Gobernar o anunciar

Leopoldo-Silva-OrtizGober­nar es fijar el buen rumbo, man­te­nerlo o rec­ti­fi­carlo y dis­po­ner todos los recur­sos nece­sa­rios para alcan­zarlo, en fun­ción de los cam­bian­tes vien­tos. Pre­viendo aque­llo que debe hacerse si las cir­cuns­tan­cias hacen impo­si­ble o ries­goso man­te­ner el obje­tivo fijado. Lle­gar a puerto con míni­mos daños, la tri­pu­la­ción y la carga intacta, marca el éxito del capi­tán. Estos ele­men­ta­les con­cep­tos van siendo pro­gre­si­va­mente reemplazados.

Quie­nes se supone que gobier­nan hoy, solo son anun­cian­tes de obras faraó­ni­cas de fan­ta­sía o de los incon­ve­nien­tes que encuen­tran, poco menos que rela­to­res de una justa depor­tiva, de la que son ajenos.

De un lado, tren bala, sote­rra­miento de un tramo ferro­via­rio, pago de un “justo pre­cio” por un gas que ofi­cial­mente nos anun­cia el ven­de­dor que no podrá man­dar, com­bus­ti­bles que no hay, elec­tri­ci­dad y agua pura que falta.

Del otro, hay sin­di­ca­tos malos, obras socia­les que no fun­cio­nan, se pagan pre­cios exce­si­vos a los pro­vee­do­res, licen­cias médi­cas abu­si­vas, pro­tes­tas ile­ga­les en la vía pública, emplea­dos que cobran y no tra­ba­jan.
Dile­tan­tes del dere­cho, deve­ni­dos en magis­tra­dos, que cum­pliendo pre­vi­si­bles órde­nes supe­rio­res ponen palos en las ruedas.

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¿Esta­mos en cam­paña haciendo anun­cios o gober­nando? Por­que de hechos sus­ten­ta­bles como se dice ahora, nada. Si este es el pano­rama del pri­mer mes esta­mos mal, por­que es cuando todas las esco­bas nue­vas barren bien.

La rela­ción costo-beneficio tam­poco cie­rra. Tanto gasto y esfuerzo de cam­paña para des­cu­brir lo que todos saben desde siem­pre. Antes los que gober­na­ban lo sabían, usu­fruc­tua­ban y lo calla­ban, les que­daba el sobe­rano recurso de “in dubio pro reo”. Ahora que no pue­den usu­fruc­tuar, que saben todo y lo pro­cla­man ¿habrán pre­visto una segura ruta de escape?

Cam­pea de todos lados el más sobe­rano des­pre­cio por la opi­nión y el sen­tido común de los argen­ti­nos. La publi­ci­dad manda. Igno­ran que la seduc­ción ter­mina a la hora de los bifes, una hora que siem­pre llega.

En tanto, todos parece seguir rumiando los rema­ni­dos escán­da­los de siem­pre que no es posi­ble inves­ti­gar ni san­cio­nar y hasta cau­san risa y burla a los res­pon­sa­bles. Sigue ins­ta­lada la valija del vene­zo­lano, que no fue una, eran varias, fon­dos para la cam­paña, otra san­dez para des­viar la aten­ción; finan­cia­ción de la sub­ver­sión era el des­tino, y esto no lo puede reve­lar ni el FBI, la CIA ni la jus­ti­cia nor­te­ame­ri­cana, nadie lo igno­raba, el anti­guo juego del “quid pro quo” pre­side bajo la mesa las rela­cio­nes inter­na­cio­na­les. La con­ti­nui­dad de la tira­nía es solo una parte del pro­yecto sub­ver­sivo. Los autos impor­ta­dos, un nego­cio esta­ble­cido hace más de cin­cuenta años por Perón como “per­mi­sos de impor­ta­ción” para com­prar volun­ta­des de empre­sa­rios y mili­ta­res, hoy en la cús­pide del éxito, por el exceso de plata dulce circulante.

¿Es serio lo que se publica y dis­cute o es ruido de cacerolas?

Fuente: Los puntos sobre las íes

Autor: Leopoldo Silva Ortíz

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