¿Es la política una profesión para engrosar el patrimonio personal? (II)

Alejandro Olmedo ZumaránHe reci­bido muchos comen­ta­rios sobre el artículo publi­cado el 22 de febrero: ¿Es la polí­tica una pro­fe­sión para engro­sar el patri­mo­nio per­so­nal? que seña­laba que en la Argen­tina hay más de 700 par­ti­dos polí­ti­cos y en la que sos­tu­vi­mos que “Los hechos nos demues­tran que en la Argen­tina una de las for­mas de ganar dinero fácil y rápido es dedi­carse a la polí­tica, por supuesto que hay excepciones”.

Uno de ellos expresa que lo que sos­tu­vi­mos es cierto pero que no olvide que la cálifa de inde­sea­bles que guía nues­tros des­ti­nos sur­gie­ron por nues­tra abso­luta res­pon­sa­bi­li­dad: la indi­fe­ren­cia y que diri­gen­tes de un país malo­lien­tes y cra­pu­len­tos como los nues­tros, son el pro­ducto de una ato­nía social.

En muchos escri­tos tra­ta­mos el tema de la res­pon­sa­bi­li­dad de la socie­dad en este pre­sente que al pare­cer es irre­ver­si­ble. Por supuesto que hay hon­ro­sas excep­cio­nes pero la gran mayo­ría social ha apo­yado a quie­nes desde hace déca­das han lle­vado a la Argen­tina a este momento deca­dente donde la corrup­ción, el anal­fa­be­tismo, la desigual­dad en la dis­tri­bu­ción de la riqueza, la inse­gu­ri­dad, el des­pre­cio por la vida y por los dere­chos huma­nos y la pér­dida de casi todos los valo­res nos abru­man y nos sumer­gen en las pro­fun­di­da­des más oscu­ras y tenebrosas.

Tome­mos como ejem­plo las infrac­cio­nes a la ley de trán­sito que pro­du­cen 8000 muer­tos por año. A pesar de esto, muchos argen­ti­nos dan pre­pon­de­ran­cia al incum­pli­miento de la ley poniendo en peli­gro la vida de ter­ce­ros y la propia.

¿Cómo puede pro­gre­sar una socie­dad que ante­pone el incum­pli­miento de la ley al dere­cho a la vida?

Ana­li­ce­mos algu­nos com­por­ta­mien­tos socia­les coti­dia­nos que nos darán una pauta del per­fil de la sociedad.

1) Inten­tar coimear a un poli­cía para evi­tar ser mul­tado y luego con­tarlo como una hazaña en una reunión de ami­gos; 2) con­du­cir a más velo­ci­dad que la per­mi­tida, no res­pe­tar los semá­fo­ros en rojo, no dar prio­ri­dad de cruce al pea­tón, abu­sar del uso de la bocina, esta­cio­nar o dete­nerse en lugar no per­mi­tido; 3) sacar la basura en horas y días que la ley lo prohíbe; 4) cami­nar por las calles tirando pape­les en el piso y no en el cesto; 5) comer pro­duc­tos en las gón­do­las de los super­mer­ca­dos y luego tirar el envase en el piso o no anun­ciarlo a la cajera cuando abo­na­mos; 6) no dejar el asiento a las muje­res emba­ra­za­das ni a las per­so­nas mayo­res en los medios de trans­porte público, a pesar del car­tel que indica la obli­ga­ción; 7) cami­nar con para­guas bajo los bal­co­nes cuando dilu­via, no dejando pasar al tran­seúnte que no lo tiene; 8) entrar en el subte y no dejar salir del vagón a quien intenta des­cen­der; 9) el afán por que­rer sal­tear a quie­nes nos pre­ce­den en las colas; 10) el incum­pli­miento del hora­rio por parte de muchos pro­fe­sio­na­les que atien­den a sus pacien­tes o clien­tes des­pués de la hora prefijada.

Podría con­ti­nuar, pero con estos diez pun­tos es sufi­ciente para plan­tear los siguien­tes interrogantes:

1) ¿El olvi­dado pedido de “que se vayan todos” fue dejado de lado por el hecho de que la mayo­ría de los com­po­nen­tes de la socie­dad no cum­ple las nor­mas bási­cas de con­vi­ven­cia social y, por lo tanto, los futu­ros reem­pla­zan­tes ele­gi­dos den­tro de esta socie­dad tam­poco las respetarían?

2) ¿Una per­sona que no cum­ple con las nor­mas a las que está obli­gado como ciu­da­dano puede ser un fun­cio­na­rio honesto e idó­neo en la fun­ción pública?

3) Existe la creen­cia de que el ejem­plo debe venir de arriba hacia abajo, del padre al hijo, del maes­tro al alumno, del gober­nante a sus gobernados.

4)¿Qué puede suce­der con una socie­dad donde la mayo­ría de sus miem­bros no cum­ple las nor­mas bási­cas de con­vi­ven­cia social y luego, entre esos incum­pli­do­res, se elige a quie­nes ocu­pa­rán los car­gos de jerar­quía, como juez de la Nación, legis­la­dor o pre­si­dente de la Nación?

5) Puede una socie­dad cuya mayo­ría hace del incum­pli­miento a las nor­mas una regla y el res­peto a ellas la excep­ción cla­mar a sus gober­nan­tes, legis­la­do­res, jue­ces, minis­tros y fun­cio­na­rios del Estado que ten­gan moral y honestidad?

El prin­ci­pal antí­doto para esta pato­lo­gía es afian­zar la edu­ca­ción que nunca estuvo en un nivel tan bajo y esto se refleja en los hechos que narra­mos más arriba y en los acon­te­ci­mien­tos que suce­den día a día. En la Argen­tina de hoy el con­cepto de auto­ri­dad ha sido eli­mi­nado, el solo hecho de men­cio­nar la pala­bra auto­ri­dad con­vierte al inter­lo­cu­tor en una espe­cie de repre­sor, pala­bra favo­rita de la izquierda crio­lla uti­li­zada para des­pres­ti­giar a quién la pro­nun­cie, a pesar de que quie­nes expre­san estos argu­men­tos fue­ron quie­nes repri­mie­ron a las ins­ti­tu­cio­nes demo­crá­ti­cas en el pasado.

Cuando com­pren­da­mos el valor que sig­ni­fica para una Nación el cum­pli­miento irres­tricto de la ley, que toda norma debe ser res­pe­tada sin excep­ción y que esto debe ser trans­mi­tido a nues­tros des­cen­dien­tes, será el pri­mer paso hacia la cons­truc­ción de un país serio que, segu­ra­mente, ten­drá, como mere­ce­mos todos, pre­si­den­tes, legis­la­do­res, jue­ces, minis­tros y fun­cio­na­rios pro­bos y hones­tos que enten­de­rán de una vez por todas el sig­ni­fi­cado de tener el honor de ser­vir a la Nación desem­pe­ñando un cargo público; y que ese honor no debe ser man­ci­llado por el bene­fi­cio per­so­nal que tanto ha pri­mado en nues­tros últi­mos dirigentes.

Como expre­sara el gran nove­lista y dra­ma­turgo ruso Anton P. Che­jov, “los inte­li­gen­tes son los que quie­ren apren­der; los otros, enseñan”.

Autor: Alejandro Olmedo Zumarán

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5 Comentarios en “¿Es la política una profesión para engrosar el patrimonio personal? (II)”  

  1. 1 Cielo C.

    Sr. Ale­jan­dro:
    Sen­ci­lla­mente impe­ca­ble. Feli­ci­ta­cio­nes y que este artículo se difunda.
    Saludos

  2. 2 Fernando R. Rodríguez

    Per­mí­tame comen­tar con un toque de humor el com­por­ta­miento anti­so­cial nº 4 en el que yo incu­rro … pero lo explico a quién me increpe, diciendo “este papel es para que se lim­pie el zapato el que pise una deyec­ción perruna dejada en la vereda por el dueño/a del ani­mal en con­tra de las orde­nan­zas vigentes”.

  3. 3 RAFAEL

    José Inge­nie­ros dijo :“cuando la polí­tica se trans­forma en una pro­fe­sión, la Nación se con­vierte en un nego­cio”.- Tal cual!!!

  4. 4 roberto

    Amigo Ale­jan­dro, muy bueno lo suyo. A esta altura del día estoy un poco can­sado — pro­ble­mas de la edad — paa escri­bir lar­gas parra­fa­das de coin­ci­den­cia con su escrito, así que seré muy breve.

    Muy cierto lo de la edu­ca­ción: nos hemos con­ver­tido en una socie­dad de bár­ba­ros y corrup­tos, a punto tal que supues­tas mayo­rías “pen­san­tes” votan a una banda de delin­cuen­tes y des­ce­re­bra­dos para que, supues­ta­mente, legis­len. No hable­mos de los fun­cio­na­rios eje­cu­ti­vos elec­tos, ni de los que éstos, a su vez, nom­bran para secun­dar­los. Temenda cueva de Alí Babá. Y qué del Poder Judi­cial? Me remito al con­te­nido de la nota vecina, la de Don Car­los Mira.

    En cuanto a los acci­den­tes de trán­sito, mien­tras ten­ga­mos las mara­vi­llo­sas rutas que tene­mos, segui­rán ocu­rriendo con cada vez mayor fre­cuen­cia. Y eso es res­pon­sa­bi­li­dad de la banda de faci­ne­ro­sos corrup­tos, que cons­trui­rán un“tren bala” — de cuánto es la mor­dida? — pero que no amplían carre­te­ras ni cons­tru­yen autovías.

    Inep­tos, inmo­ra­les, cobar­des, “funcionarios”.

  5. 5 pipino

    ¿Es la polí­tica una pro­fe­sión para engro­sar el patri­mo­nio per­so­nal?
    A su pre­gunta, Sr. Ale­jan­dro, actual­mente solo se puede res­pon­der un esten­to­reo y ver­gon­zoso: POR SUPUESTO.

    Salvo hon­ro­sas excep­cio­nes, que las hay, el indi­vi­duo que comienza una carrera poli­tica solo tiene un obje­tivo “sal­varse” y ver como “puede aga­rrar un puesto” que le per­mita ganar plata, tra­ba­jando poco. Y asi tene­mos ejem­plos a rolete, como los Fer­nan­dez, De Vido y otros.

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