su valía intelectual y su probada valentía, me dice que no puede entender esta actitud (llevamos tres años discutiendo el tema). Pero ¿quién puede entender el misterio del amor? Sólo hay que aceptarlo. Espero que un día, mi amigo lo acepte.

Pero siguiendo con los ejemplos de aquellos que salvaron a España del comunismo (como lo hicieron nuestros soldados con nuestra patria) basta echar una mirada a los discursos y al testamento de José Antonio Primo de Rivera a quien no aspiramos ascenderlo a los altares pero que fue, a no dudarlo, cabal héroe de España: “Hay que levantar frente a la poesía que destruye, la poesía que promete”, decía en el Discurso inaugural de su movimiento político juvenil. Solía decir, también que ante el puño cerrado del odio marxista había que oponer la mano abierta en señal de amor.

Pues bien, esta cuestión de no ceder a la tentación del odio (que no excluye para nada la eficacia en la lucha como palmariamente lo demuestran los ejemplos que he citado) puede entenderse desde una perspectiva teológica y sobrenatural para quienes tienen fe; pero también puede y debe entenderse desde un punto de vista natural, político e histórico. Ninguna verdadera civilización justa se ha fundado sobre el odio. Hemos visto derrumbarse los imperios fundados en el odio pero aún no se ha logrado destruir la civilización fundada hace dos mil años a partir de la Cruz que simboliza el mayor acto de amor: el amor del que da la vida por los amigos. No ha podido ser destruida aunque últimamente se empeñen a fondo en acabar con ella desde afuera y desde adentro. Los pueblos han logrado salvarse y seguir adelante edificando la convivencia sobre la concordia la que se dio no sólo dentro de las fronteras de un mismo país sino también entre aquellos países que se habían enfrentado entre sí. La concordia no es exactamente lo mismo que la reconciliación. No se nos puede pedir que conciliemos con aquellos que no coincidimos en los valores fundamentales pero sí que concordemos alguna forma de supervivencia. Echemos una mirada a la historia, incluso a la más reciente, la que siguió a las Guerras Mundiales. También a la historia precristiana, por ejemplo la de Esparta y Atenas. Esparta sucumbió. Atenas sigue informando nuestra cultura occidental, sigue vigente en la Filosofía y en el Arte pese a quienes se empeñan en borrar sus vestigios.

Desde la Teología a la Historia, una sola y la misma es, pues, la conclusión: no cedamos a la tentación del odio.

Autor: María Lilia Genta

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3 Comentarios en “La tentación del odio”  

  1. 1 el ingenioso hidalgo

    Sra. Doña Maria Lilia. Con profunda emocion lei su articulo lleno de belleza, donde recordó a mis hermanos en el espiritu Riverita y Jose Antonio (en realidad soy indigno de compararme con ellos). Sin embargo sabeis bien que para librar a España de la peste que la invadio y de las bestias rojas asesinas e impias, hubo que librar un combate durisimo, donde hubo, no lo podemos negar, mucho odio.

    ¿digo yo respetuosamente, como podreis vosotros los argentinos, liberaros de estos perdularios que se han metido en vuestro gobierno? evidentemente necesitareis sino odio, por lo menos una energía y voluntad que van mas alla de lo comun, porque no se van a ir por medio de la urna, o de los comentarios que hagamos aquí.

    Que vuestro glorioso padre nos ilumine. El que ya conoce la Luz Inefable que todo lo ilumina.

  2. 2 Mario

    Estimada Sra.Lilia Genta, ud lleva un apellido ilustre para mi y pensaba si callarme o no. Bueno su padre me hubiera dicho ke le hable y eso hago. Este problema ideologico socio politico es una lucha profunda, interna del hombre x el hombre de la civilizacion de la humanidad cristiana contra el ateismo universalista y la aceleracion de los tiempos hizo acelerar tambiena otras luchas y otros odios que ud misma relata y reconoce. Con esta gente no se puede concordar nada…es el enemigo total y con odio a todo lo nuestro, incluso a Ud…(por ser la hija de ). Le pediria un favor desde mi anonimato obligado, por favor no escriba de esa forma y si lo piensa, cállese la boca…agrega confusión a la oposición ke debe luchar contra la basura marxoidecubana que inunda america del sur y el mundo. Disculpe Ud..no es mi intencion herirla y si reconozco sus buenas intenciones, pero no es momento para blanduras de amor que esta gente no conoce ni profesa como Ud y su extinto padre. Y me refiero a Ud., porque es una referente ideal por el prestigio de su sr padre y ud misma, por eso le ruego de rodillas, no lo escriba y siga hablando y discutiendo con ese amigo ke no la entiende…Yo tampoco la entiendo. Gracias y un recuerdo de amor por su padre. Mario

  3. 3 atilio tesei

    Hemos entrado, quiza sin querer, en el espacio que corresponde al analisis de nuestra mutacion sociopolitica. Todavia no ha sido comprendido el porque nuestras fuerzas de la democracia, civiles y militares, que lucharon contra y vencieron en las armas a las guerrillas rojas que intentaban tomar por asalto el poder, le permitieron, luego absurdamente, la toma de ese poder Sin embargo no es tan dificil de entender. Partiendo de la derrota de sus vencedores en Malvinas luego de una guerra luchada valerosamente y perdida con la honra con que solo la pierden los valientes, los restos de las guerrillas rojas que sí habían sido vencidas por ellos, curiosamente formados por los mas habiles para eludir el combate frontal, los traidores que conservaron sus vidas “marcando” a sus “cumpas” o escondiendose hasta que todo pasó, usaron esa derrota de sus odiados vencedores para deshacer el prestigio de las FF AA ante su pueblo, transformando, en el birlibirloque del manejo de la información, el respeto y la gratitud, en desprecio y rechazo. Algo parecido hicieron con nuestros próceres. Cayeron así de sus pedestales, ante la impávida mirada de un pueblo adormecido por las palabras y las falsas consignas, los proceres de antaño: San Martín, Belgrano, Brown, Lavalle, Moreno, Sarmiento (hasta con Perón se atrevieron) y tantos más que eran el ejemplo de nuestra juventud. Y fueron reemplazados por los Che y los Fidel y ahora por los Chavez. ¿Donde cabría en ésta lista el Dr. Genta?. Los sobrevivientes (por ausencia o traición) de las guerrillas que ahora nos gobiernan accedieron al poder por las ambiciones políticas de algunos pocos extrapartidarios, los que, por odio visceral y bastardo entre ellos, presentaron, como si fueran ángeles, a éstos traidores a una sociedad que no los hubiera aceptado nunca.- Otra vez el odio que menciona Lilia Genta.- Y esto es para Mario, con quien estoy de acuerdo en lo fundamental.¿No será que ella tiene razón?

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