Crecimiento Económico

Gabriel BoraginaEL COLUM­NISTA INVI­TADO DE HOY: GABRIEL BORAGINA

Es absurdo sos­te­ner la tesis de cre­ci­miento eco­nó­mico en un con­texto de infla­ción. Solo la mala fe o igno­ran­cia pue­den ser la expli­ca­ción de seme­jante bar­ba­ri­dad. Mas dis­pa­ra­tado resulta cuando ese marco es de estanflación.

Sin embargo, no debe extra­ñarse el lec­tor que el gobierno de su país y lite­ral­mente todos los gobier­nos del mundo, le digan y publi­ci­ten per­ma­nen­te­mente que durante su ges­tión, man­dato o legis­la­tura, la eco­no­mía ha “cre­cido”. Sin­ce­ra­mente, no recuerdo haber visto, leído o escu­chado de nin­gún gobierno que hubiera admi­tido franca, redonda y ver­da­de­ra­mente jamás haber fra­ca­sado en mate­ria eco­nó­mica durante su vigen­cia al frente del poder.

Lo que sigue, es un intento de dar una guía sim­ple y sen­ci­lla, sin tec­ni­cis­mos eco­nó­mi­cos, que le per­mi­tan al lec­tor reco­no­cer cuando su gobierno le miente y cuando no, cuando le ase­gura que las polí­ti­cas eco­nó­mi­cas que encaró –o se encuen­tra actual­mente lle­vando a cabo– deri­va­ron en lo que, tan en boga ahora se deno­mina “cre­ci­miento eco­nó­mico”. Por ello, las líneas que con­ti­núan no están des­ti­na­das a eco­no­mis­tas, sino a la gente común y un tanto ajena a los con­cep­tos de orden eco­nó­mico.
¿Cómo reco­no­cer el cre­ci­miento económico?

Un índice de cre­ci­miento eco­nó­mico es el aumento del nivel de con­sumo de un pue­blo; los paí­ses desa­rro­lla­dos son aque­llos donde el con­sumo aumenta, por­que si este puede aumen­tar, ello sig­ni­fica que hay con que finan­ciarlo, en tér­mi­nos más sim­ples, implica la exis­ten­cia de un res­paldo sufi­ciente de bie­nes y ser­vi­cios que son –en ultima ins­tan­cia– los que están finan­ciando ese con­sumo, todo lo cual, como deja­mos dicho, se tra­duce en un claro indi­ca­dor de lo que en eco­no­mía se deno­mina crecimiento.

Hay cre­ci­miento cuando aumenta el con­sumo a la par que el nivel de vida. Solo en este caso es posi­ble hablar de un genuino cre­ci­miento eco­nó­mico, si –por el con­tra­rio– estos dos índi­ces son dis­pa­res, sea por­que uno sube y el otro baja o por­que ambos bajan al uní­sono, no hay duda que no hay allí cre­ci­miento alguno, sino cri­sis y decre­ci­miento. Vaya­mos pre­ci­sando algo más.

En eco­no­mía, se llama con­sumo real a la can­ti­dad de bie­nes y ser­vi­cios que –en cali­dad y can­ti­dad– pode­mos efec­ti­va­mente con­su­mir. Uno de los efec­tos de la infla­ción, es la dis­mi­nu­ción del stock de bie­nes y ser­vi­cios apro­ve­cha­bles a dis­po­si­ción de la comu­ni­dad, lo que deri­vará a su turno –obvia­mente– en una con­gruente men­gua del nivel de con­sumo real.. Esto se pro­duce por la dis­tor­sión de los pre­cios rela­ti­vos que la infla­ción implica como efecto. Nue­va­mente, cuando el con­sumo real aumenta a la par o por debajo del nivel de vida, hay téc­ni­ca­mente cre­ci­miento económico.

Al con­sumo real se le opone el con­sumo nomi­nal. Para dis­tin­guir­los, diga­mos rápi­da­mente que el con­sumo real es lo que la gente efec­ti­va­mente con­sume (se llama real por­que se mide en con­cre­tos bie­nes y ser­vi­cios) en tanto que el nomi­nal –por el con­tra­rio– es un con­cepto mas bien con­ta­ble o poten­cial. Con­ta­ble, por­que –pre­fe­ren­te­mente– lo que estima es el pre­cio de esos bie­nes y ser­vi­cios. En lo que sigue, al refe­rir­nos al con­sumo “a secas” asu­mi­re­mos –implí­ci­ta­mente– que nos esta­mos refi­riendo al con­sumo real y no al nominal.

La infla­ción reduce el con­sumo, por­que la dis­tor­sión de pre­cios que causa enca­rece arti­fi­cial­mente los artícu­los y ser­vi­cios de pri­mera nece­si­dad. Las ven­tas caen y los empre­sa­rios y pro­duc­to­res pier­den ren­ta­bi­li­dad, lo que lleva a la reduc­ción de sto­cks y la dis­mi­nu­ción de la oferta.

Sin embargo, un enfo­que nomi­na­lista podría dejar la impre­sión con­tra­ria, lo que suele ocu­rrir con los efec­tos dis­tor­si­vos de todo pro­ceso infla­cio­na­rio. Por ello, no es de extra­ñar que la mayo­ría de los gobier­nos hagan hin­ca­pié en el sec­tor nomi­nal de la eco­no­mía y no en el real, o –mas pro­ba­ble­mente– inten­ten dis­fra­zar al sec­tor real con el nominal.

Esto sig­ni­fica –en buen romance– que el con­sumo nomi­nal aumenta creando el espe­jismo de un auge que no es tal, de donde, la clave para dar­nos cuenta si ese “incre­mento” del con­sumo es real, es com­pa­rarlo con el nivel de vida en el mismo sec­tor donde se regis­tra el hipo­té­tico ascenso.

Como diji­mos antes, si de aque­lla com­pa­ra­ción resulta que, pese al aumento del con­sumo, el nivel de vida cae o regis­tró bajas, no habrá duda que esta­mos frente a un “cre­ci­miento” pura­mente nomi­nal del con­sumo, caída real del nivel de vida, dando todo como resul­tado decre­ci­miento (crisis).

Este es el con­texto en que nos halla­mos en este momento, mal puede decirse que la situa­ción macro­eco­nó­mica sea de “cre­ci­miento” enton­ces, sino que es todo lo contrario.

De haber cre­ci­miento real (= a +con­sumo + nivel de vida), el aumento del con­sumo no debe­ría ser una ame­naza para el gobierno. De momento que el incre­mento del con­sumo preo­cupa al gobierno, denota cla­ra­mente la inexis­ten­cia del “cre­ci­miento” tan publi­ci­tado, lo que por otra parte, ya sabía­mos por la baja del nivel de vida, a pesar del mayor con­sumo (nominal).

Recor­de­mos siem­pre que toda reduc­ción del nivel de vida implica un aumento del con­suno nomi­nal (lo que es igual a una baja del con­sumo real). Todo lo cual es igual a un aumento de la pobreza y cri­sis eco­nó­mica, y –en ultima ins­tan­cia– polí­tica y social.

En las eco­no­mías prós­pe­ras (en cre­ci­miento) el con­sumo no decrece sino que aumenta, y los gobier­nos y demás orga­nis­mos guber­na­men­ta­les (o no), no se ven pre­ci­sa­dos de estar “lla­mando” en forma per­ma­nente a que la pobla­ción dis­mi­nuya el con­sumo, por el con­tra­rio, las eco­no­mías cre­cien­tes se reco­no­cen por el incre­mento sos­te­nido del con­sumo + el nivel de vida.

Resulta con­tra­dic­to­rio pues, man­te­ner que hay “exceso” de con­sumo en medio de un con­texto infla­cio­na­rio, y ello con la sal­ve­dad, de que todo aumento nomi­nal del con­sumo implica por carác­ter inverso, un decre­ci­miento real del mismo con­forme hemos expli­cado antes.

Recor­de­mos, ade­más, que en las eco­no­mías sanas no hay “défi­cits” ni “exce­sos”. Estos dos tér­mi­nos deno­tan la exis­ten­cia de eco­no­mías enfer­mas a causa de su cre­ciente poli­ti­za­ción, enten­dida esta como per­ma­nente inje­ren­cias e inter­fe­ren­cias de los gobier­nos den­tro del pro­ceso eco­nó­mico. Los défi­cits y exce­sos son pro­du­ci­dos –pre­ci­sa­mente– a raíz de esas inter­fe­ren­cias, inter­ven­cio­nes e inje­ren­cias de los pode­res polí­ti­cos en la diná­mica eco­nó­mica, y los inten­tos de “correc­ción” de los efec­tos que tales per­tur­ba­cio­nes polí­ti­cas pro­du­cen en la direc­ción del mer­cado, gene­ran nue­vos défi­cits y exce­sos, que suma­dos y poten­cia­dos, se trans­for­man en nue­vas cri­sis recu­rren­tes, tales como las que a dia­rio vivi­mos aquí y en nues­tros días.
Argentina

En el caso argen­tino, estas refle­xio­nes son ente­ra­mente apli­ca­bles en gene­ral y –en par­ti­cu­lar– en la actual coyun­tura de cri­sis ener­gé­tica, negada enfá­ti­ca­mente por el matrimo-gobierno pata­gó­nico reinante. La cri­sis es real en el con­texto expli­cado, por­que no ha exis­tido un incre­mento real del con­sumo ener­gé­tico, sino que a igual con­sumo y meno­res recur­sos dis­po­ni­bles –sea por estan­ca­miento o bien por reduc­ción de la oferta– nece­sa­ria­mente, apa­rece el fal­tante, agra­vado por la fija­ción de pre­cios máxi­mos, típica medida que los gobier­nos adop­tan tras el inicio y pro­lon­ga­ción de un pro­ceso inflacionario.

Todo ello implica –a su turno– que el con­sumo real fue y es menor, por mucho que las cifras de con­sumo nomi­nal sean mayo­res, como ya expli­ca­mos arriba, por el con­tra­rio, el “mayor” con­sumo nomi­nal revela caída del nivel de vida, ergo; crisis.

En con­se­cuen­cia, en el caso argen­tino con­flu­yen dos fac­to­res (sobre una poli­cro­mía de ele­men­tos adi­cio­na­les) que deno­tan en forma indu­da­ble e inne­ga­ble la cri­sis ener­gé­tica que el matrimo-gobierno impe­rante se empe­cina en negar. Por empe­zar, la cri­sis ener­gé­tica forma parte de una cri­sis más gene­ral de orden macro­eco­nó­mico que afecta –por sobre todas las cosas– las cuen­tas nacio­na­les. Y ya mas en par­ti­cu­lar, enfo­cando la cues­tión sobre el tema ener­gé­tico, este se ve per­ju­di­cado por las dos con­di­cio­nes seña­la­das: 1º la res­tric­ción que implica la ade­cua­ción de los cos­tos de pro­duc­ción, impe­di­dos de aco­mo­darse por la fija­ción e impo­si­ción de tari­fas polí­ti­cas para la pres­ta­ción de los ser­vi­cios y 2º el efecto dilu­yente de la infla­ción sobre cual­quier tipo de ren­ta­bi­li­dad. El pri­mer tér­mino implica –a su vez– la impo­si­bi­li­dad de inver­sio­nes en el sec­tor, ya sean de man­te­ni­miento o bien inver­sio­nes pro­pia­mente dichas (por caso, para ampliar ins­ta­la­cio­nes o equipos).

Es impor­tante acla­rar –aun­que no nos poda­mos expla­yar aquí sobre este punto– que en un autén­tico con­texto de cre­ci­miento (= a + con­sumo + nivel de vida) la reaco­mo­da­ción de pre­cios no afecta nega­ti­va­mente a la eco­no­mía. En cam­bio, en el actual marco rece­sivo, cual­quier incre­mento de los pre­cios la resiente abrup­ta­mente, por­que no va jamás acom­pa­ñado de una genuina inver­sión pro­duc­tiva ni de refor­mas estruc­tu­ra­les (temas todos estos dema­siado amplios para ser tra­ta­dos aquí a fondo).

En cuanto al caso argen­tino en par­ti­cu­lar, estás con­si­de­ra­cio­nes deben com­ple­men­tarse con lo que diji­mos en nues­tro tra­bajo sobre “el mito del cre­ci­miento” (clic aquí)

Gabriel Bora­gina es autor de los siguien­tes libros : La Cre­du­li­dad, La Demo­cra­cia, Socia­lismo y Capitalismo

Autor: Gabriel Boragina

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5 Comentarios en “Crecimiento Económico”  

  1. 1 Andrés

    Cla­rí­simo.
    Gra­cias pro­fe­sor.
    Andrés

  2. 2 Fernando

    Ya me pare­cía que lo del *cre­ci­miento* era un cuento chino, mejor dicho, pin­güino.
    Fer

  3. 3 Hada Sayago

    Señor Profesor:su expli­ca­ción está al alcance de todos los que no domi­na­mos la eco­no­mía ‚pero qué ama de casa no se da cuenta hoy que ‚al subir los pre­cios sin aumen­tar las entra­das por aumen­tos de suel­dos obvia­mente falta el dinero.El falaz gobierno cree o intenta hacer creer que el país está “cre­ciendo”, (opino que lo que crece es la corrupción).Los gre­mios están pidiendo aumen­tos ‚vere­mos como se las arre­glan para parar la inflación.Gracias por sus enseñanzas.

  4. 4 Cielo C.

    Muy correcto, Dr. Bora­gina. No me canso de decir entre mis fami­lia­res, veci­nos, ami­gos y cono­ci­dos que esto no es “cre­ci­miento” sino un espe­jismo, una falsa sen­sa­ción de pros­pe­ri­dad que aca­bará como tan­tas otras en una cri­sis de pro­por­cio­nes inima­gi­na­bles. Saludos.

  5. 5 Agustin

    Muy claro. Inten­tan enga­ñar­nos como vie­nen hacién­dolo desde hace cua­tro años a esta parte. Lamen­ta­ble­mente hay gente que le cree a la banda de delin­cuen­tes mafio­sos que nos gobier­nan. No se como un pue­blo puede ser tan iluso.
    atte.
    Agustin

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