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Ecuador — El Estado de Derecho
“En el Ecuador no existe el estado de derecho”, declaró el Presidente de la Corte Suprema de Justicia hace unos días. En cualquier democracia del mundo, una declaración de tales contornos habría provocado un revuelo sin nombre. En el Ecuador, la noticia mereció un titular de segunda página y sus implicaciones han sido nulas.
Difícil esperar otra cosa luego de que la Presidencia de la Corte Suprema mantuviera, por más de un año, total silencio frente a las graves violaciones constitucionales cometidas por el Congreso, el Gobierno, el Tribunal Supremo Electoral y el Tribunal Constitucional. Ahora que las remuneraciones de los magistrados han sido amenazadas por los “mandatos constituyentes”, el Presidente de la Corte ha decidido levantar su voz y defender el ordenamiento jurídico. Demasiado tarde. Ha sido un inmenso error pensar que la pasividad y el silencio resguardarían la Corte. Más temprano que tarde, el Gobierno y su enorme aparato intervendrán y reorganizarán la Función Judicial.
Al igual que la Corte Suprema, diversos sectores hicieron sus cálculos y optaron por guardar silencio frente al quebrantamiento del estado de derecho. El primero en actuar así fue el Congreso Nacional que aprobó, de forma arbitraria, la convocatoria a la consulta popular para decidir la instalación de una Asamblea Constituyente de plenos poderes. Encandilados por las encuestas y su juego de espejos, muchos partidos pensaron que los acuerdos con el Gobierno les garantizarían espacios en la Asamblea y asegurarían presencia en la nueva estructura institucional. La ofuscación y el cálculo no permitieron ver que el Estatuto y la Consulta terminarían liquidando los contrapesos y provocando una concentración total del poder. En Venezuela, aquellos partidos que apoyaron el proceso constituyente, con atropellos a la Constitución y a la Ley, terminaron triturados.
La sumisión mayor corresponde, en todo caso, al Tribunal Supremo Electoral. Su absoluta obsecuencia con el Gobierno le ha llevado a cometer violaciones grotescas al orden jurídico. Lo que ignora el TSE es que el Gobierno lo mantendrá con vida mientras sea útil y funcional para sus proyectos. Por ello, sus días están contados. El Gobierno no permitirá jamás que la denominada “partidocracia” controle las próximas elecciones generales. La reorganización del TSE y los tribunales provinciales es un objetivo central del Régimen que cobrará forma en el momento oportuno. Los vocales deberían tener sus maletas listas. Bajo esta lógica existen empresarios, alcaldes y otros actores que buscan acomodarse en los intersticios del nuevo poder para salvar su pellejo. La sumisión y defensa de intereses particulares en contra del interés general es un pésimo negocio que al final arruina a sus mentores. La historia demuestra que aquellos que buscan blindarse apoyando a los gobiernos en la demolición de instituciones y derechos acaban destruidos. Cuba y Venezuela son buenos ejemplos.
Fuente: El Comercio.com
Autor: Carlos Larreátegui
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