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Gobernar o anunciar
Gobernar es fijar el buen rumbo, mantenerlo o rectificarlo y disponer todos los recursos necesarios para alcanzarlo, en función de los cambiantes vientos. Previendo aquello que debe hacerse si las circunstancias hacen imposible o riesgoso mantener el objetivo fijado. Llegar a puerto con mínimos daños, la tripulación y la carga intacta, marca el éxito del capitán. Estos elementales conceptos van siendo progresivamente reemplazados.
Quienes se supone que gobiernan hoy, solo son anunciantes de obras faraónicas de fantasía o de los inconvenientes que encuentran, poco menos que relatores de una justa deportiva, de la que son ajenos.
De un lado, tren bala, soterramiento de un tramo ferroviario, pago de un “justo precio” por un gas que oficialmente nos anuncia el vendedor que no podrá mandar, combustibles que no hay, electricidad y agua pura que falta.
Del otro, hay sindicatos malos, obras sociales que no funcionan, se pagan precios excesivos a los proveedores, licencias médicas abusivas, protestas ilegales en la vía pública, empleados que cobran y no trabajan.
Diletantes del derecho, devenidos en magistrados, que cumpliendo previsibles órdenes superiores ponen palos en las ruedas.
¡Chocolate por la noticia!
¿Estamos en campaña haciendo anuncios o gobernando? Porque de hechos sustentables como se dice ahora, nada. Si este es el panorama del primer mes estamos mal, porque es cuando todas las escobas nuevas barren bien.
La relación costo-beneficio tampoco cierra. Tanto gasto y esfuerzo de campaña para descubrir lo que todos saben desde siempre. Antes los que gobernaban lo sabían, usufructuaban y lo callaban, les quedaba el soberano recurso de “in dubio pro reo”. Ahora que no pueden usufructuar, que saben todo y lo proclaman ¿habrán previsto una segura ruta de escape?
Campea de todos lados el más soberano desprecio por la opinión y el sentido común de los argentinos. La publicidad manda. Ignoran que la seducción termina a la hora de los bifes, una hora que siempre llega.
En tanto, todos parece seguir rumiando los remanidos escándalos de siempre que no es posible investigar ni sancionar y hasta causan risa y burla a los responsables. Sigue instalada la valija del venezolano, que no fue una, eran varias, fondos para la campaña, otra sandez para desviar la atención; financiación de la subversión era el destino, y esto no lo puede revelar ni el FBI, la CIA ni la justicia norteamericana, nadie lo ignoraba, el antiguo juego del “quid pro quo” preside bajo la mesa las relaciones internacionales. La continuidad de la tiranía es solo una parte del proyecto subversivo. Los autos importados, un negocio establecido hace más de cincuenta años por Perón como “permisos de importación” para comprar voluntades de empresarios y militares, hoy en la cúspide del éxito, por el exceso de plata dulce circulante.
¿Es serio lo que se publica y discute o es ruido de cacerolas?
Fuente: Los puntos sobre las íes
Autor: Leopoldo Silva Ortíz
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