Le concedieron el placet …

Papa-EmbajadoraAl reci­bir, el pasado vier­nes 29 de febrero, las car­tas cre­den­cia­les de la doc­tora Mary Ann Glen­don, nueva emba­ja­dora de los Esta­dos Uni­dos ante la Santa Sede, el papa Bene­dicto XVI expresó su estí­mulo a los esta­dou­ni­den­ses que tra­ba­jan por defen­der el dere­cho a la vida, el matri­mo­nio como la unión esta­ble entre un hom­bre y una mujer, y la familia.

El Pon­tí­fice recordó ante todo la expe­rien­cia de la doc­tora Glen­don, que hasta el momento de asu­mir su nueva res­pon­sa­bi­li­dad se desem­pe­ñaba como pre­si­denta de la Aca­de­mia Pon­ti­fi­cia para las Cien­cias, y sir­vió a la Santa Sede en diver­sas misio­nes inter­na­cio­na­les. “Esta expe­rien­cia –dijo el Papa– será bene­fi­ciosa en el cum­pli­miento de su nueva tarea y enri­que­cerá la acti­vi­dad de la comu­ni­dad diplo­má­tica a la que ahora pertenece”.

Desde el alba de la Repú­blica, Esta­dos Uni­dos siem­pre fue una nación que valora el papel de las creen­cias reli­gio­sas para garan­ti­zar un orden demo­crá­tico ético y sólido”, dijo el Papa y sub­rayó la carac­te­rís­tica esta­dou­ni­dense de “unir per­so­nas de buena volun­tad con inde­pen­den­cia de su raza, credo o nacio­na­li­dad en la bús­queda del bien común”.

Esta tarea de recon­ci­liar la uni­dad y la diver­si­dad para per­fi­lar un obje­tivo común y hacer aco­pio de la ener­gía moral nece­sa­ria para alcan­zarlo se ha con­ver­tido hoy en una tarea urgente para toda la fami­lia humana, que cada vez es más cons­ciente de la nece­si­dad de inter­de­pen­den­cia y soli­da­ri­dad para hacer frente a los desa­fíos mun­dia­les y cons­truir un futuro de paz”.

La expe­rien­cia del siglo pasado, con su gra­voso patri­mo­nio de gue­rra y de vio­len­cia, que cul­minó en la exter­mi­na­ción pla­ni­fi­cada de pue­blos ente­ros, dejó claro que el futuro de la huma­ni­dad no puede depen­der del sim­ple com­pro­miso polí­tico, sino más bien es fruto de un acuerdo gene­ral más pro­fundo basado en el reco­no­ci­miento de ver­da­des uni­ver­sa­les”. Por eso, “la cons­truc­ción de una cul­tura jurí­dica mun­dial ins­pi­rada por los más altos idea­les de jus­ti­cia, soli­da­ri­dad y paz exige el com­pro­miso deci­dido, la espe­ranza y la gene­ro­si­dad de cada nueva generación”.

Ofre­cer un futuro más seguro a la fami­lia humana sig­ni­fica, ante todo –subrayó-, tra­ba­jar por el desa­rro­llo inte­gral de los pue­blos y poner barre­ras a la corrup­ción y a la mili­ta­ri­za­ción, que des­vían recur­sos pre­cio­sos para muchos de nues­tros her­ma­nos y her­ma­nas en los paí­ses más pobres”.

El pro­greso de la fami­lia humana es ame­na­zado no sólo por la plaga del terro­rismo inter­na­cio­nal, sino tam­bién por aten­ta­dos a la paz como la ace­le­ra­ción de la carrera de arma­men­tos o las con­ti­nuas ten­sio­nes en Oriente Medio”, recordó el Papa, apro­ve­chando la oca­sión para mani­fes­tar su espe­ranza de que “las nego­cia­cio­nes pacien­tes y trans­pa­ren­tes lle­ven a la reduc­ción y la eli­mi­na­ción de armas nuclea­res y de que la reciente con­fe­ren­cia de Anápo­lis sea el pri­mero de una serie de pasos hacia la paz dura­dera en la región”.

El Santo Padre recordó el papel de las Nacio­nes Uni­das en la reso­lu­ción de estos y otros pro­ble­mas y sub­rayó que orga­nis­mos inter­na­cio­na­les como ese, por su natu­ra­leza “son capa­ces de pro­mo­ver el diá­logo sin­cero y el enten­di­miento y de recon­ci­liar opi­nio­nes diver­gen­tes, así como de poner a punto polí­ti­cas mul­ti­la­te­ra­les y estra­te­gias capa­ces de res­pon­der a los nume­ro­sos retos de este mundo complejo”.

Bene­dicto XVI mani­festó su gra­ti­tud por “la impor­tan­cia atri­buida por los Esta­dos Uni­dos al diá­logo inter­re­li­gioso e inter­cul­tu­ral como una fuerza posi­tiva para la paci­fi­ca­ción”. “La Santa Sede –aña­dió– está con­ven­cida del gran poten­cial espi­ri­tual de ese diá­logo, en par­ti­cu­lar de cara a la pro­mo­ción de la no vio­len­cia y al rechazo de las ideo­lo­gías que mani­pu­lan y des­fi­gu­ran la reli­gión para obje­ti­vos polí­ti­cos, y jus­ti­fi­can la vio­len­cia en nom­bre de Dios”.

Por último, el Papa alu­dió al “apre­cio his­tó­rico de los esta­dou­ni­den­ses por el papel de la reli­gión a la hora de modu­lar las mate­rias públi­cas y de ilu­mi­nar la dimen­sión moral inhe­rente a las cues­tio­nes socia­les. Un papel –observó-, a menudo con­tes­tado en nom­bre de una com­pren­sión limi­tada de la vida polí­tica y del debate público”.

Ese apre­cio, con­cluyó el Santo Padre, “se refleja en los esfuer­zos de tan­tos com­pa­trio­tas suyos y líde­res de gobierno para garan­ti­zar pro­tec­ción jurí­dica al don divino de la vida desde el momento de la con­cep­ción hasta el de su muerte natu­ral y defen­der la ins­ti­tu­ción del matri­mo­nio, reco­no­cido como unión esta­ble entre un hom­bre y una mujer, así como la ins­ti­tu­ción familiar”.

Fuente: Un envío Pablo López Herrera

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