La Matríz K

Mario BaquelaNo he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya en la frente,
silencio avises, o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Francisco de Quevedo y Villegas – Poeta español del Siglo XVII

El exceso de individualismo que siempre caracterizó a los argentinos no pudo sino llevar al desencadenante sociológico de la sociedad de masas. La angustia de ser individuo sin fines compartidos o reglas primordiales crea una tensión que lleva a intentar diluirse en la masa; en la de la gente o en cualquier otra masa. En la masa uno no necesita pensar; sólo dejarse llevar, arrastrar. Por eso cautiva: es cómoda, dispensa de pensar y de la responsabilidad. En la masa todos se borran, se disimulan en un mismo decir y hacer y allí no hay superioridad ni jerarquía. Es la comodidad de la anomia y del “todos somos lo mismo”

Pero la masa requiere ídolos, seres providenciales momentáneamente superiores que pueden ser idolatrados, porque como la palabra lo indica el ídolo es un falso dios, un dios fugaz al que por un corto lapso podremos rendir pleitesía, pero que sabemos que desaparecerá cubierto por el polvo del olvido y reemplazado por otro ídolo que correrá la misma suerte mientras nosotros seguimos nuestro cómodo rumbo de masa.

“Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas, en las que siempre predomina el cerebro emocional sobre el neocortical, el intelectual. Manejaron emociones, no razones”, dice Rita Levi – Montalcini ( Neuróloga – Premio Nobel de Medicina).

Este país argentino siempre tuvo comportamiento de masas, que movilizadas en el siglo pasado por la tradicional y probada ineficiencia de todos los gobiernos radicales y el populismo facistoide del Coronel Perón del 45, redivivo en sucesivas instancias a lo largo de los últimos 62 años, nos han brindado desde el ejercicio de su poder antidemocrático, la extraña cualidad de ser la nación del mundo que menos ha sabido aprovechar sus ventajas económicas comparativas, que ha producido individuos exitosos reconocidos globalmente en las artes, las ciencias y la creatividad en todas las disciplinas y que, asombrosamente, se debate infructuosamente en la calamidad política, la pobreza intelectual de sus dirigentes y la dolorosa miseria exponencial de gran parte de sus habitantes.

Juan Domingo Perón dejó su impronta personal en la historia argentina. Una marca hasta hoy indeleble que nunca pudo ser igualada y menos superada por los herederos de su movimiento en el que todos caben, pero en el que casi ninguno pudo igualar la astucia, la preparación neuronal y el ceremonial popular del caudillo más exitoso, el ídolo más preciado, el mito irrepetible del populismo inevitable de este país frustrante hasta el tuétano.

Carlos Menem arrastró desde La Rioja su parodia de montonero émulo de Facundo Quiroga enancada en las patillas crecidas que abandonó por ser incompatibles con los pefumados modelos de Armani y con sus periplos mundiales visitando reyes y jefes de estado de un mundo acostumbrado al exotismo, pero asombrado del personaje y la investidura que le dio la masa argentina. Y también divertidamente reconocido por el remate indiscriminado de bienes, capitales, ahorros y prestigios que se habían acumulado defectuosa y dificultosamente durante toda la historia del país más prometedor de sudamérica. Como no pudo acceder a la condición de mito, recurrió a la magia financiera y encandiló con artificios a los incautos, especuladores de barrio y clase media siempre en decolaje, asistido por los demiurgos de la economía vernácula cómplice permanente al servicio del poder que los cobija y necesita. Y con pases de esa magia venturosa, nos dejó a todos desnudos de toda ilusión, llenos de realidades para lamentar Los de la masa y muchos que la escoltaban lo siguieron durante diez años, convencidos de que no los iba a defraudar, y después instalaron democráticamente a los ávidos arribados de la dura y ventosa patagonia.

Y así ahora, tenemos la MATRIZ K. Por ese destino inapelable de los caminos de la masa, Argentina logró otro revival “peronista” tras soportar desconcertada la inesperada improvisación y las carencias del amontonamiento impolítico llamado “Alianza”, parodia opositora que provocó un caos funcional que justificó otro retorno al viejo diseño del populismo peronista.

Esta vez fue el turno de Néstor Kirchner, quien programó su sucesión familiar, un estilo de ejercer el poder y una acumulación antes nunca vista por medio de su grupo santacruceño formado disciplinadamente en orden de batalla y con lealtades inamovibles en la empresa y tareas que se asignaron. Según los periodistas D. Cabot y F. Olivera (1) estamos sometidos a la Matriz K. Un diseño de brutal ejercicio del poder acumulado a destajo, que se nutre de los despojos del país que desmembró su antecesor y de una concepción autoritaria, que urge, que aprieta, que demanda y que ejecuta sin rendir cuentas, con un solo punto débil en su estructura de grosera contextura: el temor visceral de NK por las posibilidades de las difusión de noticias, hechos, índices o planes que pudieran influir en la distraída opinión pública de los argentinos y malograr alguna siguiente instancia electoral que lo afectara en el usufructo del poder que reconstruye sin cesar.

Como indicó Mario Giordano en estas páginas el 4 de enero y como detalló Richard Ramsay el día 11, el sistema de continuidad de la consolidación de poder y manejo de fondos públicos concentrado se explica claramente en “Hablen con Julio” (referencia a Julio De Vido, Ministro de Planificación Federal), libro de los periodistas citados, de donde me quedó la impronta de un comentario inquietante de un empresario argentino en ocasión del proceso de compra de la empresa ESSO de argentina, filial de la EXXON MOBIL de USA, asustado por las presiones recibidas desde oficinas del gobierno: “Esto es Moscú, hermano…”
La obstinación en negar la realidad de la crisis energética que se arrastra desde hace años, la pavada de las lamparitas y los porteros delatores de acondicionadores de aire y la vertiginosa transferencia del manejo del petróleo en el país a empresas “amigas” o de amigos (2) constituyen una ostensible burla y una actividad camuflada para la comunidad en general: una escenografía insostenible para los especialistas y conocedores y un accionar amedrentador y altamente peligroso para las empresas que quieran involucrarse, sus ejecutivos (3) y los cautos inversores extranjeros que no ignoran la trama de las acciones y decisiones de la Matriz K.

Como un dato sugestivo de esta realidad, se acaba de anunciar el incremento patrimonial de NK, que entre 2003 y 2007 pasó de $6.851.810 a $17.824.941, un “progreso” personalmente venturoso y moralmente inaceptable para el más alto funcionario público argentino en el contexto de su particular estructura de gobierno (4). Nos faltaría conocer las cifras patrimoniales de los funcionarios en posiciones clave del manejo presupuestario y los neo empresarios emergentes, que seguramente confirmarían que, detentando los cargos desde los que articulan la Matriz sin otra idoneidad que su lealtad sin fisuras y ciega obediencia, y las facilidades del poder para engrandecerse, respectivamente, están construyendo un conglomerado de poder, dinero y más clientelismo político que esperan los haga perdurar en esta democracia de los argentinos enferma de individualismo irresponsable y tolerancia analfabeta, sin oposición ni funcionamiento republicano, y con un aparato judicial que recuerda a un exquisito y enigmático cuento de Franz Kafka, que se llama “Ante la Ley”:

“Un campesino llega hasta las puertas de la Ley, pero un guardián le impide entrar. El hombre va a tener que pasarse la vida esperando; envejece y finalmente muere sin que el guardián la haya permitido el paso hacia la Ley y sus laberintos”.

El cuento puede tener varias interpretaciones, pero en una de las posibles conjeturamos que lo que el escritor nos dice es que, a veces, queremos cumplir con las leyes, pero que son justamente sus guardianes los que nos disuaden y nos prohíben hacerlo. Se nos ocurre pensar, por ejemplo, que ser incorruptible en un mundo de corruptos no es tarea fácil y, a veces, hasta puede volverse “misión imposible”.

Canción Hindú:

“Hay un pájaro de arcilla encerrado en la jaula de tu cuerpo”
“Sus alas son muy pesadas, y su corazón sufre nostalgia del cielo”
“ Aligéralo. Dale luz a sus alas y déjalo volar. Deja volar su corazón”

Referencias

1- Autores del libro “Hablen con Julio” – Edit. Sudamericana 2007

2- Libro citado

3- Ricardo Brandt, CEO de Metrogás despedido en 24 horas – Libro citado.

4- Diario La Nación – Jueves 17 de enero de 2008

5-Suplemento “Enfoques” de La Nación – Domingo 6 de enero de 2008.

Autor: Mario Baquela

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Un comentario en “La Matríz K”  

  1. 1 pipino

    Muy bueno su articulo Dr. Baquela. Justamente leyendo su comentario al breve cuento de Kafka me vino la siguiente reflexion. Mas alla de la coincidencia con la K que tanto obsesionaba al malogrado novelista, en algunos aspectos el gobierno kakista (kk por todos lados) tiene algunos aspectos kafkianos que no tuvo ningun gobierno anterior. Esa extraña incoherencia, esas medidas absurdas como el cambio de la hora o la entrega de bombitas o el tren bala, las declaraciones de sus integrantes en las que cualquier psiquiatra o psicologo advierte claramente serios desordenes mentales, le hacen recordar a uno el mundo de Kafka, terrorifico por lo absurdo e incoherencia.
    Alguien puede decir, entonces que queda para la Venezuela de Chavez. Ahi ya mas que a Kafka, me parece presentir a Orwell.

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